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domingo, 11 de noviembre de 2018

Cat Power: "Wanderer" (2018)

El regreso de la estadounidense Chan Marshall a la actualidad musical se ha hecho esperar más de seis años. Una circunstancia anómala, ya que en sus más de veinte años de carrera nunca antes había tardado tanto en darle continuidad a su anterior entrega. Pero es que este "Wanderer" debía prolongar el que hasta la fecha había sido el mayor hito de su carrera: ese "Sun" (2012) con el que abrazó acertadamente la contemporaneidad musical y logró además su mayor éxito comercial (nada menos que el Top 10 en las listas de álbumes de su país). Repetir el éxito parecía tarea complicada, pero es lo que su sello discográfico de siempre, Matador, esperaba. Así que cuando hace un año Marshall les entregó el grueso de las canciones de este nuevo álbum, la compañía las rechazó por entenderlas un retroceso en su propuesta (según la propia Marshall, le pusieron el ejemplo del "25" de Adele para que entendiera cómo debía sonar un disco de una artista femenina en 2018, clásico pero contemporáneo). La estadounidense optó entonces por buscar otro sello que estuviera dispuesto a publicarlas, lo encontró en Domino, completó la lista de canciones con un dúo con Lana del Rey, y aquí tenemos finalmente "Wanderer" entre nosotros.

La cuestión obvia es si realmente se trataba de una colección de temas para que cogieran polvo en una estantería (o al menos para volverlas a grabar en el estudio), o su publicación ha merecido la pena. Y la respuesta es compleja, como la personalidad de la propia artista. Es cierto que instrumentalmente hablando el álbum supone un indudable retroceso: no ya por la ausencia casi total de elementos electrónicos (el auto-tune es la única excepción), sino porque la mayoría de las canciones están instrumentadas con lo mínimo, la calidad del sonido es muy pobre y no hay espacio para todo lo que no sea el folk-blues más clásico. En descargo de lo anterior hay que recordar que Marshall no sólo compone y canta, sino que por lo general interpreta todos los instrumentos, lo que supone un indudable esfuerzo que lleva tiempo. Además, a la estadounidense no se le ha olvidado componer, ni tampoco ha renegado de sus señas de identidad como artista, por lo que los temas entroncan bien con el grueso de su carrera y hay los suficientes momentos de inspiración como para dedicarle una reseña.

"Wanderer", el tema que abre y títula el disco, es un buen ejemplo de esa doble vertiente positiva y negativa de la que hablaba antes: un bonito himno, prácticamente a capella, con la voz de Marshall doblada en múltiples tonos, pero muy corto, que deja la sensación de composición a medio explotar. "In your face" es el primero de los múltiples temas lentos del disco, oscuro y desabrido, sobre una progresión armónica bien construida pero simple y repetida hasta la saciedad en más de cuatro minutos. Mejor me parece "You get", un medio tiempo tortuoso, sobre otra sencilla pero efectiva proyección armónica (que al menos cambia en su parte nueva), que transpira desazón y rabia a partes iguales sin necesidad de ser ruidista, y con una original y entrecortada batería. "Woman" es el indudable tema estrella del disco, su primer sencillo, a dúo con Lana del Rey. Con un bonito comienzo que no repite en el resto del tema (y que por cierto no aparece en la versión single, ni en el videoclip), otra progresión armónica de blues desgarrado marca de la casa en las excelentes estrofas, un estribillo que tarda en llegar y que cuando lo hace puede parecernos demasiado simple pero no desentona, y una letra que reivindica ese feminismo tan en auge, resulta convincente. Aunque es cierto que apenas se distingue la voz de Del Rey de la de Marshall (de hecho Lana ni siquiera aparece en el videoclip), por lo que la evaluación de la parte vocal del tema no es demasiado favorable.

Tras estos cuatro temas de balance indudablemente favorable el disco pega un bajón en su tramo central: "Horizon" es una canción lenta y monótona, con guiños psicodélicos en su desarrollo y sobre todo con un inesperado abuso del auto-tune que no termina de encajar con una instrumentación tan clásica y co el zumbido de fondo de la mala grabación. "Stay", segundo sencillo, es una versión del mediocre tema de Rihanna, cuyo mayor acierto es que cambia sutilmente acordes y melodía llevándola a su terreno de manera que cuesta reconocer la original, pero que al volver a tener un tempo tan lento amenaza con una peligrosa sensación de aburrimiento. "Black" quizá sea mi segundo momento preferido del álbum: guitarra acústica al frente para llevar una sencilla pero efectiva progresión armónica, voces dobladas, tenebrismo, una excelente letra sobre el maltrato y la violencia de fatal desenlace, y probablemente el mejor estribillo del disco. Pero con "Robin Hood", el listón vuelve a bajar: muy folk, pero muy espartana, muy corta y muy simplona estructuralmente, nuevamente con la sensación de canción a medio componer.

Y los últimos tres temas de este relativamente corto álbum vuelven a ofrecernos un panorama irregular: "Nothing Really Matters" es un tema lento más, sobre el casi inevitable piano y con la casi inevitable atmósfera de tristeza y autodestrucción, que no desentona con el conjunto pero no aporta nada nuevo. Más interesante es "Me voy", con el título en español, y una guitarra que parece sacada del lejano oeste: otra balada llena de desazón, un estribillo en la que la voz de Marshall luce como en ningún otro momento del álbum, y por qué no decirlo, una letra escasa y tremendamente simple. Y el álbum se cierra con "Wanderer / Exit", que a pesar de lo que su título pueda indicar es otro tema totalmente diferente del "Wanderer" que abre el disco: también sin percusión, también con ambición de himno, también demasiado corto y sin embargo disfrutable gracias a su bonita y a la vez triste melodía.

Podemos concluir que el largo parón no ha afectado en exceso al talento creativo de Marshall, pero ni su maternidad en 2015, ni sus múltiples hospitalizaciones han dejado una huella perceptible en sus composiciones. Al contrario, esa mirada al pasado que hace que "Wanderer" parezca más un álbum de sus comienzos a finales de los noventa que de 2018 es lo que resulta más apreciable en esta colección de canciones. Que probablemente no merecieran quedar en olvido como pretendían en Matador, pero que hubieran necesitado otra vuelta de tuerca y otro estímulo creativo para haber consolidado su carrera más allá del circuito indie. Tal cual ha quedado contiene buenos momentos y resulta disfrutable para sus seguidores, pero también es claramente una oportunidad perdida en su carrera. Y probablemente ya no haya más.

martes, 20 de noviembre de 2012

Cat Power: Sun (2012)

La reina indiscutible del indie norteamericano, Chan Marshall (más conocida como Cat Power) por fin ha encontrado el sonido que tantos años llevaba buscando. Transcurridos 6 años desde su último disco de canciones nuevas (el correcto pero excesivamente convencional "The greatest") "Sun" supone una meritoria vuelta de tuerca en su carrera. Y que además confirma que riesgo y reconocimiento pueden ir unidos de la mano, pues el disco no sólo ha sido top ten en su país, sino también en Francia, Suiza, Bélgica...

Para poder lograr ese sonido tan personal, Marshall ha optado por reducir al mínimo el número de colaboradores: produce todos los temas, y salvo la guitarra, el piano y el bajo en "Cherokee" y "Ruin", toca todos los instrumentos. Un esfuerzo extra que probablemente explique la tardanza en la publicación de "Sun", pero que evidencia su incuestionable talento musical no sólo como compositora, sino también como instrumentista. Además, ha abrazado con habilidad los sintetizadores y demás instrumentos electrónicos, pero no para subirse al carro de las modas, sino para lograr un sonido contemporáneo que no por ello deja de lado su pop-rock-soul-folk tan característico.

Eso sí, tan loable esfuerzo en la instrumentación ha impactado más de lo deseable en las composiciones: hay un innegable abuso de una única progresión armónica en la mayoría de los temas, y con frecuencia la melodía vocal de los mismos es difusa, a veces incluso forzada (me imagino que, problemas vocales aparte, de ahí el recurso a cantar a dos tonos casi todas las frases del disco, lo que le resta espontaneidad y afea la impresión sobre sus cualidades vocales).

Ahora bien, durante los cuatro primeros temas la sensación es que estamos ante un álbum irrepetible: "Cherokee" es una excelente carta de presentación, con su melancólico arpegio de piano, sus aditamentos electrónicos y su opresiva letra ("Bury me, marry me to the sky..."), ; "Sun" es un tema atmosférico, envolvente, una estupenda metáfora de nuestra estrella; "Ruin" es una maravillosa superposición de pianos... que se detienen justo para dar paso un enérgico estribillo rockero y hasta bailable; y "3, 6, 9" es una sensacional progresión armónica sobre la que Marshall construye un medio tiempo de puro soul sensual con una instrumentación y unos juegos de voces personalísimos.

La lástima es que a partir del quinto corte el nivel baja bastante. Aún hay un par de buenos momentos ("Real life" es un tema oscuro y un tanto corto sobre un colchón de sintetizadores con efectos trémolo y "Silent machine" es un tema no del todo aprovechado construido a partir de un potentísimo riff de guitarra, una doble percusión y un interludio cacofónico de voces), pero en general son temas sin inspiración, que fluctúan entre lo anodino ("Always on my own", "Human being"), lo simplón ("Manhattan") y lo directamente fatigoso (esos ¡10 minutos! de "Nothin' but time" con dos únicos acordes y una desafinada colaboración vocal del completamente acabado Iggy Pop).

En definitiva, es una pena que falten 2 o 3 temas más de talento, porque podríamos haber estado hablando no de un buen disco sino del álbum del año y de la consagración definitiva a nivel mundial de una artista que lleva muchos años ya en la carretera. Con todo, esperemos que sus problemas de salud, su alcoholismo y sus dificultades económicas (acaba de cancelar su gira europea) no le impidan seguir por esta línea en un futuro: la senda abierta lo merece.

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