domingo, 23 de abril de 2023

Say Hi - "Elocution Prattle" (2023)

Con esta entrada voy a reseñar por vez primera a un veterano de la escena independiente estadounidense: Eric Elbogen, o lo que tal vez les resulte más familiar, su alter ego Say Hi. Activo desde 2002, durante sus primeros años el proyecto musical del artista afincado en Seattle se llamó Say Hi to Your Mom, y se encuadró dentro de lo que podríamos denominar rock alternativo, con un punto entre canalla y hortera. A esa época pertenece la que sigue siendo su canción más conocida, "One, Two ... One". Pero después de más de quince años de carrera, en su décimo y antepenúltimo álbum ("Caterpillar Centipede" (2018)) Elbogen empezó a añadir sencillos sintetizadores a su energía rockera, como lo refleja "I Just Wanna Go Home". Y en 2020, con su penúltima entrega ("Diamonds & Donuts"), la transición del rock a la música sintetizada se hizo evidente: "Lookachu". Aunque a mi modo de ver quedó también patente que su timbre y su manera de cantar no eran las más adecuadas para el giro estilístico que le estaba dando a su propuesta.

Quizá porque Elbogen llegó a la misma conclusión, o simplemente porque le apetecía completar esa transición estilística con todas sus consecuencias, en el álbum que hoy les traigo, y que ha visto la luz a principios de año, ha abrazado íntegramente la música electrónica instrumental: ni una sola intervención vocal, ni siquiera un sampling o una parte declamada. Nada de voz, sólo él con sus sintetizadores y sus cajas de ritmos. Una apuesta muy arriesgada tanto para sus seguidores tradicionales como para el público en general, y más teniendo en cuenta que el derroche creativo ha sido de tal calibre que el disco lo conforman nada menos que ¡veinte canciones! Algo absolutamente inusual en los tiempos que corren. Y sin embargo, una jugada de la que sale airoso, hasta el punto de haberme animado a crear una entrada dedicada al disco.

Dos aciertos evidentes sustentan ese resultado satisfactorio. El primero y más evidente es la duración de todas las canciones: solamente una supera los cuatro minutos, y salvo dos más breves, el resto dura más de dos minutos y medio. O lo que es lo mismo, Elbogen ha huído de las canciones de desarrollo lento y minutaje alto que suelen caracterizar al género, y ha logrado así una inmediatez y una frescura que facilitan la escucha íntegra del álbum, así como su disfrute de principio a fin. Y el segundo y más complicado de percibir, es que no ha escatimado en componer "a conciencia" cada canción, con su progresión armónica bien definida, sus melodías claras y su evolución continua. Es decir, pop de los sesenta reconvertido en música sintetizada de los veinte: inmediato y evocador. Y con un guiño a la personalidad de su creador: los originalísimos títulos de todas ellas.

Al ser todos los temas instrumentales y de instrumentación relativament similar, es complicado reseñarlos todos invidiualmente, pero lo voy a intentar. El que lo abre, "Decidiuos Architectures", es un buen ejemplo de lo que encierra el álbum: sintetizadores bien definidos, repiques que generan una alegría efímera, y una calidez inusual en este tipo de música. Con una caja de ritmos escueta y casi ausente, pero original en su concepción en el punto del tema en el que aparece. "It's Springtime And The Aphids Have Arrived", siguiente corte, equilibra un piano rápido con un bajo sintetizado y sobre él comienza a deslizar sintetizadores acuosos que nos trasladan a la placidez de un remanso de agua invadida por los nocivos áfidos. "Metaphisical Crystals" es uno de mis momentos favoritos del disco: pausado, con una percusión muy original, una melodía cristalina y hasta tarareable, y una atmósfera evocadora. "Duologues Multilogues" es un tema que genera desasosiego con su atmósfera especial y su bajo y su teclado infecciosos, pero que luego evoluciona hacia otros terrenos más delicados. "Existential Friendlessness" es casi un himno a lo Vangelis, sin ritmo percutido que lo sustente y sí con apoteósicos pasajes en los que los nuevos sintetizadores juguetean con melodías originales.

"Halftone Polyhedra", el sexto corte, es el del ritmo binario más marcado para los que esperan su dosis de música de baile. No suena demasiado actual, pero la superposicion de sintetizadores obsesivos y las frecuentes paradas funcionan. "Technicolor Jitter At The Absinthe Club" parece una banda sonora de una persecución policial por una ciudad futura, sensación reforzada por una batería de sonido analógico y muy original. Los diversos efectos y una melodía principal ayudan al disfrute del conjunto. "Starlight Mosses" es otro de mis pasajes preferidos: una balada intimista pero con los elementos que maneja Elbogen, de suerte que su sintetizador principal podría perfectamente ser reemplazado por una emocionante parte vocal. "Happiness (In The Abstract)" es otro de esos momentos que justifican la reseña del álbum: acordes mayores, bajos trotones, una melodía principal que insufla felicidad como su título indica, y diversos sintetizadores de texturas y sonidos muy diversos que, sin embargo, se complementan a la perfección. "Encyclopedic Forestry", el décimo corte, es una canción delicada, que conquista suavemente, sin extridencias, y que crece conforme avanza el minutaje hasta llegar a ese fantástico sintetizador que simula un coro celestial.

"Quintuple Rainbows", el tema que daría comienzo a la segunda mitad del álbum (o, en formato vinilo, al segundo de los dos que lo conforman), es un medio tiempo agradable y que mantiene el nivel pero que transita por zonas similares a otros anteriores, y por tanto puede resultar reiterativo. "Clouds, Just Some Cool Clouds" es el primer interludio, demasiado corto para ser analizado. En cambio, "Eric Was Nine In 1985" es otro de mis temas preferidos del disco: un nuevo medio tiempo sin ritmo percusivo, como siempre con una buena progresión armónica de base, y con unas melodías principales de una excelente sensibilidad en sus distintos tramos, y el espacio suficiente entre ellas para que el tema se expanda y nos envuelva. "Babbles And Pembam" es un tema cadencioso, de ambientación espacial, sintetizadores de sonidos casi desagradables, y un tanto frío en general. "Ephemeral Memoirs", el decimoquinto corte, acelera el tempo, pero no logra recuperar esa sensibilidad emocional de la primera mitad del álbum, y sus chirriante superposición de sintetizadores termina de evidenciar que estamos ante un momento menor.

"Licorice Gusto" es casi una pieza de música sinfónica actualizada al año 2023, con su sección de cuerda, sus timbales, y esa especie de guitarras distorsionadas que se van intercambiando para sostener la progresión armónica, de resultado muy agradable. "Instructional Astrology" me parece el último gran momento del álbum: una vuelta a los pioneros de la música electrónica como Jean-Michel Jarre de finales de los setenta, con esa cadencia de bajo sitentizado y esos deliciosos sintetizadores que se desdoblan por los dos canales, acelerando hasta conferirle un ritmo muy saludable a su tramo final. "Lavish Suppers Of The Modern Wraiths" llama la atención por su ritmo sincopado de tempo alto; progresión armónica y sus melodías entrecortadas rayan a buen nivel, y las paradas y la tensión generada hacen el resto. "Pantone Chrysanthemums" es el segundo y último interludio instrumental. Y el derroche creativo del álbum lo cierra "Constellation Afterlife", otro medio tiempo que va entrando poco a poco y que, sin ser uno de sus mejores momentos, sí que es eficaz como colofón al viaje por el universo personal de Say Hi, en especial gracias a esa "arpa" sintetizada que lleva la melodía principal.

Al final, a pesar de los relativamente pocos elementos puestos en juego por Elbogen, la hora de duración de "Elocution Prattle" transcurre a toda velocidad. Y el álbum gana más y más con cada escucha, conforme nuestra retentiva va siendo capaz de reconocer y aislar los distintos temas. Y es que pese a ser un disco con pocas bazas para llamar la atención incluso entre los aficionados a la música electrónica instrumental (pocas percusiones, muy poco orientado a la pista de baile, no apto más que para determinadas situaciones), la calidad de sus creaciones inclina claramente la balanza a su favor, como lo muestra la gran cantidad de temas para los que he incluido su enlace a Youtube. Incluso aunque su segunda mitad resulte claramente inferior a la primera. En todo caso, su difusión muy minoritaria va a provocar que este acertado giro estilístico de Say Hi sólo sea apreciado por unos pocos. Entre los que espero que se encuentren ustedes, porque el álbum lo merece.

domingo, 26 de marzo de 2023

Circa Waves - "Never Going Under" (2023)

A pesar de que ya llevan una década en activo, la presente es la primera entrada que voy a dedicar a Circa Waves. Y lo hago a raíz de "Never Going Under", su quinto álbum de estudio, publicado hace un par de meses. Un disco con el que, en mi opinión, el cuarteto de Liverpool liderado por el cantante y guitarrista Kieran Shudall ha confirmado finalmente todas las bondades que había ido apuntando en sus álbumes anteriores. Desde la inmediatez de su pop guitarrero en "T-shirt weather", seguramente su primer gran éxito hace ya uns cuantos años, hasta la pulida elegancia de "Sad Happy", el tema que dio título a su último disco, y que continúa siendo su momento más conocido. Tras tres años de silencio, "Never Going Under" ha supuesto quizá el primer gran álbum de un 2023 al que le está costando arrancar musicalmente hablando: su variedad emocional y la abundancia de momentos recomendables me han animado a traerlos a este humilde blog.

No es sencillo hacerse un hueco cultivando el pop-rock de matices indie que nos proponen los británicos, una senda transitada ya por centenares de artistas en décadas anteriores. Por eso "Never Going Under", el quinto sencillo, además de tema que da título al álbum, es una buena muestra de lo que los de Liverpool nos van a aportar: un tema corto, rápido, enérgico, que no rehúye de la tecnología en el sonido sintético de su bajo, pero que la combina con una batería clásica y dos guitarras aceradas que le sientan de maravilla a una excelente progresión armónica, con esos cambios en los puentes que tan bien enlazan estrofas y estribillos. El breve solo de guitarra demuestra, además, que prefieren inmediatez a lucimiento. Algo que confirma la vertiginosa "Do You Wanna Talk", que fue escogida como segundo sencillo, y que formó parte de mi lista de otras veinte canciones internacionales recomendables de 2022. Rock cien por cien british, pero con un sonido nítido y la dosis necesarias de teclados juguetones y voces distorsionadas y reverberadas para contrarrestrar las palmas de su adictivo estribillo, y recordarnos que estamos en 2023 y no a finales del siglo pasado (aun cuando el resultado no desmerezca en absoluto a los grandes momentos de aquellos años). "Hell on Earth", el tercer corte, fue la canción que anticipó el disco hace medio año. Quizá el sencillo que mejor encontra con su discografía previa, a mí me recuerda a los momentos desenfadados y coreables de Supergrass, y me resulta más interesante por su cínica letra ("I think I've died and gone to hell [...] And I don't care, [...] 'cause it was hell on earth") que por su melodía y progresión armónica. Aunque reconozco que un concierto me lo pasaría bien con ella. "Your Ghost", en cambio, me parece uno de los mejores pasajes del disco. Quizá recuerde en demasía al groove con voces en falsete de Portugal. The Man, pero la manera como ese bajo dota de ritmo a las estrofas es excelente, y el puente que por sorpresa añaden antes de dar paso a su demoledor estribillo antes de su segunda repetición, toda una demostración de que aunque el tema sea corto, está tremendamente trabajado. Sin olvidarnos de esa parte nueva larga, que cambia el ritmo a la vez que nos arrulla.

La cosa sigue por todo lo alto con "Carry You Home". En este caso tal vez el tema nos retrotraiga demasiado a los lejanos y grandes pasajes de The Killers, por su mezcla de guitarras y sintetizadores, de celeridad rock y de luminosidad pop. Y el intervalo instrumental tras cada estribillo, con un sintetizador que casi podemos imaginar tocado por Brandon Flowers, lo evidencia aún más. Pero la composición es irreprochable, y la manera como van añadiendo y quitando instrumentos, fantástica, por lo que su elección como tercer sencillo estuvo más que justificada. El elaborado comienzo de "Northern Town", con su étereo sintetizador y su bajo sintetizado bien al frente, anticipan un tema más arriesgado de lo que luego resulta ser. A lo mejor es que tanta repetición de sus estrofras sin ningún estribillo al que aferrarse provoca cierta fatiga, pero la contundencia de las repeticiones de la frase que da título al tema llegan un poco tarde y suenan incluso impostadas. No obstante, el cambio de tonalidad en su parte nueva instrumental confirma una vez más que el cuarteto ha trabajado a tope sus creaciones, aunque no siempre den con la tecla. Mucho más interesante resulta el séptimo corte, "Electric City": un tema en acordes mayores que nos reconcilia con la inmediatez del rock desenfadado y sin complejos, y que tal vez recuerde a los Feeders más luminosos. Además, una vez más la instrumentación mantiene un envidiable equilibrio entre clasicismo en la estructura y modernidad en los detalles, lo que contribuye a mejorar el resultado. El piano casi honky de "Want It All Today", el octavo tema, ya avisa de que estamos ante probablemente el mayor experimiento dentro de un álbum poco dado a derivas experimentales. Complicada de cantar por sus notas altas, y prácticamente desprovista de guitarrras, cumple su cometido de insuflar aire nuevo al conjunto, pero no es un gran momento.

El tramo final del álbum lo inicia "Golden Days", probablemente su último gran pasaje. Otra vez bordeando a The Killers (su contundencia bailable la emparenta directamente con "Human"), unas estrofas épicas y un descorazonador y a la vez memorable estribillo recordando los pretéritos días dorados evidencian la calidad de la composición. Pero es que el original piano complementa muy bien la rápida batería, y la parada previa a su segundo estribillo proporciona la épica que el tema necesita. Además, los intervalos con el melodioso teclado en primer plano rematan el conjunto. "Hold On" proporciona el necesario reposo tras tanta euforia, y lo hace con la instrumentación más convencional del disco. Algo nada desacertado, pues esos arpegios de guitarra y ese bajo sincopado le otorgan calidez a una melodía agradable y a una letra llena de esperanza. Solamente la parte nueva, en notas muy altas, resulta un tanto melosa con sus "oooh oooh". Y el disco lo cierran los arreglos cinematográficos y el bajo sintetizado con el que arranca "Living in the Grey". Escogida como cuarto sencillo, abunda en ese frenazo rítmico iniciado por el corte anterior. Y tal vez eso juegue en su contra. O quizá sean sus estrofas en tonos bajos; el caso es que no termina de funcionar como despedida apoteósica. Si bien se deja escuchar, y mejora un tanto cuando la batería empieza a marcar su ritmo binario a partir de la segunda estrofa.

Y así, en treinta y cinco minutos escasos, despacha el cuarteto británico su variado quinto álbum. Al que, siendo sinceros, seguramente le falte un tema estrella tan claro como lo era "Sad Happy" en su anterior disco homónimo. Problabemente eso explique su menor impacto en listas británicas ("Never Going Under" sólo ha alcanzado el Top 15, mientras que "Sad Happy" llegó al Top 4). Pero eso no nos debe ocultar que el disco es disfrutable de principio a fin, y está plagado de buenos momentos a cargo de una banda que ha alcanzado su madurez estilística y creativa. Algunos todavía les podrán acusar de cierta falta de personalidad, de que sus mejores pasajes recuerdan demasiado a los de otras bandas, o de que su propuesta es demasiado directa, y algunas composiciones se podrían haber beneficiado de un mayor desarrollo y minutaje. Todo lo cual probablemente tenga su base, pero no tanta como para obviar que en un tiempo de tanta mediocridad musical, los de Liverpool son un valor seguro. Así que a esperar que conserven la inspiración y las ganas de seguir creciendo en su próxima entrega.

domingo, 12 de marzo de 2023

trudge - "no more motivation" (2022)

Estando ya a Marzo de 2023, el último disco que voy a reseñar de los publicados el año pasado es "no more motivation", debut del artista parisino trudge (escrito así, en minúscula). Un disco que recibió en el momento de su publicación una difusión muy minoritaria pero que, gracias a su incuestionable calidad, poco a poco se ha ido abriendo hueco en las listas y webs más exigentes, hasta que a finales del pasado otoño supe de su existencia y me hice con él. Desde entonces no he dejado de escucharlo. Y es que es complicado encontrar en estos tiempos de tanta música electrónica creada en una habitación por artistas generalmente justitos de talento un disco tan inteligente y a la vez consistente de música completamente instrumental. Pero es que el francés ha conseguido con este álbum quitarle todos los condicionantes peyorativos al término techno; para ello le ha bastado echar la mirada atrás a lo que este tipo de música generaba en los años noventa y actualizar sus propuestas al tiempo presente.

Reseñar un álbum sin una sola intervención vocal, e intentar explicar al mismo tiempo por qué no resulta monótono, no es nada sencillo. Más aún cuando el sonido de todas las canciones es homogéneo, con una personalidad lo suficientemente marcada como para reconocer al francés detrás de cada una de ellas. Las claves son para mí la inteligencia a la hora de jugar con los distintos elementos, un tracklist muy acertado y, en menor medida, la forma como siempre añade algún elemento novedoso a la mitad de cada canción. trudge está especialmente acertado a la hora de adaptar percusiones y tempos: igual nos propone un tema con un ritmo sincopado muy marcado, que otro sin absolutamente ningún elemento de percusión, que un tercero con un ritmo binario de bombo sobredimensionado. Y del mismo modo, podemos pasar de un tempo relajado, casi un ejercicio de chill-out, a un tempo de puro house, en el entorno de los 130 bpms. Consiguendo así que los once cortes y la hora justa de duración de "no more motivation" fluyan con una naturalidad envidiable.

"Bangkok Radio" es una buena elección para abrir boca: parece que sólo va a ser un ejercicio de ritmo sincopado, pero en seguida la progresión armónica entra sigilosamente y dota al tema de una riqueza mucho mayor. El resto es simplemente el talento del francés para ir añadiendo sintetizadores y quitando elementos, en un carrusel compacto y armonioso. "No motivation, meaningless", seleccionada acertadamente como tema estrella del álbum, es para mí uno de sus mejores momentos, y por eso formó parte de mi lista de mejores canciones internacionales de 2022 hace un par de meses. Claramente deudor de artistas de música electrónica que florecieron en los años noventa, incluso con ritmos acelerados en algunos pasajes a pesar de su atmósfera parsimoniosa, la clave es esa progresión armónica envolvente que vertebra el tema, y a partir del tercer minuto el teclado acelerado y distorsionado, que con su loop de notas imposibles y su dificultad para encajarlo en la tranquilidad global del tema, evidencia la calidad del artista francés. Acertadamente, "Mazzomba" sube tempo y contundencia, y evita así el riesgo de una propuesta demasiado relajante. No es un gran momento, pero trudge demuestra su versatilidad con las percusiones, y con sencillos crescendos y descensos mantiene nuestra atención durante casi seis minutos. "Snake dance", el siguiente corte, posee ciertas reminiscencias orientales que encajan muy bien con su ritmo de drum & bass, lo que, unido a su habilidad para ir añadiendo o quitando instrumentos, es suficiente para construir otro momento agradable.

"Unghosted" es el tema más techno de todo el disco, también el más rápido y el más contundente. De una crudeza tal que recuerda al mítico "Born Slippy" de Underworld, lo complicado es conseguir que esta contundencia ruidista aparentemente monocorde encaje tras casi dos minutos con una progresión armónica elaborada y unos sintetizadores infecciosos. Pero el francés, tras jugar al despiste, los superpone en un tercio final muy disfrutable. "Berserk" supone el contrapunto perfecto: de atmósfera espacial, etérea hasta el extremo de no utilizar ni un solo instrumento de percusión, ofrece la pausa necesaria tras el subidón del corte anterior, y esos sintetizadores en cascada que se entrecruzan mientras no paran de reverberar justifican su escucha. Aunque tal vez resulte un poco largo. "Dead Orange" es mi otro pasaje favorito del álbum: de duración contenida, la desolación que transmite, su originalísima percusión, con esos redobles imposibles, y la brillantez de las cuerdas sintetizadas a partir del minuto y medio, devuelven la fe en las posibilidades que todavía encierra la música electrónica. "Gradient", el octavo corte, sigue sonando a trudge: un nuevo medio tiempo (a pesar de sus programaciones aceleradas), envolvente a la par que rítmica, y que en su segunda mitad resulta inspirador gracias a otro sintetizador principal "marca de la casa".

"Punishments" inaugura el último tercio del álbum con el segundo tema más rápido y contundente del disco. Una vez más llega en el momento adecuado para auyentar los fantasmas del tedio. Y aunque rítmicamente es de los más simples del disco, sus bajos ultradimensionados hasta el extremo de casi ocultar la melodía de los dos sintetizadores principales logran su cometido de cambiar el tercio. Sobre todo porque a partir de su tercer minuto, trudge transforma su ritmo en otro más complejo y añade nuevos sintetizadores que enriquecen el resultado. La parada final y la apoteosis final explican por qué la canción dura más de seis minutos y medio. "Eleven" recupera un ritmo que parece sacado de los primeros tiempos del hip-hop allá por los ochenta, y sobre él contrapone un colchón de sintetizadores reposados. Sin ser un gran momento, el sintetizador que, para seguir en su línea, introduce a mitad del tema, anima lo suficiente el conjunto hasta el final. Y el cierre lo pone "Blue Ritual", una espectral composición que a mi modo de ver intenta asemejar el final del disco con el propio final musical de su proyecto. Ese languidecer queda reforzado por la ausencia completa de percusión. Si bien creo que al conjunto le habría venido bien uno o incluso dos minutos menos.

La proyección y la evolución de estos proyectos tan minoritarios son complicadas de predecir. A veces quedan en muestras puntuales de artistas de los que nunca más se llega a saber; otras, el artista les intenta dar continuidad pero no termina de dar con la tecla. Y sólo en algunas ocasiones el artista en cuestión se consolida y se convierte en una referencia dentro del siempre minoritario mundo de la música electrónica. Esto es lo que me gustaría pensar que va a suceder con trudge. Por su talento, por su inteligencia componiendo, instrumentando y ordenando sus composiciones, y porque es poco menos que un oasis entre tantos discos tecnológicamente brillantes pero creativamente mediocres. Aun cuando no todos sus temas rayen a la misma altura, e incluso a sabiendas de que si no introduce alguna parte vocal en alguna de sus creaciones será prácticamente imposible que reciba el reconocimiento suficiente. En todo caso estaré atento a sus siguientes movimientos, y si siguen siendo interesantes no duden de que se los traeré por aquí.

domingo, 12 de febrero de 2023

Metric - "Formentera" (2022)

Gracias a "Formentera", los veteranos Metric van a recibir por vez primera una entrada independiente en este humilde blog. Con prácticamente un cuarto de siglo de carrera y siete álbumes a sus espaldas, siempre me habían parecido una buena banda "de segunda fila", desde aquel directo "Combat baby" con el que los descubrí, hasta su himno por antonomasia, ese "Gimme sympathy" con el que tan fuerte pegaron allá por 2009. Pero ya con su séptimo disco, "Art Of Doubt" (2018), me pareció que estaba recuperando ambición y ganas de ir más allá con su sonido. Algo que, con "Formentera", su último lanzamiento, he confirmado con creces. Porque para mí es obvio que han firmado el mejor álbum de su discografía, y seguramente uno de los más notables de los últimos meses. Doble mérito por su parte, pues lo normal es que tras tantos años luchando en el siempre complicado panorama musical alternativo, los canadienses estuvieran entregando ya discos menores, con pequeñas variaciones en su propuesta, y el fantasma de la retirada acechando. Nada más lejos de la realidad, afortunadamente.

Para mí lo mejor de "Formentera" es que se trata de un álbum muy complicado de etiquetar por la variedad de registros que encierra, y sin embargo muy cohesionado. En parte gracias a la voz de Emily Haines, y en parte gracias a ese sonido tan diferenciado pero a la vez tan trabajado en todos sus temas, sin miedo a encasillarse, y siempre buscando extraer lo máximo de cada composición, con una producción excelente como mejor baza. Todo ello provoca que los nueve temas que lo conforman (aunque en realidad podríamos hablar de once, como explicaré en seguida), y los cuarenta y ocho minutos que dura, se hagan inusidamente cortos, y apetezcan nuevas escuchas para ir sacándole el jugo a unas u otras canciones según nuestro estado de ánimo.

El álbum lo abre el que seguramente será el tema más llamativo del disco, además de su segundo sencillo: "Doomscroller". Que también es la razón por la que hablaba hace unos instantes de once cortes. Y es que estamos ante una de las canciones más largas de los últimos años: nada menos que diez minutos y medio de música ininterrumpida. Que pese a lo que pueda parecer no se hace pesado en absoluto, pues en realidad está constituido por al menos tres composiciones diferenciadas pero muy bien enlazadas que se van sucediendo a lo largo del minutaje, no simplemente seguidas una de otra sino con retornos y vueltas al comienzo como parte de un espléndido carrusel sonoro. Si me apuran, individualmente ninguna de las tres composiciones es espectacular, pero sí notables, y ese entrelazamiento es toda una exhibición: empezaremos escuchando la electrónica obsesiva de The Chemical Brothers, luego la contundencia tecnológica de Garbage, después nos acordaremos de la melancolía pausada de Dido, vuelta a Garbage, y a continuación una mirada a las baladas desabridas de Paloma Faith, para acabar con un medio tiempo de rock distorsionado que a lo mejor nos retrotrae a Radiohead. O lo que es lo mismo, una auténtica exhibición para denunciar esa perpetua mirada negativa a todo lo que nuestra sociedad hiperinformada nos ofrece. El segundo corte, aunque menos espectacular, raya en mi opinión a la misma altura y, seguramente por eso fue escogido por la banda como primer sencillo: "All Comes Crashing" es una pasional declaración de amor a la vez que un imaginativo ejercicio de pop-rock-electrónica de preciosas estrofas pop arropadas por sonidos sintetizados, un estribillo en el que la batería de Joules Scott-Key es sencillamente maravillosa, y unos infecciosos riffs de guitarra entre estrofas. Una larga parte nueva y la envolvente repetición final del estribillo ponen la guinda. "What Feels Like Eternity", tercer corte y también tercer sencillo, muestra a los canadienses más guitarreros ya desde ese subyugante comienzo sobre el bajo de Joshua Winstead, en un ejercicio que suena más al comienzo a New Order y recuerda más a Garbage conforme se van introduciendo sonidos electrónicos. El cambio de tonalidad de su instrumental parte nueva oxigena la composición y hace si cabe más disfrutable la parada previa a la repetición final del estribillo.

"Formentera", el tema que da título al álbum y que inspiró al cuarteto tras contemplar una de nuestras islas más espectaculares en un folleto promocional de viajes, es más interesante instrumentalmente que disfrutable. De cinematográfico comienzo con toda la orquesta exhibiéndose, sus relajadas estrofas, en la línea de los Saint Etienne más intemporales, resultan agradables pero no terminan de enganchar, y su estribillo llama más la atención por lo complicado que resulta de cantar que por lo fascinante. Algo parecido sucede con sus largos interludios instrumentales, aunque seguramente sean lo más disfrutable de sus largos seis minutos. El problema es que el siguiente corte, "Enemies of the Ocean", es otro medio tiempo que se mueve en parámetros no muy diferentes al tema anterior, por lo que ambos constituyen un inquietante parón en el hasta ese momento impecable devenir del disco. Salvedad hecha, el tema en sí vuelve a ser otro medio tiempo con acertado acompañamiento orquestal, bien trabajado compositivamente y mejor ejecutado si cabe en su instrumentación. Afortunadamente, el álbum retoma la mejor senda a partir del siguiente corte, "I Will Never Settle": toda una declaración de honestidad desde el primer segundo ("This is not the song I wanted to write for you"), juega a ser una balada emotiva sobre un colchón de sintetizadores a lo "Forever Young", pero a partir del primer estribillo va cogiendo ritmo y energía en un auténtico doctorado de cómo cambiarle la cara a una composición, hasta convertirse en un afilado ejercicio de pop guitarrero. La melancolía de las estrofas combina perfectamente con los jugueteos electrónicos del estribillo, y la parada del final y el remate posterior recuerdan en su eficacia a cómo detenían The Killers sus mejores creaciones.

En el notable último tercio disco no hay espacio para nuevas barreras que disturben su discurrir. Al contrario, lo que nos encontramos en el séptimo corte es nada menos que "False Dichotomy", cuarto sencillo y a la que hace unas semanas seleccioné como la segunda mejor canción internacional de 2022: aún no sé si definirla como rock electrónico o pop espacial, pero sus excepcionales estrofas y su contundente estribillo, que juega a no aparecer, lucen aún más en un directo en el que el cambio de tonalidad que encierra y la manera cómo la banda disfruta sacándole todo el partido es colosal. Después de tal despliegue es imposible mantener el listón, pero las guitarras de "Oh Please" y su contraste con el bajo sintetizado, añadidos a la contundencia de su batería y una melodía de frases largas, generan un tema elegante, claramente diferenciado del anterior pero lo suficientemente emparentado gracias a esos ritmos sincopados, y con probablemente la mejor parte nueva del disco, un sorprendente ejercicio de dub espacial. Y el disco lo cierra la evocadora "Paths in The Sky", una especie de homenaje a la ampulosidad de la primera época de U2, evidente sobre todo en sus meritorias estrofas. El estribillo es un poco arduo en su melodía y en su compleja instrumentación como para enamorar, pero aun así funciona como colofón de este variado disco.

Porque esa es la sensación predominante tras repetidas escuchas: el eclecticismo de un disco que no pierde personalidad, ni se arrima a géneros de moda, pero que trata cada canción de manera independiente, consiguiendo que nos generen emociones muy diversas. La madurez que ha alcanzado el cuarteto como instrumentistas también resulta claramente evidente, y ello contribuye a esa variedad estilística. Pero lo mejor es que esa ambición por llevar su carrera a cotas antes no alcanzadas les ha permitido entregar su colección más redonda de composiciones. Lo cual no se ha reflejado en las ventas de "Formentera", pero sí en su aparición por varias listas de los mejores discos del año, sobre todo de aquellas más valiosas: las seleccionadas por los propios melómanos. Con lo cual sólo queda esperar que los canadienses perciban este reconocimiento como recompensa suficiente a su esfuerzo, y se animen dentro de un par de temporadas a darle continuidad con un noveno álbum. Ya lo estoy esperando.

domingo, 29 de enero de 2023

Otras 20 canciones internacionales recomendables de 2022

En mi anterior entrada, dedicada a mi lista con las 20 mejores canciones internacionales de 2022, ya les adelanté que, en mi humilde opinión, la cosecha de buenas canciones había sido superior a la de años anteriores. Y es que durante la última semana de diciembre, cuando estaba preparando dicha lista, me encontré con que había pre-seleccionado al menos otros veinte temas que podían perfectamente formar parte de ella. Debo reconocer que costó varias revisiones llegar a la lista definitiva, así que tomé entonces la decisión de generar una entrada adicional con esos veinte "descartes". Entrecomillo porque para mí todas ellas siguen siendo canciones recomendables, y seguro que algunos de ustedes colocarían alguna de ellas en la lista de las veinte mejores, en lugar de alguna otra que para ustedes, no sería para tanto.

Antes de entrar en materia con esta nueva selección, debo indicar que en esta oportunidad no las he ordenado del veintiuno al cuarenta; me parecía rizar el rizo excesivamente, además de no ser mi intención a la hora de presentar estos temas. Además, debo señalar que la decisión de no incluir ninguna canción de artistas españoles no fue consciente; simplemente no hubo ninguna que pasara el corte, por triste que suene (aunque en ella aparecen Minimal Schlager, a los que casi podemos considerar españoles).

Sin más dilación, aquí va la lista:

Maud Geffray - "Way Out". Desde Francia, techno retro y envolvente, con una tal vez no esperable pero certera parte vocal. Más que interesante su álbum "Ad Astra".
Liam Gallagher - "Everything's Electric". A estas alturas de su carrera nadie espera grandes álbumes de Liam, pero sí que de vez en cuando sigae entregando grandes sencillos de rock intemporal, como éste que interpretó en los últimos Brit Awards.
xPropaganda - "Don’t (You Mess With Me)". La resurrección de una de las bandas míticas de los ochenta, los alemanes Propaganda, retomando su propuesta en el mismo punto en el que la dejaron, incluso con el mismo ingeniero de sonido (Stephen Lipson) de entonces.
Infra Violet - "Polaroid". Desde el Reino Unido, una desgraciadamente minoritaria propuesta de techno-pop de referencias ochenteras pero con el suficiente componente indie.
alt-J - "The Actor". Su excelente "The Dream", que ya reseñé hace casi un año, contenía no sólo originalidad y experimentalidad, sino también este inclasificable medio tiempo, clásico y etéreo a partes iguales.
Everything Everything - "I Want A Love Like This". "Raw Data Feel" resultó ser una vez más el típico álbum de Everything Everything: mucha personalidad, pero también mucha irregularidad. Aunque con buenos momentos como este tema infeccioso.
Bob Moses - "Hanging On". El mejor sencillo de "The Silence in Between", dance-pop intemporal, sutil y bien interpretado.
MeLLLo - "We Are Young". El tema más Marsheaux hasta la fecha del proyecto en solitario de su cincuenta por ciento, la griega Marianthi Melitsi. Sintética, optimista y anti-depresiva.
Feeder - "Submission". Grant Nicholas continúa entregando grandes sencillos de rock clásico como éste, oscuro en sus estrofas, distorsionadamente sinfónico en su estribillo.
A.A. Williams - "Evaporate". "As The Moon Rests", el segundo álbum de la artista británica, resultó de nuevo monótono en su folk-rock gótico, pero no desde luego carente de momentos tan oscuros y notables como éste.
Orbital feat. The Mediaeval Baebes - "Ringa Ringa (The Old Pandemic Folk Song)". Tras más de treinta años de carrera, los hermanos Hartnoll aún siguen con ganas de añadir muescas a su inconfundible revólver techno, esta vez con una acertada melodía vocal. A ver qué tal su inminente "Optical Delusion".
Minimal Schlager - "Rush". Desde Argentina, un medio tiempo envolvente y delicado de synthwave clásico, que no sólo imita tiempor pretéritos como el de tantos otros, sino que le confiere su propia personalidad.
LEATHERS: "Runaway". Al proyecto electro-pop de la canadiense Shannon Hemmett seguramente le falte algo más de inspiración para salir de su círculo minoritario, pero este tema y su arrolladora personalidad y elegancia demuestran que va por la buena senda.
Circa Waves - "Do You Wanna Talk". La banda de indie-rock de Liverpool ya dejó entrever con trallazos como éste que atravesaban el mejor momento de su carrera, como ha confirmado hace tan sólo unos días "Never Going Under", su flamante quinto álbum.
Kasabian - "Scriptvre". El salto definitivo y forzoso de Sergio Pizzorno a las tareas de front-man de Kasabian no ha supuesto apenas cambios en su propuesta, que continúa más anodina que brillante aunque siempre con un par de buenos momentos, como ésta canción que comienza como hip-hop para devenir en una melodía intimista.
ILLENIUM & Skylar Grey - "From the Ashes". Durante 2022 Nicholas D. Miller ha ido publicando sencillos que conformarán dentro de unos meses su quinto álbum, titulado simplemente "Illenium". Misma fórmula de future-bass de siempre, pero también mucha sensibilidad e inteligencia al instrumentar.
Little Boots - "Silver Ballons". Cuando ya la dábamos por muerta musicalmente hablando, Victoria Hesketh aprovechó la excusa de telonear a Abba para resurgir con un nuevo disco, seguramente no tan inspirado como los del principio de su carrera, pero con buenos momentos como esta pieza de house-pop con influencias funky.
SoftWave - "Thank You for Breaking My Heart". Aún no sabemos si los daneses prolongarán este bonito sencillo en un segundo álbum que esperamos desde hace años, pero lo que sí está claro es que saben beber del legado de Andy Bell y Vince Clarke y actualizarlo incluso mejor que los propios Erasure.
Abbie Ozard - "Ford (Drive)". El trémolo de la steel guitar con la que comienza ya denota que estamos ante un tema de una elegancia introspectiva como pocos en los pasados doce meses. Así que habrá que estar atentos a los siguientes pasos de la británica.
Hembree - "House on a Hill". Los de Kansas City siguieron en "It's a Dream!" cultivando ese indie-rock tan suyo y tan al margen de modas y tendencias. A lo mejor les falta un poco de regularidad, pero siempre nos dejan canciones más que interesante.

Eso es todo. Solamente espero que esta selección les haya ayudado a descubrir otros grandes momentos de 2022 que posiblemente les habían pasado desapercibidos.

domingo, 15 de enero de 2023

Las 20 mejores canciones internacionales de 2022

Un año más toca echar la vista atrás y sugerirles una lista que nos permita condensar lo mejor del pasado 2022. Que pasará la historia como el año en el que el planeta por fin recuperó cierta normalidad vital. Aunque para la mayoría de sus habitantes las realidades sociales y económicas no son particularmente boyantes, y las perspectivas, menos halagüeñas incluso. Pero a nivel musical ese retorno a la normalidad ha propiciado, entre otras cosas, el regreso de los conciertos multitudinarios y de los álbumes compuestos y grabados nuevamente de manera presencial. Del mismo modo, el volumen de canciones creadas y publicadas ha vuelto a los niveles habituales, y me atrevo a decir que aunque el reguetón y el trap siguen provocando mucho daño a este maravilloso arte, el 2022 ha mostrado un nivel creativo ligeramente superior a años precedentes. Aunque un año más debo aclarar que, como el volumen de álbumes publicados excede ampliamente los en torno a setenta que he conseguido escuchar en los pasados doce meses, seguiré sin proponerles una lista de mejores discos. Pero sí me atrevo a ofrecerles una lista con 20 canciones internacionales que recordar de este 2022. Que como les digo ha sido más complicada de elaborar que en otras temporadas, y que ha requerido más de una revisión. Pero en la cual he mantenido mis dos criterios habituales: temas que hayan visto la luz en formato sencillo/videoclip, y una única canción por artista, para conseguir una panorámica lo más amplia posible de los pasados doce meses. Y siempre con el deseo de encontrar las mejores melodías, las armonías más elaboradas, las producciones más llamativas, el talento, la originalidad y, en definitiva, la calidad que siempre intento localizar y dar a conocer en este humilde blog.

La lista de este año es particularmente ecléctica respecto al país de procedencia de sus intérpretes. Comandan los siete del Reino Unido, seguidos por los seis de Estados Unidos, pero llama la atención la presencia de tres artistas de la cada vez más pujante Australia, y de dos artistas de la siempre a tener en cuenta Noruega. Lo que evidencia una vez más que el pop y el rock siguen constituyendo un lenguaje universal que se puede cultivar con éxito en casi cualquier lugar del mundo.

Sin hacerles esperar más, aquí les ofrezco la lista:

1. Hatchie - "Quicksand". La australiana Harriette Pilbeam entregó la mejor canción del año como parte de su segundo álbum, ese "Giving the World Away" que, sin ser brillante de principio a fin, expandió el dream pop a cotas insospechadas. Una batería original y contundente, un bajo sabiamente espaciado, una slide guitar comedida, trémolos, samplings vocales y un estribillo inolvidable por muchos años. Imponente.
2. Metric - "False Dichotomy". Uno de los mejores ejemplos de que la perseverancia acaba por rendir resultados. Después de una larga carrera como banda de segundo fila, los canadienses lograron en su enésima reinvención demostrar por fin todo lo que encerraban, en un excelente álbum, "Formentera", que contenía muy buenos momentos y esta joya irrepetible, que no sé si definir como rock electrónico, pop espacial, o simplemente, la maravillosa música que puede crearse en 2022 si se posee el talento suficiente. Colosal.
3. Death Cab For Cutie - "Pepper". A estas alturas pedirle a Ben Gibbard que entregue discos redondos parece demasiado, así que admitamos que "Asphalt Meadows" fue un disco notable tras un cuarto de siglo de carrera. Porque por supuesto la banda señera del indie-pop estadounidense sigue siendo capaz de entregar estribillos que ponen los pelos de punta, como el que conforman estas simples dos frases ("Kiss me just this one last time, Tell me that you once were mine"). Lacerante.
4. Dubstar - "Token". "Two" confirmó que la segunda juventud que vive la banda reducida a dúo tras su refundación hace cinco años es mucho más que una nostálgica mirada a sus gloriosos años noventa. Y el veterano Stephen Hague, el que mejor sabe hacerles sonar como siempre quisieron: pop atmosférico y muy rico instrumentalmente, de un gusto intemporal. Únicos.
5. Florence + The Machine - "My Love". Ni el acercamiento de una Florence Welch en horas bajas al excesivamente ensalzado Jack Antonoff impidió que "Dance Fever" se convirtiera en el peor álbum de su carrera. Pero ello no supuso que hubiera espacio para momentazos, como este tema rápido y cargado de energía, de comienzo cinematográfico, estrofas siempre cambiantes y un estribillo muy complejo de interpretar, marca de la casa. Imprescindible.
6. Sigrid & Bring Me The Horizon - "Bad Life". En su segundo álbum, el meritorio "How to Let Go", la noruega Sigrid Solbakk arrimó con acierto su propuesta de pop contemporáneo a muchos otros géneros, siendo el más sorprendente este baladón rock junto a los minusvalorados Bring Me The Horizon. Aun sin aportar nada nuevo a nivel instrumental, la letra es tan arrebatadora, la composición tan irreprochable, y la interpretación vocal tan espectacular, que es imposible dejar de escucharla. Impresionante.
7. Let's Eat Grandma - "Watching You Go". Rosa Walton y Jenny Hollingworth ya han cruzado la frontera de la veintena, y por eso su propuesta ya no soprende tanto como hace unos años. Pero no hay que perderlas de vista, pues su electro-pop casero sigue siendo capaz de entregar unas estrofas irreprochables y uno de los estribillos más subyugantes del año. Conmovedor.
8. The Big Moon - "Trouble". El cuarteto londinense logró con su tercer disco, "Here Is Everything", uno de los álbumes del año. Entre otras razones gracias a este sencillo de pop intemporal, con unas bonitas estrofas, un estribillo contundente, unas originales armonías vocales, y la naturalidad de quienes han dado finalmente con la tecla. Distinguidas.
9. Boston Manor - "Passenger". Aunque el esperado regreso de los británicos no fue finalmente con un álbum, sino con un EP, "Datura", de tan sólo 7 temas que dejaban un poco a medias, en él se incluía este maravilloso tema de rock contundente y distorsionado, que no rehúye de las posibilidades de la electrónica. Fortificante.
10. Empress Of - "Save Me". Para mí, la mejor canción de música de baile de los pasados doce meses. Alejándose todo lo posible del dichoso dembow y acercando la delicada voz de la emperatriz californiana a una de las producciones más originales de los últimos años, con esa sección de orquesta sintetizada absolutamente desconcertante, y esos bongos a ritmo cambiado que increíblemente encajan a la perfección. Estimulante.
11. Mallrat - "Teeth". "Butterfly Blue", el álbum de debut de la australiana, no llegó tan alto como prometía, pero este tema de rock imposible, sostenido por una progresión armónica tan clásica como efectiva y una llamativa superposición de voces, sí confirmó que aquí hay una artista a seguir. Etérea.
12. Pixey - "I'm just high". Finalmente podemos afirmar que la artista revelación de 2022 ha surgido en Liverpool. Aunque nadie lo diría escuchando este tema de pop sincopado, sostenido por una guitarra y un bajo tan originales y elaborados que nos recuerdan a lo que podría sonar Alanis Morissette un cuarto de siglo después de haber rozado el cielo. Galáctico.
13. AURORA - "A Dangerous Thing". Además de una de las mejores canciones de 2021 ("No Cure For Me"), el meritorio tercer álbum de AURORA contenía esta otra maravilla de pop barroco estupendamente interpretado, acústico en las estrofas y contundente en ese estribillo imposible al que parece faltarle un compás. Umbrío.
14. Trudge - "No Motivation, Meaningless". El mejor sencillo de música electrónica de los últimos doce meses vino inesperadamente del debut de un artista francés. Mirando de reojo a los noventa, pero incorporando sonidos y texturas de las dos últimas décadas, un medio tiempo inmersivo y que no para de sorprender de principio a fin. Habilidoso.
15. Zola Blood - "For The Birds". Como nos temíamos, su decepcionante segundo álbum ("Black Blossom") confirmó su priorización a toda costa de la forma por encima del fondo. Pero afortunadamente este sencillo sí partió de una buena composición, por lo que el resto fue cuestión de dar rienda suelta a su tremenda personalidad a la hora de instrumentarla. Vanguardistas.
16. Josef Salvat - "Promiscuity". El crooner australiano sigue a lo suyo, ofreciendo en cada nuevo disco más entregas de su pop transgénero apto tanto para nuestro dormitorio como para las pistas de baile. Como este trallazo, de reivindicativa letra, arrolladora guitarra funky y excepcional estribillo en falsete. Erótico.
17. Odesza feat. Bettye LaVette - "The Last Goodbye". La banda de música electrónica más relevante de Estados Unidos se acercó al soul con atmósfera house en el primer sencillo de su homónimo álbum. Buena progresión armónica, ritmo irresistible, y la espectacular voz de Bettye LaVette. Sólo una duración excesivamente larga le impide situarse más alta en la lista. Estimulantes.
18. Taylor Swift - "Anti-hero". Como de costumbre, este blog rebusca por igual tanto en las propuestas más minoritarias como en las más masivas. Que, aunque en España no nos hemos enterado, vienen comandadas por la estadounidense, quien con su décimo álbum "Midnights" ha arrasado en las listas de ventas de todo el planeta, pero también en las de la prensa especializada. Entre otras razones gracias a este primer sencillo, un medio tiempo sin estridencias pero con unas estrofas preciosas. Necesaria.
19. Cannons - "Hurricane". Con su tercer álbum, "Fever Dream", la banda de Los Ángeles ha escalado un peldaño en su búsqueda del pop elegante e intemporal. Como lo demuestra este medio tiempo de bajo y guitarra ominipresentes, envolvente estribillo y un pegadizo silbido. Distinguidos.
20. King Princess feat. Fousheé - "Little Bother" . El tema estrella de "Hold On Baby", el segundo álbum de la neoyorkina, la refrenda como una de las nuevas propuestas más interesantes del otro lado del Atlántico. Pop alternativo con guitarras ochenteras y un ritmo sorprendentemente alto para la melancolía que genera. Prometedora.

Como suelo decir llegados a este punto, siempre me preocupa haber dejado fuera de la lista temas que lo merecieran, bien por la limitación en el número de canciones, bien porque no hayan llegado (aún) a mis oídos. Pero aun con ese riesgo, estoy convencido de que estas veinte canciones son un buen compendio de lo mejor que nos han ofrecido musicalmente los pasados doce meses, pues demuestran que si no nos quedamos en la superficie de lo que nos tratan de imponer tanto los medios generalistas como los independientes, podremos seguir encontrando grandes dosis de creatividad e innovación en el panorama musical internacional. Que, como bien saben, es lo que siempre trato de ofrecerles en este blog.

sábado, 31 de diciembre de 2022

The Big Moon - "Here Is Everything" (2022)

El pasado mes de Octubre se publicó "Here Is Everything", el tercer álbum del cuarteto femenino The Big Moon. Las británicas ya habían aparecido por este blog en 2019, cuando la excelente "Your Light" formó parte de la lista de mejores canciones internacionales de aquel año, pero nunca antes con un álbum completo, pues el disco que contenía aquel tema, "Walking Like We Do" (2019) adolecía en mi opinión de cierta irregularidad, quizás a falta todavía de un punto de madurez. Pero tres años más tarde este "Here Is Everything" que hoy les voy a reseñar ha supuesto por fin su esperado salto de calidad, y las ha confirmado como una de las propuestas más interesantes de un Reino Unido en horas bajas.

Como si fueran conscientes de que era el momento de consolidar su carrera musical, el disco no escatima en esfuerzos: nada menos que cincuenta y seis minutos y trece temas, doce de ellos compuestos por su cantante y líder Juliette Jackson. Que oscilan entre el pop y el rock más atemporal, partiendo siempre de una base tan efectiva como difícil de conseguir en tantos y tantos discos: una buena progresión armónica. A partir de ahí, el trabajo en la producción de Adam Barlett, con quien las londinenses han colaborado por primera vez, también parece haber ayudado al éxito del conjunto, pues ha sabido instrumentar las canciones sin recargarlas demasiado, recurrir a teclados y piano para completar sonoridades y darles un barniz de contemporaneidad, y evitar que se pusiera de manifiesto que ninguna de las integrantes del grupo es particularmente virtuosa con su instrumento.

El disco lo abre "2 lines", que pese a no haber sido extraído como sencillo, es uno de los momentos álgidos del álbum, y un buen reflejo de lo que encierra: esa progresión armónica marcada por la guitarra acústica desde el comienzo, una melodía larga y elaborada en las estrofas, con unos certeros coros a partir de la segunda estrofa, y un estribillo a medias expansivo y psicodélico que, pese a ser claramente diferente a sus estrofas, armoniza bien con el resto del tema. Un solo de guitarra simple pero efectivo vertebra la apoteosis final, con Jackson cantando una octava por arriba. "Wide Eyes", segundo corte, fue escogido hace unos meses como primer sencillo: el teclado delirante del comienzo permite que la guitarra acústica que vuelve a llevar la progresión armónica no sea tan evidente como en el tema anterior. Se trata de una composición rápida, con otra estrofa bien construida y completada por un bajo rápido, que da paso a un estribillo más largo, con un bonito arpegio de guitarra, y una muy acertada variación de algunas notas en su repetición final. En "Daydreaming" es un sencillo piano el que desde el principio establece una progresión armónica que, sin miramientos, da paso a otra bonita estrofa. El elaborado estribillo, con una percusión especialmente pensada, y un melancólico tramo final instrumental, así como la primera parte nueva del disco, perfectamente integrada en el tema, reflejan el excelente nivel medio de las composiciones de este álbum.

"This Love", tercer sencillo recientemente publicado, es también la segunda canción más larga. En esta ocasión la guitarra acústica no se limita a llevar los acordes, sino que propone un sugestivo arpegio, sobre el que Jackson canta una melodía acogedora de notas bajas. Pero el estribillo de sólo dos acortes en esta ocasión sí baja un poco el listón, así que, aunque los intervalos instrumentales poseen una fuerte personalidad, y Jackson canta con rabia una inesperada parte nueva, su elección como sencillo no parece muy afortunada. "Suckerpunch", quizá la canción más acústica del álbum, con sus influencias del lejano Oeste, resulta una meritoria exploración de otros territorios no tan cercanos a su propuesta musical. Buenas estrofas realzadas por un certero piano, interesantes coros en su estribillo, una parte nueva instrumental con las dos guitarras eléctricas complementándose sin alardes, la altiva voz de Jackson... Otro pasaje notable. "My Very Best", es un medio tiempo, nuevamente con una bonita progresión armónica marcada por el piano sobre la cual les resulta relativamente fácil constriuir una emotiva melodía que es toda una declaración de amor en su letra. Y que tras un estribillo que no destaca pero que no desentona, nos ofrece un delicioso pasaje casi instrumental sobre los mismos acordes de las estrofas, en el cual unas cuerdas sintetizadas nada originales pero muy adecuadas ponen la guinda. "Ladye Bay", el séptimo corte, vuelve a ser un ejercicio de pop intemporal sobre unos inspirados acordes marcados por una guitarra acústica, sabiamente complementado por una contundente batería y un juguetón teclado que rellena todos los huecos. Que sin complicarse en variar de progresión en su apoteósico estribillo (que a mí me recuerda a los tiempos pop de Oasis), introduce la necesaria variación necesaria tras él, en especial en su muy elaborada progresión armónica, para que el conjunto no se vuelva monótono.

Escondido en el octavo corte se encuentra "Trouble", su segundo sencillo y para mí el mejor tema del disco. Esta vez es el prominente bajo el que marca otra progresión armónica marca de la casa. Las excelentes segundas voces en las estrofas, lo bien que engarza el puente con la distorsión de su excelente estribillo, su letra, mezcla de realismo y optimismo, esa fantástica parte nueva, que frena al principio para soltar toda la energía al final, y un nada complicado pero bonito solo de guitarra a modo de cierre, definen a la perfección lo que las británicas pueden ofrecernos. "High and Low" es la balada del disco: piano (espartano y demoledor) y voz (de melodía a veces entrecortada en las estrofas, de notas muy altas en el estribillo), y un reposado segundo estribillo en el que un teclado casi imperceptible se erige en inesperado protagonista, crean un panorama en el que sólo el inesperado cambio de tonalidad en su tramo final consigue mejorar aún más el conjunto. Evidentemente colocada justo después a propósito, "Magic" es, por el contrario, uno de los temas más rápidos del disco: estrofas elegantes con múltiples voces repitiendo eso de "Magic", un estribillo rotundo, con unos formidables teclados arropando el arpegio de guitarra y los coros, y una sencilla pero efectiva parte nueva con parada previa al subidón final, completan otra canción plenamente recomendable.

"Satellites" cierra el disco en su versión corta, la menos internacional. Ello probablemente explica su tempo reposado, la duración más alta de todas las canciones del disco, la melancolía que desprende, y unos teclados quizá demasiado altos en primer plano en los intervalos instrumentales. No es un mal tema, pero sí uno de los pocos que yo considero menos inspirados. Curiosamente, el único corte no compuesto por Jackson sino por la bajista Celia Archer es mi segundo momento favorito del disco. Y curiosamente también, no está subido a Youtube, por lo que no puedo añadir el enlace. Pero nos ofrece el ritmo más original de todo el disco, unas estrofas elegantes, un puente expansivo que pone los pelos de punta, y un estribillo que es prácticamente una segunda voz, con los mismos acordes que las estrofas, y distintas variaciones en la instrumentación según la repetición, de una elegancia deliciosa. Y el cierre en la edición más popular del álbum lo pone "Summer Still Comes", un medio tiempo de reminiscencias folk, en el que sobresale especialmente la interpretación vocal de Jackson, además de los particulares redobles de batería, pero al que tal vez su cadencia, tal vez su propuesta reposada, hacen que la considere la canción más floja de todo el álbum.

Es cierto que no es una banda que vaya a revolucionar nada en el trillado panorama del pop-rock, ni siquiera entre las bandas exclusivamente femeninas. Y no es menos cierto que para haber acabado de dar la campanada se echa en falta un sencillo estrella como en su momento lo fue "Your Light". Pero el nivel medio de prácticamente todas sus composiciones es inusualmente alto. Y la variedad de juegos compositivos, de ideas en la instrumentación, y de detalles de calidad a la hora de desarrollar las composiciones justifican que, de manera muy merecida, "Here Is Everything" haya llegado al Top 10 de álbumes en su país. Ahora sólo falta que ello suponga un aliciente suficiente para que Jackson y sus compañeras consideren afianzada definitivamente su carrera, y continúen a partir de ahora añadiendo muescas en próximos años a su pop-rock femenino e intemporal. Las necesitamos.

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