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viernes, 15 de diciembre de 2023

Metric - "Formentera II" (2023)

Poco más de un año después de publicar su aclamado álbum "Formentera", el cuarteto canadiense ha regresado de manera un tanto inesperada con "Formentera II". Que, pese a lo que su título pudiera indicar, no es una colección de descartes de su primer disco, sino otro álbum completo grabado con posterioridad al anterior. Aunque ambos compartan el hecho de que el grueso de sus canciones fueran compuestas durante la pandemia. Y que, además, la intención explícita de la banda es que ambos puedan escucharse uno tras otro como un todo cohesionado, de ahí lo elocuente de su título. En todo caso, se trata de un disco completo grabado para escucharse como un todo, con otras nueve canciones que abarcan unos nada desdeñables cuarenta minutos, con sus cuatro sencillos de referencia, y sin revisiones, remezclas, tomas en vivo o demos de canciones anteriores. Es decir, a todos los efectos, su noveno disco de estudio.

Y si "Formentera" llevó a Metric a unas cimas de reconocimiento nunca alcanzadas en sus veinte años de carrera anteriores gracias a su pop-rock de sonido contemporáneo y atrevido (sin diluir por ello una personalidad musical labrada a lo largo de tanto tiempo), "Formentera II" les consolida en ese sonido puntero y clásico a partes iguales, festivo y meláncolico según el momento, con textos siempre correctos, interpretaciones notables y una apreciable voluntad por dotar a cada composición de un sonido propio. Aunque quizá aquí falten los trallazos que hicieron del anterior seguramente el mejor disco de su carrera. En "Formentera II" seguiremos encontrando los sonidos, llas ganas de adentrarse en terrenos hasta ahora pocos transitados, los arreglos brillantes y las producciones impecables. Pero falta algún que otro momento estelar, un estribillo memorable, incluso una concatenación de dos o tres temas notables que hagan de este elaborado disco uno de nuestros favoritos de los últimos doce meses. Por lo que el álbum funciona como continuación de su hermano, pero no como el espacio para dar a conocer canciones que puedan pasar a formar parte de lo más granado de su repertorio.

Con buen criterio, el disco lo abre "Detour Up", un tema más bien rápido, luminoso, con un original contrapunto entre los teclados etéreos en trémolo y la incisiva guitarra eléctrica. Sin duda sus estrofas son de las mejores del disco: sostenidas por una progresión armónica impecable, los rasgueos de la guitarra eléctrica y un bajo lleno de ritmo, su melodía es elegante y pegadiza. El estribillo, en cambio, es más cuestionable: en notas altas, un poco alejado estilísticamente de las estrofas, desconcierta un tanto. Aunque los instrumentos que los canadienses siguen añadiendo en la segunda estrofa, el acertado cambio que supone introducir un puente antes del segundo estribillo, y la original idea de reemplazar la melodía cantada de este estribillo por unos elaborados riffs de guitarra, los muestra en plena forma a nivel instrumental. "Just The Once" fue el primer sencillo del disco, y también una valiente suerte de disco-rock, que igual mira a la instrumentación funky de finales de los setenta que al post-punk de mediados de los noventa. Lo que sucede es que el tema es más interesante como ejercicio estilístico que como momento disfrutable. Aunque el groove de su ritmo, la bien presente sección de cuerda directamente inspirada en el sonido philly, y su original parte nueva, primero instrumental y luego eficazmente cantada por Emily Haines, inclinan la balanza a su favor. El tercer corte, "Stone Window", es mi momento favorito del disco: desde luego el que más evidencia haber sido grabado en el mismo estudio habitualmente utilizado por los franceses Air o Daft Punk, también el más electrónico, con ese obsesivo bajo sintético, las percusiones electrónicas que poco a poco van complicándose, y una atmósfera a medias experimental y a media desasosegante cuando entran la batería y la guitarra, como si se tratara de los Garbage más oscuros. Es cierto que el estribillo es tan etéreo y parco en palabras que cuesta identificarlo, pero a cambio el solo de guitarra de James Shaw, y la extraña parte nueva en la que Haines y el sintetizador doblado en ambos canales repiten las mismas notas, incrementan esa sensación de estar frente a un momento singular.

"Days Of Oblivion" ha sido publicado hace tan sólo unas semanas como cuarto sencillo, lo que constituye un error desde mi punto de vista. Y no es que se trate de un mal tema, pero sus seis minutos se pueden hacer un poco cuesta arriba considerando que se trata de un medio tiempo más bien reposado e inusitadamente conservador desde el punto de vista instrumental. Lo que sucede es que el grueso de la canción no lo ocupan sus cuestionables estrofas, sino un puente y un estribillo más accesibles, también hay espacio para un largo intervalo instrumental en el que Shaw cambia la guitarra por un elaborado teclado que aporta algo de originalidad, y el tramo final introduce otra nueva parte cantada y un largo solo de guitarra. Todo lo cual termina por compensajar el largo minutaje. Lo malo es que "Who Would You Be For Me", quinto y corte y también segundo sencillo, incide en esa propuesta reposada, incluso más lenta que el corte anterior. Y aunque instrumentalmente resulte más interesante, y las estrofas sólo con las "slow strings" sintetizadas y la voz de Haines consigan captar nuestra atención, lo que probablemente el disco habría necesitado sería una dosis de energía y un dinamismo que este tema no aporta (aparte de trasladar la sensación de que el disco es más acomodaticio que su hermano, lo cual no es del todo cierto) Afortunadamente, el guitarrero comienzo de "Suckers" ya nos avisa de que el disco va a recuperar cierto nervio, y el original bajo y la solvente batería terminan de confirmarlo. Las estrofas son largas y elaboradas (tanto que el estribillo tarda en llegar), pero cuando lo hace vemos que rehúye de la inmediatez pop, y juega a impostarse como si se tratara de una segunda estrofa. Afortunadamente cuando aún quedan dos minutos, Metric baja el tempo, cambia el tercio, y nos propone una larga coda en acordes mayores de reminiscencias psicodélicas que consiguen que la canción termine por convencer.

El último tercio del disco lo abre "Nothing Is Perfect", otro medio tiempo mayoritariamente acústico, escogido además como segundo sencillo. Las estrofas, de melodía lenta, resultan agradables, y el estribillo a varias voces tal vez sea el más notable del disco, pero incluso a pesar del cambio que introduce esa parte nueva atmosférica y perfectamente imbricada, se echa de menos una batería que nunca aparece, y que habría otorgado al menos parte del inexistente ímpetu. El penúltimo corte, "Descendents", recupera afortunadamente a los Metric valientes en la instrumentación, sin importarles lo largo de un comienzo en el que nada menos que tres sintetizadores se reparten el protagonismo, hasta que entra la personal de Haines sobre un arpegio de guitarra eléctrica para un interpretar una larga estrofa que, sin embargo, no puede hacernos prever ese interludio de distorsión sintética a lo The Chemical Brothers, que precede al tramo instrumental mucho más convencional que hace las veces de estribillo. Y los sucesivos juegos entre las distintas partes logran que, ahora sí, los seis minutos se vayan en un suspiro. Y lógicamente, en un álbum más reposado que su antecesor, el tema que lo cierra es otro lento, "Go Ahead And Cry", aunque menos convencional de lo esperable, presidido por un bonito estribillo y por una llamativa manera de compaginar el sonido hammond del teclado que sostiene las estrofas con el sintetizador mucho más expansivo cuyo arpegio da consistencia al estribillo. Además, en este caso la batería sí llega y ayuda a dar empaque a un largo y disfrutable tramo instrumental final.

A pesar de carecer de momentos realmente brillantes, lo variado de la propuesta que encierran estos cuarenta minutos, y la naturalidad con la que su escucha encaja tras disfrutar con "Formentera", refrenda que los canadienses se hayan en ese punto de su carrera en que hacen lo que quieren, pero también quieren lo que hacen. Incluso aunque las composiciones no alcancen el nivel de inspiración de sus mejores momentos. Pero es que en el mundo hay actualmente muy pocas bandas capaces de entregar una propuesta tan equilibrada, tan actual, tan fresca, y al mismo tiempo tan personal. Y tras un cuarto de siglo de actividad exhudan todavía una creatividad y unas ganas de afrontar nuevos retos encomiables. Probablemente ahora tardarán bastante más de un año en alcanzar su décimo álbum de estudio, pero todo apunta a que cuando lo hagan, habrá que hacerse con él, porque rayará a un muy buen nivel.

domingo, 12 de febrero de 2023

Metric - "Formentera" (2022)

Gracias a "Formentera", los veteranos Metric van a recibir por vez primera una entrada independiente en este humilde blog. Con prácticamente un cuarto de siglo de carrera y siete álbumes a sus espaldas, siempre me habían parecido una buena banda "de segunda fila", desde aquel directo "Combat baby" con el que los descubrí, hasta su himno por antonomasia, ese "Gimme sympathy" con el que tan fuerte pegaron allá por 2009. Pero ya con su séptimo disco, "Art Of Doubt" (2018), me pareció que estaba recuperando ambición y ganas de ir más allá con su sonido. Algo que, con "Formentera", su último lanzamiento, he confirmado con creces. Porque para mí es obvio que han firmado el mejor álbum de su discografía, y seguramente uno de los más notables de los últimos meses. Doble mérito por su parte, pues lo normal es que tras tantos años luchando en el siempre complicado panorama musical alternativo, los canadienses estuvieran entregando ya discos menores, con pequeñas variaciones en su propuesta, y el fantasma de la retirada acechando. Nada más lejos de la realidad, afortunadamente.

Para mí lo mejor de "Formentera" es que se trata de un álbum muy complicado de etiquetar por la variedad de registros que encierra, y sin embargo muy cohesionado. En parte gracias a la voz de Emily Haines, y en parte gracias a ese sonido tan diferenciado pero a la vez tan trabajado en todos sus temas, sin miedo a encasillarse, y siempre buscando extraer lo máximo de cada composición, con una producción excelente como mejor baza. Todo ello provoca que los nueve temas que lo conforman (aunque en realidad podríamos hablar de once, como explicaré en seguida), y los cuarenta y ocho minutos que dura, se hagan inusidamente cortos, y apetezcan nuevas escuchas para ir sacándole el jugo a unas u otras canciones según nuestro estado de ánimo.

El álbum lo abre el que seguramente será el tema más llamativo del disco, además de su segundo sencillo: "Doomscroller". Que también es la razón por la que hablaba hace unos instantes de once cortes. Y es que estamos ante una de las canciones más largas de los últimos años: nada menos que diez minutos y medio de música ininterrumpida. Que pese a lo que pueda parecer no se hace pesado en absoluto, pues en realidad está constituido por al menos tres composiciones diferenciadas pero muy bien enlazadas que se van sucediendo a lo largo del minutaje, no simplemente seguidas una de otra sino con retornos y vueltas al comienzo como parte de un espléndido carrusel sonoro. Si me apuran, individualmente ninguna de las tres composiciones es espectacular, pero sí notables, y ese entrelazamiento es toda una exhibición: empezaremos escuchando la electrónica obsesiva de The Chemical Brothers, luego la contundencia tecnológica de Garbage, después nos acordaremos de la melancolía pausada de Dido, vuelta a Garbage, y a continuación una mirada a las baladas desabridas de Paloma Faith, para acabar con un medio tiempo de rock distorsionado que a lo mejor nos retrotrae a Radiohead. O lo que es lo mismo, una auténtica exhibición para denunciar esa perpetua mirada negativa a todo lo que nuestra sociedad hiperinformada nos ofrece. El segundo corte, aunque menos espectacular, raya en mi opinión a la misma altura y, seguramente por eso fue escogido por la banda como primer sencillo: "All Comes Crashing" es una pasional declaración de amor a la vez que un imaginativo ejercicio de pop-rock-electrónica de preciosas estrofas pop arropadas por sonidos sintetizados, un estribillo en el que la batería de Joules Scott-Key es sencillamente maravillosa, y unos infecciosos riffs de guitarra entre estrofas. Una larga parte nueva y la envolvente repetición final del estribillo ponen la guinda. "What Feels Like Eternity", tercer corte y también tercer sencillo, muestra a los canadienses más guitarreros ya desde ese subyugante comienzo sobre el bajo de Joshua Winstead, en un ejercicio que suena más al comienzo a New Order y recuerda más a Garbage conforme se van introduciendo sonidos electrónicos. El cambio de tonalidad de su instrumental parte nueva oxigena la composición y hace si cabe más disfrutable la parada previa a la repetición final del estribillo.

"Formentera", el tema que da título al álbum y que inspiró al cuarteto tras contemplar una de nuestras islas más espectaculares en un folleto promocional de viajes, es más interesante instrumentalmente que disfrutable. De cinematográfico comienzo con toda la orquesta exhibiéndose, sus relajadas estrofas, en la línea de los Saint Etienne más intemporales, resultan agradables pero no terminan de enganchar, y su estribillo llama más la atención por lo complicado que resulta de cantar que por lo fascinante. Algo parecido sucede con sus largos interludios instrumentales, aunque seguramente sean lo más disfrutable de sus largos seis minutos. El problema es que el siguiente corte, "Enemies of the Ocean", es otro medio tiempo que se mueve en parámetros no muy diferentes al tema anterior, por lo que ambos constituyen un inquietante parón en el hasta ese momento impecable devenir del disco. Salvedad hecha, el tema en sí vuelve a ser otro medio tiempo con acertado acompañamiento orquestal, bien trabajado compositivamente y mejor ejecutado si cabe en su instrumentación. Afortunadamente, el álbum retoma la mejor senda a partir del siguiente corte, "I Will Never Settle": toda una declaración de honestidad desde el primer segundo ("This is not the song I wanted to write for you"), juega a ser una balada emotiva sobre un colchón de sintetizadores a lo "Forever Young", pero a partir del primer estribillo va cogiendo ritmo y energía en un auténtico doctorado de cómo cambiarle la cara a una composición, hasta convertirse en un afilado ejercicio de pop guitarrero. La melancolía de las estrofas combina perfectamente con los jugueteos electrónicos del estribillo, y la parada del final y el remate posterior recuerdan en su eficacia a cómo detenían The Killers sus mejores creaciones.

En el notable último tercio disco no hay espacio para nuevas barreras que disturben su discurrir. Al contrario, lo que nos encontramos en el séptimo corte es nada menos que "False Dichotomy", cuarto sencillo y a la que hace unas semanas seleccioné como la segunda mejor canción internacional de 2022: aún no sé si definirla como rock electrónico o pop espacial, pero sus excepcionales estrofas y su contundente estribillo, que juega a no aparecer, lucen aún más en un directo en el que el cambio de tonalidad que encierra y la manera cómo la banda disfruta sacándole todo el partido es colosal. Después de tal despliegue es imposible mantener el listón, pero las guitarras de "Oh Please" y su contraste con el bajo sintetizado, añadidos a la contundencia de su batería y una melodía de frases largas, generan un tema elegante, claramente diferenciado del anterior pero lo suficientemente emparentado gracias a esos ritmos sincopados, y con probablemente la mejor parte nueva del disco, un sorprendente ejercicio de dub espacial. Y el disco lo cierra la evocadora "Paths in The Sky", una especie de homenaje a la ampulosidad de la primera época de U2, evidente sobre todo en sus meritorias estrofas. El estribillo es un poco arduo en su melodía y en su compleja instrumentación como para enamorar, pero aun así funciona como colofón de este variado disco.

Porque esa es la sensación predominante tras repetidas escuchas: el eclecticismo de un disco que no pierde personalidad, ni se arrima a géneros de moda, pero que trata cada canción de manera independiente, consiguiendo que nos generen emociones muy diversas. La madurez que ha alcanzado el cuarteto como instrumentistas también resulta claramente evidente, y ello contribuye a esa variedad estilística. Pero lo mejor es que esa ambición por llevar su carrera a cotas antes no alcanzadas les ha permitido entregar su colección más redonda de composiciones. Lo cual no se ha reflejado en las ventas de "Formentera", pero sí en su aparición por varias listas de los mejores discos del año, sobre todo de aquellas más valiosas: las seleccionadas por los propios melómanos. Con lo cual sólo queda esperar que los canadienses perciban este reconocimiento como recompensa suficiente a su esfuerzo, y se animen dentro de un par de temporadas a darle continuidad con un noveno álbum. Ya lo estoy esperando.

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