domingo, 29 de enero de 2023

Otras 20 canciones internacionales recomendables de 2022

En mi anterior entrada, dedicada a mi lista con las 20 mejores canciones internacionales de 2022, ya les adelanté que, en mi humilde opinión, la cosecha de buenas canciones había sido superior a la de años anteriores. Y es que durante la última semana de diciembre, cuando estaba preparando dicha lista, me encontré con que había pre-seleccionado al menos otros veinte temas que podían perfectamente formar parte de ella. Debo reconocer que costó varias revisiones llegar a la lista definitiva, así que tomé entonces la decisión de generar una entrada adicional con esos veinte "descartes". Entrecomillo porque para mí todas ellas siguen siendo canciones recomendables, y seguro que algunos de ustedes colocarían alguna de ellas en la lista de las veinte mejores, en lugar de alguna otra que para ustedes, no sería para tanto.

Antes de entrar en materia con esta nueva selección, debo indicar que en esta oportunidad no las he ordenado del veintiuno al cuarenta; me parecía rizar el rizo excesivamente, además de no ser mi intención a la hora de presentar estos temas. Además, debo señalar que la decisión de no incluir ninguna canción de artistas españoles no fue consciente; simplemente no hubo ninguna que pasara el corte, por triste que suene (aunque en ella aparecen Minimal Schlager, a los que casi podemos considerar españoles).

Sin más dilación, aquí va la lista:

Maud Geffray - "Way Out". Desde Francia, techno retro y envolvente, con una tal vez no esperable pero certera parte vocal. Más que interesante su álbum "Ad Astra".
Liam Gallagher - "Everything's Electric". A estas alturas de su carrera nadie espera grandes álbumes de Liam, pero sí que de vez en cuando sigae entregando grandes sencillos de rock intemporal, como éste que interpretó en los últimos Brit Awards.
xPropaganda - "Don’t (You Mess With Me)". La resurrección de una de las bandas míticas de los ochenta, los alemanes Propaganda, retomando su propuesta en el mismo punto en el que la dejaron, incluso con el mismo ingeniero de sonido (Stephen Lipson) de entonces.
Infra Violet - "Polaroid". Desde el Reino Unido, una desgraciadamente minoritaria propuesta de techno-pop de referencias ochenteras pero con el suficiente componente indie.
alt-J - "The Actor". Su excelente "The Dream", que ya reseñé hace casi un año, contenía no sólo originalidad y experimentalidad, sino también este inclasificable medio tiempo, clásico y etéreo a partes iguales.
Everything Everything - "I Want A Love Like This". "Raw Data Feel" resultó ser una vez más el típico álbum de Everything Everything: mucha personalidad, pero también mucha irregularidad. Aunque con buenos momentos como este tema infeccioso.
Bob Moses - "Hanging On". El mejor sencillo de "The Silence in Between", dance-pop intemporal, sutil y bien interpretado.
MeLLLo - "We Are Young". El tema más Marsheaux hasta la fecha del proyecto en solitario de su cincuenta por ciento, la griega Marianthi Melitsi. Sintética, optimista y anti-depresiva.
Feeder - "Submission". Grant Nicholas continúa entregando grandes sencillos de rock clásico como éste, oscuro en sus estrofas, distorsionadamente sinfónico en su estribillo.
A.A. Williams - "Evaporate". "As The Moon Rests", el segundo álbum de la artista británica, resultó de nuevo monótono en su folk-rock gótico, pero no desde luego carente de momentos tan oscuros y notables como éste.
Orbital feat. The Mediaeval Baebes - "Ringa Ringa (The Old Pandemic Folk Song)". Tras más de treinta años de carrera, los hermanos Hartnoll aún siguen con ganas de añadir muescas a su inconfundible revólver techno, esta vez con una acertada melodía vocal. A ver qué tal su inminente "Optical Delusion".
Minimal Schlager - "Rush". Desde Argentina, un medio tiempo envolvente y delicado de synthwave clásico, que no sólo imita tiempor pretéritos como el de tantos otros, sino que le confiere su propia personalidad.
LEATHERS: "Runaway". Al proyecto electro-pop de la canadiense Shannon Hemmett seguramente le falte algo más de inspiración para salir de su círculo minoritario, pero este tema y su arrolladora personalidad y elegancia demuestran que va por la buena senda.
Circa Waves - "Do You Wanna Talk". La banda de indie-rock de Liverpool ya dejó entrever con trallazos como éste que atravesaban el mejor momento de su carrera, como ha confirmado hace tan sólo unos días "Never Going Under", su flamante quinto álbum.
Kasabian - "Scriptvre". El salto definitivo y forzoso de Sergio Pizzorno a las tareas de front-man de Kasabian no ha supuesto apenas cambios en su propuesta, que continúa más anodina que brillante aunque siempre con un par de buenos momentos, como ésta canción que comienza como hip-hop para devenir en una melodía intimista.
ILLENIUM & Skylar Grey - "From the Ashes". Durante 2022 Nicholas D. Miller ha ido publicando sencillos que conformarán dentro de unos meses su quinto álbum, titulado simplemente "Illenium". Misma fórmula de future-bass de siempre, pero también mucha sensibilidad e inteligencia al instrumentar.
Little Boots - "Silver Ballons". Cuando ya la dábamos por muerta musicalmente hablando, Victoria Hesketh aprovechó la excusa de telonear a Abba para resurgir con un nuevo disco, seguramente no tan inspirado como los del principio de su carrera, pero con buenos momentos como esta pieza de house-pop con influencias funky.
SoftWave - "Thank You for Breaking My Heart". Aún no sabemos si los daneses prolongarán este bonito sencillo en un segundo álbum que esperamos desde hace años, pero lo que sí está claro es que saben beber del legado de Andy Bell y Vince Clarke y actualizarlo incluso mejor que los propios Erasure.
Abbie Ozard - "Ford (Drive)". El trémolo de la steel guitar con la que comienza ya denota que estamos ante un tema de una elegancia introspectiva como pocos en los pasados doce meses. Así que habrá que estar atentos a los siguientes pasos de la británica.
Hembree - "House on a Hill". Los de Kansas City siguieron en "It's a Dream!" cultivando ese indie-rock tan suyo y tan al margen de modas y tendencias. A lo mejor les falta un poco de regularidad, pero siempre nos dejan canciones más que interesante.

Eso es todo. Solamente espero que esta selección les haya ayudado a descubrir otros grandes momentos de 2022 que posiblemente les habían pasado desapercibidos.

domingo, 15 de enero de 2023

Las 20 mejores canciones internacionales de 2022

Un año más toca echar la vista atrás y sugerirles una lista que nos permita condensar lo mejor del pasado 2022. Que pasará la historia como el año en el que el planeta por fin recuperó cierta normalidad vital. Aunque para la mayoría de sus habitantes las realidades sociales y económicas no son particularmente boyantes, y las perspectivas, menos halagüeñas incluso. Pero a nivel musical ese retorno a la normalidad ha propiciado, entre otras cosas, el regreso de los conciertos multitudinarios y de los álbumes compuestos y grabados nuevamente de manera presencial. Del mismo modo, el volumen de canciones creadas y publicadas ha vuelto a los niveles habituales, y me atrevo a decir que aunque el reguetón y el trap siguen provocando mucho daño a este maravilloso arte, el 2022 ha mostrado un nivel creativo ligeramente superior a años precedentes. Aunque un año más debo aclarar que, como el volumen de álbumes publicados excede ampliamente los en torno a setenta que he conseguido escuchar en los pasados doce meses, seguiré sin proponerles una lista de mejores discos. Pero sí me atrevo a ofrecerles una lista con 20 canciones internacionales que recordar de este 2022. Que como les digo ha sido más complicada de elaborar que en otras temporadas, y que ha requerido más de una revisión. Pero en la cual he mantenido mis dos criterios habituales: temas que hayan visto la luz en formato sencillo/videoclip, y una única canción por artista, para conseguir una panorámica lo más amplia posible de los pasados doce meses. Y siempre con el deseo de encontrar las mejores melodías, las armonías más elaboradas, las producciones más llamativas, el talento, la originalidad y, en definitiva, la calidad que siempre intento localizar y dar a conocer en este humilde blog.

La lista de este año es particularmente ecléctica respecto al país de procedencia de sus intérpretes. Comandan los siete del Reino Unido, seguidos por los seis de Estados Unidos, pero llama la atención la presencia de tres artistas de la cada vez más pujante Australia, y de dos artistas de la siempre a tener en cuenta Noruega. Lo que evidencia una vez más que el pop y el rock siguen constituyendo un lenguaje universal que se puede cultivar con éxito en casi cualquier lugar del mundo.

Sin hacerles esperar más, aquí les ofrezco la lista:

1. Hatchie - "Quicksand". La australiana Harriette Pilbeam entregó la mejor canción del año como parte de su segundo álbum, ese "Giving the World Away" que, sin ser brillante de principio a fin, expandió el dream pop a cotas insospechadas. Una batería original y contundente, un bajo sabiamente espaciado, una slide guitar comedida, trémolos, samplings vocales y un estribillo inolvidable por muchos años. Imponente.
2. Metric - "False Dichotomy". Uno de los mejores ejemplos de que la perseverancia acaba por rendir resultados. Después de una larga carrera como banda de segundo fila, los canadienses lograron en su enésima reinvención demostrar por fin todo lo que encerraban, en un excelente álbum, "Formentera", que contenía muy buenos momentos y esta joya irrepetible, que no sé si definir como rock electrónico, pop espacial, o simplemente, la maravillosa música que puede crearse en 2022 si se posee el talento suficiente. Colosal.
3. Death Cab For Cutie - "Pepper". A estas alturas pedirle a Ben Gibbard que entregue discos redondos parece demasiado, así que admitamos que "Asphalt Meadows" fue un disco notable tras un cuarto de siglo de carrera. Porque por supuesto la banda señera del indie-pop estadounidense sigue siendo capaz de entregar estribillos que ponen los pelos de punta, como el que conforman estas simples dos frases ("Kiss me just this one last time, Tell me that you once were mine"). Lacerante.
4. Dubstar - "Token". "Two" confirmó que la segunda juventud que vive la banda reducida a dúo tras su refundación hace cinco años es mucho más que una nostálgica mirada a sus gloriosos años noventa. Y el veterano Stephen Hague, el que mejor sabe hacerles sonar como siempre quisieron: pop atmosférico y muy rico instrumentalmente, de un gusto intemporal. Únicos.
5. Florence + The Machine - "My Love". Ni el acercamiento de una Florence Welch en horas bajas al excesivamente ensalzado Jack Antonoff impidió que "Dance Fever" se convirtiera en el peor álbum de su carrera. Pero ello no supuso que hubiera espacio para momentazos, como este tema rápido y cargado de energía, de comienzo cinematográfico, estrofas siempre cambiantes y un estribillo muy complejo de interpretar, marca de la casa. Imprescindible.
6. Sigrid & Bring Me The Horizon - "Bad Life". En su segundo álbum, el meritorio "How to Let Go", la noruega Sigrid Solbakk arrimó con acierto su propuesta de pop contemporáneo a muchos otros géneros, siendo el más sorprendente este baladón rock junto a los minusvalorados Bring Me The Horizon. Aun sin aportar nada nuevo a nivel instrumental, la letra es tan arrebatadora, la composición tan irreprochable, y la interpretación vocal tan espectacular, que es imposible dejar de escucharla. Impresionante.
7. Let's Eat Grandma - "Watching You Go". Rosa Walton y Jenny Hollingworth ya han cruzado la frontera de la veintena, y por eso su propuesta ya no soprende tanto como hace unos años. Pero no hay que perderlas de vista, pues su electro-pop casero sigue siendo capaz de entregar unas estrofas irreprochables y uno de los estribillos más subyugantes del año. Conmovedor.
8. The Big Moon - "Trouble". El cuarteto londinense logró con su tercer disco, "Here Is Everything", uno de los álbumes del año. Entre otras razones gracias a este sencillo de pop intemporal, con unas bonitas estrofas, un estribillo contundente, unas originales armonías vocales, y la naturalidad de quienes han dado finalmente con la tecla. Distinguidas.
9. Boston Manor - "Passenger". Aunque el esperado regreso de los británicos no fue finalmente con un álbum, sino con un EP, "Datura", de tan sólo 7 temas que dejaban un poco a medias, en él se incluía este maravilloso tema de rock contundente y distorsionado, que no rehúye de las posibilidades de la electrónica. Fortificante.
10. Empress Of - "Save Me". Para mí, la mejor canción de música de baile de los pasados doce meses. Alejándose todo lo posible del dichoso dembow y acercando la delicada voz de la emperatriz californiana a una de las producciones más originales de los últimos años, con esa sección de orquesta sintetizada absolutamente desconcertante, y esos bongos a ritmo cambiado que increíblemente encajan a la perfección. Estimulante.
11. Mallrat - "Teeth". "Butterfly Blue", el álbum de debut de la australiana, no llegó tan alto como prometía, pero este tema de rock imposible, sostenido por una progresión armónica tan clásica como efectiva y una llamativa superposición de voces, sí confirmó que aquí hay una artista a seguir. Etérea.
12. Pixey - "I'm just high". Finalmente podemos afirmar que la artista revelación de 2022 ha surgido en Liverpool. Aunque nadie lo diría escuchando este tema de pop sincopado, sostenido por una guitarra y un bajo tan originales y elaborados que nos recuerdan a lo que podría sonar Alanis Morissette un cuarto de siglo después de haber rozado el cielo. Galáctico.
13. AURORA - "A Dangerous Thing". Además de una de las mejores canciones de 2021 ("No Cure For Me"), el meritorio tercer álbum de AURORA contenía esta otra maravilla de pop barroco estupendamente interpretado, acústico en las estrofas y contundente en ese estribillo imposible al que parece faltarle un compás. Umbrío.
14. Trudge - "No Motivation, Meaningless". El mejor sencillo de música electrónica de los últimos doce meses vino inesperadamente del debut de un artista francés. Mirando de reojo a los noventa, pero incorporando sonidos y texturas de las dos últimas décadas, un medio tiempo inmersivo y que no para de sorprender de principio a fin. Habilidoso.
15. Zola Blood - "For The Birds". Como nos temíamos, su decepcionante segundo álbum ("Black Blossom") confirmó su priorización a toda costa de la forma por encima del fondo. Pero afortunadamente este sencillo sí partió de una buena composición, por lo que el resto fue cuestión de dar rienda suelta a su tremenda personalidad a la hora de instrumentarla. Vanguardistas.
16. Josef Salvat - "Promiscuity". El crooner australiano sigue a lo suyo, ofreciendo en cada nuevo disco más entregas de su pop transgénero apto tanto para nuestro dormitorio como para las pistas de baile. Como este trallazo, de reivindicativa letra, arrolladora guitarra funky y excepcional estribillo en falsete. Erótico.
17. Odesza feat. Bettye LaVette - "The Last Goodbye". La banda de música electrónica más relevante de Estados Unidos se acercó al soul con atmósfera house en el primer sencillo de su homónimo álbum. Buena progresión armónica, ritmo irresistible, y la espectacular voz de Bettye LaVette. Sólo una duración excesivamente larga le impide situarse más alta en la lista. Estimulantes.
18. Taylor Swift - "Anti-hero". Como de costumbre, este blog rebusca por igual tanto en las propuestas más minoritarias como en las más masivas. Que, aunque en España no nos hemos enterado, vienen comandadas por la estadounidense, quien con su décimo álbum "Midnights" ha arrasado en las listas de ventas de todo el planeta, pero también en las de la prensa especializada. Entre otras razones gracias a este primer sencillo, un medio tiempo sin estridencias pero con unas estrofas preciosas. Necesaria.
19. Cannons - "Hurricane". Con su tercer álbum, "Fever Dream", la banda de Los Ángeles ha escalado un peldaño en su búsqueda del pop elegante e intemporal. Como lo demuestra este medio tiempo de bajo y guitarra ominipresentes, envolvente estribillo y un pegadizo silbido. Distinguidos.
20. King Princess feat. Fousheé - "Little Bother" . El tema estrella de "Hold On Baby", el segundo álbum de la neoyorkina, la refrenda como una de las nuevas propuestas más interesantes del otro lado del Atlántico. Pop alternativo con guitarras ochenteras y un ritmo sorprendentemente alto para la melancolía que genera. Prometedora.

Como suelo decir llegados a este punto, siempre me preocupa haber dejado fuera de la lista temas que lo merecieran, bien por la limitación en el número de canciones, bien porque no hayan llegado (aún) a mis oídos. Pero aun con ese riesgo, estoy convencido de que estas veinte canciones son un buen compendio de lo mejor que nos han ofrecido musicalmente los pasados doce meses, pues demuestran que si no nos quedamos en la superficie de lo que nos tratan de imponer tanto los medios generalistas como los independientes, podremos seguir encontrando grandes dosis de creatividad e innovación en el panorama musical internacional. Que, como bien saben, es lo que siempre trato de ofrecerles en este blog.

sábado, 31 de diciembre de 2022

The Big Moon - "Here Is Everything" (2022)

El pasado mes de Octubre se publicó "Here Is Everything", el tercer álbum del cuarteto femenino The Big Moon. Las británicas ya habían aparecido por este blog en 2019, cuando la excelente "Your Light" formó parte de la lista de mejores canciones internacionales de aquel año, pero nunca antes con un álbum completo, pues el disco que contenía aquel tema, "Walking Like We Do" (2019) adolecía en mi opinión de cierta irregularidad, quizás a falta todavía de un punto de madurez. Pero tres años más tarde este "Here Is Everything" que hoy les voy a reseñar ha supuesto por fin su esperado salto de calidad, y las ha confirmado como una de las propuestas más interesantes de un Reino Unido en horas bajas.

Como si fueran conscientes de que era el momento de consolidar su carrera musical, el disco no escatima en esfuerzos: nada menos que cincuenta y seis minutos y trece temas, doce de ellos compuestos por su cantante y líder Juliette Jackson. Que oscilan entre el pop y el rock más atemporal, partiendo siempre de una base tan efectiva como difícil de conseguir en tantos y tantos discos: una buena progresión armónica. A partir de ahí, el trabajo en la producción de Adam Barlett, con quien las londinenses han colaborado por primera vez, también parece haber ayudado al éxito del conjunto, pues ha sabido instrumentar las canciones sin recargarlas demasiado, recurrir a teclados y piano para completar sonoridades y darles un barniz de contemporaneidad, y evitar que se pusiera de manifiesto que ninguna de las integrantes del grupo es particularmente virtuosa con su instrumento.

El disco lo abre "2 lines", que pese a no haber sido extraído como sencillo, es uno de los momentos álgidos del álbum, y un buen reflejo de lo que encierra: esa progresión armónica marcada por la guitarra acústica desde el comienzo, una melodía larga y elaborada en las estrofas, con unos certeros coros a partir de la segunda estrofa, y un estribillo a medias expansivo y psicodélico que, pese a ser claramente diferente a sus estrofas, armoniza bien con el resto del tema. Un solo de guitarra simple pero efectivo vertebra la apoteosis final, con Jackson cantando una octava por arriba. "Wide Eyes", segundo corte, fue escogido hace unos meses como primer sencillo: el teclado delirante del comienzo permite que la guitarra acústica que vuelve a llevar la progresión armónica no sea tan evidente como en el tema anterior. Se trata de una composición rápida, con otra estrofa bien construida y completada por un bajo rápido, que da paso a un estribillo más largo, con un bonito arpegio de guitarra, y una muy acertada variación de algunas notas en su repetición final. En "Daydreaming" es un sencillo piano el que desde el principio establece una progresión armónica que, sin miramientos, da paso a otra bonita estrofa. El elaborado estribillo, con una percusión especialmente pensada, y un melancólico tramo final instrumental, así como la primera parte nueva del disco, perfectamente integrada en el tema, reflejan el excelente nivel medio de las composiciones de este álbum.

"This Love", tercer sencillo recientemente publicado, es también la segunda canción más larga. En esta ocasión la guitarra acústica no se limita a llevar los acordes, sino que propone un sugestivo arpegio, sobre el que Jackson canta una melodía acogedora de notas bajas. Pero el estribillo de sólo dos acortes en esta ocasión sí baja un poco el listón, así que, aunque los intervalos instrumentales poseen una fuerte personalidad, y Jackson canta con rabia una inesperada parte nueva, su elección como sencillo no parece muy afortunada. "Suckerpunch", quizá la canción más acústica del álbum, con sus influencias del lejano Oeste, resulta una meritoria exploración de otros territorios no tan cercanos a su propuesta musical. Buenas estrofas realzadas por un certero piano, interesantes coros en su estribillo, una parte nueva instrumental con las dos guitarras eléctricas complementándose sin alardes, la altiva voz de Jackson... Otro pasaje notable. "My Very Best", es un medio tiempo, nuevamente con una bonita progresión armónica marcada por el piano sobre la cual les resulta relativamente fácil constriuir una emotiva melodía que es toda una declaración de amor en su letra. Y que tras un estribillo que no destaca pero que no desentona, nos ofrece un delicioso pasaje casi instrumental sobre los mismos acordes de las estrofas, en el cual unas cuerdas sintetizadas nada originales pero muy adecuadas ponen la guinda. "Ladye Bay", el séptimo corte, vuelve a ser un ejercicio de pop intemporal sobre unos inspirados acordes marcados por una guitarra acústica, sabiamente complementado por una contundente batería y un juguetón teclado que rellena todos los huecos. Que sin complicarse en variar de progresión en su apoteósico estribillo (que a mí me recuerda a los tiempos pop de Oasis), introduce la necesaria variación necesaria tras él, en especial en su muy elaborada progresión armónica, para que el conjunto no se vuelva monótono.

Escondido en el octavo corte se encuentra "Trouble", su segundo sencillo y para mí el mejor tema del disco. Esta vez es el prominente bajo el que marca otra progresión armónica marca de la casa. Las excelentes segundas voces en las estrofas, lo bien que engarza el puente con la distorsión de su excelente estribillo, su letra, mezcla de realismo y optimismo, esa fantástica parte nueva, que frena al principio para soltar toda la energía al final, y un nada complicado pero bonito solo de guitarra a modo de cierre, definen a la perfección lo que las británicas pueden ofrecernos. "High and Low" es la balada del disco: piano (espartano y demoledor) y voz (de melodía a veces entrecortada en las estrofas, de notas muy altas en el estribillo), y un reposado segundo estribillo en el que un teclado casi imperceptible se erige en inesperado protagonista, crean un panorama en el que sólo el inesperado cambio de tonalidad en su tramo final consigue mejorar aún más el conjunto. Evidentemente colocada justo después a propósito, "Magic" es, por el contrario, uno de los temas más rápidos del disco: estrofas elegantes con múltiples voces repitiendo eso de "Magic", un estribillo rotundo, con unos formidables teclados arropando el arpegio de guitarra y los coros, y una sencilla pero efectiva parte nueva con parada previa al subidón final, completan otra canción plenamente recomendable.

"Satellites" cierra el disco en su versión corta, la menos internacional. Ello probablemente explica su tempo reposado, la duración más alta de todas las canciones del disco, la melancolía que desprende, y unos teclados quizá demasiado altos en primer plano en los intervalos instrumentales. No es un mal tema, pero sí uno de los pocos que yo considero menos inspirados. Curiosamente, el único corte no compuesto por Jackson sino por la bajista Celia Archer es mi segundo momento favorito del disco. Y curiosamente también, no está subido a Youtube, por lo que no puedo añadir el enlace. Pero nos ofrece el ritmo más original de todo el disco, unas estrofas elegantes, un puente expansivo que pone los pelos de punta, y un estribillo que es prácticamente una segunda voz, con los mismos acordes que las estrofas, y distintas variaciones en la instrumentación según la repetición, de una elegancia deliciosa. Y el cierre en la edición más popular del álbum lo pone "Summer Still Comes", un medio tiempo de reminiscencias folk, en el que sobresale especialmente la interpretación vocal de Jackson, además de los particulares redobles de batería, pero al que tal vez su cadencia, tal vez su propuesta reposada, hacen que la considere la canción más floja de todo el álbum.

Es cierto que no es una banda que vaya a revolucionar nada en el trillado panorama del pop-rock, ni siquiera entre las bandas exclusivamente femeninas. Y no es menos cierto que para haber acabado de dar la campanada se echa en falta un sencillo estrella como en su momento lo fue "Your Light". Pero el nivel medio de prácticamente todas sus composiciones es inusualmente alto. Y la variedad de juegos compositivos, de ideas en la instrumentación, y de detalles de calidad a la hora de desarrollar las composiciones justifican que, de manera muy merecida, "Here Is Everything" haya llegado al Top 10 de álbumes en su país. Ahora sólo falta que ello suponga un aliciente suficiente para que Jackson y sus compañeras consideren afianzada definitivamente su carrera, y continúen a partir de ahora añadiendo muescas en próximos años a su pop-rock femenino e intemporal. Las necesitamos.

domingo, 18 de diciembre de 2022

Pixey - "Dreams, Pains & Paper Planes" (2022)

Hoy traigo a este humilde blog la que para mí es, sin duda alguna, la artista revelación de este 2022 que está próximo a terminar. Tras dos EPs que sorprendieron con temas tan sugestivos y frescos como "Electric Dream" o "Sunshine State", el pasado mes de octubre ha visto la luz "Dreams, Pains & Paper Planes", el primer (mini) álbum de la inglesa Pixey. Ocho canciones directas y apenas veintiocho minutos que se disfrutan de principio a fin, pues evidencian una madurez y una habilidad a la hora de mirar al futuro apoyándose en el pasado realmente encomiables. Sin temas de relleno, con una personalidad propia pero sin repetirse en ellos, una excelente producción que conjuga con habilidad instrumentos eléctricos y electrónicos, y unas letras a veces provocativa, otras irreverente, su aparición supone un soplo de aire fresco en un panorama tan plano y tan carente de talento como el que nos rodea en estos tiempos.

El disco lo abre "Recycled Paper Planes", también escogida como segundo sencillo. Sin duda un buen reflejo de lo que encierra el álbum: una sugestiva progresión armónica sostenida en las estrofas por su infecciosa guitarra y por un bajo lleno de ritmo, que tras dos repeticiones da paso a un estribillo tarareable a la vez que psicodélicamente futurista. Aunque no tanto como el original sintetizador que adorna una parte nueva que, como casi en todo el disco, no es más que una estrofa sin melodía vocal. El siguiente corte fue también el primer sencillo en anticipar este debut: "Come around (Sunny day)" baja el tempo y vuelve a vertebrarse sobre una guitarra eléctrica que me recuerda a las del debut de Clairo. La programación de la batería es tan certera que llena todos los huecos, y el estribillo coreable y apoteósico (acorde con el día soleado al que alude la letra, especialmente en la repetición final sin apenas acordes que lo apoyen) lo termina de convertir en un excelente momento. Igualmente "I'm Just High" es el tercer corte y también el tercer sencillo. Otra vez un tema con groove, a tono con su letra de desenfreno, de estrofas infecciosas y estribillo de muchas notas pero aun así con un sorprendente toque sinfónico en los teclados que lo envuelven. El cuarto corte, "Kids!", a pesar de no haber sido escogido (de momento) como sencillo, es sin duda mi momento favorito del álbum: casi un tema lento, las dos cajas de ritmos solapadas del comienzo se contraponen de manera fantástica, y enseguida las arropa un teclado para llevar los acordes que refleja la elegancia etérea del tema. La progresión armónica del estribillo, tras el cambio del puente, es la misma de las estrofas, pero las notas de ambos son muy diferentes, y la letra es pura irreverencia ("Fuck this! It's something we never asked for"). La parte nueva en realidad no es más que una meritoria desaceleración a modo de reprise, que da lugar a unas repeticiones finales del estribillo en las que una relativamente camuflada guitarra acústica remata una excelente producción.

"Melody (From You to Me)", algo así como una actualización de un tema de pop-rock a medio camino entre EMF y The Stones Roses, acelera el tempo y nos propone otra guitarra irresistible, unas estrofas directas en las que las partes declamadas complementan con talento la melodía vocal, y un estribillo que altera la progresión armónica y lo llena con unas notas largas que, a pesar del contraste con las estrofas, queda perfectamente armonizado con ellas. "So Just Smile", sexto corte, es otro medio tiempo con protagonismo desde el principio para la percusión programada, y quizá el más dulce desde el punto de vista melódico. Con una letra que intenta insuflar optimismo a una persona en horas bajas, tanto su preciosa estrofa como su efectivo estribillo son capaces de subir el ánimo a cualquiera. Y el tramo final, mezclando ambas melodías vocales a modo de coda, un acierto más de la producción. El penúltimo corte es "Treat Me Right", el segundo pasaje más reposado del disco (aunque por supuesto no estamos ante una balada). Otras estrofas elegantes, con un curioso cambio de notas en su segunda repetición, un expansivo estribillo que combina sensibilidad y cierto arrojo, y ahora sí, una parte nueva diferente y elaborada, en la que sobresale la manera gradual en la que se recupera un estribillo final que acaba sorprendiendo con su ritmo de puro drum & bass. Y el cierre lo pone seguramente el tema más intimista: "In My House", con sus acordes menores y su reverberadas estrofas, facilita el aterrizaje tras tanto subidón, aunque la calma envolvente de sus estrofas está bien contrapesada por un elaborado estribillo de notas altas en la que el Pixey deja traslucir de manera contagiosa su enojo.

Hacía mucho que no destacaba ocho temas de un mismo disco, pero es que todos ellos merecen individualmente la pena. Incluso a pesar de la poco habitual variedad de tempos entre ellos. Curiosamente es un disco que suena más norteamericano (cálido, guitarrero, indie) que británico (poca flema y menos pose). Y que en cada nueva escucha permite descubrir nuevos detalles, algo muy a tener en cuentra tratándose de un álbum de debut sin demasiados medios. Es posible que le sobre reverberación a la voz, y obviamente un par de canciones más, incluso aunque hubieran flojeado un poquito frente a estas ocho, habrían venido de perlas para llegar a una duración estándar. Pues tal cual ha quedado, "Dreams, Pains & Paper Planes" deja con ganas de más. Algo que también se percibe en unos sencillos que gradualmente van aumentando en repercusión, como lo refleja el número creciente de visitas de cada uno de ellos. Habrá que ver cuáles son los siguientes pasos de la de Liverpool, si sigue con ese desenfado propio de una propuesta sin grandes pretensiones comerciales, o intenta aspirar a cotas más altas de repercusión. Ojalá en ningún de los dos casos ello le suponga la pérdida de la inspiración y originalidad que han alcanzado su propuesta; podríamos estar ante una gran artista.

lunes, 28 de noviembre de 2022

Death Cab For Cutie - "Asphalt Meadows" (2022)

Hace un par de meses salió a la venta el décimo álbum de Death Cab For Cutie, "Asphalt Meadows". La banda de Ben Gibbard ha roto así un silencio de cuatro largos años desde "Thank You For Today". Un lapso durante el cual su propuesta apenas se ha desplazado un ápice de sus coordenadas habituales. A pesar de haber quedado reducido a poco más que el proyecto personal de su líder y compositor principal Ben Gibbard (desde la marcha, hace ya unos cuantos años, de Chris Walla), el grupo ha mantenido en sus últimas entregas una continuidad musical y una personalidad artística prácticamente inalteradas. Un hecho que con seguridad no les va a proporcionar ya apenas nuevos adeptos, pero que supone una garantía para los que valoramos su pop intimista y atemporal, siempre bien instrumentado a la vez que al margen de las modas. Descripción que, por supuesto, aplica también a este disco.

Con lo cual la impresión más o menos favorable que nos pueda dejar una nueva entrega de la banda depende casi en exclusiva del nivel de inspiración que haya alcanzado Gibbard durante la composición de los temas. Digo conscientemente "casi", porque siempre queda un pequeño margen para la experimentación (en este álbum ese espacio lo ocupa principalmente una única canción) o para cierta evolución en la instrumentación (algo que sí resulta más evidente en varios momentos, tanto por el impacto consciente de un mayor ruidismo como por las percusiones originales y muy trabajadas que mejoran el resultado final de varias canciones). Pero el grueso del disco lo sigue sosteniendo el talento y la inteligencia como creador de Gibbard, que, como ya les adelanto, no atraviesa su momento más boyante, pero que a lo largo de sus once canciones tampoco se muestra fuera de forma.

"I don´t know how I survive" es el tema encargado de abrir el álbum, y uno de sus mejores momentos (a pesar de no haber sido seleccionada como sencillo). Un original arpegio de guitarra en primer paso que sirve de base a unas estrofas de progresión armónica relativamente simple y notas altas y largas, el cual por sorpresa da paso a un estribillo contundente y ruidista, tras el cual entrarán dos sintetizadores juguetones muy meritorios para desarrollar una segunda estrofa mucho más evocadora. Pero lo que de verdad convence es la poderosa distorsión de su estribillo a dos voces cuando Gibbard por fin le concede el espacio necesario, incluyendo el efectivo solo de guitarra sobre esos mismos acordes en el tramo final. "Roman Candles", segundo corte, fue el primer sencillo en anticipar el álbum hace ya unos cuantos meses. Un tema muy corto y directo en el que llama la atención desde el mismo comienzo su contundente batería. Sus estrofas sencillas y obsesivas (sobre todo cuando entra la estridente guitarra distorsionada en la segunda estrofa), y un estribillo marca de la casa, tarareable y melancólico, lo convierten en otro buen sencillo de su discografía. "Asphalt Meadows", el tema que da título al álbum, es otro momento agradable aunque no el tema estrella que tal vez cabría esperar. Quizá lo más brillante sea su poética letra, de un lirismo inusual en estos tiempos. Las estrofas, sostenidas con su contudente batería, poseen la característica melancolía de la banda, pero el estribillo, sin resultar decepcionante, deja un tanto frío (algo quizá agravado por lo alto y relativamente simple del arpegio de guitarra que lo adorna, si bien resulta más llevadero en la repetición final).

Con "Rand McNally" sucede algo parecido: sus estrofas, de una sensibilidad extrema, refrendan de nuevo el intemporal talento de Gibbard, tanto la más espartana primera, con su preciosa guitarra, como la más ornamentada segunda, con otra original batería y unos certeros sintetizadores. Pero el estribillo, quizá un tanto desnudo, baja varios enteros, y la parte nueva apenas la conforman unos pocos compases. Tal vez por eso, el estribillo final lo interpreta la banda sobre la progresión armónica de las estrofas. "Here to Forever" fue el segundo sencillo y, sin llegar a ser uno de los mejores momentos del disco, es una buena canción, además de un tema especialmente válido para ser interpretado en directo: por su tempo alto, por la contundencia de su batería desde el mismo comienzo, por su estribillo sencillo y tarareable, o por la acertada parada que acompaña a su breve parte nueva. "Foxglove Through the Clearcut" fue el tercer sencillo, y desempeña el papel de momento experimental del álbum, sobre todo por sus largas estrofas declamadas. Pero su parsimonia y la escasa melodía principal (un estribillo de muy pocas notas) constituyen una losa demasiado pesada para contrarrestar el interesante contrapunto entre las dos guitarras eléctricas, el original redoble de batería en los estribillos, o la distorsión final, resultando así el tema más prescindible del disco.

Afortunadamente a este pequeño desacierto lo rescata la formidable "Pepper", recientemente escogida como cuarto sencillo, y que sin duda es la mejor canción de las once: sin tan siquiera un compás que dé paso a la primera estrofa, su enternecedora letra ("Kiss me just this one last time // Tell me that you once were mine", la exquisita sensibilidad de sus estrofas, el piano que sabiamente equilibra la guitarra acústica, un estribillo simple pero que pone los pelos de punta cuando entra el sintetizador principal, y un desarrollo vertiginoso, sin un segundo de tregua, demuestran por qué siguen siendo una de las bandas esenciales en la música pop de calidad a nivel internacional. "I Miss Strangers" es probablemente el último momento álgido del disco, así como una saludable demostración de que después de un cuarto de siglo de carrera aún son capaces de crear temas rápidos y con nervio, alejados del aburguesamiento que suele equívocamente asociarse con madurez. Una vez más la batería raya a gran altura, y el contrapunto entre las guitarras aceleradas de las estrofas y los elaborados arpegios del estribillo funcionan mejor de lo que podría parecer; sólo el parón extremo que supone esa parte nueva tan larga le resta algún que otro punto. "Wheat Like Waves", el antepenúltimo corte, es el tema que más se aproxima al folk sureño de todo el disco, con una pátina costumbrista y una letra de referencias campestres, correctamente producida, de estrofas agradables y un estribillo un punto superior, al que le falta un poco más de personalidad y de inspiración para convertirse en otro momento álgido. "Fragments from the decade" es una melancólica mirada hacia atrás a una década que definitivamente no fue la mejor en la vida de su protagonista, como tampoco es la más brillante desde un punto de vista compositivo: balada con lejanas percusiones, atmósfera envolvente y guitarra slide, que hubiera funcionado mejor como tema de cierre que como penúltimo corte. Porque el cierre realmente lo pone "I'll Never Give Up On You", un medio tiempo con los sintetizadores más marcadamente electrónicos del disco, interesante como ejercicio exploratorio y con una un tanto inesperada aunque interesante progresión armónica en su estribillo, así como otro cambio de tonalidad en su parte nueva instrumental, pero que suena más a "cara b" de cualquiera de sus sencillos que a un momento álgido de este disco.

Para quienes seguimos desde hace tiempo a la banda, es relativamente fácil llegar a disfrutar lo que encierra este "Asphalt Meadows". Que como puede deducirse por la cantidad de temas para los que he añadido el enlace de su vídeo, es bastante más de lo que ofrecen la mayoría de los discos de este 2022. Y es que en términos absolutos se trata de un buen álbum, con pocas sorpresas pero suficientes buenos momentos. Lo que sucede es que no estamos ante una entrega que vaya a despuntar entre el nivel medio de su discografía. Algo agravado, además, por una cuestionable elección de los temas estrella. Todo ello, junto a que la banda ya lleva muchos años en activo y sus seguidores también van cumpliendo años, ha provocado que la repercusión comercial del álbum haya sido mucho menor que la de sus discos anteriores (quedan ya muy lejos los tiempos en que llegaron a alcanzar el número 1 en álbumes en su país con aquel "Narrow Stairs"). Lo que tal vez sea un mal presagio, pues si sólo aspiran a ir perdiendo gradualmente atención y público, no parece muy claro que Gibbard vaya a seguir luchando por la continuidad de la banda, ni que se sienta fuertemente tentado a arrancar un proyecto en solitario. Sería una pena, pues aún son capaces de cautivar con canciones tremendamente superiores a la mayoría de las que se publican en la actualidad.

domingo, 30 de octubre de 2022

Sigrid - "How to Let Go" (2022)

La de hoy es la primera entrada que dedico a la joven noruega Sigrid. Quien debutó en 2019 con un interesante álbum ("Sucker Punch"), del que me llamó especialmente la atención la bailable y ochentera "Mine Right Now". Pero al que le faltó un punto de consistencia para merecer una entrada independiente en este humilde blog. Algo que sí ha logrado con este "How to Let Go" que ha visto la luz hace unos meses. No gracias a la variedad en su propuesta (todas las canciones son claramente diferentes entre sí), sino porque ha conseguido que la mayoría de ellas merezcan nuestra atención. Algo que afortunadamente no ha ido reñido con su repercusión comercial, pues el disco, además de llegar a ser el más vendido en su país, también ha alcanzado el número dos de las listas británicas.

La propuesta de Sigrid es relativamente sencilla: pop contemporáneo, no demasiado difícil de digerir pero tampoco exento de calidad, que se va aproximando en cada momento a distintas corrientes y estilos sin dejar por ello de ser pop de consumo masivo. Es cierto que, a pesar de las notables cualidades vocales de la noruega, esas aproximaciones le restan algo de personalidad a su sonido, pero como contrapartida aseguran un álbum apto para muchos momentos y muchos potenciales oyentes. Señalar, además, que Sigrid participa en la creación de todas las canciones junto a "Sly" (Sylvester Sivertsen), el exitoso compositor danés que también se encarga de producir la práctica totalidad del disco. Primando siempre el impacto directo, con temas cortos que provocan que, a pesar de un tracklist relativamente extenso (12 cortes), el álbum sólo dure treinta y siete minutos.

El disco lo abre "It Gets Dark", elegida también como tercer sencillo. Un medio tiempo de inicio cinematográfico, estrofas armoniosas y complicadas de interpretar por su amplitud vocal, y estribillo más contundente, con un curioso bajo sintetizado que pocos esperarían como contrapunto a la distorsionada guitarra acústica, y que deja con ganas de más. Superior me parece "Burning Bridges", segundo corte, segundo sencillo, y mi segundo momento favorito del álbum: unos desconcertantes segundos de zumbido inicial que dan paso a un tema más rápido, que combina una letra de desamor y unas estrofas oscuras con un estribillo intenso muy bien realzado por una sección de cuerda sintetizada, y que vuelva a terminar tan repentinamente como comenzó. "Risk of Getting Hurt" es otro tema interesante construido a partir de un arpegio de guitarra eléctrica en las estrofas y un distorsionadísimo sintetizador en el estribillo, con unas estrofas cálidas, un estribillo complejo y difícil de cantar, y una elaborada parte nueva, y como único pero un ritmo sincopado que le confiere personalidad pero que quizá no era lo más indicado para sacarle todo el partido. "Thank Me Later" vuelve a subir el tempo y tras su comienzo instrumental de pura fantasía, propone un tema de estructura y arreglos pop clásico (arrancando con bajo, batería y voz, para añadir posteriormente la guitarra), que remata un bonito estribillo con una letra excelente ("I need to let you go, let you go / It's better for us both / You don't see it, but I'm doin' us a favour"), y que complementa otra muy completa parte nueva (cambio de tonalidad incluido).

"Mirror" fue el sencillo que anticipó el álbum hace ya más de un año. Otro medio tiempo corto y directo, con batería muy marcada, bailable gracias a su bajo sincopado y al piano electrónico de su estribillo, y con otra original sección de cuerda sintetizada, deudora de la música disco de finales de los setenta, que no desagrada pero que desde mi punto de vista flojea un tanto como eventual tema estrella del disco. A pesar de ser una balada un tanto convencional de piano y voz, me parece más interesante "Last to Know", con una desgarradora letra que refleja la intención de ocultar los sentimientos a una ex-pareja tras haber encontrado un nuevo amor, y una casi tan desgarradora interpretación vocal de la noruega, combinando sensibilidad y rabia a partes iguales. "Dancer", el séptimo corte, es mi tercer momento favorito. Un tema de pop-rock "arrastrado" que en sus estrofas recuerda mucho al "Shakermaker" de Oasis, pero que en su estribillo de notas altas y potentes Sigrid sabe llevar a su terreno. Y que vuelve a convencer en otra parte nueva tan elaborada como bien entroncada con el resto de la composición. "A Driver Saved My Night" es probablemente el tema más bailable y disfrutable del disco: un ritmo contagioso, una melodía pegadiza en las estrofas, un puente que coge fuerza, y un estribillo que vuelve a la progresión armónica principal con protagonismo destacado para la infecciosa guitarra eléctrica.

A pesar de lo que su título pudiera indicar, "Mistake Like You" es una balada relativamente colorista, casi dulce, en la que Sigrid lleva el teclado principal además de la voz, y que aunque no llega a resultar aburrida, tal vez sea el momento más prescindible del disco, incluso con un solo de guitarra eléctrica un tanto anacrónico. Afortunadamente le sigue mi tema favorito del álbum, "Bad Life", junto a la banda británica Bring Me The Horizon, un grupo que nunca ha acabado de alcanzar un gran reconocimiento de la crítica, pero que aquí crea a medias con Sigrid una brillante balada de rock que arranca con piano y se desarrolla con guitarras distorsionadas, y que sobrecoge por su preciosa letra sobre una persona al borde del suicidio, y su excelente melodía, que va creciendo desde la sobriedad de las estrofas hasta el nervio de los estribillos. Y en la que, por difícil que pueda parecer, Oliver Sykes, el cantante británico, gana a Sigrid en una interpretación vocal fantástica, todo lo cual justifica sobradamente su elección como cuarto sencillo. "Grow" es una balada acústica que vuelve a recordar a varias de las interpretadas por Liam Gallagher, coreable en su doble estribillo pero un tanto simple en su desarrollo, pues ni la composición ni la instrumentación varían apenas de principio a fin. Y, casi sin tregua, el disco lo cierra "High Note", otro tema lento y breve pero más interesante, aún relativamente convencional en su producción, pero que al menos va creciendo conforme avanza, especialmente con el cambio de tonalidad de su tramo final.

Para que el disco hubiera resultado redondo seguramente habría venido de perlas algún tema rápido más, una instrumentación algo más contemporánea en determinados momentos, y una apuesta por un sonido un tanto más personal. Porque pese a la calidad de Sigrid como compositora y sus cualidades como intérprete, si se sacan de contexto no es fácil reconocer como suyas muchos de las canciones de este disco. Lo cual puede perjudicar su carrera a largo plazo. Pero por ahora su juventud y su energía le aseguran un público fiel y un éxito internacional merecido, incluso aunque ni por estilo ni por propuesta se alinee con las modas actuales. De modo que sólo queda seguir esperando que en siguientes entregas continúe añadiendo buenos momentos a su discografía, para así terminar de consolidarse como una de las mejores apuestas del pop de los años veinte.

miércoles, 12 de octubre de 2022

Odesza - "The Last Goodbye" (2022)

Casi cinco años después de su último álbum de estudio ("A moment apart"), el dúo estadounidense Odesza ha regresado con el que es su cuarto disco, "The Last Goodbye". Un periodo aparentemente largo, aunque en realidad no lo ha sido tanto, pues entre medias Harrison Mills y Clayton Knight crearon el proyecto "Bronson" junto al productor australiano Golden Features, el cual dio como resultado un disco homónimo que ya reseñé en este mismo blog. Y cuyas exploraciones más orientadas a la pista de baile y a un sonido un tanto más crudo se dejan sentir en este regreso de Odesza. Una nueva entrega que, además, se ha beneficiado de que la todopoderosa Apple escogiera el tema que da título a la misma para una de sus campañas publicitarias más recientes. Lo que deja bien a las claras la influencia de la banda de Washington en la música contemporánea actual. Y que este álbum ecléctico y fácil de degustar pone de manifiesto.

Y es que pese a la cantidad de canciones que conforman "The Last Goodbye" (trece, ocho de ellas con invitados que se encargan de la parte vocal), se trata de un álbum de duración muy contenida para lo que se estila en discos de música electrónica (cincuenta minutos). Ello provoca que el disco fluya con dinamismo, y si algún tema en concreto nos llena menos, en seguida llega otro que cambia de registro y oxigena la escucha. Porque en esta nueva entrega el dúo ha potenciado su eclecticismo como seña de identidad, y aunque nos siguen proponiendo las influencias étnicas, los pasajes ambientales y las atmósferas envolventes que siempre les han caracterizado, no dudan en alternarlos con momentos más bailables o acercamientos al pop más actual. El resultado es lógicamente un tanto irregular, pero los aciertos priman sobre los errores, como lo demuestran los nada menos que seis sencillos ya extraídos.

"This version of you", el tema que abre el disco, enlaza perfectamente con el punto en el que el dúo dejó "A moment apart": un medio tiempo envolvente, sin apenas base rítmica, con una parte vocal declamada, y un crescendo antes del piano final, cuyo objetivo parece crear el clima para el resto del disco. Más interesante por sí misma resulta "Wide Awake", el siguiente corte, recientemente escogida como quinto sencillo. Con una complicada melodía de notas altas bien interpretada por Charlie Houston, llama la atención porque su colorida instrumentación a base de sintetizadores y efectos da paso en seguida a un contundente ritmo binario que la orienta hacia la pista de baile. Aunque ello no está reñido con un estribillo intimista y casi desnudo en su segunda repetición, ni con un sencillo pero apoteósico sintetizador en los intervalos instrumentales. Un tema notable, si bien personalmente prefiero "Love letter", tercer corte y tercer sencillo. Creada junto al también dúo de música electrónica The Knocks, el resultado es menos insulso de lo habitual en este anodino dúo: la voz de James Patterson canta una sencilla melodía y da vida a una progresión armónica sugestiva, que no varía en su desarrollo pero que incita al baile. Todo ello rematado por una de las mejores instrumentaciones del disco, variando continuamente con samplings diversos, teclados que aparecen y desaparecen y sólo unas notas de piano para cohesionar el junto.

"Behind the sun", cuarto sencillo además de cuarto corte, es un medio tiempo construido sobre un sampling de música iraní, que nos remite a los Odesza más reconocibles, pero que a pesar de su elaborada percusión y la contundencia de sus coros, supone un indudable bajón tras los dos temas anteriores. Pero la cosa en seguida remonta gracias a "Forgive me", mi segundo momento favorito del álbum, a pesar de no haber sido escogida como sencillo. Interpretada por la británica Izzy Bizu con la obvia intención de armonizar al máximo con el estilo de la composición, se trata de un tema de pop luminoso y rabiosamente contemporáneo, directo y con unas estrofas que levantan el ánimo a cualquiera. Una bonita producción, a partir de un bajo real, que va incorporando instrumentos poco a poco y añade la contundencia de la caja de la batería en su correcto y sinfónico estribillo, rematan poco más de tres minutos que podrían haber sido un éxito mundial en la voz de cualquiera de las veinteañeras que pululan en estos tiempos por las listas anglosajonas. "North Garden" recupera los Odesza "clásicos", con un sampling del pop de los sesenta, percusiones que varían continuamente, y efectos varios en otro momento más relajante que emocionante. Le sigue "Better now", segundo sencillo, con la participación vocal de la representante portuguesa en el Festival de Eurovisión de este año, Maro. Un tema cálido, no sólo por la voz de la portuguesa, pero para mi gusto un poco lento para que el contraste de su poderosa línea de bajo sintetizada y las estridencias instrumentales de su estribillo logren el resultado pretendido.

Escondido como octavo corte encontramos "The Last Goodbye", primer sencillo además de ser la canción que da título al álbum. Y que sin duda es su mejor momento, tanto que se ha convertido ya en el apoteósico cierre de sus conciertos, amén de la ya comentada campaña de Apple. Excepcionalmente cantada por la poderosa voz de Bettye LaVette, combina un fantástico y envolvente comienzo, un preludio que da paso a los flasheos del sintetizador principal antes de que finalmente entre la composición completa (no sólo estribillo, también estrofa), y con un largo interludio presidido por un efectivo bajo slap, antes de los dos minutos de apoteósico baile final (guitarra eléctrica incluida). Quizá con una duración un poquito más corta (ahora son seis minutos) sería una de los candidatas a canción del año. "All My Life" es quizá el tema más ambiental del álbum, una agradable superposición de trémolos que fluyen para aterrizar tras el subidón precedente, de resultado agradable pero no perdurable. "Equal" regresa a los tempos más altos y la electrónica más contundente. Con la voz de la británica Låpsley comandando un tema que combina estrofas más reposadas con un estribillo más estridente, es el tema que mejor encaja con la identidad del sello de Ninja Tune, donde habitualmente publican los estadounidenses. Si bien le falta algo de variedad para erigirse como uno de los grandes momentos del disco.

"Healing Grid" es un cinematográfico pasaje, en el que sucesivos samplings dan calidez a una colorista progresión armónica, en otro momento marca de la casa, agradable y lo suficientemente corta para que no se haga aburrida. "I Can't sleep", el penúltimo corte, es otro momento interesantes: arranca como "otro tema ambiental más" del dúo, pero en seguida una percusión sencilla, un ritmo arrastrado y un amago de melodía en un idioma ininteligible dan paso a un medio tiempo más crudo y personal de lo que cabría esperar, con mención especial para la superposición de melodías sintetizadas de su minuto final. Y el disco lo cierra "Light Of Day", un en apariencia reposado tema que recientemente ha visto la luz como sexto sencillo (no se pierdan el fantástico vídeo que lo acompaña), cuyos seis minutos en el álbum resultan un tanto excesivos, pero que acortados a cuatro en su versión single permiten comprobar como la un tanto repetitiva melodía vocal del islandés Ólafur Arnalds no es todo lo que encierra este tema, realzado por unos intervalos instrumentales movidos y conmovedores con esos crescendos sinfónicos arropando el efectivo sintetizador principal.

"The Last Goodbye" es uno de esos discos elaborados que ganan con cada escucha. Por ejemplo cuando reparemos en que el final de canción suela confluir hasta solaparse con el comienzo de la siguiente, o cuando nos demos cuenta de que algunas de las secciones de cuerda que escuchamos no son sintetizadas sino reales. La nómina de cantantes está bien escogida, pues casi todos se alinean en sus interpretaciones con la propuesta del tema en cuestión, y los abundantes sampling vocales hacen el disco apto para aquellos a los que la electrónica puramente instrumental les aburre. Además, el contar con un tema estrella tan claro ayuda a consolidarlo como un paso adelante en su carrera. Porque aunque es obvio que al disco aún le sobran momentos derivativos para ser igualmente disfrutable de principio a fin, posee los suficientes puntos álgidos, bien ubicados además, para explicar por qué ha alcanzado un meritorio puesto 11 en la lista de ventas de los E.E.U.U. Por desgracia, aquí en Europa seguirán siendo unos perfectos desconocidos, así que sólo espero que esta entrada contribuya minímamente a paliar esta circunstancia.

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