El de Gossip era sin duda uno de los álbumes más esperados de 2012. Y es que el trío estadounidense de indie-rock dio de lleno en la diana con su anterior entrega ("Music for men" (2009)), en la que sin dejar de lado su rock espartano, directo y excelentemente ejecutado, se acercaron con acierto a otros géneros como el pop electrónico o la música de baile. Me imagino que el éxito no sólo de crítica sino comercial (su sencillo "Heavy cross" se convirtió en el más vendido de la historia en Alemania) les hizo reflexionar sobre el camino a seguir, y al final se decantaron por contar con Brian Higgins (Xenomania) a la producción, probablemente buscando un éxito masivo a nivel internacional.
Pero lo cierto es que, al menos para mí, Higgins dista mucho de ser un mago que convierta en oro todo lo que toca; es un productor sobrevalorado. Con lo cual me esperaba un disco inferior al anterior y que probablemente les restaría parte de su acusada personalidad en beneficio de un sonido pop más tamizado e impersonal. Desgraciadamente mis expectativas no podían estar más encaminadas.
Y es que este álbum pretende ser un compendio de rock, pop, indie, house, soul, incluso funk, pero desgraciadamente no llega a abrazar abiertamente ninguno de esos estilos, lo que le resta cohesión y afecta negativamente a la impresión general. Mención especial para la guitarra de Nathan Howdeshell, que se bastaba y se sobraba con su talento y sus múltiples registros para llenar los temas de sus otros discos, y que sin embargo queda aquí relegada a un segundo o incluso tercer plano, oculta entre efectos y sintetizadores no siempre acertados. Pero es que incluso Beth Ditto, una de las mejores voces del rock actual, canta a veces cohibida, intentando adherirse a patrones interpretativos convencionales y perdiendo así parte de su energía y naturalidad.
Por esta misma razón tenía especial interés en comprobar cómo interpretaban en directo los temas de este álbum. Y como era de esperar, se les nota más libres y más fieles a sí mismos que en el disco, aunque es de resaltar que el trío se ha convertido en cuarteto por la necesidad de incorporar un teclista que participe en todos los temas. Eso sí, debo reseñar que a pesar de los defectos reseñados y de que ni siquiera esas concesiones les han permitido alcanzar el éxito a nivel mundial esperado, hay unos cuantos buenos temas.
Entre los que probablemente no se incluya el primer sencillo "Perfect world", que sin ser una mala canción adolece de ese afán por contentar a audiencias de estilos alejados del rock (menos evidente en directo), y que incluso hace que Ditto flojee un tanto en los tonos bajos. Ni el siempre trascendente tema con que se abre el álbum, ese "Melody emergency" pesado y simplón. Pero sí el oscuro "Get a job", con su aire funky, una letra simpática y más profunda de lo que parece (y unos teclados demasiado amateurs), o especialmente el segundo sencillo, ese "Move in the right direction" que sí que logra el equilibrio entre música pop y sonidos bailables sin que Gossip pierdn demasiada personalidad.
Otros buenos momentos del álbum son "Casualties of war", un medio tiempo con un emocionante estribillo que sí que permite a Ditto dar rienda suelta a su voz desgarrada, "Get lost", con unas estrofas ambientadas en el sonido disco de finales de los 70 y un teclado house más propio del Chicago de finales de los 80, "Involved", un tema tenso, oscuro y con un estribillo desgarrado, "Horns", la mejor heredera del sonido de su anterior álbum con su bajo slap, sus guitarras funky y su sección de viento sintetizada, e incluso la entretenida "I won't play", con su bajo sintetizado y sus redobles de cajas en el estribillo.
Desgraciadamente estos buenos momentos se ven lastrados por varios temas menores (además del ya citado "Melody emergency", la anodina "Into the wild", y la insustanciosa "Love in a foreign place" con la que se cierra el álbum, el último ejemplo de que, como bien dice el refrán, quien mucho abarca, poco aprieta).
En definitiva, 6 o 7 buenos temas (aunque sólo uno realmente apto para un público masivo), pero 4 tirando a flojos y una producción discreta y que les resta personalidad. Con lo cual el álbum es disfrutable por momentos, pero no supondrá el punto de inflexión que buscaban. Una lástima, pues era el momento de convertirse en un supergrupo a nivel mundial y me temo que no habrá una segunda oportunidad.
Un aficionado a la música pop-rock contemporánea que no se resigna a que creer que ya no se publica música de calidad.
domingo, 23 de septiembre de 2012
martes, 11 de septiembre de 2012
El progresivo empobrecimiento creativo de la música contemporánea
La entrada de hoy intenta reflexionar sobre lo que, para muchos melómanos que, como yo, escuchan miles de nuevas composiciones cada año, es una (triste) realidad: que lejos de enriquecerse con nuevas tonalidades, la música contemporánea es cada vez más simple desde el punto de vista creativo. Lo que no sólo afecta a su capacidad para sorprender y emocionar, sino que desemboca en una cada vez más evidente homogeneización, reflejo de la progresiva pérdida de talento.
En realidad lo que me he animado a escribir esta entrada ha sido el artículo publicado en Nature Scientific por el especialista en inteligencia artifical Joan Serrà y su equipo en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Partiendo de un archivo conocido como Million Song Dataset (que transforma el audio y la letra de canciones en datos para realizar comparativas y que recoge temas de entre 1955 y 2010), han comparado nada menos que 464.411 temas de música popular, de estilos como rock, pop, hip hop, metal y electrónica. Y su conclusión es incuestionable: "Encontramos evidencias de una progresiva homogeneización del discurso musical".
En concreto, el estudio resalta que según los parámetros analizados, la diversidad de combinaciones de notas y las transiciones entre los grupos de notas han disminuido de forma continua durante los últimos 55 años. En otras palabras, a partir de una nota musical, cada vez es más fácil predecir cuál será la siguiente. A cambio, las nuevas tecnologías han permitido que el nivel de intensidad de los sonidos grabados haya ido en constante aumento. Por lo cual, según Serrà, "los cambios de acordes sencillos, los instrumentos comunes y el volumen fuerte son los ingredientes de la música actual". E incluso va más allá: "realizar estos cambios sobre canciones antiguas puede hacer que suenen a nuevas”.
Pues sí, un estudio científico confirma la percepción subjetiva a la que aludía al comienzo. Puestos a buscar las razones de este progresivo empobrecimiento, se me ocurren varias. En primer lugar, la tecnología: hoy en día es tan sencillo manipular cualquier sonido u optimizar la sonoridad de cualquier grabación, que el esfuerzo creativo se ha desplazado desde la composición a otros aspectos como el timbre, las atmósferas o en el mejor de los casos, los virtuosismos inaccesibles al intérprete humano. En segundo lugar, la manipulación del género por parte de todos los que se benefician comercialmente de él: como ya hemos comentado en otras ocasiones, a los que se lucran con la música no les interesan "paladares" exigentes, sino legos en la materia, manipulables, de consumo fácil y que rehúyan de cualquier experimentación. En tercer lugar, la música de baile: a pesar de que he sido y seré un gran defensor de esta corriente musical (que dicho sea de paso ha dado lugar a casi todas las corrientes y subgéneros del último medio siglo), su progresiva preponderancia ha ido acompañada de manifestaciones cada vez más simples, desde el monótono hip-hop hasta los cada vez más frecuentes temas monocordes de la música house o trance. Y en cuarto lugar, el éxito obtenido cada vez mayor obtenido por artistas que abusan de una única progresión musical de cuatro acordes repetida sin piedad (a lo sumo con mínimas pausas) durante muchos minutos. Y ahora no me refiero sólo a la música de baile: piénsese en "With or without you" de U2 o "Smells like teen spirit" de Nirvana, que muchos consideran grandes clásicos a pesar de que compositivamente hablando son tan pobres que se encuentran a años luz de los himnos de los años 60).
Seguro que hay otras muchas razones, pero el panorama es el que es y no nos queda sino intentar parapetarnos contra esta invasión de simplicidad, que por ejemplo hará que cuando salgamos de fiesta constatemos con pavor que nuestro himno favorito de los 70 o los 80 se ha convertido en un mero estribillo repetido como un islote entre minutos y minutos de ritmo binario sin una sola nota...
De hecho este progresivo empobrecimiento es una de las razones de ser de este blog, desde el cual intento recomendar artistas y bandas cuya creatividad se siga rigiendo por los criterios de calidad que dieron forma a la música contemporánea hace ya casi 60 años. No sé si acertaré en mi selección, pero sí puedo asegurar que todos los artistas que desde aquí recomiendo pasarían esa prueba.
Y para que la entrada no termine de manera tan pesimista, una pequeña nota de humor, con este vídeo en el que Axis of Awesome recrean decenas de temas de otros tantos artistas que reúsan una y otra vez los mismos acordes. Aunque eso sí, habría que distinguir entre aquellos que los repiten de principio a fin sin proponer nada más, desde Bob Marley a Eagle Eye Cherry, y los que como Crowded House, Red Hot Chili Peppers o The Beatles crean un tema más rico y complejo, en una de cuyas partes recurren a ellos. Verán que es un ejercicio ameno e interesante, sobre todo si tienen a mano un teclado o una guitarra.
En realidad lo que me he animado a escribir esta entrada ha sido el artículo publicado en Nature Scientific por el especialista en inteligencia artifical Joan Serrà y su equipo en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Partiendo de un archivo conocido como Million Song Dataset (que transforma el audio y la letra de canciones en datos para realizar comparativas y que recoge temas de entre 1955 y 2010), han comparado nada menos que 464.411 temas de música popular, de estilos como rock, pop, hip hop, metal y electrónica. Y su conclusión es incuestionable: "Encontramos evidencias de una progresiva homogeneización del discurso musical".
En concreto, el estudio resalta que según los parámetros analizados, la diversidad de combinaciones de notas y las transiciones entre los grupos de notas han disminuido de forma continua durante los últimos 55 años. En otras palabras, a partir de una nota musical, cada vez es más fácil predecir cuál será la siguiente. A cambio, las nuevas tecnologías han permitido que el nivel de intensidad de los sonidos grabados haya ido en constante aumento. Por lo cual, según Serrà, "los cambios de acordes sencillos, los instrumentos comunes y el volumen fuerte son los ingredientes de la música actual". E incluso va más allá: "realizar estos cambios sobre canciones antiguas puede hacer que suenen a nuevas”.
Pues sí, un estudio científico confirma la percepción subjetiva a la que aludía al comienzo. Puestos a buscar las razones de este progresivo empobrecimiento, se me ocurren varias. En primer lugar, la tecnología: hoy en día es tan sencillo manipular cualquier sonido u optimizar la sonoridad de cualquier grabación, que el esfuerzo creativo se ha desplazado desde la composición a otros aspectos como el timbre, las atmósferas o en el mejor de los casos, los virtuosismos inaccesibles al intérprete humano. En segundo lugar, la manipulación del género por parte de todos los que se benefician comercialmente de él: como ya hemos comentado en otras ocasiones, a los que se lucran con la música no les interesan "paladares" exigentes, sino legos en la materia, manipulables, de consumo fácil y que rehúyan de cualquier experimentación. En tercer lugar, la música de baile: a pesar de que he sido y seré un gran defensor de esta corriente musical (que dicho sea de paso ha dado lugar a casi todas las corrientes y subgéneros del último medio siglo), su progresiva preponderancia ha ido acompañada de manifestaciones cada vez más simples, desde el monótono hip-hop hasta los cada vez más frecuentes temas monocordes de la música house o trance. Y en cuarto lugar, el éxito obtenido cada vez mayor obtenido por artistas que abusan de una única progresión musical de cuatro acordes repetida sin piedad (a lo sumo con mínimas pausas) durante muchos minutos. Y ahora no me refiero sólo a la música de baile: piénsese en "With or without you" de U2 o "Smells like teen spirit" de Nirvana, que muchos consideran grandes clásicos a pesar de que compositivamente hablando son tan pobres que se encuentran a años luz de los himnos de los años 60).
Seguro que hay otras muchas razones, pero el panorama es el que es y no nos queda sino intentar parapetarnos contra esta invasión de simplicidad, que por ejemplo hará que cuando salgamos de fiesta constatemos con pavor que nuestro himno favorito de los 70 o los 80 se ha convertido en un mero estribillo repetido como un islote entre minutos y minutos de ritmo binario sin una sola nota...
De hecho este progresivo empobrecimiento es una de las razones de ser de este blog, desde el cual intento recomendar artistas y bandas cuya creatividad se siga rigiendo por los criterios de calidad que dieron forma a la música contemporánea hace ya casi 60 años. No sé si acertaré en mi selección, pero sí puedo asegurar que todos los artistas que desde aquí recomiendo pasarían esa prueba.
Y para que la entrada no termine de manera tan pesimista, una pequeña nota de humor, con este vídeo en el que Axis of Awesome recrean decenas de temas de otros tantos artistas que reúsan una y otra vez los mismos acordes. Aunque eso sí, habría que distinguir entre aquellos que los repiten de principio a fin sin proponer nada más, desde Bob Marley a Eagle Eye Cherry, y los que como Crowded House, Red Hot Chili Peppers o The Beatles crean un tema más rico y complejo, en una de cuyas partes recurren a ellos. Verán que es un ejercicio ameno e interesante, sobre todo si tienen a mano un teclado o una guitarra.
jueves, 30 de agosto de 2012
Más de 1.000 páginas vistas
La entrada de hoy es diferente, puesto que no trata del apasionante mundo del pop y el rock, sino de este humilde blog. Y es que me parece que haber cruzado la frontera de las 1.000 páginas vistas es merecedor de una pequeña reseña. Debo reconocer que cuando no hace todavía un año me animé finalmente a compartir con los internautas una de mis pasiones (que no la única, pueden consultar mi perfil para descubrir otros blogs de otros tantos temas), no confiaba en absoluto en llegar a esta cifra tan pronto, pues es innumerable la cantidad de páginas y blogs que existen sobre este arte.
Antes que nada, debo agradecer de antemano todas y cada una de las visitas. Mi especial agradecimiento a aquellos que han contribuido con sus comentarios, o que incluso han optado por seguir regularmente el blog. Espero poder seguir actualizándolo con regularidad, eso sí en la medida de mis posibilidades, puesto que no deja de ser una afición al margen de mis obligaciones profesionales y familiares. Además, espero poder darle un enfoque más adecuado a los intereses y procedencia de mis lectores. De ahí surge la idea de revisar algunas estadísticas que he recogido.
En primer lugar, la estadística de páginas más visitadas. Que está encabezada por las cinco siguientes:
1) La lenta muerte de la guitarra como instrumento de... 491 visitas.
2) Fórmula matemática para la canción vocal contempor... 32 visitas.
3) Pet Shop Boys: Format (2012). 21 visitas
4) Clare Maguire: Light after dark (2011). 20 visitas.
5) Ejemplo práctico de la fórmula: "Born in the U.S.A... 16 visitas.
Queda claro, pues, que una de mis entradas dedicadas a reflexionar sobre el estado actual del panorama musical ha arrasado: casi la mitad de las visitas corresponden a mi reflexión sobre el declive de la guitarra como instrumento de referencia en la música contemporánea. Se ve que son cientos de personas los que comparten mi percepción: los tiempos están cambiando y a las nuevas generaciones les interesa cada vez menos lo relativo a las 6 cuerdas. A continuación figura la que es sin duda la entrada más elaborada de este blog: me ha llevado muchos años y miles de partituras establecer unos criterios mensurables para que cuando yo afirmo que una determinada canción es mejor o peor, pueda entenderse en qué me estoy fijando para emitir ese juicio y a ser posible compartirlo, tanto por los neófitos en el mundo musical como por aquellos con amplios conocimientos teóricos o prácticos. Después figura mi reseña musical más visitada: me sorprende y enorgullece que sea precisamente la relativa al recopilatorio de caras B que publicaron Pet Shop Boys a principios de año, pues son uno de mis artistas favoritos y de más talento de las últimas décadas. Sorprendentemente, después figura la reseña del álbum de debut de Clare Maguire, prácticamente una desconocida fuera del Reino Unido (supongo que se deberá precisamente a eso, a la falta de entradas en español sobre la prometedora artista británica). Y la quinta entrada es precisamente una de las aplicaciones prácticas de dicha fórmula matemática: simplemente para demostrar que opiniones formadas de antemano pueden alterar la percepción real de una determinada canción, de ahí que las canciones comparadas de Bruce Springteen y King Africa sean tan similares (y pobres, como explicaba en dicha entrada).
Y en segundo lugar, la estadística de los países desde los que se han leído más entradas. Que está encabezada por los cinco siguientes:
1) España. 242 visitas.
2) México. 173 visitas.
3) Argentina. 94 visitas.
4) Colombia. 82 visitas.
5) Estados Unidos. 73 visitas.
Es lógico que la mayor parte de las visitas procedan de España, pues el blog está escrito desde España y en español. Pero me ha sorprendido que más de tres cuartas partes de las visitas procedan de fuera de España. Eso me indica claramente que debo intentar darle un enfoque más internacional al contenido de este blog, aunque obviamente sin convertirlo en una página más de contenido y referencias anglosajonas.
En resumen, gracias a todos por sus visitas. Les prometo que para las próximas 1.000 visitas voy a intentar insistir en mis reflexiones sobre el mundillo musical y al mismo tiempo a darle un carácter más internacional a mis opiniones y comentarios.
Antes que nada, debo agradecer de antemano todas y cada una de las visitas. Mi especial agradecimiento a aquellos que han contribuido con sus comentarios, o que incluso han optado por seguir regularmente el blog. Espero poder seguir actualizándolo con regularidad, eso sí en la medida de mis posibilidades, puesto que no deja de ser una afición al margen de mis obligaciones profesionales y familiares. Además, espero poder darle un enfoque más adecuado a los intereses y procedencia de mis lectores. De ahí surge la idea de revisar algunas estadísticas que he recogido.
En primer lugar, la estadística de páginas más visitadas. Que está encabezada por las cinco siguientes:
1) La lenta muerte de la guitarra como instrumento de... 491 visitas.
2) Fórmula matemática para la canción vocal contempor... 32 visitas.
3) Pet Shop Boys: Format (2012). 21 visitas
4) Clare Maguire: Light after dark (2011). 20 visitas.
5) Ejemplo práctico de la fórmula: "Born in the U.S.A... 16 visitas.
Queda claro, pues, que una de mis entradas dedicadas a reflexionar sobre el estado actual del panorama musical ha arrasado: casi la mitad de las visitas corresponden a mi reflexión sobre el declive de la guitarra como instrumento de referencia en la música contemporánea. Se ve que son cientos de personas los que comparten mi percepción: los tiempos están cambiando y a las nuevas generaciones les interesa cada vez menos lo relativo a las 6 cuerdas. A continuación figura la que es sin duda la entrada más elaborada de este blog: me ha llevado muchos años y miles de partituras establecer unos criterios mensurables para que cuando yo afirmo que una determinada canción es mejor o peor, pueda entenderse en qué me estoy fijando para emitir ese juicio y a ser posible compartirlo, tanto por los neófitos en el mundo musical como por aquellos con amplios conocimientos teóricos o prácticos. Después figura mi reseña musical más visitada: me sorprende y enorgullece que sea precisamente la relativa al recopilatorio de caras B que publicaron Pet Shop Boys a principios de año, pues son uno de mis artistas favoritos y de más talento de las últimas décadas. Sorprendentemente, después figura la reseña del álbum de debut de Clare Maguire, prácticamente una desconocida fuera del Reino Unido (supongo que se deberá precisamente a eso, a la falta de entradas en español sobre la prometedora artista británica). Y la quinta entrada es precisamente una de las aplicaciones prácticas de dicha fórmula matemática: simplemente para demostrar que opiniones formadas de antemano pueden alterar la percepción real de una determinada canción, de ahí que las canciones comparadas de Bruce Springteen y King Africa sean tan similares (y pobres, como explicaba en dicha entrada).
Y en segundo lugar, la estadística de los países desde los que se han leído más entradas. Que está encabezada por los cinco siguientes:
1) España. 242 visitas.
2) México. 173 visitas.
3) Argentina. 94 visitas.
4) Colombia. 82 visitas.
5) Estados Unidos. 73 visitas.
Es lógico que la mayor parte de las visitas procedan de España, pues el blog está escrito desde España y en español. Pero me ha sorprendido que más de tres cuartas partes de las visitas procedan de fuera de España. Eso me indica claramente que debo intentar darle un enfoque más internacional al contenido de este blog, aunque obviamente sin convertirlo en una página más de contenido y referencias anglosajonas.
En resumen, gracias a todos por sus visitas. Les prometo que para las próximas 1.000 visitas voy a intentar insistir en mis reflexiones sobre el mundillo musical y al mismo tiempo a darle un carácter más internacional a mis opiniones y comentarios.
domingo, 26 de agosto de 2012
Saint Etienne: Words and music by (2012)
Otro de los esperados retornos de este 2012, a los que aludía hace unos meses en este mismo blog, es el de los ingleses Saint Etienne. La que fuera la banda más genuinamente poppy de la primera mitad de los 90 fue perdiendo fuelle desde entonces, y tras su "Tales from Turnpike House" de 2005 entraron en un largo paréntesis del que sólo habían salido con algunas entregas ocasionales. Ha habido por tanto que esperar a este 2012 para escuchar un álbum completo de composiciones nuevas.
La pregunta es la misma que en otros retornos: ¿es este disco una excusa para poder interpretar en los festivales de medio mundo sus clásicos de siempre, o se sostiene por sí mismo? Pues afortunadamente lo segundo: el paréntesis les ha servido para recuperar su identidad, alejándose de los estilos más acústicos o formales con los que habían coqueteado en sus últimas entregas, aunque aportando una dosis de madurez considerable a su amplísimo espectro pop (especialmente en los textos). De hecho, incluso han dejado de lado los temas instrumentales, o los interludios de corta duración. Y es que se ve que después de tantos años sentían la necesidad de aprovechar cada minuto del disco.
Como lo evidencia "Over the border", el tema de más de 5 minutos que abre el disco: aparentemente un tema declamado en el que Sarah Cracknell relata con emoción su gradual incursión en el mundo de la música, acaba desembocando en un estribillo excelente. Estribillo que sin embargo es superado por la magia de "I've got your music", quizá su mejor sencillo en muchos años, con esa inmediatez de las mejores canciones pop bailables que subyuga en cada escucha gracias a su inspirada melodía. Luego viene la intimista "Heading for the fair" (con un piano electrónico más propio de hace un par de décadas), que en otros álbumes suyos habría sido uno de los temas estrella. Tras la relajada, cálida y correcta "Last days of disco" nos encontramos con el primer sencillo (y otro de los momentos estelares del álbum): "Tonight" es un tema de pop con arreglos sinfónicos, un ritmo sintético y un doble estribillo muy disfrutable, construido sobre una elaborada y acertada progresión armónica.
Afortunadamente, tras la breve y simpática "Record doctor" (un pseudo gospel) que divide el álbum en dos mitades, aún nos encontramos canciones de nivel: "Popular" es el mejor exponente de ese pop bailable, con un estribillo pegajoso y un logrado aire amateur que recuerda a su mejor época (y en especial a "Join our club"); la brillante "DJ", mi apuesta para un hipotético tercer sencillo, con una atmósfera que recuerda a la de "Hug my soul", un acertado toque guitarrero y un nuevo estribillo doble; y "When I was seventeen", un tema de pop elegante que en sus interludios instrumentales recuerda a New Order. Así hasta llegar a "Haunted", el tema que cierra el álbum, un correcto y elegante medio tiempo que nos devuelve a sus épocas más sofisticadas.
Ahora bien, es cierto que hay momentos donde se adentran en otros terrenos pero con menos inspiración ("Answer song", que podría pasar por una producción de Paul O'Duffy, "Twenty five years", un tanto aburrida a pesar de su letra impactante y la parsimoniosa "I threw it all away", pese a elaborada instrumentación), que Sarah Cracknell sigue siendo una vocalista muy justita y tirando a melosa, y que en ocasiones tanta perfección en los arreglos puede hacer que el sonido final resulte frío. Pero está claro que en un mundo ideal serían uno de los grupos de referencia.
Reseñar, además, que la edición Deluxe se completa con un álbum entero de remezclas (nada menos que 12) de casi todos los temas del álbum. Como suele suceder en este tipo de álbumes, la mayoría de remezclas desvirtúan los originales o los simplifican más allá de lo deseable. Destacar, no obstante, la remezcla de "Heading for the fair (The Time and Space Machine Waltzer Remix)", un instrumental que realza la excelente progresión armónica de esta canción, no del todo aprovechada en la versión original cantada.
En resumen, posiblemente la aclamación universal que ha recibido el álbum (Metacritic contabiliza nada menos que 84 sobre 100) sea un poco excesiva, pero sin duda se trata de su mejor entrega desde "So tough" (1994). Y sospecho que la participación de su viejo amigo y colaborador Ian Catt en la producción ha influido decisivamente en ello, guiándoles a los espacios en que mejor se desenvuelven y dandóle a cada corte la instrumentación adecuada. En fin, esperemos que no haya que esperar otros 18 años para volver a escucharlos en plena forma...
La pregunta es la misma que en otros retornos: ¿es este disco una excusa para poder interpretar en los festivales de medio mundo sus clásicos de siempre, o se sostiene por sí mismo? Pues afortunadamente lo segundo: el paréntesis les ha servido para recuperar su identidad, alejándose de los estilos más acústicos o formales con los que habían coqueteado en sus últimas entregas, aunque aportando una dosis de madurez considerable a su amplísimo espectro pop (especialmente en los textos). De hecho, incluso han dejado de lado los temas instrumentales, o los interludios de corta duración. Y es que se ve que después de tantos años sentían la necesidad de aprovechar cada minuto del disco.
Como lo evidencia "Over the border", el tema de más de 5 minutos que abre el disco: aparentemente un tema declamado en el que Sarah Cracknell relata con emoción su gradual incursión en el mundo de la música, acaba desembocando en un estribillo excelente. Estribillo que sin embargo es superado por la magia de "I've got your music", quizá su mejor sencillo en muchos años, con esa inmediatez de las mejores canciones pop bailables que subyuga en cada escucha gracias a su inspirada melodía. Luego viene la intimista "Heading for the fair" (con un piano electrónico más propio de hace un par de décadas), que en otros álbumes suyos habría sido uno de los temas estrella. Tras la relajada, cálida y correcta "Last days of disco" nos encontramos con el primer sencillo (y otro de los momentos estelares del álbum): "Tonight" es un tema de pop con arreglos sinfónicos, un ritmo sintético y un doble estribillo muy disfrutable, construido sobre una elaborada y acertada progresión armónica.
Afortunadamente, tras la breve y simpática "Record doctor" (un pseudo gospel) que divide el álbum en dos mitades, aún nos encontramos canciones de nivel: "Popular" es el mejor exponente de ese pop bailable, con un estribillo pegajoso y un logrado aire amateur que recuerda a su mejor época (y en especial a "Join our club"); la brillante "DJ", mi apuesta para un hipotético tercer sencillo, con una atmósfera que recuerda a la de "Hug my soul", un acertado toque guitarrero y un nuevo estribillo doble; y "When I was seventeen", un tema de pop elegante que en sus interludios instrumentales recuerda a New Order. Así hasta llegar a "Haunted", el tema que cierra el álbum, un correcto y elegante medio tiempo que nos devuelve a sus épocas más sofisticadas.
Ahora bien, es cierto que hay momentos donde se adentran en otros terrenos pero con menos inspiración ("Answer song", que podría pasar por una producción de Paul O'Duffy, "Twenty five years", un tanto aburrida a pesar de su letra impactante y la parsimoniosa "I threw it all away", pese a elaborada instrumentación), que Sarah Cracknell sigue siendo una vocalista muy justita y tirando a melosa, y que en ocasiones tanta perfección en los arreglos puede hacer que el sonido final resulte frío. Pero está claro que en un mundo ideal serían uno de los grupos de referencia.
Reseñar, además, que la edición Deluxe se completa con un álbum entero de remezclas (nada menos que 12) de casi todos los temas del álbum. Como suele suceder en este tipo de álbumes, la mayoría de remezclas desvirtúan los originales o los simplifican más allá de lo deseable. Destacar, no obstante, la remezcla de "Heading for the fair (The Time and Space Machine Waltzer Remix)", un instrumental que realza la excelente progresión armónica de esta canción, no del todo aprovechada en la versión original cantada.
En resumen, posiblemente la aclamación universal que ha recibido el álbum (Metacritic contabiliza nada menos que 84 sobre 100) sea un poco excesiva, pero sin duda se trata de su mejor entrega desde "So tough" (1994). Y sospecho que la participación de su viejo amigo y colaborador Ian Catt en la producción ha influido decisivamente en ello, guiándoles a los espacios en que mejor se desenvuelven y dandóle a cada corte la instrumentación adecuada. En fin, esperemos que no haya que esperar otros 18 años para volver a escucharlos en plena forma...
domingo, 22 de julio de 2012
Garbage: Not your kind of people (2012)
Hace unas cuantas entradas aludía a la gran cantidad de retornos que nos iba a proporcionar este 2012. Entre ellos, uno de los más esperados es sin duda el de los norteamericanos Garbage, iconos de la modernización de la música rock durante finales de los años 90. Tras un paréntesis que parecía definitivo pero que al final ha durado 7 años, han regresado con "Not your kind of people", un álbum que se aleja del rock crudo y directo que entregaron en "Bleed like me" (2005), su último disco oficial hasta ahora, y les acerca a su sonido más reconocible, ése que les encumbró tanto en las preferencias de la crítica de medio mundo como en las listas de ventas de muchos países.
En efecto, Garbage ha sido siempre un grupo caracterizado por su sonido, objeto de unos minuciosos arreglos y una cuidadísima producción liderada por el archipremiado Butch Vig: la ambientación, la atmósfera, el rejuvenecimiento del rock tradicional mediante la incorporación de instrumentos electrónicos, sampleados y otros pequeños trucos extraídos desde ámbitos tan lejanos como el techno o el hip-hop, ha sido siempre más importante que cualquier otro aspecto de la banda. Con la excepción, quizá, de la carismática Shirley Manson, limitada en sus cualidades vocales pero capaz de mimetizarse a lo que el sonido de la canción de turno requiera. Y en este sentido "Not your kind of people" es una apuesta segura: demuestran que los años no han pasado por ellos, y que son capaces de absorber tendencias y sonidos de estos últimos años y hacerlos pasar a través de su particular batidora. Pero, ¿y las canciones?
Pues me temo que no hay ningún pelotazo como "Stupid girl" o "I think I'm paranoid". Lo cual no quiere decir que los dos sencillos elegidos para presentar el álbum sean malas elecciones; al contrario, son dos de los momentos álgidos del álbum: "Blood for Poppies", primer sencillo en la mayoría de los países occidentales, es un tema que bebe de "Queer" en el ritmo y en el crudo estilo de las estrofas (realzado por una acerada guitarra marca de la casa), desembocando en un estupendo estribillo de puro pop. Y "Battle In Me" es un tema más rockero, con una progresión armónica muy simple en las estrofas y un estribillo que será del gusto de aquellos a quienes a veces Garbage les parece un grupo demasiado "modosito".
Otros momentos notables del álbum son: el tema que lo abre, "Automatic systematic habit", una buena síntesis de lo que nos vamos a encontrar, con una producción a la última (incluyendo un penetrante bajo programado y un ritmo que se arrima a la música disco) y dos estribillos bien enlazados (el primero más poppy, el segundo más obsesivo), "Control", que juega con el oyente empezando como si fuera una balada, arrancándose luego en unas estrofas semi-declamadas a lo Red Hot Chili Peppers y que termina en un estribillo desasosegante y adictivo, y ya en la edición Deluxe con 4 temas adicionales, "Bright tonight", un sorprendente medio tiempo acústico construido a partir de un delicioso punteo de guitarra y que muestra que Garbage es capaz de transitar por nuevas aguas.
El resto, aunque tamizado siempre por su excelente producción repleta de guiños y trucos, es más irregular: hay estribillos bonitos ("Big bright world"), temas lentos que aunque no llegarán al nivel de clásicos de su repertorio son capaces de atrapar al oyente ("Sugar"), o temas resultones de rock tecnológico a lo Nine Inch Nails ("The one", también en la edición Deluxe), pero también hay momentos anodinos ("Felt", "Beloved freak"), o directamente flojos ("Man on a wire" o sorprendentemente el que da título al álbum, ese "Not your kind of people" más propio de un solista en horas bajas).
En suma, un álbum correcto, con momentos de notable calidad, que no defraudará a sus fans y que gana a los puntos a "Beautiful Garbage" y "Bleed like me" pero que queda lejos de su espléndido álbum de debut.
En efecto, Garbage ha sido siempre un grupo caracterizado por su sonido, objeto de unos minuciosos arreglos y una cuidadísima producción liderada por el archipremiado Butch Vig: la ambientación, la atmósfera, el rejuvenecimiento del rock tradicional mediante la incorporación de instrumentos electrónicos, sampleados y otros pequeños trucos extraídos desde ámbitos tan lejanos como el techno o el hip-hop, ha sido siempre más importante que cualquier otro aspecto de la banda. Con la excepción, quizá, de la carismática Shirley Manson, limitada en sus cualidades vocales pero capaz de mimetizarse a lo que el sonido de la canción de turno requiera. Y en este sentido "Not your kind of people" es una apuesta segura: demuestran que los años no han pasado por ellos, y que son capaces de absorber tendencias y sonidos de estos últimos años y hacerlos pasar a través de su particular batidora. Pero, ¿y las canciones?
Pues me temo que no hay ningún pelotazo como "Stupid girl" o "I think I'm paranoid". Lo cual no quiere decir que los dos sencillos elegidos para presentar el álbum sean malas elecciones; al contrario, son dos de los momentos álgidos del álbum: "Blood for Poppies", primer sencillo en la mayoría de los países occidentales, es un tema que bebe de "Queer" en el ritmo y en el crudo estilo de las estrofas (realzado por una acerada guitarra marca de la casa), desembocando en un estupendo estribillo de puro pop. Y "Battle In Me" es un tema más rockero, con una progresión armónica muy simple en las estrofas y un estribillo que será del gusto de aquellos a quienes a veces Garbage les parece un grupo demasiado "modosito".
Otros momentos notables del álbum son: el tema que lo abre, "Automatic systematic habit", una buena síntesis de lo que nos vamos a encontrar, con una producción a la última (incluyendo un penetrante bajo programado y un ritmo que se arrima a la música disco) y dos estribillos bien enlazados (el primero más poppy, el segundo más obsesivo), "Control", que juega con el oyente empezando como si fuera una balada, arrancándose luego en unas estrofas semi-declamadas a lo Red Hot Chili Peppers y que termina en un estribillo desasosegante y adictivo, y ya en la edición Deluxe con 4 temas adicionales, "Bright tonight", un sorprendente medio tiempo acústico construido a partir de un delicioso punteo de guitarra y que muestra que Garbage es capaz de transitar por nuevas aguas.
El resto, aunque tamizado siempre por su excelente producción repleta de guiños y trucos, es más irregular: hay estribillos bonitos ("Big bright world"), temas lentos que aunque no llegarán al nivel de clásicos de su repertorio son capaces de atrapar al oyente ("Sugar"), o temas resultones de rock tecnológico a lo Nine Inch Nails ("The one", también en la edición Deluxe), pero también hay momentos anodinos ("Felt", "Beloved freak"), o directamente flojos ("Man on a wire" o sorprendentemente el que da título al álbum, ese "Not your kind of people" más propio de un solista en horas bajas).
En suma, un álbum correcto, con momentos de notable calidad, que no defraudará a sus fans y que gana a los puntos a "Beautiful Garbage" y "Bleed like me" pero que queda lejos de su espléndido álbum de debut.
lunes, 9 de julio de 2012
Orbital: Wonky (2012)
Cuando parecía que los que durante muchos años reyes del intelligent techno habían concluido definitivamente su andadura musical, los hermanos Paul & Phil Hartnoll han escogido este 2012 para regresar a la actualidad. En otras palabras, han transcurrido nada menos que 8 años desde su último álbum, el correcto pero irrelevante "Blue album", así que, como suele suceder en todo retorno tras un paréntesis tan largo, lo primero que inevitablemente pensé es que su nueva creación podía ser poco más que una mera excusa para recorrer de nuevo los festivales de medio mundo. Afortunadamente no ha sido el caso: los Hartnoll han aprovechado el paréntesis para oxigenarse y volver con renovadas ideas pero manteniendo su acusada personalidad de no renunciar a las notas musicales pese a servirse de tecnología punta. A lo cual quizá haya contribuido la aportación del legendario Flood (Yazoo, Erasure, Depeche Mode, U2, The Killers) en la producción.
El álbum se abre con "One big moment", un medio tiempo optimista (y tal vez un poco largo) que engancha al oyente, construido sobre la base de una progresión armónica inspirada, a la que a lo largo del tema le irán introduciendo sorprendentes variaciones, demostrando el dominio de la ciencia musical que ya les presuponíamos. Luego viene el menos certero "Straight sun", un tema construido sobre un loop de piano más sencillo que el de su mítico "Kein trink wasser", y que comienza siendo un medio tiempo para desembocar en un ritmo más contundente. "Never", más etéreo que el anterior y que empieza recordando a un instrumento musical infantil, también juega con el cambio de ritmo, si bien tanta repetición del sampleado vocal puede llegar a cansar.
A continuación nos encontramos el sencillo escogido para presentar este "Wonky": "New France" (con un bonito videoclip, por cierto) suena a Orbital desde ese primer teclado "acuoso" y las capas de susurros vocales de Zola Jesus, que desembocan en un estribillo definido, enérgico y que a lo largo del tema se verá sucedido por varios sintetizadores atmosféricamente estridentes. Le sucede el que, tras muchas escuchas, es mi corte favorito: "Distractions" (lo siento, no he encontrado ningún enlace en Youtube para presentarla). A partir de un revolucionadísmo teclado inicial, y con otra progresión armónica certera, van incorporando diversas melodías no siempre superpuestas sobre un nuevo medio tiempo, que en ocasiones dejan paso a un emocionante sampleado vocal. Y que tras un interludio monocorde se guarda para los minutos finales las sorpresas de un cambio de ritmo estimulante y un auténtico solo de sintetizador.
En la segunda mitad del álbum el nivel baja un poco, pero la inspiración no les abandona del todo: "Stringy acid", como su título indica, nos retrotrae dos décadas al apogeo del acid, tanto que podría pasar perfectamente por un corte de los extintos 808 State, si bien la base rítmica está convenientemente actualizada. "Belzeedub" pasa de ser casi una balada a un tema de inspiración jungle y sonidos delirantes. El tema que da título al álbum, "Wonky", parte de un ritmo más propio de Depeche Mode e insiste en una sonoridad desquiciante repleta de samples vocales con acelerados fraseos de Lady Leshurr. Y "Where is it going" recupera la senda más melódica de la primera mitad del álbum, un tema más propio de una epopeya espacial que recuerda al Felix Da Housecat de la época "Devin Dazzle and the Neon Fever".
En resumen, sin ser una obra maestra ("In sides" (1996) es un hito difícilmente repetible), sí que es sin duda su mejor álbum desde entonces. Y que demuestra que se puede evolucionar sin renunciar a la propia personalidad. Ojalá todos los retornos previstos para esta temporada estén a la misma altura.
El álbum se abre con "One big moment", un medio tiempo optimista (y tal vez un poco largo) que engancha al oyente, construido sobre la base de una progresión armónica inspirada, a la que a lo largo del tema le irán introduciendo sorprendentes variaciones, demostrando el dominio de la ciencia musical que ya les presuponíamos. Luego viene el menos certero "Straight sun", un tema construido sobre un loop de piano más sencillo que el de su mítico "Kein trink wasser", y que comienza siendo un medio tiempo para desembocar en un ritmo más contundente. "Never", más etéreo que el anterior y que empieza recordando a un instrumento musical infantil, también juega con el cambio de ritmo, si bien tanta repetición del sampleado vocal puede llegar a cansar.
A continuación nos encontramos el sencillo escogido para presentar este "Wonky": "New France" (con un bonito videoclip, por cierto) suena a Orbital desde ese primer teclado "acuoso" y las capas de susurros vocales de Zola Jesus, que desembocan en un estribillo definido, enérgico y que a lo largo del tema se verá sucedido por varios sintetizadores atmosféricamente estridentes. Le sucede el que, tras muchas escuchas, es mi corte favorito: "Distractions" (lo siento, no he encontrado ningún enlace en Youtube para presentarla). A partir de un revolucionadísmo teclado inicial, y con otra progresión armónica certera, van incorporando diversas melodías no siempre superpuestas sobre un nuevo medio tiempo, que en ocasiones dejan paso a un emocionante sampleado vocal. Y que tras un interludio monocorde se guarda para los minutos finales las sorpresas de un cambio de ritmo estimulante y un auténtico solo de sintetizador.
En la segunda mitad del álbum el nivel baja un poco, pero la inspiración no les abandona del todo: "Stringy acid", como su título indica, nos retrotrae dos décadas al apogeo del acid, tanto que podría pasar perfectamente por un corte de los extintos 808 State, si bien la base rítmica está convenientemente actualizada. "Belzeedub" pasa de ser casi una balada a un tema de inspiración jungle y sonidos delirantes. El tema que da título al álbum, "Wonky", parte de un ritmo más propio de Depeche Mode e insiste en una sonoridad desquiciante repleta de samples vocales con acelerados fraseos de Lady Leshurr. Y "Where is it going" recupera la senda más melódica de la primera mitad del álbum, un tema más propio de una epopeya espacial que recuerda al Felix Da Housecat de la época "Devin Dazzle and the Neon Fever".
En resumen, sin ser una obra maestra ("In sides" (1996) es un hito difícilmente repetible), sí que es sin duda su mejor álbum desde entonces. Y que demuestra que se puede evolucionar sin renunciar a la propia personalidad. Ojalá todos los retornos previstos para esta temporada estén a la misma altura.
lunes, 2 de julio de 2012
Músicos "concienciados": ¿elogiables o ventajistas?
Por si el asunto de esta entrada voy a dedicar el primer párrafo a clarificarlo. Por músico "concienciado" me refiero a aquel intérprete o creador musical que adopta ante determinadas cuestiones de alcance global (fundamentalmente política, economía y ecología, y habitualmente en ese orden) una actitud claramente partidista, y bien evidencia su actitud a través de sus creaciones, o bien a través de los medios de comunicación. Evidentemente dicha actitud puede entenderse como elogiable, pero también como limitante o tal vez ventajista. Me explico.
Para un buen número de seguidores, incluso para muchos críticos musicales, se trata de una actitud elogiable, habitualmente por la coincidencia de los mismos con dichas posturas y opiniones. En el caso particular de España fue una situación que floreció especialmente en los últimos años de la dictadura franquista, particularmente en la figura de los incorrectamente denominados "cantautores", en los que la música era a menudo tan sólo una excusa para resaltar su desapego al régimen y en algunos casos instar a su derrocamiento popular. Si bien a nivel mundial guarda más relación con ideas más generalistas: el anti-norteamericanismo, los excesos del sistema capitalista, las clases sociales más altas, el deteriorio de nuestro planeta, la igualdad de derechos independientemente de la orientación sexual, el papel de las religiones en la sociedad contemporánea, los derechos de las mujeres... Todos ellos temas relevantes sin duda, pero de los que indudablemente cada uno de los potenciales oyentes de un creador tiene sus propias opiniones... Y ahí surge, a mi modo de ver, el problema.
Porque lo que tal vez hace unas décadas era visto como una actitud loable puede parecer hoy en día simplemente trasnochada. O lo que es peor aún, puede tratarse de un asunto o una postura que hoy realmente nos resulte incomprensible, cuando no ridícula. Y si en vez de tratarse de una opinión o de un acto de un momento dado, forma parte de una canción, de una reflexión en la contraportada de un disco, o incluso de una soflama pronunciada en pleno concierto, aún peor. Sí, peor, porque está afectando de lleno a la creación artística en cuestión, limitando innecesariamente su capacidad de emocionar a públicos de diferentes lugares y épocas. Por eso empleaba antes el adjetivo limitante: siempre he defendido que el objetivo principal del creador es trascender, dejar algo creado que perdure su estancia en el mundo, algo que llegue a la mayor cantidad de público posible (y no me estoy referiendo obviamente a las listas de ventas de un cierto momento). De hecho, ese mismo componente temporal es el que hace que hoy en día géneros como la ópera o la zarzuela resulten ajenos para el gran público. Por eso, cuanto más atemporal sea una creación, mayor es sin duda su probabilidad de perdurar en la memoria colectiva.
Con lo cual cualquier inclusión o referencia a temas como los citados anteriormente se vuelven contra sus creadores o intérpretes en un plazo de tiempo más corto de lo que ellos se imaginan. Las grandes obras de arte (y en el caso que nos ocupa, la música contemporánea) han hecho y seguirán haciendo referencia a temas universales. Por supuesto y por encima de todo, a la dualidad amor/desamor, pero también a las grandes sensaciones humanas: la belleza, el miedo, el egoísmo, la ternura...
Pero hay una situación aún peor: aquellos que muestran su "concienciación" (directamente o a través de sus creaciones) para alcanzar o potenciar una notoriedad de la cual carecerían si se valoraran únicamente sus composiciones. Es por todos conocido el poder de los medios de comunicación, habitualmente al servicio de determinados grupos políticos o económicos, por lo que alinearse a sus postulados o directamente entrar a formar parte de ellos puede ser el altavoz qus los promocione o los encumbre, por encima de su talento. De ahí el término ventajista que utilicé antes.
Ahora bien, esa aparente ventaja se vuelve con frecuencia en contra de los artistas concienciados. Porque aquellos que aprecian o potencialmente podrían apreciar sus interpretaciones pueden no comulgar con sus posturas, o simplemente preferir que no les intenten mediatizar de esa manera tan obvia. Con lo cual se da el caso de que directamente se rechaza toda creación de dicho artista, por el mero hecho de su beligerante concienciación. Baste citar el caso de la irlandesa Sinead O'Connor, quien echó por tierra una carrera de alcance universal y basada en una canción de temética tan intemporal como "Nothing compares 2 U" por aquella famosa escena en la que rompía una foto del papa.
Y es que, si lo pensamos un momento, nos daremos cuenta de que ni Sinead es una experta en religiones, ni en general ningún craedor en los temas a los que antes he aludido. Y si de verdad piensan que están capacitados para adoctrinar sobre economía o política, que abandonen el panorama musical y se enrolen en alguna escuela de economía para profundizar en la materia o en el partido político de turno e intenten movilizar a su electorado. En suma, como bien dice el refrán, "zapatero a tus zapatos".
Para un buen número de seguidores, incluso para muchos críticos musicales, se trata de una actitud elogiable, habitualmente por la coincidencia de los mismos con dichas posturas y opiniones. En el caso particular de España fue una situación que floreció especialmente en los últimos años de la dictadura franquista, particularmente en la figura de los incorrectamente denominados "cantautores", en los que la música era a menudo tan sólo una excusa para resaltar su desapego al régimen y en algunos casos instar a su derrocamiento popular. Si bien a nivel mundial guarda más relación con ideas más generalistas: el anti-norteamericanismo, los excesos del sistema capitalista, las clases sociales más altas, el deteriorio de nuestro planeta, la igualdad de derechos independientemente de la orientación sexual, el papel de las religiones en la sociedad contemporánea, los derechos de las mujeres... Todos ellos temas relevantes sin duda, pero de los que indudablemente cada uno de los potenciales oyentes de un creador tiene sus propias opiniones... Y ahí surge, a mi modo de ver, el problema.
Porque lo que tal vez hace unas décadas era visto como una actitud loable puede parecer hoy en día simplemente trasnochada. O lo que es peor aún, puede tratarse de un asunto o una postura que hoy realmente nos resulte incomprensible, cuando no ridícula. Y si en vez de tratarse de una opinión o de un acto de un momento dado, forma parte de una canción, de una reflexión en la contraportada de un disco, o incluso de una soflama pronunciada en pleno concierto, aún peor. Sí, peor, porque está afectando de lleno a la creación artística en cuestión, limitando innecesariamente su capacidad de emocionar a públicos de diferentes lugares y épocas. Por eso empleaba antes el adjetivo limitante: siempre he defendido que el objetivo principal del creador es trascender, dejar algo creado que perdure su estancia en el mundo, algo que llegue a la mayor cantidad de público posible (y no me estoy referiendo obviamente a las listas de ventas de un cierto momento). De hecho, ese mismo componente temporal es el que hace que hoy en día géneros como la ópera o la zarzuela resulten ajenos para el gran público. Por eso, cuanto más atemporal sea una creación, mayor es sin duda su probabilidad de perdurar en la memoria colectiva.
Con lo cual cualquier inclusión o referencia a temas como los citados anteriormente se vuelven contra sus creadores o intérpretes en un plazo de tiempo más corto de lo que ellos se imaginan. Las grandes obras de arte (y en el caso que nos ocupa, la música contemporánea) han hecho y seguirán haciendo referencia a temas universales. Por supuesto y por encima de todo, a la dualidad amor/desamor, pero también a las grandes sensaciones humanas: la belleza, el miedo, el egoísmo, la ternura...
Pero hay una situación aún peor: aquellos que muestran su "concienciación" (directamente o a través de sus creaciones) para alcanzar o potenciar una notoriedad de la cual carecerían si se valoraran únicamente sus composiciones. Es por todos conocido el poder de los medios de comunicación, habitualmente al servicio de determinados grupos políticos o económicos, por lo que alinearse a sus postulados o directamente entrar a formar parte de ellos puede ser el altavoz qus los promocione o los encumbre, por encima de su talento. De ahí el término ventajista que utilicé antes.
Ahora bien, esa aparente ventaja se vuelve con frecuencia en contra de los artistas concienciados. Porque aquellos que aprecian o potencialmente podrían apreciar sus interpretaciones pueden no comulgar con sus posturas, o simplemente preferir que no les intenten mediatizar de esa manera tan obvia. Con lo cual se da el caso de que directamente se rechaza toda creación de dicho artista, por el mero hecho de su beligerante concienciación. Baste citar el caso de la irlandesa Sinead O'Connor, quien echó por tierra una carrera de alcance universal y basada en una canción de temética tan intemporal como "Nothing compares 2 U" por aquella famosa escena en la que rompía una foto del papa.
Y es que, si lo pensamos un momento, nos daremos cuenta de que ni Sinead es una experta en religiones, ni en general ningún craedor en los temas a los que antes he aludido. Y si de verdad piensan que están capacitados para adoctrinar sobre economía o política, que abandonen el panorama musical y se enrolen en alguna escuela de economía para profundizar en la materia o en el partido político de turno e intenten movilizar a su electorado. En suma, como bien dice el refrán, "zapatero a tus zapatos".
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