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martes, 14 de febrero de 2017

Sobre los artistas que se alinean a favor o en contra de una opción política

La relativamente reciente victoria del magnate Donald Trump en las elecciones a la presidencia de los E.E.U.U. ha otorgado una magnitud desconocidad a un fenómeno que siempre ha estado presente en la música contemporánea: el alineamiento de un buen número de artistas a favor (o en este caso en contra) de una opción política. Hasta un extremo tal que me ha parecido oportuno escribir una reseña al respecto. Por supuesto, no pretendo entrar a juzgar al magnate (bastante bombardeo hemos sufrido ya en las últimas semanas por parte de los medios de comunicación), ni posicionar políticamente a este humilde blog (cuyo contenido es exclusivamente la música, no la política). Pero sí reflexionar sobre estos artistas que adoptan una posicion tan beligerante.

Hace unos años ya reflexioné sobre un tema tangencial al de esta entrada, al tratar de los músicos "concienciados", cuestionándome si dicha actitud era elogiable o simplemente ventajista. Ahora pretendo ahondar en las supuestas ventajas que obtienen dichos artistas por posicionarse. Puesto que está claro que si la posición que defienden explícitamente alcanza o mantiene el poder, podrán beneficiarse de una mayor difusión en los medios de comunicación afines, facilidades para el acceso a determinados recintos, excepciones para organizar macroeventos, mayor relevancia en los premios musicales, e incluso potenciales subvenciones. En definitiva, podrán aumentar (de manera lícita) el dinero que generarán por el ejercicio de su actividad artística. Ahora bien, lo que deberían plantearse es si esa relevancia e ingresos adicionales compensarán los inconvenientes que generará la posición contraria si es que triunfa.

Porque enemistarse con los centros de poder puede ser extremadamente peligroso: aunque las discográficas hayan perdido buena parte de su posición dominante, un artista "señalado" puede dejar de ser interesante para ellas; también puede dejar de ser atractivo para las radiofórmulas, que preferirán contenidos más neutros y accesibles; también para determinados promotores musicales u organizadores de conciertos, si la presencia del artista puede generar tensión o altercados; incluso si el tono de beligerancia ha sido elevado, puede que el artista quede vetado en las plataformas de streaming. En definitiva, su carrera musical puede quedar en entredicho.

Y lo que es peor aún: puede que seguidores habituales de ese intérprete o banda se alejen a la vista de ese posicionamiento férreo. Porque probablemente una parte considerable de sus seguidores sí comulguen (o al menos no se opongan) a la posición que haya resultado vencedora. Y no vean en ese intérprete un gurú omniscente que también resulta ser un experto en sociología, filosofía, ciencias políticas, etc. Menos aún si encima utiliza como argumentario tópicos manidos y superficiales como "falta de democracia", "marginación consciente", etc. Por lo que si el intérprete en cuestión genera rechazo en sus seguidores, corre serio riesgo de perderlos, y ya le sería difícil recuperarlos aunque musicalmente siguiera dando en el clavo.

De hecho, si lo pensamos fríamente veremos que estos artistas que se posicionan tan nítidamente a nivel político pecan de una soberbia desmedida: porque piensan que sus incuestionables cualidades musicales van acompañadas de una autoridad similar en otros ámbitos. Casi como si fueran superhombres. En realidad, bastante difícil es ya destacar en una parcela de las artes o las ciencias como para convertirse en una autoridad en varias de ellas. Pero también porque valiéndose de su posición privilegiada como personajes públicos pueden posicionarse públicamente, esperando influir a los potenciales votantes de la opción que defienden. Aunque en realidad a nadie con un mínimo de grado de madurez le va a interesarse lo que, por ejemplo, piense Madonna sobre Donald Trump, por mucho que sea seguidor de la Ciccione.

En definitiva, en mi opinión a lo que a todo artista debería aspirar es a la mayor difusión y perdurabilidad de su obra. Por lo que cuanto más aséptica la haga respecto a otros ámbitos de la sociedad, y más genéricos sean los sentimientos que exprese, mayor audiencia logrará a lo largo del espacio y del tiempo, y por tanto mayores beneficios a todos los niveles. Dejemos la música para los músicos, y la política para los políticos.

lunes, 2 de julio de 2012

Músicos "concienciados": ¿elogiables o ventajistas?

Por si el asunto de esta entrada voy a dedicar el primer párrafo a clarificarlo. Por músico "concienciado" me refiero a aquel intérprete o creador musical que adopta ante determinadas cuestiones de alcance global (fundamentalmente política, economía y ecología, y habitualmente en ese orden) una actitud claramente partidista, y bien evidencia su actitud a través de sus creaciones, o bien a través de los medios de comunicación. Evidentemente dicha actitud puede entenderse como elogiable, pero también como limitante o tal vez ventajista. Me explico.

Para un buen número de seguidores, incluso para muchos críticos musicales, se trata de una actitud elogiable, habitualmente por la coincidencia de los mismos con dichas posturas y opiniones. En el caso particular de España fue una situación que floreció especialmente en los últimos años de la dictadura franquista, particularmente en la figura de los incorrectamente denominados "cantautores", en los que la música era a menudo tan sólo una excusa para resaltar su desapego al régimen y en algunos casos instar a su derrocamiento popular. Si bien a nivel mundial guarda más relación con ideas más generalistas: el anti-norteamericanismo, los excesos del sistema capitalista, las clases sociales más altas, el deteriorio de nuestro planeta, la igualdad de derechos independientemente de la orientación sexual, el papel de las religiones en la sociedad contemporánea, los derechos de las mujeres... Todos ellos temas relevantes sin duda, pero de los que indudablemente cada uno de los potenciales oyentes de un creador tiene sus propias opiniones... Y ahí surge, a mi modo de ver, el problema.

Porque lo que tal vez hace unas décadas era visto como una actitud loable puede parecer hoy en día simplemente trasnochada. O lo que es peor aún, puede tratarse de un asunto o una postura que hoy realmente nos resulte incomprensible, cuando no ridícula. Y si en vez de tratarse de una opinión o de un acto de un momento dado, forma parte de una canción, de una reflexión en la contraportada de un disco, o incluso de una soflama pronunciada en pleno concierto, aún peor. Sí, peor, porque está afectando de lleno a la creación artística en cuestión, limitando innecesariamente su capacidad de emocionar a públicos de diferentes lugares y épocas. Por eso empleaba antes el adjetivo limitante: siempre he defendido que el objetivo principal del creador es trascender, dejar algo creado que perdure su estancia en el mundo, algo que llegue a la mayor cantidad de público posible (y no me estoy referiendo obviamente a las listas de ventas de un cierto momento). De hecho, ese mismo componente temporal es el que hace que hoy en día géneros como la ópera o la zarzuela resulten ajenos para el gran público. Por eso, cuanto más atemporal sea una creación, mayor es sin duda su probabilidad de perdurar en la memoria colectiva.

Con lo cual cualquier inclusión o referencia a temas como los citados anteriormente se vuelven contra sus creadores o intérpretes en un plazo de tiempo más corto de lo que ellos se imaginan. Las grandes obras de arte (y en el caso que nos ocupa, la música contemporánea) han hecho y seguirán haciendo referencia a temas universales. Por supuesto y por encima de todo, a la dualidad amor/desamor, pero también a las grandes sensaciones humanas: la belleza, el miedo, el egoísmo, la ternura...

Pero hay una situación aún peor: aquellos que muestran su "concienciación" (directamente o a través de sus creaciones) para alcanzar o potenciar una notoriedad de la cual carecerían si se valoraran únicamente sus composiciones. Es por todos conocido el poder de los medios de comunicación, habitualmente al servicio de determinados grupos políticos o económicos, por lo que alinearse a sus postulados o directamente entrar a formar parte de ellos puede ser el altavoz qus los promocione o los encumbre, por encima de su talento. De ahí el término ventajista que utilicé antes.

Ahora bien, esa aparente ventaja se vuelve con frecuencia en contra de los artistas concienciados. Porque aquellos que aprecian o potencialmente podrían apreciar sus interpretaciones pueden no comulgar con sus posturas, o simplemente preferir que no les intenten mediatizar de esa manera tan obvia. Con lo cual se da el caso de que directamente se rechaza toda creación de dicho artista, por el mero hecho de su beligerante concienciación. Baste citar el caso de la irlandesa Sinead O'Connor, quien echó por tierra una carrera de alcance universal y basada en una canción de temética tan intemporal como "Nothing compares 2 U" por aquella famosa escena en la que rompía una foto del papa.

Y es que, si lo pensamos un momento, nos daremos cuenta de que ni Sinead es una experta en religiones, ni en general ningún craedor en los temas a los que antes he aludido. Y si de verdad piensan que están capacitados para adoctrinar sobre economía o política, que abandonen el panorama musical y se enrolen en alguna escuela de economía para profundizar en la materia o en el partido político de turno e intenten movilizar a su electorado. En suma, como bien dice el refrán, "zapatero a tus zapatos".

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