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miércoles, 26 de noviembre de 2025

Saint Etienne - "International (Limited Edition)" (2025)

Hoy les traigo el retorno de unos habituales de este blog: el trío londinense Saint Etienne. Que recientemente han conmemorado la friolera de sus treinta y cinco años en activo con "International", su decimotercer álbum de estudio. Un disco que, según sus propios creadores, será el último de su carrera. Aunque al parecer no se separan, sino que simplemente seguirán publicando música en otros formatos. Algo que quizá implique que planean retornar definitivamente a la experimentación extrema de sus dos álbumes anteriores, "I've Been Trying to Tell You" (2021) y "The Night" (2024). El primero de los cuales me animé a reseñar por aquí (aunque sin mucho entusiamo), el segundo ni siquiera. Pues aun entendiendo su vocación de creaciones conceptuales orientadas al ambient pop, no me parecieron de un nivel comparable al de sus álbumes de pop clásico (de "So Tough" (1993) a "Words and Music by Saint Etienne" (2012)). Afortunadamente, antes de poner el punto final a sus creaciones en este formato, su vocalista Sarah Cracknell, y los multi-instrumentistas Bob Stanley y Pete Wiggs nos han entregado este último álbum, que ya les adelanto es uno de los mejores discos de su carrera. Un hecho poco frecuente en bandas que, como ellos, contabilizan tantos años en activo. Y que tal vez se explique porque, en realidad, llevaban ocho años sin publicar canciones de puro pop (desde su ya lejano "Home Counties" (2017)), y han dispuesto de tiempo de sobra para ir juntando temas que no encajaban en el collage sonoro de sus dos discos anteriores. Aunque a buen seguro no es la única explicación.

Y es que tanto en el nivel compositivo como en la riqueza sonora de "International" han desempeñado un papel decisivo la larga nómina de colaboradores que desfilan por estas doce canciones. Una lista que incluye tanto nombres de postín como otros menos conocidos, pero todos ellos capaces de incorporar su personalidad musical a las canciones del trío. Hasta el extremo, si antes de escuchar el disco revisamos sus créditos, de dar la impresión de que nos encontramos ante un recopilatorio de colaboraciones con otros creadores que ante un álbum de despedida. Sin embargo, pese a lo variopinto de esos artistas invitados, "International" es un disco musicalmente cohesionado, creativamente sin altibajos, y sobre todo, que ha obligado a los londinenses a dar lo mejor de sí mismos. Sin que por ello hayan dejado de arrimarse a diversos subgéneros de la música pop, como a lo largo de su carrera siempre les ha gustado hacer. Algo que se aprecia incluso más en la edición limitada que reseño hoy. La cual les recomiendo encarecidamente, pues esa buena forma que exhiben en el tracklist oficial se traslada a sus cuatro temas adicionales. Una edición limitada que, además, incorpora esos habituales jingles, diálogos y breves interludios a los que tanto ha recurrido el trío en buena parte de su carrera.

El álbum empieza por todo lo alto con "Glad", conscientemente elegido como tema estrella del disco. Un tema de pop fresco y bailable, y en cuya programación se nota la mano (tanto en la contundencia de la percusión como en la parada y el posterior crescendo entre estrofas) de uno de esos colaboradores a los que aludía antes, Tom Rowlands de The Chemical Brothers. Unas estrofas elegantes dan paso a un estribillo más evocador que tarareable, en el que a la voz de Cracknell le pone un certero contrapunto el arpegio de la guitarra en primer plano de Jez Williams. Una letra que insufla optimismo con esa propuesta de mirar las cosas de la vida que nos ponen contentos remacha un tema que encaja perfectamente con lo que se espera del trío. "Dancing Heart" cambia luminosidad pop por electrónica y ritmo, y los momentos felices de cada día por lo que supone pisar una pista de baile después de media noche. Al tema tal vez le falte un tempo un poco más alto y una percusión más contundente para ser un llenapistas, pero lo compensa con una llamativa opulencia instrumental, con detalles que se van descubriendo en sucesivas escuchas. Y que culmina en una especie de parte nueva que no es tal (pues se trata de una variación del estribillo, pero con un bajo sintetizado que va ganando terreno con cada compás). "The Go Betweens", tercer corte, con la colaboración en la composición y en la parte vocal del veterano artista británico Nick Heyward, es un tema de pop más convencional, de base rítmica contudente, y estrofas relajadas, cuyos puentes dan paso a un estribillo francamente meritorio, en el que destaca la guitarra de Augustin Bousfield. Una parte nueva bien enlazada, y sobre todo el cambio de tonalidad de las repeticiones finales del estribillo, mejoran la impresión final. "Sweet Melodies" representa otro de esos múltiples registros que han caracterizado al trío a lo largo de los años, en este caso el de los medios tiempos predominantemente instrumentales y un tanto espartanos, habituales de sus caras B. Aunque arropados en este caso por unas cuerdas sintetizadas que le otorgan cierto poso cinematográfico (realzado por las frases declamadas por Cracknell) a la vez que dan consistencia a la composición, aun cuando no llega a alcanzar el nivel de sus tres predecesoras.

"Save It For A Rainy Day" sube un poco el tempo y recupera la vertiente bailable con un tema cuya programación nos retrotrae a la primera década de los noventa, tan fructífera para el trío. Menos constreñido a la estructura estrofa-puente-estribillo que sus predecesores, es de esas canciones en la que lo mejor es dejarse llevar por lo que Bob Stanley y el programador Adam Hunte han creado en estos tres minutos, y que resulta ser una especie de cara B venida a más que se ha conseguido ganar sitio en el tracklist definitivo. "Fade" empieza como si fuera la balada del álbum, dejando entrever entre su colchón sinfónico la mano del compositor de bandas sonoras Mark Waterfield. Pero aunque nunca pierde su calidez y su delicadeza, cuando surge el estribillo da comienzo una programación sincopada típica del trío, y que lo aleja de lo que cabría esperar de este tipo de canciones. Aunque la tristeza resignada de su excelente letra ("I can feel our love fade // Watching it slip away, I don't know what to say"), y las múltiples voces dobladas de una notable interpretación vocal a cargo de una cantante relativamente limitada como Cracknell, la convierten inesperadamente en uno de los momentos álgidos del disco. "Brand New Me" sustituye melancolía por jovialidad, y lanza un mensaje de cambio personal en el que interviene Janet Planet, vocalista y mitad del dúo australiano Confidence Man. Con un resultado un tanto alejado del indie-disco de los australianos, pero tan contagioso que ha sido recientemente elegida como tercer sencillo. Si bien en mi opinión había opciones más obvias a extraer, pues al fin y al cabo estamos ante sólo tres minutos de una composición cuyas estrofas carecen de melodía. Pero la original parte nueva, con ese singular sintetizador que la preside, los samples que la adornan puntualmente, y la sección de viento a lo Pixey que refuerza sus estribillos, contribuyen a que refuerce las emociones que pretende evocar. El octavo corte es para "Take Me To The Pilot", también seleccionado como segundo sencillo. Quizá porque se trata de la colaboración con Paul Hartnoll, la mitad del legandario dúo de música electrónica Orbital. Algo que se aprecia sobre todo en la programación cruda y en el bajo monocorde que lo vertebra (a pesar de que la melodía se apoya en una progresión armónica elaborada). Los sintetizadores de notas cortas sí que logran emparentar la huella sonora de Hartnoll con la de Stanley y Wiggs, y el carrusel de electrónica que viene y va consigue un buen resultado, pero al tema le faltan en mi opinión unas estrofas en las que Cracknell hubiera podido dar más de sí.

"Two Lovers" es fruto de la colaboración con el veterano Vince Clarke, fundador de Depeche Mode y cerebro durante más de cuarenta años del dúo de pop-electrónico Erasure. Quizá sea el colaborador que menos impronta ha dejado en su canción (salvo un comienzo que puede recordar vagamente al de su clásico "Victim Of Love"), pues la elegante melodía pop que nos ofrece se aleja del pop obvio y un tanto blando que ha caracterizado su trayectoria junto a Andy Bell en estas dos últimas décadas. Cantada todo el tiempo a dos voces por Cracknell, los juguetones sintetizadores de sus estribillos, el personal "solo" que Clarke nos entrega durante ocho compases, y la parada en la repetición final del estribillo, son recursos conocidos pero que funcionan bien en esta composición. "Why Are You Calling", junto al para mí desconocido Charlie Casey, es el tema más crudo en su letra (como su título fielmente refleja), y más oscuro en su música, con ciertos toques jazzísticos en estrofas y estribillos que conviven con los pasajes sinfónicos en sus puentes, y con unos intervalos instrumentales sorprendetemente desabridos y contundentes. Tal vez sea de los momentos menos brillantes, pero su singularidad y la posición que ocupa en el disco logran que mantenga el tipo lo suficiente. Aunque sea a los puntos, "He's Gone", el penúltimo corte, es mi tema favorito del disco. Y curiosamente es una de las pocas canciones en las que el trío no ha contado con colaboradores. Ello explica tal vez que suene a Saint Etienne puro, en la línea de su EP "Places To Visit" (1999), pero con el sonido de su electro-pop al año 2025. Por lo demás, nos ofrece unas estrofas impecables, y un elaborado puente que da paso a uno de los mejores estribillos del disco, en el que a la voz de Cracknell le acompaña un excelente piano house y ese teclado que hace de cuerdas simuladas. Es cierto que no hay parte nueva, pero con las frases declamadas que rematan el tema en sus tres minutos escasos ("Pump your tires, No looking back this time"), no se echa en falta. Y el cierre a la edición oficial lo pone "Last Time", de elocuente título. Y que, contra lo que cabría esperar, no es una balada sensiblera, sino un medio tiempo con predominio de los pasajes electrónicos y un curioso sample de saxofón para darle colorido a una melodía dulce cuya letra mira al pasado con honestidad, desmitificando lo que pudo haber sido. Un mensaje final que entronca con la propuesta mayormente sofisticada y hedonista de estas doce canciones, a las que pone el broche de oro.

Los cuatro cortes de la edición limitada podrían perfectamente habrían entrado a formar parte del tracklist de casi cualquiera de sus álbumes pop. Por orden, primero nos topamos con "Almost (Sarcevic Electro Mix)", la composición más germánica del disco, que desprende altivez y hasta frialdad en un pasaje que se suaviza un poco en el estribillo. "Spanish Song" posiblemente sea la más prescindible de las cuatro, pues es obvio que recrea la progresión armónica principal y el ritmo dembow de "Despacito", el llenapistas de Luis Fonsi y Daddy Yankee. Aunque con otra melodía y una instrumentación más rica en sintetizadores envolventes y con el añadido de una guitarra eléctrica. "Walk Away From Her" es mi favorito de la terna, un tema sintético y ambiental que a mí me recuerda a las producciones que fabricaba a finales de los noventa Andy Weatherall, plenas de reverberaciones. Es cierto que el cambio de tonalidad de su estribillo puede chocar un poco con el resto de la composición, además de que en el fondo carece de letra que lo sostenga (sólo los "tu-ru-ru-ru" de Cracknell), pero es un tema rítmicamente contagioso, infeccioso instrumentalmente, y en el que la tenebrosidad de estrofas y puente no desencajan. Y el último corte, ahora sí, es "Things Break Down", una canción reposada, nuevamente con un ritmo programado de base hip-hop, y algo más espartana que la mayoría de sus compañeras. Aunque resulta agradable en sus puentes y estribillos, y aporta finalmente una esperable y necesaria dosis de melancolía al cierre de estos más de cincuenta y ocho minutos.

Se supone que la magia del pop es algo que la mayoría de las bandas mantienen sólo durante unos años; con la madurez habitualmente llega el momento de explorar otros terrenos musicales, de tirar de oficio para sacar nuevos discos a flote, de repetirse de manera más o menos descarada para poder seguir saliendo de gira y recaudando dinero con recopilatorios de sus mejores tiempos, o simplemenete de retirarse. Nada de esto aplica a "International", que evidentemente no ha llegado hasta que sus creadores no decidieron que era hora de cerrar. Y que por eso los reivindica tardíamente como una de las mejores bandas de pop de las últimas cuatro décadas. Injustamente infravalorados por su poca presencia en directo y su pose sofisticado y hasta altivo, obras como esta última demuestra que la música pop en su más amplio sentido no se podría entender sin Cracknell, Stanley y Wiggs. Una pena que lo dejen; una alegría que lo hagan de esta manera.

sábado, 25 de septiembre de 2021

Saint Etienne - "I've been trying to tell you" (2021)

Los ingleses Saint Etienne han publicado hace unas semanas "I've been trying to tell you", su décimo álbum de estudio, aunque si contamos EPs y álbumes editados sólo para su club de fans nos saldrán bastantes más. En todo caso es su primer trabajo en más de cuatro años, por lo que han tenido tiempo más que suficiente para prepararlo. Sin embargo, cuando hace un par de meses vi el tracklist, con tan sólo ocho temas, me temí lo peor, es decir, otro trabajo escaso de contenido y fuertemente condicionado por la pandemia, como los de tantos otros artistas en el último año, que están publicando EPs o álbumes cortos y poco ambicioso. Sensación que se agravó tras escuchar "Pond house", el sencillo de adelanto: lo menos accesible que han publicado jamás en ese formato. Y que se confirmó cuando por fin pude escuchar el resto de sus canciones. Estamos ante el peor álbum de su carrera. Con diferencia, además.

Y lo digo con conocimiento de causa, pues aún recuerdo cuando era capaz de sacarle el lado positivo a un EP tan insulso como "Places to visit" (1999), o cuando me sorprendía ante los buenos momentos que encerraban "I love to paint" (1995), o incluso "Built on sand" (1999). Y es que hasta esas entregas minoritarias o sólo para fans resultan incomparablemente más interesantes que este insufrible nuevo álbum. Que además de corto es monótono, de creatividad escasa y nulas ganas de abrirse a sus seguidores. Por más oportunidades que le demos.

"Music again", el tema que lo abre, es desgraciadamente un buen reflejo de todo lo mediocre que contiene "I've been trying to tell you": una única secuencia de acordes repetida hasta la saciedad, una única frase ("Never had a way to go") repetida por Sarah Cracknell una y otra vez, mínimas variaciones en su espartana instrumentación, y susurros y ecos durante casi ¡seis minutos! "Pond house", con su simplón loop de batería, su más simple progresión armónica, y su insistencia en una única frase, es imposible que funcione como tema estrella del disco, pero al menos nos ahorra casi dos minutos de tedio respecto al anterior. "Fonteyn" insiste en la misma propuesta, pero introduce un casi imperceptible cambio en la secuencia de acordes, que facilita llegar hasta el final de la canción sin tener que pulsar el botón de "forward". Y "Little K" es más de lo mismo, pero con menos percusión incluso, y sin siquiera una frase que cantar: Cracknell se limita a un par de recitados cortos y a unos susurros desesperantes.

En "Blue kite" Cracknell directamente se ausenta, y Bob Stanley y Pete Wiggs nos proponen otros monótonos cinco minutos sin apenas variaciones sobre una sencillísima y repetitiva melodía principal. "I remember it well", aparte de ahorrarnos un minuto de relleno, nos ofrece una guitarra eléctrica que no se limita del todo a marcar los acordes, y eso hace que sea quizá, si me permiten el juego de palabras, el tema más recordable del disco. Aun tratándose del séptimo medio tiempo atmosférico y espartano seguido, "Penlop" es el único corte con algo parecido a una interpretación vocal completa (eso sí, desde la lejanía) de Cracknell, y la progresión armónica cambia a partir del tercer minuto, por lo que estamos ante el momento más interesante del álbum, si bien en cualquier otro disco de su discografía no habría pasado de mero tema de relleno. Pero "Broad river", el tema que cierra la edición estándar del álbum, no tarda en devolvernos a la plomiza realidad: otro desarrollo lento, sin estructura, sobre otra esquemática progresión armónica, los susurros de Cracknell (sólo un par de frases al final) y ruidos varios para tratar de evocar sensaciones... Ni siquiera el tema que completa la edición digital del álbum, "Uncle vibes", cambia el tercio, si bien su duración más contenida, y el hecho de que Cracknell cante más frases que en ningún otro tema, aconsejan que si decidimos guardar "I've been trying to tell you" en nuestra discoteca particular, lo hagamos al menos en esta edición.

Ya les confirmo que no va a ser mi caso: guardo con gusto no sólo todos sus otros álbumes oficiales, sino joyas como el CD-single de "He's on the phone" (1995) o la edición de importación de "You need a mess of help to stand alone" (1993). Y no es que esperara un gran álbum, "Home counties" (2017), su anterior entrega, no lo era. Pero sí esperaba que, incluso en medio de un álbum conceptual, hubiera algún hueco para su pop sesentero, o para sus trallazos discotequeros. Pero nada de nada. Lo curioso es que muchos críticos han recibido a "I've been trying to tell you" como un gran álbum. Me imagino que por su experimentalidad, y por ir contra corriente. Pero háganme caso: experimentalidad y aburrimiento van de la mano en esta entrega, de la que nadie se acordará dentro de un par de años. Lo siento, chicos.

domingo, 22 de octubre de 2017

Saint Etienne: "Home counties" (2017)

Otro de los esperados regresos de 2017 ha sido el del trío inglés Saint Etienne. Formados hace casi treinta años, y durante décadas portadores de la etiqueta de la banda más cool de la Islas, a estas alturas de su carrera nadie debe esperar grandes novedades en su propuesta, sólo que para su retorno hayan tenido inspiración suficiente. Porque su personalidad está tan marcada, y su propuesta tan pulida a lo largo de centenas de canciones, que no necesitan de influencias externas para seguir añadiendo canciones en su discografía. Eso fue lo que sucedió en 2012 con su anterior entrega, ese "Words and music" que rebosaba creatividad, contemporaneidad y grandes momentos, hasta el extremo de que en 2013 se completó con el más que digno "More words and music", de las mismas sesiones de grabación. No es desgraciadamente el caso de este "Home counties", aunque debemos reconocer que se trata de un álbum que se sitúa en un saludable nivel medio dentro de su extensa discografía (casi veinte álbumes de estudio entre oficiales, para fans y para mercados específicos).

Quizá lo que más llame la atención de "Home counties" es que, para elaborarlo, el trío se ha mirado sobre todo a sí mismo. Con lo cual han recuperado muchas de las señas de identidad de otros álbumes pretéritos: los originales interludios (hablados o musicales) entre las canciones "completas", la reflexión sobre los hábitos y la identidad de la Inglaterra más allá de Londres, las letras costumbristas, la fascinación por el pop arty de los sesenta o las bandas sonoras de las series de televisión de los primeros setenta... Es decir, como si lo que hubiera sucedido en el panorama musical en este último lustro no les interesara. Eso sí, sin quedarse en el siempre tentador ejercicio de estilo, sino recurriendo a composiciones mayoritariamente sólidas para desarrollarlo. Aunque alejándose quizá en exceso del pop bailable y decididamente electrónico que es en mi opinión donde mejor se desenvuelven, y sin contar además con sencillos tan redondos como "Tonight" o "I've got the music" con los que tan brillantemente se reivindicaron hace cinco años.

Porque entre los diecinueve temas (trece si excluimos los ya citados interludios), no hay temas de bandera ni que probablemente lleguen a formar parte de sus conciertos en años futuros. "Magpie eyes", el sencillo de presentación, construido sobre una poderosa línea de bajo y un ritmo binario contundente, se basa en una elaborada progresión armónica y una correcta melodía, pero se queda a medio camino entre bailable y reposado, sintético y acústico, y el estribillo psicodélico no juega del todo a su favor. Y "Dive", el sencillo que acaba de ver la luz hace unos días, sí apuesta más claramente por el ritmo pero se recrea tanto en esas bandas sonoras setenteras en su analógica instrumentacion (con su sección de viento, su percusión y sus coros femeninos) que a pesar de que la progresión armónica y la melodía son puro Saint Etienne, el resultado parece un agradable hallazgo de las sesiones de grabación del principio de su carrera más que un tema de 2017.

Ésta es la impresion que predomina a lo largo del álbum: prácticamente sin excepción todos los temas rayan a buen nivel, y son agradables de escuchar, pero el disco nunca llega a explotar. El momento en el que más se acerca a ello es en "Out of my mind", el décimo corte, también el más electrónico y claramente bailable del mismo, luminoso, con una progresión armónica infalible aunque simple (los acordes sólo cambian en la parte nueva), unas estrofas irreprochables y un estribillo algo inferior pero muy pegadizo. Momentos por encima de la media son también "Something new", segundo corte (y realmente la primera canción del disco) un tema pausado sobre otra inspirada composición (especialmente en las estrofas) y un bonito ejercicio de armonización entre el arpegio de guitarra, el piano y la sección de viento del final, "Heather", que recuerda instrumentalmente a la época de "Sound of water" (2000) por su frialdad, el desasosiego que evoca y sus sonidos electrónicos que no sintéticos, "Take it all in", una balada clásica con reminiscencias de finales de los sesenta, y "Unopened fan mail", otro tema reposado construido sobre otras meritorias progresión armónica y melodía, que sostiene una guitarra acústica y que destila aromas de bossa nova a lo Swing Out Sister.

Otras muchas canciones no despuntan pero tampoco desentonan. Es el caso de "Whyteleafe" con su elaborado clavicordio en el comienzo, su letra que rinde homenaje a ciudades de referencia en la cultura de las últimas décadas, y ese sonido que tanto recuerda a la época de "Good humor" (1988), "Underneath the apple tree" y su aproximación a los patrones musicales de The Supremes, "Train drivers in eyeliner", que podría ser un descarte del Magical Mystery Tour de The Beatles por su instrumentación, sus guiños y su letra, "After hebden" y sus "pa ra pa pa" entrelazos con flautas sintetizadas y un clavicordio en una mezcla aparentemente imposible... el álbum está tan elaborado que incluso uno de los interludios ("Church Pew Furniture Restorer") sorprende por la calidad de su instrumentación y su subyugante coro infantil. Sólo hay un tema que obliga a pulsar el forward: "Sweet Arcadia", casi ocho minutos muy lentos y declamados sobre sintetizadores tenebrosos y un solo de Hammond, que afortunadamente sitúan casi al final.

En definitiva, se nota que Sarah, Bob y Pet ya han cruzado la frontera de los cincuenta porque "Home counties" resulta más reposado y con la mirada más claramente puesta en otras décadas que otras entregas suyas anteriores. Pero como cuentan con esa enorme cultura musical y esa capacidad para asimilar el pop de casi cualquier momento, no es posible hablar de un álbum mediocre sino atemporal. Aquellos de sus fans que tengan la mente tan abierta como ellos seguro que sabrán sacarle partido. Incluso aunque difiera de las expectativas que se hubieran generado o de lo que les hubiera gustado que entregaran, como ha sido mi caso.

domingo, 26 de agosto de 2012

Saint Etienne: Words and music by (2012)

Otro de los esperados retornos de este 2012, a los que aludía hace unos meses en este mismo blog, es el de los ingleses Saint Etienne. La que fuera la banda más genuinamente poppy de la primera mitad de los 90 fue perdiendo fuelle desde entonces, y tras su "Tales from Turnpike House" de 2005 entraron en un largo paréntesis del que sólo habían salido con algunas entregas ocasionales. Ha habido por tanto que esperar a este 2012 para escuchar un álbum completo de composiciones nuevas.

La pregunta es la misma que en otros retornos: ¿es este disco una excusa para poder interpretar en los festivales de medio mundo sus clásicos de siempre, o se sostiene por sí mismo? Pues afortunadamente lo segundo: el paréntesis les ha servido para recuperar su identidad, alejándose de los estilos más acústicos o formales con los que habían coqueteado en sus últimas entregas, aunque aportando una dosis de madurez considerable a su amplísimo espectro pop (especialmente en los textos). De hecho, incluso han dejado de lado los temas instrumentales, o los interludios de corta duración. Y es que se ve que después de tantos años sentían la necesidad de aprovechar cada minuto del disco.

Como lo evidencia "Over the border", el tema de más de 5 minutos que abre el disco: aparentemente un tema declamado en el que Sarah Cracknell relata con emoción su gradual incursión en el mundo de la música, acaba desembocando en un estribillo excelente. Estribillo que sin embargo es superado por la magia de "I've got your music", quizá su mejor sencillo en muchos años, con esa inmediatez de las mejores canciones pop bailables que subyuga en cada escucha gracias a su inspirada melodía. Luego viene la intimista "Heading for the fair" (con un piano electrónico más propio de hace un par de décadas), que en otros álbumes suyos habría sido uno de los temas estrella. Tras la relajada, cálida y correcta "Last days of disco" nos encontramos con el primer sencillo (y otro de los momentos estelares del álbum): "Tonight" es un tema de pop con arreglos sinfónicos, un ritmo sintético y un doble estribillo muy disfrutable, construido sobre una elaborada y acertada progresión armónica.

Afortunadamente, tras la breve y simpática "Record doctor" (un pseudo gospel) que divide el álbum en dos mitades, aún nos encontramos canciones de nivel: "Popular" es el mejor exponente de ese pop bailable, con un estribillo pegajoso y un logrado aire amateur que recuerda a su mejor época (y en especial a "Join our club"); la brillante "DJ", mi apuesta para un hipotético tercer sencillo, con una atmósfera que recuerda a la de "Hug my soul", un acertado toque guitarrero y un nuevo estribillo doble; y "When I was seventeen", un tema de pop elegante que en sus interludios instrumentales recuerda a New Order. Así hasta llegar a "Haunted", el tema que cierra el álbum, un correcto y elegante medio tiempo que nos devuelve a sus épocas más sofisticadas.

Ahora bien, es cierto que hay momentos donde se adentran en otros terrenos pero con menos inspiración ("Answer song", que podría pasar por una producción de Paul O'Duffy, "Twenty five years", un tanto aburrida a pesar de su letra impactante y la parsimoniosa "I threw it all away", pese a elaborada instrumentación), que Sarah Cracknell sigue siendo una vocalista muy justita y tirando a melosa, y que en ocasiones tanta perfección en los arreglos puede hacer que el sonido final resulte frío. Pero está claro que en un mundo ideal serían uno de los grupos de referencia.

Reseñar, además, que la edición Deluxe se completa con un álbum entero de remezclas (nada menos que 12) de casi todos los temas del álbum. Como suele suceder en este tipo de álbumes, la mayoría de remezclas desvirtúan los originales o los simplifican más allá de lo deseable. Destacar, no obstante, la remezcla de "Heading for the fair (The Time and Space Machine Waltzer Remix)", un instrumental que realza la excelente progresión armónica de esta canción, no del todo aprovechada en la versión original cantada.

En resumen, posiblemente la aclamación universal que ha recibido el álbum (Metacritic contabiliza nada menos que 84 sobre 100) sea un poco excesiva, pero sin duda se trata de su mejor entrega desde "So tough" (1994). Y sospecho que la participación de su viejo amigo y colaborador Ian Catt en la producción ha influido decisivamente en ello, guiándoles a los espacios en que mejor se desenvuelven y dandóle a cada corte la instrumentación adecuada. En fin, esperemos que no haya que esperar otros 18 años para volver a escucharlos en plena forma...

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