Esta era una entrada que me hubiera gustado no tener que escribir, pero desgraciadamente esta semana ha fallecido la injustamente olvidada Donna Summer. Una muerte que no ha tenido la misma repercusión que la de, pongamos por ejemplo, otra diva negra que falleció hace unos meses, Whitney Houston. Y es que, claro, para los medios de comunicación no es igual de morbosa una muerte alcoholizada, sola en un hotel y con una vida personal arruinada, que de cáncer y arropada por su familia. Pero si nos atenemos a su revelancia y al legado musical, es incuestionable que el de Summer gana por goleada al de Houston. O al menos eso es lo que pretendo justificar con esta entrada.
Los acontecimientos personales suelen marcar para siempre la carrera musical de un artista, y el caso de Donna Summer no fue una excepción. Dotada de un excepcional rango vocal mezzo-soprano explotado durante su adolescencia en un coro cristiano, LaDonna Adrian Gaines (que así se llamaba en realidad) parecía destinada a sobrevivir como una impersonal intérprete de musicales más, cuando tras una audición en la que fue rechazada en Nueva York marchó a Munich a probar suerte. Allí se casó con el austriaco Helmuth Sommer, de quien tomó el apellido artístico, y fue abriéndose camino en proyectos musicales hasta que entró en contacto con el productor Giorgio Moroder, artífice de su éxito creativo y comercial.
Su primer éxito fue el provocativo y discotequero "Love to love you baby", en el que Summer destilaba sexualidad con sus insinuantes fraseos y sus gemidos. Pero la que podía haber quedado en lo que los anglosajones llaman un One-Hit-Wonder, con un puñado de sencillos menores editados en los meses siguientes, se convirtió en una artista legendaria gracias a un tema memorable: "I feel love". Summer había seguido trabajando con Moroder, quien seguía de cerca las propuestas de sus coetáneos Kraftwerk (el cuarteto alemán que anticipó la influencia que la música electrónica tendría en las décadas posteriores). Y se decidió a llevar esos nuevos sonidos electrónicos a la música de baile, dando forma así a la que denominó música disco. Fue en el álbum conceptual "I remember yesterday" de 1977, que se cerraba con el citado "I feel love", un tema en el que el cóctel formado por los teclados secuenciados, la línea de bajo sintetizada, las (rudimentarias) cajas de ritmos y una letra insinuante se usaron por primera vez en la historia de la música. Desde entonces han sido miles y miles las canciones que han reutilizado y siguen reutilizando esa misma fórmula, hasta hacer de "I feel love" una de las más influyentes de la historia. Aún hoy en día, 35 años más tarde, sigue sorprendiendo lo fresca y actual que suena, y más aún si lo comparamos con los temas estrella de los artistas que marcaban la pauta en los 70, desde David Bowie hasta Cat Stevens.
Convertida en una artista de relevancia mundial, Summer se convirtió durante los años siguientes en la reina del disco gracias a un puñado de temas menos transgresores pero que abundaban en el recién creado género y se beneficiaban de las cualidades vocales de la norteamericana: "Last dance", "MacArthur Park", "Bad girls", incluso alguna balada a la que no pudo renunciar por la presión del mercado estadounidense... De ese periodo cabe destacar la ardiente "Hot stuff", con un sonido mucho más añejo que el de "I feel love" pero vibrante gracias a una guitarra rockera que hoy sería inconcebible en este estilo. Incluso había tiempo para completar alguno de los dúos más famosos de todos los tiempos, como el que la juntó en 1979 con Barbra Streisand: el archiconocido "No More Tears (Enough Is Enough)". Ya en la primera mitad de los años 80, y sin alejarse de las pistas de baile, dotó a sus éxitos de unas letras más trascendentes, como aquellos estupendos "On the radio" y "She works hard for the money". Pero conforme avanzaban los 80 la irrupción de artistas más jóvenes la fueron apartando de la primera línea, a pesar de que intentó adaptarse a las modas, como lo prueban los toques freestyle del logrado aunque escasamente exitoso "Dinner with Gershwin".
Summer intentó reponerse del bajón comercial recurriendo en 1989 a la hoy injustamente menospreciada factoría Stock, Aitken & Waterman, que por aquel entonces lideraba las listas de todo el mundo con un puñado de artistas como Kylie Minogue o Rick Astley. Aun sin desprenderse del sonido inconfundible de la factoría, la participación de Summer en las composiciones las llevó a su terreno, entregando temas que la devolvieron al primer plano de la actualidad como "This time I know it's for real" o "Love's about to change my heart". Pero la colaboración no perduró en el tiempo, y su álbum de 1991 "Mistaken identity" fue un fracaso comercial a pesar de los teclados house de su digna "Work that magic". A raíz de entonces, Summer plegó velas y limitó sus aparaciones a colaboraciones con otros artistas (nuevamente Moroder en 1992), o a temas para completar discos recopilatorios o en directo ("I will go with you", adaptación de la italiana "Con te partiro"). Poco importó que, tras casi 20 años, su disco de estudio de 2008 "Crayons" fuera irrelevante tanto artística como comercialmente. Summer fue un ejemplo de cómo ir envejeciendo con dignidad, dejando que su legado hablara por ella. Y ahora que su fallecimiento nos permite volver la vista y revisarlo, su magnitud y su trascendencia nos demuestra que se nos ha ido algo más que una gran voz: la indiscutible Reina del Disco. Descanse en paz.
Un aficionado a la música pop-rock contemporánea que no se resigna a que creer que ya no se publica música de calidad.
domingo, 20 de mayo de 2012
domingo, 13 de mayo de 2012
2012: el año de los retornos
Pues sí, puede que la música pop-rock contemporánea esté aparentemente en crisis, al menos en lo que a su distribución y consumo por los canales convencionales se refiere. Sin embargo, a nivel creativo este 2012 promete ser uno de los años más interesantes de los últimos tiempos, con muchos retornos de artistas que pretenden recuperar el prestigio y el éxito que una vez cosecharon.
Evidentemente debemos empezar por dos "vacas sagradas" que ya han publicado sus álbumes de retorno en las últimas semanas: el auténtico pero irregular Bruce Springteen con su "Wrecking Ball", y la reina del Pop, Madonna, con su "M.D.N.A" al que espero dedicar una entrada en las próximas semanas. Pero hay otros muchos retornos a la vuelta de la esquina, alguno de ellos realmente sorprendentes.
Es el caso de Orbital. Los hermanos Paul & Phil Hartnoll, los maestros del intelligent techno, acaban de regresar de un paréntesis que parecía irreversible y que ha durado nada menos que 8 años. El primer sencillo ("New France") promete una entrega más sólida que sus discretos álbumes de comienzos de siglo. Algo parecido sucede con Saint Etienne: la banda más genuinamente pop del Reino Unido está a punto de publicar un nuevo álbum de estudio después de 7 años, y el sencillo de adelanto publicado hace unas semanas ("Tonight") hace concebir esperar de que hayan vuelto en plena forma.
Otros artistas de retorno inminente son Garbage y Gossip. La banda de Butch Vig y Shirley Manson publicará la próxima semana un disco que parecía una quimera hace sólo un par de años, y que parece una mesurada vuelta a su personal estilo, que tanta fama y reconocimiento les dio en los 90 y del que renegaron parcialmente en su "Bleed like me" de 2005, su último álbum hasta la fecha. Mientras que la inclasificable banda de la carismática Beth Ditto parece haber apostado definitivamente por la búsqueda del éxito comercial, pues su "A joyful noise" que verá la luz en próximas semanas está producido por el a menudo intrascendentemente poppy Brian Higgins.
Incluso hay huecos para proyectos sorprendentes. Es el caso de VCMG, un proyecto tras el cual se esconden Vince Clarke (fundador y primer compositor de Depeche Mode, grupo que luego abandonó para liderar con éxito Yazoo y, posteriormente, Erasure) y Martin Gore (también fundador de Depeche Mode y único compositor de la banda durante los últimos 30 años, tras el abandono de Clarke). Parece que 30 años es tiempo suficiente para borrar heridas y desencuentros y dar paso a la creatividad en estado puro, un álbum de techno crudo que posiblemente descoloque a los fans de ambos grupos.
Pero eso no es todo. Ya para cuando el año esté más avanzado se anuncia el retorno de The Killers. La banda de Brandon Flowers alcanzó hace casi 4 años su cima creativa y comercial con "Day & age" y se han tomado su tiempo para preparar su esperadísimo retorno. También retornarán Pet Shop Boys, que ultiman actualmente la grabación de su álbum en EEUU. Y La Roux, que tras la conmoción que provocó su álbum de debut parece que han tenido muchas dificultades en retomar la senda creativa. Algo similar a lo que le ha sucedido a Little Boots, que durante el último año se ha limitado a publicar sencillos de difusión limitada intentando, sin mucho éxito en mi opinión, abrir nuevas posibilidades creativas a su futuro segundo disco. Incluso Suede, la banda británica que ya tantos daban por desaparecida, parece haber terminado de grabar ya su regreso a las órdenes de Ed Buller, productor de sus dos primeros álbumes.
Eso no es todo. Otros muchos artistas han entregado o están a punto de entregar sus nuevas creaciones (Feeder, Jack White, Metric, Keane, Beach House...).
Incluso hay rumores de que otros artistas podrían regresar durante este 2012, desde Dubstar hasta Neneh Cherry. Veremos en qué queda la cosa, pero lo que está claro es que va a ser (está empezando a ser ya) un año apasionante. A ver si nuestras emisoras y canales de televisión se enteran, y no nos machacan con artistas que se limitan a hacer versiones o a publicar una y otra vez álbumes recopilatorios.
Evidentemente debemos empezar por dos "vacas sagradas" que ya han publicado sus álbumes de retorno en las últimas semanas: el auténtico pero irregular Bruce Springteen con su "Wrecking Ball", y la reina del Pop, Madonna, con su "M.D.N.A" al que espero dedicar una entrada en las próximas semanas. Pero hay otros muchos retornos a la vuelta de la esquina, alguno de ellos realmente sorprendentes.
Es el caso de Orbital. Los hermanos Paul & Phil Hartnoll, los maestros del intelligent techno, acaban de regresar de un paréntesis que parecía irreversible y que ha durado nada menos que 8 años. El primer sencillo ("New France") promete una entrega más sólida que sus discretos álbumes de comienzos de siglo. Algo parecido sucede con Saint Etienne: la banda más genuinamente pop del Reino Unido está a punto de publicar un nuevo álbum de estudio después de 7 años, y el sencillo de adelanto publicado hace unas semanas ("Tonight") hace concebir esperar de que hayan vuelto en plena forma.
Otros artistas de retorno inminente son Garbage y Gossip. La banda de Butch Vig y Shirley Manson publicará la próxima semana un disco que parecía una quimera hace sólo un par de años, y que parece una mesurada vuelta a su personal estilo, que tanta fama y reconocimiento les dio en los 90 y del que renegaron parcialmente en su "Bleed like me" de 2005, su último álbum hasta la fecha. Mientras que la inclasificable banda de la carismática Beth Ditto parece haber apostado definitivamente por la búsqueda del éxito comercial, pues su "A joyful noise" que verá la luz en próximas semanas está producido por el a menudo intrascendentemente poppy Brian Higgins.
Incluso hay huecos para proyectos sorprendentes. Es el caso de VCMG, un proyecto tras el cual se esconden Vince Clarke (fundador y primer compositor de Depeche Mode, grupo que luego abandonó para liderar con éxito Yazoo y, posteriormente, Erasure) y Martin Gore (también fundador de Depeche Mode y único compositor de la banda durante los últimos 30 años, tras el abandono de Clarke). Parece que 30 años es tiempo suficiente para borrar heridas y desencuentros y dar paso a la creatividad en estado puro, un álbum de techno crudo que posiblemente descoloque a los fans de ambos grupos.
Pero eso no es todo. Ya para cuando el año esté más avanzado se anuncia el retorno de The Killers. La banda de Brandon Flowers alcanzó hace casi 4 años su cima creativa y comercial con "Day & age" y se han tomado su tiempo para preparar su esperadísimo retorno. También retornarán Pet Shop Boys, que ultiman actualmente la grabación de su álbum en EEUU. Y La Roux, que tras la conmoción que provocó su álbum de debut parece que han tenido muchas dificultades en retomar la senda creativa. Algo similar a lo que le ha sucedido a Little Boots, que durante el último año se ha limitado a publicar sencillos de difusión limitada intentando, sin mucho éxito en mi opinión, abrir nuevas posibilidades creativas a su futuro segundo disco. Incluso Suede, la banda británica que ya tantos daban por desaparecida, parece haber terminado de grabar ya su regreso a las órdenes de Ed Buller, productor de sus dos primeros álbumes.
Eso no es todo. Otros muchos artistas han entregado o están a punto de entregar sus nuevas creaciones (Feeder, Jack White, Metric, Keane, Beach House...).
Incluso hay rumores de que otros artistas podrían regresar durante este 2012, desde Dubstar hasta Neneh Cherry. Veremos en qué queda la cosa, pero lo que está claro es que va a ser (está empezando a ser ya) un año apasionante. A ver si nuestras emisoras y canales de televisión se enteran, y no nos machacan con artistas que se limitan a hacer versiones o a publicar una y otra vez álbumes recopilatorios.
martes, 8 de mayo de 2012
Florence + The Machine: Ceremonials (2011)
He dejado para la última reseña de los álbumes publicados el pasado 2011 el que para mí es, sin duda, el mejor de cuantos se han publicado: el segundo disco de la banda británica liderada por Florence Welch. El tan siempre temido segundo álbum ha resultado en este caso una gratísima confirmación: no sólo han sido capaces de mantener el nivel de su excepcional Lungs de 2009, sino que además lo han hecho siendo fieles a sí mismos, y todo ello sin repetir la fórmula. Y con un aliciente más: un notable éxito comercial en los países que marcan las pautas (Reino Unido, E.E.U.U., Australia...). Lástima que España siga tan anclada en propuestas de riesgo nulo, el gran público se pierde joyas como ésta, plenas de calidad y talento.
Para este álbum Florence ha vuelto a contar con el productor de moda, el ubicuo Paul Epworth, que además coescribe junto a ella buena parte de los temas. Una vez más su acierto ha sido respetar ese originalísimo pop barroco realzado por la poderosa voz de Florence y el omnipresente arpa que les caracteriza, pero ahondando en terrenos que no habían sido explorados en el primer álbum y logrando por tanto que cada tema sea una composición personalísima, en nada semejante al resto. Casi nada.
El álbum se anticipó con un sencillo difícil pero de enorme calidad: "Whatever the water gave me", quizá el tema más rock que ha publicado nunca la banda, sin la necesidad de recurrir a ningún estruendo para acercarse a tal género, sólo una atmósfera cargada de estática y un estribillo memorable. Si bien el tema estrella a nivel comercial fue, como cabía esperar, el segundo sencillo, "Shake it out", un tema lento (que no balada) con una excepcional progresión armónica en las estrofas y un estribillo etéreo realzado por unos poderosos coros. El resto de los sencillos son también de gran nivel: "Never let me go" es, ahora sí, una balada con piano y estribillo emotivo, pero con unos arreglos oníricos y una estupenda interpretación de Florence. Y "No light, no light" es un tema relativamente rápido y enérgico realzado por un órgano de sonido eclesiástico y una percusión impactante.
Pero es que en el disco hay mucho más: se abre con el onírico y orquestal "Only if for a night", hacia la mitad podemos encontrar un tema claramente soul que recuerda a la época americana de Eurythmics y sin embargo suena a ellos mismos ("Lover to lover"), y en el tramo final nos podemos deleitar con "Heartlines", con su ambientación medieval y su revitalizador estribillo, "Spectrum", el tema más rápido del disco y el que más puede recordar a Kate Bush (aunque con una voz muy superior), el cálido y poppy "All this and heaven too", e incluso se permiten cerrar el disco con el desasosegante y de ritmo ligeramente sincopado "Leave my body", un tema de autoafirmación pleno de fuerza y con otro estribillo excelente realizado por unos coros a contrapunto realmente apoteósicos. Tan seguros están de sus composiciones que según el programa o evento en el que actúen optan por unos temas u otros, como he pretendido mostrar con los enlaces seleccionados en cada tema.
Puestos a sacar defectos, es cierto que hay un par de temas algo más flojos ("Breaking down", "Seven devils"), que Florence a veces abusa subiendo y bajando por la escala pentatónica en intervalos muy cortos, que a veces la superposición de percusión y batería no es del todo lograda, que el álbum exige atención plena del oyente para su total disfrute... Pero en realidad son detalles mínimos frente al derroche creativo y la originalidad de que hacen gala. Está claro que ahora mismo son los dueños del pop atemporal creado en el siglo XXI. Esperemos que les dure la inspiración.
domingo, 25 de marzo de 2012
El panorama musical español en el 2011

Pues para mí se resume en un único adjetivo: desalentador. Es duro decirlo, pero ni en el ámbito de la creatividad, ni en el de la comercialidad, ni siquiera en el de las ventas podemos emplear otro calificativo. Como lo refleja el simple hecho de que se ha vuelto a reducir el número de copias vendidas para alcanzar el disco de platino: ahora son sólo 40.000, frente a los 100.000 que eran tan sólo hace unos años.
Comencemos por los álbumes españoles más vendidos en la lista de los 25 más vendidos de 2011, según Promusicae:
1.-Pablo Alborán / Pablo Alborán 3** (triple platino)
2.-Sergio Dalma / Vía Dalma 3**
3.-Manolo García / Los días intactos 2**
4.-Sergio Dalma / Vía Dalma II 2**
6.-Pablo Alborán / En acústico 2**
7.-El Barrio / Espejos ** (platino)
8.-Amaral / Hacia lo salvaje **
10.-Estopa / 2.0 **
11.-Dani Martín / Pequeño 2**
12.-Manel / 10 milles per veure una bona armadura **
15.-Extremoduro / Material defectuoso *
17.-Julio Iglesias / Volumen 1 **
18.-Malú / Guerra Fría **
20.-La Oreja de Van Gogh / Cometas por el cielo *
24.-Dúo Dinámico / Somos jóvenes: 50 años *
25.-Vetusta Morla / Mapas *
Es cierto que los artistas españoles son aplastante mayoría en las listas (16 de los 25 más vendidos), lo que significa que al público español le sigue interesando la música de sus compatriotas. Pero ése es el único hecho positivo que puedo resaltar. Porque en cuanto a los nuevos artistas, solamente uno, y encima una propuesta nada novedosa y sólo apta para el público adolescente femenino menos exigente (Pablo Alborán). Abundan los artistas con muchos años a cuestas que no se han atrevido a entregar nuevos temas, tan sólo versiones o recopilaciones (Sergio Dalma, Julio Iglesias, El Dúo Dinámico). O los que se han limitado a repetir su archiconocida fórmula superficialmente aflamencada con escaso riesgo y menor interés (Manolo García, El Barrio, Estopa).
Incluso aquellos artistas que se han animado a dar una vuelta de tuerca su estilo, bien hacia la música más electrónicamente bailable (La Oreja de Van Gogh), o hacia un toque psicodélico más crudo (Amaral), se han visto castigados con una notable disminución en sus ventas con respecto a sus álbumes anteriores. Está claro que los experimentos, con gaseosa, al menos en el ámbito comercial...
Pero es que en el panorama independiente las cosas no han ido mucho mejor. Han abundado los nombres ya consolidados que han transitado por caminos ya conocidos pero sin el acompañamiento de la inspiración (Nacho Vegas, Fernando Alfaro, Sr. Chinarro, incluso Juan Perro). En cambio no han surgido prácticamente nuevos valores que nos hagan concebir esperanzas para el futuro. Incluso artistas que dejaron un buen sabor de boca con sus álbumes anteriores han dado un bajón inesperado (La Casa Azul, Joe Crepúsculo).
Para no acabar con tan mal sabor de boca, he dejado para el final un par de menciones positivas. Por una parte, artistas que han sido fieles a su universo personal pero que han entregado propuestas dignas del resto de su carrera (Christina Rosenvinge, con su hilillo de voz y su intimismo para todos los públicos, La Bien Querida y sus estribillos puramente pop, Manos de Topo y las histriónicas interpretaciones de Miguel Ángel Blanca). Y por otra, artistas que aun cantando en catalán han logrado una apreciable repercusión: empezando por Manel, número 12 en la lista de los más vendidos gracias a sus melodías folk-pop, y siguiendo por Antònia Font, sus teclados de juguete y su apropiación del "Atlantis is calling" de Modern Talking en "Calgary 88". Lástima que estos artistas se aferren a un idioma con poca trascendencia y no se animen a cantar en español: podrían pasar de una audiencia potencial de 10 millones a más de 500, y de paso insuflar algo de aire fresco al resto de sus compatriotas, que falta nos hace.
Coldplay y la escasez de ídolos

En esta época convulsionada por el acceso a infinitas fuentes de información en tiempo real, el establecimiento de ídolos en el panorama musical se ha vuelto más complejo que nunca. Y es que ya no es tan sencillo "machacar" con el producto musical que mejor responda a los estudios de marketing sobre lo que quiere el público, ni mucho menos controlar quién es de verdad el más admirado, ahora que las ventas o las emisiones por radio no son más representativas que el número de clicks en youtube o las comparticiones P2P.
Pero claro, ídolos siempre ha habido y los habrá, tanto a nivel nacional como internacional. Y de igual forma que Justin Bieber o Selena Gomez provocan el histerismo del público adolescente, o Rihanna y Lady Gaga se disputan la devoción del público comercial y bailable, los británicos Coldplay han sido designados casi por unanimidad los ídolos del público entendido. Una elección que, haciendo un juego de palabras, me propongo tratar de entender en la presente entrada.
Por supuesto, hay muchas características requeridas del ídolo adulto que cumplen: grupo y no solista, predominantemente de guitarras aunque sin despreciar otros instrumentos que puedan mostrar su riqueza instrumental, predominio de los medios tiempos, letras en general con un toque reflexivo, cantante capaz de actuar, comercialidad sin dejar completamente al margen el mundillo indie... Ahora bien, la pregunta clave es ¿son esos clichés los que están sosteniendo la idolatría más allá de la calidad real de sus álbumes?
En mi opinión, sí, es eso lo que está ocurriendo con los británicos. Porque para mí siempre han sido un grupo de canciones más que de álbumes: desde que debutaron en el año 2000 con "Parachutes" siempre he tenido esa impresión. En ese álbum nos encontrábamos con "Yellow", "Trouble" y "Don't panic", una terna de sencillos incontestable pese a ser relativamente simples y convencionales, pero el resto bajaba el listón notablemente. Su "A rush of blood to the head" de 2002 aún contenía el estupendo "The scientist" y el resultón arpegio de piano de "Clocks", pero los momentos de inspiración eran aún menores. Como lo prueba que a partir de entonces empezaran a espaciar cada vez más sus nuevas entregas... y no sólo eso.
Porque en el flojo "X&Y" de 2005, aparte de "Speed of sound" el otro tema realmente notable era "Talk", una recreación (inspirada y afortunadamente reconocida en los créditos del álbum), pero una recreación al fin y al cabo del formidable "Computerlove" de los míticos Kraftwerk. Y la cosa fue a más, porque en su "Viva la vida" de 2008, el tema que daba nombre al mismo y que fue el único realmente destacable, plagiaban la melodía de "If I could fly" de Joe Satriani con una progresión armónica similar pero que en realidad estaba "sacada" del estupendo "I'm fed up" de la francesa Alizee (escuchar el comienzo de ambos temas a la vez es sonrojante).
Así que, ya cogido el gustillo, debieron pensar: ¿por qué no fusilamos un tema más festivo, que queremos darle una cara más divertida a nuestro retorno? Así, el tema que presentó "Mylo Xyloto" hace sólo unos meses es "Every teardrop is a waterfall", que copia descaradamente el tantas veces bailado "Ritmo de la noche" de Mystic. Y que no pasa por ser un tema "de calidad" precisamente: nuevamente el sonrojo al escuchar ambos temas. Pero es curioso, todo vale para la mayor parte de un público y una crítica que seguro denostan todo lo relacionado con la música de baile más intrascendente, y encima si es para plagiarla.
Como tampoco parece importar que para asegurarse el éxito comercial incluyan en el álbum un dueto con Rihanna, esa flojísima "Princess of China" que tan poco impacto ha tenido pese a juntar a los mayores ídolos de las dos corrientes, la comercial y la entendida.
A pesar de lo anterior, no querría terminar esta entrada dando la impresión de que Coldplay son un grupo infame; para mí, incluso están por encima de la media. De hecho, aún les queda inspiración para entregar buenos temas de vez en cuando (sin ir más lejos, en su último álbum encontramos "Charlie Brown" y sus interludios instrumentales, e incluso "Paradise", a pesar de transitar por aguas ya muy removidas por sus anteriores trabajos). Simplemente poner de manifiesto que su status de "el grupo de más calidad del panorama musical" no se sostiene a la luz de sus álbumes cargados de temas de relleno, su disimulada desesperación comercial y sobre todo su hábito irrefrenable de copiar temas ajenos, ante el beneplácito de sus idólatras.
sábado, 11 de febrero de 2012
Pet Shop Boys: Format (2012)

Mientras que ultiman la grabación de su próximo álbum de estudio, Pet Shop Boys regalan a sus incondicionales una nueva compilación de temas no incluidos en sus álbumes de estudio. "Format" abarca el periodo comprendido entre 1996 y 2009 y, por tanto, complementa "Alternative", la primera compilación de caras B que publicaron en 1995 y que cubría el periodo 1984 - 1994. Esta segunda compilación incluye nada menos que 38 temas (frente a los 30 de Alternative), lo que demuestra que, al menos en cuanto a capacidad creativa, esta segunda época del dúo londinense ha sido tan fértil como la primera. ¿Y en cuánto a calidad?
La respuesta sencilla a esta pregunta, si nos guiamos por los álbumes que han publicado en dicho periodo, sería "no tanto". Incluso para sus mayores defensores resulta obvio que esta segunda época, que comenzó con la publicación del álbum "Bilingual" en 1996, ha sido menos exitosa comercialmente, pero también en cuanto a los parabienes de la crítica y la demanda de colaboraciones por parte de otros artistas. Pero no nos dejemos guiar por esta apreciación e intentemos dar una respuesta más elaborada, que 38 canciones dan para mucho.
Efectivamente los temas se pueden agrupar a grandes rasgos por el periodo al que pertenecen: empezando por la creatividad desbordantemente versátil del periodo de publicación de "Bilingual" (1996-1997, los primeros 12 cortes), siguiendo por la menor inspiración del periodo de "Nightlife" (1999-2000, los siguientes 5 cortes), recurriendo a la instrumentación acústica de "Release" como intento de explorar nuevos horizontes (2002, los siguientes 6 cortes), intentando crear el single perfecto para el recopilatorio "The hits" (2003-2004, los siguientes 3 cortes), tratando de volver a sus raíces ("Fundamental") sin tanta inspiración como antaño (2006, los siguientes 7 cortes) y finalmente tratando de explotar su vertiente más genuinamente poppy en "Yes" (2009, los últimos 5 cortes). Como puede verse, un reparto desigual entre periodos, con temas también de calidad desigual.
De manera que en el periodo 96-97 encontramos la mayor concentración de temas de calidad: singles potenciales mente desaprovechados ("The boy who couldn't keep his clothes on", producida al igual que su single "Before" por Danny Tennaglia, pero mucho más convincente que ésta), logrados acercamientos a estilos en principio alejados de la órbita del dúo (el drum&bass the "Betrayed", el cuasi-rockero "The truck driver and his mate", el excitante "Disco potential", digno de los mejores tiempos de The Chemical Brothers) y temas con nivel suficiente para haber entrado en "Bilingual" (la balada "Hit and miss", el sinfónico y sin embargo bailable "Delusions of grandeur").
Del periodo 99-00 solamente merece la pena "The ghost of myself", un acertado remedo del "Baby one more time" de Britney Spears. Del año 2002 y su mediocre "Release" sorprendemente podemos rescatar un festivo "Nightlife" que además del título se adueña del falsete del clásico de los Bee Gees, "Friendly fire", una bonita balada rescatada de su irregular musical "Closer to heaven" y, sobre todo, "Between two islands", mi favorita del recopilatorio, con su estilo a medio camino entre lo acústico y lo electrónico, su impactante letra, sus elegantes estrofas, la intervención estelar de un inspirado Johnny Marr a las guitarras y los versos finales del "I want you" de Marvin Gaye como colofón.
Del periodo 03-04 destacar la versión ochentera (como no podía ser de otra manera) del "We're the Pet Shop Boys" que escribieron My Robot Friend y que tan bien les describe. Del año 2006 merece la pena "The resurrecionist", otro single desaprovechado que increíblemente ni siquiera llegó a formar parte de "Fundamental", pero también la lograda melodía de "Girls don't cry", la versión junto a Elton John del estupendo "In private" que escribieron hace casi 25 años para Dusty Springfield, la desasosegante "No time for tears", rescatada de la banda sonora que re-escribieron para el clásico del cine mudo "Battleship Potemkin", y por último "Party song", con su original letra y su atmósfera estridentemente bailable. Por último, del año 2009 resaltar "Gin and Jag", una historia con Internet de trasfondo y esa melodía introspectiva digna de los mejores tiempos de Tennant&Lowe, y un melancólico "After the event" que mejora el nivel medio de muchos de los temas de "Yes".
En total he citado 19 temas más que dignos para haber entrado en su discografía oficial, e incluso algún que otro temazo digno de formar parte de su particular colección de clásicos. Y que sin duda son más que suficientes para justificar la compra de este doble álbum a todos aquellos que aún no las conozcan. Es cierto que entre los otros 19 temas también hay auténticas caras B ("Always", "Silver age"), algún patinazo experimental ("Transparent"), e incluso algunas canciones realmente flojas por machaconas ("Up and down") o por blandas ("Searching for the face of Jesus", "Casting a shadow"). Pero en conjunto la balanza se inclina del lado favorable, porque por mucho que su época de gloria haya pasado, siguen siendo de los mejores compositores de temas pop electrónico-sinfónico que podemos encontrar.
domingo, 5 de febrero de 2012
Clare Maguire: Light after dark (2011)

Dentro de la nueva hornada de cantantes y compositoras británicas "con sello de autenticidad" que constituyen ahora mismo la máxima sensación del planeta musical, tanto en su vertiente comercial (Adele, Ellie Goulding) como en su vertiente de mayor calidad (Florence + The Machine, Polly Scattergood), hace unos meses hemos conocido a Clare Maguire, con una propuesta que tras unas cuantas escuchas se queda entre medias de ambas vertientes. Lo cual podría interpretarse como una acertada manera de contentar a ambos públicos, pero que más posiblemente corra el riesgo de no encandilar ni a unos ni a otros.
Quizá el adjetivo que mejor describa a Maguire es camaleónica: su voz es capaz de adoptar una sorprendente variedad de registros, dando a cada tema una mayor diferenciación de lo que cabría esperar en un álbum compositivamente homogéneo. Porque esa es quizá el punto más débil de este "Light after dark": la falta de mayor variedad estilística, de sorpresa, la excesiva sensación de que hay demasiadas cosas premeditadas. Eso sí, envuelto en una producción incontestable, que mezcla sabiamente clasicismo y actualidad en lo que constituye toda una lección de cómo ambientar canciones pop en 2011 con todos los elementos disponibles.
A pesar de esa sensación un tanto tibia, debo resaltar que el comienzo es incontestable: tras una pequeña introducción vienen dos de los sencillos (y también puntos álgidos) del disco. En primer lugar, "The shield and the sword", un tema pop atemporal con una de las mejores secciones de viento que he escuchado en los últimos años y un estribillo pleno de fuerza a lo Pat Benatar. Y a continuación su tema emblemático, "The last dance", unas estrofas de un pop femenino tan perfecto que podemos imaginarnos a la mismísima Stevie Nicks interpretándolas, y una parte nueva y un tramo final apoteósicos.
Pero desgraciadamente este comienzo coloca el listón tan alto que de ahí al final del álbum las decepciones son mayores que las alegrías, debido a una cierta reiteración en las formas que, con composiciones menos certeras, provocan una nociva sensación de relleno. Hay que esperar al octavo corte, "Sweet lie", para encontrar otra canción que realmente nos emocione, gracias a su toque soul y ese estribillo intimista que parece interpretado por Sharleen Spiteri. Viene después el que en mi opinión es el tercer mejor momento del álbum, "Break these chains", con su arpegio de piano, su original batería, su estribillo plerótico de facultades que recuerda a la mejor Cher y su toque gospell. Y antes del final encontramos el que fue su primer sencillo, el oscuro y atormentado "Ain't nobody", con Clare recordándonos a Allison Mollet y con los guiños de su instrumentación a una orquesta de cámara.
En suma, tres excelentes temas, dos más por encima de la media y otros siete que sin ser flojos no pasan de correctos. Posiblemente poco para que la británica se consolide en el siempre voluble panorama musical. Pero de todas formas deberemos esperar al siempre trascendental segundo álbum para constatar si consigue que las composiciones brillantes ganen la batalla a los momentos prescindibles.
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