Hubo un tiempo en que las Islas Británicas marcaban la pauta en cuanto a la evolución de la música pop, y prácticamente todos los años surgía una banda cuya repercusión y trayectoria perduraba a lo largo de los años. Sin embargo, con la llegada del siglo XXI la cantidad y sobre todo la calidad de las nuevas propuestas ensalzadas de manera desmesurada por el Melody Maker pegó un bajón que continúa hasta nuestros días (baste pensar en bandas que apuntaban muy alto en los últimos dos decenios pero no han llegado a ese nivel, desde The Artic Monkeys hasta Foals). De hecho, en lo que va de década sólo salvaría de la quema a los personalísimos Alt-J (a pesar de la notable decepción de su reciente "Relaxer"). Por eso es reconfortante toparse con una nueva banda británica que en mi opinión por fin responde a la expectación generada: el trío londinense Little Cub. Formado por Dominic Gore, cantante y letrista, y los multi-instrumentistas Duncan Tootill y Ady Acolatse, son una formación sorprendentemente madura, capaz de instrumentar y producir con elegancia y personalidad todas sus composiciones.
Me da la impresión de que la crítica especializada ha errado el tiro en cuanto al estilo y las referencias de la banda. Ante todo, porque hablan de Little Cub como una banda de música electrónica (!!), sin darse cuenta de en el año 2017 la inmensa mayoría de los álbumes que se publican se sustentan como es natural en las nuevas tecnologías. Y hablan de New Order como una referencia continua, algo que siendo un admirador de los mancunianos no termino de ver. Para mí, Little Cub es una banda de pop sofisticado, pero pop en sentido tradicional, con guitarras, bajo y batería. Otra cosa es que su capacidad instrumental haga que prácticamente todo cambie a lo largo del desarrollo de una composición, y al bajo slap le sustituya en un momento dado un bajo sintetizado, por ejemplo. Pero la ausencia de instrumentos reales, el minutaje excesivo, los bombos sobredimensionados, el auto-tune más juguetón, y todo lo que solemos asociar a la electrónica, está ausente de "Still life". Y en cuanto a las referencias, para mí la más evidente es los alemanes The Notwist (y no sólo por la similitud vocal entre Markus Acher, su cantante, y Dominic Gore), sino porque aunque no reniegan de los instrumentos electrónicos, emplean mayoritariamente instrumentos reales. Y muestran lo mejor de sí mismos en composiciones delicadas, melancólicas, con la sensibilidad a flor de piel y orfebrerías instrumentales que conviene disfrutar con nuestros mejores auriculares.
"Still life" no es un álbum largo (11 temas, 42 minutos), y como buen debut ha sido el fruto de muchos sencillos publicados en los últimos doce meses (hasta un total de cinco). Por lo que es difícil que si esos sencillos nos han llamado la atención quedemos defraudados con el resultado. Aunque es necesario reconocer que el grupo instrumenta mejor que compone, y compone mejor las progresiones armónicas que las melodías. No es el caso de "Too much love", tema de apertura, tercer sencillo publicado y uno de los mejores momentos del álbum: que empieza como un medio tiempo envolvente sobre elaborados arpegios de guitarra, y continúa con su extensa confesión hasta que, hacia la mitad, cambia de tonalidad y acerca el tema a las pistas de baile más indie superponiendo intetizadores, reforzando los platillos, y proponiendo uno de los mejores estribillos del álbum. Le sigue "My nature", segundo sencillo, quizá un poquitín inferior a la anterior pero muy interesante con su atmósfera inquietante y sus sintetizadores que van subiendo de volumen, creando una especie de trip-hop contemporáneo cada vez más intenso que a veces se transforma en un tema pop con bajo y batería reales, y que sorprende con un cambio de tonalidad pasados dos minutos que hace las veces de estribillo.
"Breathing space" es el último sencillo hasta la fecha, y quizá el menos interesante: un arpegio de sintetizador durante las estrofas que acaba resultando un poco cansino, un estribillo sin mucho gancho, y los intervalos instrumentales sobre el mismo acorde como pasajes más relevantes. "Mulberry" baja el tempo y sube la inspiración en una balada muy en la línea de The Notwist, con instrumentos que parecen no querer romper el silencio y ese precioso "Deep grooves that could hide all manner of things" que da paso a las dos guitarras eléctricas que se entrecruzan sin pisarse durante el excelente minuto final. Aunque quizá el mejor tema del álbum sea "Death Of A Football Manager", la historia del suicido del ex-futbolista y entrenador galés Gary Spee, relatada sobre una original batería, recurriendo nuevamente a los sintetizadores envolventes y a una pesimismo que pone los pelos de punta en su excelente estribillo ("only an act of love"), y manteniendo el listón hasta el final gracias a sus preciosas guitarras.
"Hypnotise" fue el cuarto sencillo, y aunque queda lejos de los mejores momentos del álbum por su melodía un tanto repetitiva, no desentona con esa especie de redoble de tambor que vertebra todo el tema y ese tramo final con los loops reproducidos al revés y sus sintetizadores acuosos. "Closing time" es quizá el tema más experimental dentro de un disco que se aleja siempre de los arreglos convencionales, con sólo la voz doblada y el bajo y la batería durante las estrofas, amen de unos espartanos intervalos instrumentales que se acercan a la indietrónica más bailable en su tramo final. "October" es el segundo tema lento, un tema correcto con lejanos guiños ochenteros y sin mayores sorpresas. "Loveless" fue el primer sencillo de su carrera, y sigue siendo una de sus mejores canciones: a pesar de su batería real de ritmo originalmente sincopado, quizá sea el tema más "electrónico" del disco a gracias su bajo sintetizado y a los múltiples teclados que la adornan, aunque lo mejor sea la cautivadora progresión armónica de su sencillo y eficaz estribillo, que recrean en el tramo final subiendo la intensidad en un elegante crescendo.
"Snow" es el tercer y último tema lento, más etéreo que los anteriores y con menos tirón, quizá por la ausencia de percusión, un estribillo más flojo que las estrofas, y una mayor convencionalidad a la hora de instrumentar. Y "Television" cierra este meritorio álbum con un panorama gélido que va cogiendo fuerza mientras que las voces de Dominic se siguen superponiendo y distorsionando, hasta llegar a un pasaje instrumental excelente con todos los instrumentos brillando en armonía. Porque al final eso es lo que permanece de estas once canciones: la capacidad del trío para armonizar los cambios continuos de instrumentación dentro de una misma canción. Se les podrá reprochar cierta homogeneidad en sus composiciones, cierta monotonía en las interpretaciones vocales de Dominic, o la dificultad que tendrán a la hora de interpretar los temas en directo. Pero si no estamos hablando del mejor álbum que va a ver la luz en mi humilde opinión en este 2017 por talento, personalidad y creatividad, poco le va a faltar. Así que a ver si tienen algo más de repercusión popular, porque se lo merecen.
Un aficionado a la música pop-rock contemporánea que no se resigna a que creer que ya no se publica música de calidad.
lunes, 14 de agosto de 2017
sábado, 15 de julio de 2017
Mating Ritual: "How you gonna stop it" (2017)
Estos últimos meses están siendo poco fructíferos en cuanto a artistas consolidados que publiquen nuevos álbumes interesantes, pero en cambio están permitiendo que florezca un puñado de artistas que están haciendo crecer mi esperanza en que el panorama musical está empezando a invertir su tendencia decadente de este siglo XXI. Son muchos los álbumes de debut que he reseñado últimamente, y uno que se añade ahora a la lista es el de Mating Ritual, el alter ego del compositor y productor californiano Ryan Marshall Lawhon. Que ya había iniciado su andadura musical en compañía de su hermano Taylor como parte del poco conocido proyecto KO KO, y que tras publicar varios sencillos y un EP más que interesante desde 2015, ha presentado el pasado mes de junio su primer álbum: "How you gonna stop it".
A pesar de ser un proyecto en solitario, y de que en sus primeras entregas su pop estaba mayormente tecnificado, "How you gonna stop it" es un álbum de pop-rock cuyo sonido es el esperable en una banda consolidada con guitarras, bajo, batería, teclados y secuenciadores (estos últimos a cargo de Taylor). Que además suena homogéneo de principio a fin, a pesar del largo proceso de gestación del mismo. Las referencias a la hora de situar "How you gonna stop it": desde los Imagine Dragons menos comerciales hasta los Walk The Moon más profundos, pasando por los Coldplay menos histriónicos, y guiños a muchas bandas británicas de los ochenta. Es decir, una coctelera de pop con toques rock mayoritamente luminoso y con letras que se mueven entre lo optimista y lo reflexivo. Y que a pesar de transitar por sendas ya muy gastadas por décadas de propuestas similares, suena original y fresco.
El álbum lo abre la simpática y coreable "I wear glasses", un medio tiempo que no esconde la procedencia californiana de Ryan, y que cautiva por la habilidad con la que se complementan los diferentes instrumentos, además de por los coros en falsete que rematan la canción en su tramo final. Le sigue "Second chance", uno de mis temas favoritos del álbum, una preciosa melodía fantásticamente instrumentada (mención especial para la percusión y la batería, y la manera como los sintetizadores complementan a la guitarra), que toma aire en cada estrofa para ir creciendo en el puente, brillando en el estribillo y fascinando en el intervalo instrumental posterior, aunque lo mejor es la coda primero cantada y luego instrumental en la que se nota lo bien que funcionan como banda. El tercer corte es el tema que da título al álbum: "How you gonna stop it" es un bonito tema de power pop sin llegar a ser lo mejor del disco, cuyo rasgo más característico es la velocidad a la que canta Ryan en parte de las estrofas (es casi imposible entenderle).
"Cold" es un tema más lento y más electrónico, además de la primera colaboración en la parte vocal de la para mí desconocida Lizzy Land, y que aunque agradable carece de la magia de cortes anteriores. "Drunk" es otro de los mejores momentos del disco: un comienzo que es puro Coldplay, parsimonioso, envolvente y con la melodía vocal subiendo y bajando por la escala sin freno, que pasados dos minutos desemboca, sobre la misma progresión armónica y teclados principales, en un medio tiempo de batería y bajo marcados. Y que a partir del cuarto minuto se convierte en un precioso tramo final instrumental, que igual deja sola la voz y la guitarra de Ryan que sube en un crescendo irresistible. Le sigue "American muscle", otro corte de power pop con un característico riff, otra original percusión, y un coro lleno de energía a lo Walk The Moon, aunque suena a veces un tanto hueco. "Thief" cambia completamente el registro y acerca a los angelinos a las baladas sintéticas de Pet Shop Boys (algo a lo que contribuye la voz doblada y distorsionada de Ryan), si bien el resultado sólo supera el aprobado a partir del cambio de tonalidad del tramo final.
El tramo final del álbum lo inaugura la segunda colaboración vocal de Lizzy Land (mucho más apreciable que la primera): "Night lies", otra vez un tema reposado, relativamente electrónico, con una bonita progresión armónica y sobre todo un estribillo coreable muy a lo Imagine Dragons, que se prolonga en el sintetizado intervalo instrumental posterior. "Villain" empieza casi como un homenaje a los Thompson Twins, y en seguida se revela como el tema más claramente bailable del álbum, con su ritmo binario marcado, y un colchón de sintetizadores arropando a un coro de voces en el estribillo, todo lo cual le confiere cierta similitud al "New song" de Warpaint (que seleccioné entre las mejores canciones de 2016). "I'm just alright" recupera la senda de los medios tiempos más claramente guitarreros, y nos ofrece la letra más claramente personal de Ryan (en la que se cuestiona recurrentemente su lugar y su misión en el mundo), aunque tanta repetición de la frase que da título al tema puede llegar a cansar. Y "Swim" cierra el álbum con la balada de turno, probablemente menos emotiva de lo que a Ryan le hubiera gustado, pero digna a pesar de su abrupto final gracias al contraste entre su guitarra eléctrica de notas largas y su teclado a lo Coldplay.
Indudablemente el álbum no es redondo de principio a fin, las interpretaciones vocales de Ryan oscilan entre lo aceptable y lo mejorable (aparte de que se agradecería una mejor dicción), y tras un comienzo muy brillante, va enlazando momentos interesantes con otros simplemente correctos. Pero cuando da con la inspiración sus canciones son muy poderosas evocando emociones. Además la banda las hace crecer con unas interpretaciones muy inteligentes y buenas dosis de talento. Supongo que una mayor difusión de la que hasta ahora ha tenido el álbum ayudaría a darle continuidad al proyecto de Ryan, y a que diera rienda suelta a todo el talento que lleva dentro. Ojalá esta reseña contribuya mínimamente a ello.
A pesar de ser un proyecto en solitario, y de que en sus primeras entregas su pop estaba mayormente tecnificado, "How you gonna stop it" es un álbum de pop-rock cuyo sonido es el esperable en una banda consolidada con guitarras, bajo, batería, teclados y secuenciadores (estos últimos a cargo de Taylor). Que además suena homogéneo de principio a fin, a pesar del largo proceso de gestación del mismo. Las referencias a la hora de situar "How you gonna stop it": desde los Imagine Dragons menos comerciales hasta los Walk The Moon más profundos, pasando por los Coldplay menos histriónicos, y guiños a muchas bandas británicas de los ochenta. Es decir, una coctelera de pop con toques rock mayoritamente luminoso y con letras que se mueven entre lo optimista y lo reflexivo. Y que a pesar de transitar por sendas ya muy gastadas por décadas de propuestas similares, suena original y fresco.
El álbum lo abre la simpática y coreable "I wear glasses", un medio tiempo que no esconde la procedencia californiana de Ryan, y que cautiva por la habilidad con la que se complementan los diferentes instrumentos, además de por los coros en falsete que rematan la canción en su tramo final. Le sigue "Second chance", uno de mis temas favoritos del álbum, una preciosa melodía fantásticamente instrumentada (mención especial para la percusión y la batería, y la manera como los sintetizadores complementan a la guitarra), que toma aire en cada estrofa para ir creciendo en el puente, brillando en el estribillo y fascinando en el intervalo instrumental posterior, aunque lo mejor es la coda primero cantada y luego instrumental en la que se nota lo bien que funcionan como banda. El tercer corte es el tema que da título al álbum: "How you gonna stop it" es un bonito tema de power pop sin llegar a ser lo mejor del disco, cuyo rasgo más característico es la velocidad a la que canta Ryan en parte de las estrofas (es casi imposible entenderle).
"Cold" es un tema más lento y más electrónico, además de la primera colaboración en la parte vocal de la para mí desconocida Lizzy Land, y que aunque agradable carece de la magia de cortes anteriores. "Drunk" es otro de los mejores momentos del disco: un comienzo que es puro Coldplay, parsimonioso, envolvente y con la melodía vocal subiendo y bajando por la escala sin freno, que pasados dos minutos desemboca, sobre la misma progresión armónica y teclados principales, en un medio tiempo de batería y bajo marcados. Y que a partir del cuarto minuto se convierte en un precioso tramo final instrumental, que igual deja sola la voz y la guitarra de Ryan que sube en un crescendo irresistible. Le sigue "American muscle", otro corte de power pop con un característico riff, otra original percusión, y un coro lleno de energía a lo Walk The Moon, aunque suena a veces un tanto hueco. "Thief" cambia completamente el registro y acerca a los angelinos a las baladas sintéticas de Pet Shop Boys (algo a lo que contribuye la voz doblada y distorsionada de Ryan), si bien el resultado sólo supera el aprobado a partir del cambio de tonalidad del tramo final.
El tramo final del álbum lo inaugura la segunda colaboración vocal de Lizzy Land (mucho más apreciable que la primera): "Night lies", otra vez un tema reposado, relativamente electrónico, con una bonita progresión armónica y sobre todo un estribillo coreable muy a lo Imagine Dragons, que se prolonga en el sintetizado intervalo instrumental posterior. "Villain" empieza casi como un homenaje a los Thompson Twins, y en seguida se revela como el tema más claramente bailable del álbum, con su ritmo binario marcado, y un colchón de sintetizadores arropando a un coro de voces en el estribillo, todo lo cual le confiere cierta similitud al "New song" de Warpaint (que seleccioné entre las mejores canciones de 2016). "I'm just alright" recupera la senda de los medios tiempos más claramente guitarreros, y nos ofrece la letra más claramente personal de Ryan (en la que se cuestiona recurrentemente su lugar y su misión en el mundo), aunque tanta repetición de la frase que da título al tema puede llegar a cansar. Y "Swim" cierra el álbum con la balada de turno, probablemente menos emotiva de lo que a Ryan le hubiera gustado, pero digna a pesar de su abrupto final gracias al contraste entre su guitarra eléctrica de notas largas y su teclado a lo Coldplay.
Indudablemente el álbum no es redondo de principio a fin, las interpretaciones vocales de Ryan oscilan entre lo aceptable y lo mejorable (aparte de que se agradecería una mejor dicción), y tras un comienzo muy brillante, va enlazando momentos interesantes con otros simplemente correctos. Pero cuando da con la inspiración sus canciones son muy poderosas evocando emociones. Además la banda las hace crecer con unas interpretaciones muy inteligentes y buenas dosis de talento. Supongo que una mayor difusión de la que hasta ahora ha tenido el álbum ayudaría a darle continuidad al proyecto de Ryan, y a que diera rienda suelta a todo el talento que lleva dentro. Ojalá esta reseña contribuya mínimamente a ello.
martes, 27 de junio de 2017
Avec Sans: "Heartbreak hi" (2016)
Me resulta extraño reseñar en junio de 2017 un álbum que vio la luz en 2016 (de hecho, hace justo un año). Pero es que este "Heartbreak hi" ha sido un álbum que, aun teniendo una repercusión minoritaria, se ha ido abriendo camino gradualmente en el panorama musical desde que su primer video-clip ("Hold on") fue publicado hace cuatro largos años. Poco a poco, el boca a boca y el efecto contagio en internet han hecho que finalmente llegue hasta mis oidos el debut de este dúo londinense formado por la cantante Alice Fox y el instrumentista Jack St. James. Y desde entonces he quedado atrapado por su pop tecnológico excelentemente instrumentado y muy alejado del mero revival ochentero que predomina en tantas otras bandas del panorama alternativo actual.
Lo más relevante de este "Heartbreak hi" es que nada menos que siete de sus trece temas han ido viendo la luz en formato sencillo/videoclip a lo largo de estos cuatro años, el último, "We are" (por cierto el tema con el que los descubrí), hace tres meses). Ello asegura que el nivel medio del álbum. Pero afortunadamente no implica que se trate de una mera colección de canciones colocadas secuencialmente: el disco posee una cohesión estilística y sonora muy saludable en sus cuarenta y ocho minutos, a pesar de haberse ido grabando en pequeñas dosis. Y con la suficiente variedad en tempos, atmósferas y estructuras para que cada canción tenga su personalidad propia.
"Even the echoes", el tema que lo abre, no es curiosamente ni de los que han ido viendo la luz en formato sencillo estos años, ni uno de sus mejores momentos: más atmosférico que rítmico, su melodía es quizá demasiado pop, y los "pájaros electrónicos" que la adornan en su mayor parte un tanto cansinos. Afortunadamente en seguida da paso a "Heartbreak hi", quinto sencillo (aunque vio originalmente la luz en 2012) y tal vez el estribillo más redondo de todo el álbum. Bien es cierto que son tres minutos justos, que una parte no desdeñable del mismo se va en su gradual comienzo, que las estrofas son cortas y de melodía sencilla (aunque con una progresión armónica razonablemente elaborada), pero el contraste entre la negatividad de la letra y la luminosidad de la música en su estribillo es absolutamente infalible. Le sigue "Shiver", el segundo sencillo de su carrera, quizá con un estribillo menos rompedor pero superior en términos globales a la anterior: el precioso synclavier que sostiene el comienzo y las estrofas se conjuga perfectamente con la voz de Alice, que demuestra de lo que es capaz en un estribillo que acaba muy alto en la escala. Aunque Jack no se queda corto luciéndose en el tramo final instrumental con su Novation launchpad.
"We are", remezclada respecto a la versión del álbum al ser extraída como séptimo sencillo es, sin ser el mejor momento del álbum (en mi opinión las estrofas pierden demasiada fuerza respecto a su certero estribillo), otro tratado de Jack a la hora de instrumentar en 2017 otra elaborada melodía pop. "When you go" es el primer tema claramente lento del álbum. Y aunque en estos tempos no se desenvuelven con la emotividad de por ejemplo Claire, sí que suplen esta carencia con otra excelente interpretación de Alice y la capacidad para armonizar instrumentos de Jack. "Hold on", sexto corte y el tema con el que se dieron a conocer, es todavía mi favorito de la banda: ese bajo sintetizado a lo electroclash cuyo volumen va subiendo para dar paso a unas estrofas formidables, por elegancia y por cómo los sintetizadores se entrecruzan para resaltar los acordes menores, hasta desembocar en un estribillo que encaja con una naturalidad pasmosa. Sin olvidar cómo Jack sigue añadiendo más instrumentos para enriquecer cada repetición, o ese intervalo instrumental en el que cambian el ritmo a cuaternario, acentuando el dramatismo.
"The answer" es otro buen tema que puede recordar a las Client más pop, por su ambientación oscura y la rabia contenida que encierra su estribillo. Pero es más rica instrumentalmente que lo habitual en sus paisanas, aunque la batería electrónica un tanto simple le resta algún punto. "Resonate", octavo corte y cuarto sencillo, es un tema correcto a la vez su mayor apuesta por una balada "clásica" y relativamente dulce, si bien el sintetizador distorsionado que lleva la progresión armónica y los otros muchos que la van adornando le niegan ese clasicismo. "All of time" fue el tercer sencillo de su carrera y también mi otro tema favorito del álbum: el único con un bombo marcado que lo orienta más claramente a la pista de baile a pesar de su letra melancólica, empieza directamente con la parte vocal y una instrumentación más austera de lo habitual, pero Jack termina por desplegar todo su arsenal en un maravilloso estribillo que puede recordar a los momentos más sintéticos de Kate Bush. Aunque lo mejor del tema surge con un muy elaborado puente sobre el que se van añadiendo instrumentos para enlazarlo de manera magistral con una versión alterada del estribillo sobre la misma progresión armónica.
El tramo final de este excelente álbum no desentona, pero no es lo mejor del mismo. Lo inicia "History", un tema lento y simplemente correcto que se acerca al R&B sintético de esta última década con su ritmo sincopado y su desnudez en las estrofas, complementadas por un estribillo de puro pop excelentemente armonizado. "Close my eyes" acelera el tempo, y con su batería sencilla y su atmósfera tenebrosa puede recordar al principio a Goldfrapp, si bien el estribillo de notas altas y luminosamente pop lo desmiente. El penúltimo corte es una versión de Bon Iver, "Perth", que además vio la luz como sexto sencillo. Y que demuestra el talento del dúo para explotar temas ajenos llevándolos a su terreno, armonizándolos y mejorándolos con sus cualidades vocales e instrumentales. Lástima que el tema original no dé para mucho, y a pesar de la intuición a la hora de ir añadiendo sintetizadores y doblando voces, su versión acabe repitiendo más de lo deseable eso de "Still alive for you love" (si de verdad quieren escuchar lo que dan de sí Avec Sans versionando, busquen en Youtube su maravillosa interpretación de "Will do", de TV on The Radio). Y el cierre lo pone "Mistakes", que como cabe esperar es otro tema lento (por cierto mi favorito de entre los de tempo más reposado), ahora sí con la sensibilidad más a flor de piel en las estrofas, unos sintetizadores juguetones a lo Andy Barlow (Lamb), y la sorpresa final del ritmo casi bailable para rematar.
La riqueza, el dinamismo, la sensibilidad e incluso el alma de "Heartbreak hi" permite disfrutarlo cada vez mas en sucesivas escuchas. Aunque lo que más sorprende del mismo, más allá de su calidad, es la madurez que destila: cuesta admitir que se trata de un álbum de debut. En un mundo ideal habría sido uno de los álbumes del año para crítica y público. Por mi parte sólo espero que le den continuidad alguna vez, aunque han puesto el listón muy alto.
Lo más relevante de este "Heartbreak hi" es que nada menos que siete de sus trece temas han ido viendo la luz en formato sencillo/videoclip a lo largo de estos cuatro años, el último, "We are" (por cierto el tema con el que los descubrí), hace tres meses). Ello asegura que el nivel medio del álbum. Pero afortunadamente no implica que se trate de una mera colección de canciones colocadas secuencialmente: el disco posee una cohesión estilística y sonora muy saludable en sus cuarenta y ocho minutos, a pesar de haberse ido grabando en pequeñas dosis. Y con la suficiente variedad en tempos, atmósferas y estructuras para que cada canción tenga su personalidad propia.
"Even the echoes", el tema que lo abre, no es curiosamente ni de los que han ido viendo la luz en formato sencillo estos años, ni uno de sus mejores momentos: más atmosférico que rítmico, su melodía es quizá demasiado pop, y los "pájaros electrónicos" que la adornan en su mayor parte un tanto cansinos. Afortunadamente en seguida da paso a "Heartbreak hi", quinto sencillo (aunque vio originalmente la luz en 2012) y tal vez el estribillo más redondo de todo el álbum. Bien es cierto que son tres minutos justos, que una parte no desdeñable del mismo se va en su gradual comienzo, que las estrofas son cortas y de melodía sencilla (aunque con una progresión armónica razonablemente elaborada), pero el contraste entre la negatividad de la letra y la luminosidad de la música en su estribillo es absolutamente infalible. Le sigue "Shiver", el segundo sencillo de su carrera, quizá con un estribillo menos rompedor pero superior en términos globales a la anterior: el precioso synclavier que sostiene el comienzo y las estrofas se conjuga perfectamente con la voz de Alice, que demuestra de lo que es capaz en un estribillo que acaba muy alto en la escala. Aunque Jack no se queda corto luciéndose en el tramo final instrumental con su Novation launchpad.
"We are", remezclada respecto a la versión del álbum al ser extraída como séptimo sencillo es, sin ser el mejor momento del álbum (en mi opinión las estrofas pierden demasiada fuerza respecto a su certero estribillo), otro tratado de Jack a la hora de instrumentar en 2017 otra elaborada melodía pop. "When you go" es el primer tema claramente lento del álbum. Y aunque en estos tempos no se desenvuelven con la emotividad de por ejemplo Claire, sí que suplen esta carencia con otra excelente interpretación de Alice y la capacidad para armonizar instrumentos de Jack. "Hold on", sexto corte y el tema con el que se dieron a conocer, es todavía mi favorito de la banda: ese bajo sintetizado a lo electroclash cuyo volumen va subiendo para dar paso a unas estrofas formidables, por elegancia y por cómo los sintetizadores se entrecruzan para resaltar los acordes menores, hasta desembocar en un estribillo que encaja con una naturalidad pasmosa. Sin olvidar cómo Jack sigue añadiendo más instrumentos para enriquecer cada repetición, o ese intervalo instrumental en el que cambian el ritmo a cuaternario, acentuando el dramatismo.
"The answer" es otro buen tema que puede recordar a las Client más pop, por su ambientación oscura y la rabia contenida que encierra su estribillo. Pero es más rica instrumentalmente que lo habitual en sus paisanas, aunque la batería electrónica un tanto simple le resta algún punto. "Resonate", octavo corte y cuarto sencillo, es un tema correcto a la vez su mayor apuesta por una balada "clásica" y relativamente dulce, si bien el sintetizador distorsionado que lleva la progresión armónica y los otros muchos que la van adornando le niegan ese clasicismo. "All of time" fue el tercer sencillo de su carrera y también mi otro tema favorito del álbum: el único con un bombo marcado que lo orienta más claramente a la pista de baile a pesar de su letra melancólica, empieza directamente con la parte vocal y una instrumentación más austera de lo habitual, pero Jack termina por desplegar todo su arsenal en un maravilloso estribillo que puede recordar a los momentos más sintéticos de Kate Bush. Aunque lo mejor del tema surge con un muy elaborado puente sobre el que se van añadiendo instrumentos para enlazarlo de manera magistral con una versión alterada del estribillo sobre la misma progresión armónica.
El tramo final de este excelente álbum no desentona, pero no es lo mejor del mismo. Lo inicia "History", un tema lento y simplemente correcto que se acerca al R&B sintético de esta última década con su ritmo sincopado y su desnudez en las estrofas, complementadas por un estribillo de puro pop excelentemente armonizado. "Close my eyes" acelera el tempo, y con su batería sencilla y su atmósfera tenebrosa puede recordar al principio a Goldfrapp, si bien el estribillo de notas altas y luminosamente pop lo desmiente. El penúltimo corte es una versión de Bon Iver, "Perth", que además vio la luz como sexto sencillo. Y que demuestra el talento del dúo para explotar temas ajenos llevándolos a su terreno, armonizándolos y mejorándolos con sus cualidades vocales e instrumentales. Lástima que el tema original no dé para mucho, y a pesar de la intuición a la hora de ir añadiendo sintetizadores y doblando voces, su versión acabe repitiendo más de lo deseable eso de "Still alive for you love" (si de verdad quieren escuchar lo que dan de sí Avec Sans versionando, busquen en Youtube su maravillosa interpretación de "Will do", de TV on The Radio). Y el cierre lo pone "Mistakes", que como cabe esperar es otro tema lento (por cierto mi favorito de entre los de tempo más reposado), ahora sí con la sensibilidad más a flor de piel en las estrofas, unos sintetizadores juguetones a lo Andy Barlow (Lamb), y la sorpresa final del ritmo casi bailable para rematar.
La riqueza, el dinamismo, la sensibilidad e incluso el alma de "Heartbreak hi" permite disfrutarlo cada vez mas en sucesivas escuchas. Aunque lo que más sorprende del mismo, más allá de su calidad, es la madurez que destila: cuesta admitir que se trata de un álbum de debut. En un mundo ideal habría sido uno de los álbumes del año para crítica y público. Por mi parte sólo espero que le den continuidad alguna vez, aunque han puesto el listón muy alto.
domingo, 28 de mayo de 2017
Joe Goddard - "Electric lines" (2017)
Uno de los discos inesperados de 2017 ha sido el de Joe Goddard, compositor, teclista y vocalista ocasional de los a veces brillantes, a veces desconcertantes Hot Chip. Tras más de quince años teniendo al sexteto británico de dance-pop como principal ocupación, finalmente Goddard se ha decidido a dar una continuación a su tímido álbum de debut en solitario, ese "Harvest Festival" que pasó tan desapercibido en 2009. Este "Electric lines" responde para lo bueno y para lo malo a algunos de los clichés que se les suponen a los álbumes de miembros de bandas que no son sus líderes: vocalistas diversos, estilos alejados unos de otros, altibajos de inspiración, una mayor vocación experimental... Pero afortunadamente todo ello se complementa con una notable dosis de talento (probablemente derivado de la tranquilidad a la hora de ir reuniendo temas para este proyecto, sin urgencia en publicarlos). Con lo cual el resultado, sin ser un álbum completamente redondo, sí que es uno de los más interesantes que he tenido la oportunidad de escuchar en lo que llevamos de año. Y me atrevo a decir que por variedad e inspiración supera no ya a su debut, sino a cualquiera de los seis publicados por Hot Chip. Con lo que la viabilidad de este proyecto paralelo de Goddard está más que justificada.
"Electric lines" es un álbum largo (supera la hora de duración en sus trece cortes), con temas en su mayoría desarrollados sin prisa, que en cada escucha permite descubrir nuevos detalles. Y que se abre con uno de sus mejores momentos: "Ordinary madness" es uno de los dos temas en la que británica Jess MIlls (alias SLO) se encarga con acierto de la parte vocal. Y que aunque arranca con un ritmo sincopado alejado de la contundencia binaria que podría esperarse, pronto adquiere un barniz pop con su preciosa melodía en las estrofas y sus arabescos de sintetizadores, que culminan en un estribillo irresistible, con una guitarra eléctrica que la hace ahora sí apta para el baile. Y con una parte nueva elaborada que encaja perfectamente con todo el conjunto, que desemboca en un tramo instrumental en el que Goddard se nota que disfruta. Le sigue "Lose your love", para mí no muy acertadamente escogida como primer sencillo. Porque aunque era de esperar que la vocación de DJ de Goddard salga a la luz sampleando el "I Don’t Wanna Lose Your Love", una cara B de The Emotions de 1976, su funky y sus coros en falsete no terminan de encajar del todo con el auto-tune y el loop sintetizado que vertebran la canción. Aparte de que la progresión armónica es todo el tiempo los mismos cuatro acordes, que se prolongan más de lo deseable. Algo parecido aunque con un resultado algo mejor le sucede a "Home", tercer sencillo, otro tema construido sobre un sampling ("We’re On Our Way Home" de 1978 a cargo de Brainstorm), cuyo comienzo disco sobre un piano setentero no casa bien con las estrofas de synthpop melancólico que le suceden. Para desembocar además en un estribillo que vuelve a ser otro sampling del mismo tema, y sobre el que el bombo que añade Goddard y su melodía paralela en falsete luchan como pueden por abrirse paso. Si a ello le añadimos que el cuarto corte, "Lasers", es una petardada instrumental de ritmo binario ramplón sobre el que efectivamente campan a sus anchas sonidos de láseres durante casi cinco inacabables minutos, probablemente piensen que me he equivocado al dedicarle una entrada a este disco.
Pero a partir de este punto el álbum, aunque sigue un tanto disperso, gana muchos enteros. "Human heart" es prácticamente una balada, construida eso si sobre un bombo marcado y una bonita progresión armónica que marca un piano electrónico (ahora sí, con varias partes bien enlazadas), que tarda casi minuto y medio en arrancar con su sensible melodía y otro minuto y medio más hasta que entra la caja, coincidiendo con un sintético e interesante intervalo instrumental, y que remata abusando del auto-tune, a lo Daft Punk. "Children" es el tema más largo del álbum: siete minutos (probablemente demasiados, aunque Goddard intenta que sucedan cosas a lo largo de toda su extensión) de techno espacial que nos retrotrae a los noventa con su superposición de sintetizadores y sus reminiscencias a Robert Miles (incluyendo el título) a partir de una progresión armónica inmutable. "Truth is light" es un medio tiempo sintético que nos recuerda a los que a veces entregaban Leftfield, por su introspección y su melodía suave arropada por arabescos de sintetizadores, aunque con la originalidad de una letra que es casi una oda a la luz. Y "Nothing moves", el octavo corte, se aproxima al trip-hop gracias a ese ritmo arrastrado, aunque progresión armónica y melodía la acercan al pop clásico, y los intervalos instrumentales a los que a menudo introduce Vince Clarke en sus canciones.
Tras estos dos temas de nivel correcto pero no espectaculares nos encontramos con la canción más claramente "Hot Chip" del álbum: "Electric lines", que también da título al álbum. En primer lugar porque Goddard recluta a Alexis Taylor, vocalista y compositor principal junto a él mismo de la banda británica. Y en segundo lugar por el resultado: un comienzo estimulante, que va entrando poco a poco, y que da pie a una letra fantástica en la que Taylor crea una analogía entre cómo las personas van cambiando como si fueran componente electrónicos que se actualizan conscientemente. Pero también una melodía exasperantemente simple (los dos mismos versos repetidos una y otra vez, hasta que por fin llega un estribillo... de un solo verso), y una obvia falta de recursos para hacer crecer el tema hasta donde prometía. Afortudamente justo a continuación irrumpe la joya del álbum: "Music is the answer", tercer sencillo y segunda colaboración con la vocalista SLO, que en realidad es una versión de la para mí desconocida Celeda. Otro tema de techno-pop intimista, con una percusión electrónica original, una melodía preciosa que evoluciona con inteligencia en cada una de sus partes y que defiende la música como solución a todos los males, y un estribillo con un cambio de tonalidad fantástico, que Goddard convierte en bailable con una naturalidad pasmosa. Aunque lo mejor es el intervalo instrumental tras el primer estribillo, donde Goddard explota al máximo su talento para adornar con pequeños fraseos vocales unas armonías de sintetizadores que recuerdan a Pet Shop Boys.
Tras esta maravilla de synth-pop el disco da un nuevo giro con "Funk you up", algo así como una recreación de los temas que pobablan el "Exit planet dust" de "The Chemical Brothers", con la misma propuesta monocorde aderazada con sintetizadores infecciosos y un ruidismo contagioso. Que no pasará a la historia pero resulta digna en sus tres minutos justos. "Bumps" es el penúltimo corte del álbum y una especie de homenaje a los Orbital más clásicos con su bombo marcado, su tempo que tan pronto sube como baja, sus cajas de música sintetizadas y su continuo esfuerzo por hacer evolucionar el tema. Y el álbum se cierra de manera desafortunada con una versión alargada (¡casi ocho minutos!) de "Lose your love", que como ya he explicado es en mi opinión uno de los momentos menos inspirados del disco, y que en versión extendida simplemente abunda en sus defectos.
Al terminar la escucha queda claro que el afán de Goddard por no dejarse de lado ninguno de sus géneros musicales de referencia ha primado sobre la elaboración de un álbum que reúna sólo aquellos en los que se desenvuelve mejor. Y además ha optado por elegir mayoritariamente sencillos que quizá sean los que más relevancia le vayan a otorga en la crítica especializada, pero que no son lo más representativo de su contenido, y su resultado es cuestionable. Pero también es cierto que sólo hay un tema que realmente sea de relleno, y que quitando aquellos en los que el sampling es el eje principal, el resto se mueve entre lo correcto y lo realmente inspirado, y sin sonar demasiado cercano a su banda de referencia. Así que el balance general es claramente favorable para todo el que guste del dance-pop en sentido amplio. Habrá que ver si alguna vez este "Electric lines" recibe una continuación, y si en ese caso volverá a predominar lo heterogéneo sobre lo inspirado.
"Electric lines" es un álbum largo (supera la hora de duración en sus trece cortes), con temas en su mayoría desarrollados sin prisa, que en cada escucha permite descubrir nuevos detalles. Y que se abre con uno de sus mejores momentos: "Ordinary madness" es uno de los dos temas en la que británica Jess MIlls (alias SLO) se encarga con acierto de la parte vocal. Y que aunque arranca con un ritmo sincopado alejado de la contundencia binaria que podría esperarse, pronto adquiere un barniz pop con su preciosa melodía en las estrofas y sus arabescos de sintetizadores, que culminan en un estribillo irresistible, con una guitarra eléctrica que la hace ahora sí apta para el baile. Y con una parte nueva elaborada que encaja perfectamente con todo el conjunto, que desemboca en un tramo instrumental en el que Goddard se nota que disfruta. Le sigue "Lose your love", para mí no muy acertadamente escogida como primer sencillo. Porque aunque era de esperar que la vocación de DJ de Goddard salga a la luz sampleando el "I Don’t Wanna Lose Your Love", una cara B de The Emotions de 1976, su funky y sus coros en falsete no terminan de encajar del todo con el auto-tune y el loop sintetizado que vertebran la canción. Aparte de que la progresión armónica es todo el tiempo los mismos cuatro acordes, que se prolongan más de lo deseable. Algo parecido aunque con un resultado algo mejor le sucede a "Home", tercer sencillo, otro tema construido sobre un sampling ("We’re On Our Way Home" de 1978 a cargo de Brainstorm), cuyo comienzo disco sobre un piano setentero no casa bien con las estrofas de synthpop melancólico que le suceden. Para desembocar además en un estribillo que vuelve a ser otro sampling del mismo tema, y sobre el que el bombo que añade Goddard y su melodía paralela en falsete luchan como pueden por abrirse paso. Si a ello le añadimos que el cuarto corte, "Lasers", es una petardada instrumental de ritmo binario ramplón sobre el que efectivamente campan a sus anchas sonidos de láseres durante casi cinco inacabables minutos, probablemente piensen que me he equivocado al dedicarle una entrada a este disco.
Pero a partir de este punto el álbum, aunque sigue un tanto disperso, gana muchos enteros. "Human heart" es prácticamente una balada, construida eso si sobre un bombo marcado y una bonita progresión armónica que marca un piano electrónico (ahora sí, con varias partes bien enlazadas), que tarda casi minuto y medio en arrancar con su sensible melodía y otro minuto y medio más hasta que entra la caja, coincidiendo con un sintético e interesante intervalo instrumental, y que remata abusando del auto-tune, a lo Daft Punk. "Children" es el tema más largo del álbum: siete minutos (probablemente demasiados, aunque Goddard intenta que sucedan cosas a lo largo de toda su extensión) de techno espacial que nos retrotrae a los noventa con su superposición de sintetizadores y sus reminiscencias a Robert Miles (incluyendo el título) a partir de una progresión armónica inmutable. "Truth is light" es un medio tiempo sintético que nos recuerda a los que a veces entregaban Leftfield, por su introspección y su melodía suave arropada por arabescos de sintetizadores, aunque con la originalidad de una letra que es casi una oda a la luz. Y "Nothing moves", el octavo corte, se aproxima al trip-hop gracias a ese ritmo arrastrado, aunque progresión armónica y melodía la acercan al pop clásico, y los intervalos instrumentales a los que a menudo introduce Vince Clarke en sus canciones.
Tras estos dos temas de nivel correcto pero no espectaculares nos encontramos con la canción más claramente "Hot Chip" del álbum: "Electric lines", que también da título al álbum. En primer lugar porque Goddard recluta a Alexis Taylor, vocalista y compositor principal junto a él mismo de la banda británica. Y en segundo lugar por el resultado: un comienzo estimulante, que va entrando poco a poco, y que da pie a una letra fantástica en la que Taylor crea una analogía entre cómo las personas van cambiando como si fueran componente electrónicos que se actualizan conscientemente. Pero también una melodía exasperantemente simple (los dos mismos versos repetidos una y otra vez, hasta que por fin llega un estribillo... de un solo verso), y una obvia falta de recursos para hacer crecer el tema hasta donde prometía. Afortudamente justo a continuación irrumpe la joya del álbum: "Music is the answer", tercer sencillo y segunda colaboración con la vocalista SLO, que en realidad es una versión de la para mí desconocida Celeda. Otro tema de techno-pop intimista, con una percusión electrónica original, una melodía preciosa que evoluciona con inteligencia en cada una de sus partes y que defiende la música como solución a todos los males, y un estribillo con un cambio de tonalidad fantástico, que Goddard convierte en bailable con una naturalidad pasmosa. Aunque lo mejor es el intervalo instrumental tras el primer estribillo, donde Goddard explota al máximo su talento para adornar con pequeños fraseos vocales unas armonías de sintetizadores que recuerdan a Pet Shop Boys.
Tras esta maravilla de synth-pop el disco da un nuevo giro con "Funk you up", algo así como una recreación de los temas que pobablan el "Exit planet dust" de "The Chemical Brothers", con la misma propuesta monocorde aderazada con sintetizadores infecciosos y un ruidismo contagioso. Que no pasará a la historia pero resulta digna en sus tres minutos justos. "Bumps" es el penúltimo corte del álbum y una especie de homenaje a los Orbital más clásicos con su bombo marcado, su tempo que tan pronto sube como baja, sus cajas de música sintetizadas y su continuo esfuerzo por hacer evolucionar el tema. Y el álbum se cierra de manera desafortunada con una versión alargada (¡casi ocho minutos!) de "Lose your love", que como ya he explicado es en mi opinión uno de los momentos menos inspirados del disco, y que en versión extendida simplemente abunda en sus defectos.
Al terminar la escucha queda claro que el afán de Goddard por no dejarse de lado ninguno de sus géneros musicales de referencia ha primado sobre la elaboración de un álbum que reúna sólo aquellos en los que se desenvuelve mejor. Y además ha optado por elegir mayoritariamente sencillos que quizá sean los que más relevancia le vayan a otorga en la crítica especializada, pero que no son lo más representativo de su contenido, y su resultado es cuestionable. Pero también es cierto que sólo hay un tema que realmente sea de relleno, y que quitando aquellos en los que el sampling es el eje principal, el resto se mueve entre lo correcto y lo realmente inspirado, y sin sonar demasiado cercano a su banda de referencia. Así que el balance general es claramente favorable para todo el que guste del dance-pop en sentido amplio. Habrá que ver si alguna vez este "Electric lines" recibe una continuación, y si en ese caso volverá a predominar lo heterogéneo sobre lo inspirado.
sábado, 6 de mayo de 2017
Claire: "Tidal" (2017)
Para mí uno de los álbumes que más expectación despertaba en 2017 era el retorno de los alemanes Claire. Que pasa por ser una de las debilidades de este humilde blog desde que descubrí y reseñé "The great escape", su meritorio álbum de debut allá por 2013. Desde entonces el quinteto alemán ha alargado el momento de entregar el temido segundo álbum durante cuatro largos años, si bien es cierto que hicieron la espera más llevadera con "Raseiniai", su EP de finales de 2015 que incidía en muchas de las virtudes de su debut a la vez que expandía su propuesta, y que también reseñé en este mismo blog. Pero no ha sido hasta hace unas pocas semanas que ha visto la luz este "Tidal", que ya adelanto los confirma como uno de las bandas de mayor calidad del momento. Aunque hay algunas sombras que hacen que el álbum no sea todo lo redondo que podría haber sido.
El álbum muestra al quintento más seguro de sus posibilidades instrumentales, y prácticamente todos los temas son explotados al máximo, con duraciones que por tanto suelen ser altas. Al mismo tiempo evitan caer en la tentación de sobreproducir las canciones, empleando siempre el número justo de instrumentos para no sólo poder apreciarlos mejor individualmente, sino también aumentar la sensación de interpretación en directo al escucharlos. Ambos aciertos son decisivos para ensalzar unas composiciones en su mayoría inspiradas, con un menor peso de los medios tiempos que en anteriores entregas, y con los guiños suficientes a los sonidos más de moda para alejar los fantasmas de otras décadas. Aderezados además por la voz de Claire Buerkle, que ha crecido desde su debut para saber emocionar en cada perla del pop atemporal de la banda pese a su aparente gelidez germánica.
Una buena muestra de todo ello es "Friendly fire", el primer sencillo y tema con el que se abre el álbum: un tema rápido, directo, al principio casi espartano, una composición elaborada y con partes claramente diferenciadas que saben enlazar perfectamente con su estribillo clásico y disfrutable. Aunque quizá quede un escalón inferior de "Broken promised land" (el tema que abría su álbum de debut y el sencillo que les dio a conocer al gran público), lo cual siempre es peligroso a la hora de defender el siempre decisivo segundo álbum. Las sombras a las que me refería antes comienzan con "End up here", el segundo corte. No porque se trate de una mala composición o desentone con el estilo del álbum (de hecho es una buena composición, la instrumentación está muy conseguida dentro de su contención y el tono es relativamente luminoso), sino porque después de un comienzo tan rápido es una bajada de tempo brusca, y hace que el melómano se cuestione si el ritmo elevado de su sencilo de presentación es sólo un espejismo. Y la pregunta parece tener respuesta afirmativa, porque "No way to save it", siguiente corte, es incluso más lenta y se encuadra claramente dentro de los parámetros de una balada clásica. Eso sí, es una composición muy bonita, con otra gran instrumentación (especialmente en el colchón de sintetizadores en crescendo con el que envuelven la voz de Claire en el estribillo y en la sobredosis de percusiones distorsionadas a mitad del tema), y en otro punto del álbum habría resplandecido.
Pero es que "Two steps back", el cuarto corte, vuelve a ser otro tema lento, inclinando en apariencia la balanza hacia un álbum muy pausado, casi "de madurez", en innegable contraste con su comienzo. Aunque se trata de otra excelente canción, con un estribillo de una frialdad emocionante y unos intervalos instrumentales presididos por un sintetizador que podría haber firmado Tygo. Y justo cuando ya nos disponemos a tumbarnos en el salón de nuestra casa para adaptarnos a la propuesta surgen el teclado rápido y el bombo que marcan el ritmo binario de "Say it" y nos vuelven a desconcertar. Aunque se trata de otro momento recomendable, sobre otra progresión armónica inspirada y bien desarrollada, en el que destaca la manera como mezclan los samplings, el bajo sintetizado, el sintetizador principal y la percusión después de cada estribillo. Y el descoloque es completo cuando, sin apenas preludio, Claire empieza a entonar la melodía de "Burn", otro tema de tempo alto, bailable, y probablemente mi favorito de todo el álbum: una excelente progresión armónica rematada por una melodía que no le va a la zaga, un equilibrio certero entre los distintos instrumentos y guiños contemporáneos como el crescendo antes del segundo estribillo o el gélido e inesperadamente largo interludio instrumental.
Tras dos temas tan trepidantes sí tiene sentido situar un medio tiempo de percusión marcada ("Masquerade"), aunque éste sorprenda por el predominio de las guitarras y su coqueteo con el funky, y acabe resultando uno de los momentos menos brillantes del álbum. La magia regresa con "Drowning", otra gran canción, que comienza como una balada en la que el silencio es casi tan esencial como la música, y va creciendo hasta convertirse en el primer estribillo en otro tema bailable que no renuncia a situar la guitarra eléctrica en primer plano, ni a la emocionante intepretación de Claire. "Back to shore" regresa, muchos temas después, al tempo pausado y las atmósferas evocadoras, recordando mucho a algunas de las composiciones de su álbum de debut, aunque con una mayor vocación experimental. "Treading water" recupera el mejor tono de "Tidal" con otra demostración de cómo armonizar la emotividad de las baladas con la contudencia de los ritmos bailables, los efectos electrónicos con la voz tan personal de Claire, y al tiempo disfrutar interpretando cada compás, hasta llegar a la brillante coda final. "The crash" es el ejercicio de nostalgia más evidente, algo así como una reivindicación del house de finales de los ochenta, edulcorado por unos coros infantiles que no terminan de encajar en el tema probablemente más prescindible del disco (y quizá por eso, también el más corto). Un disco que se cierra con "Come close", un baladón ubicado ahora sí en un momento lógico, sobrecogedor por su melancolía y su parquedad instrumental, que evoluciona con una naturalidad difícilmente explicable hacia el ritmo marcial y el loop de sintetizador de su tramo final.
Con lo que tras muchas escuchas lo que queda de este elaborado "Tidal" es que, si bien estamos seguramente ante uno de los mejores álbumes de la temporada, podría haber sido aún mejor distribuyendo con más lógica sus doce temas. Y quizá también eliminando uno o dos que bajan un poco el nivel, dejando por ejemplo diez pero verdaderamente meritorios. En todo caso, el álbum consolida a Claire como una de las mejores bandas del panorama contemporáneo: algo así como la versión mejorada de The XX, aunque sin el extra de relevancia a nivel de crítica y ventas que siempre supone provenir de un país anglosajón. Sólo confío en que esta indiferencia hacia su talento no les perjudique en el futuro, porque con una visibilidad adecuada creo que sería una banda de tirón a nivel internacional, y quizá sea eso a lo que aspiren. Así que espero que esta entrada pueda aportar un granito de arena en esa dirección.
El álbum muestra al quintento más seguro de sus posibilidades instrumentales, y prácticamente todos los temas son explotados al máximo, con duraciones que por tanto suelen ser altas. Al mismo tiempo evitan caer en la tentación de sobreproducir las canciones, empleando siempre el número justo de instrumentos para no sólo poder apreciarlos mejor individualmente, sino también aumentar la sensación de interpretación en directo al escucharlos. Ambos aciertos son decisivos para ensalzar unas composiciones en su mayoría inspiradas, con un menor peso de los medios tiempos que en anteriores entregas, y con los guiños suficientes a los sonidos más de moda para alejar los fantasmas de otras décadas. Aderezados además por la voz de Claire Buerkle, que ha crecido desde su debut para saber emocionar en cada perla del pop atemporal de la banda pese a su aparente gelidez germánica.
Una buena muestra de todo ello es "Friendly fire", el primer sencillo y tema con el que se abre el álbum: un tema rápido, directo, al principio casi espartano, una composición elaborada y con partes claramente diferenciadas que saben enlazar perfectamente con su estribillo clásico y disfrutable. Aunque quizá quede un escalón inferior de "Broken promised land" (el tema que abría su álbum de debut y el sencillo que les dio a conocer al gran público), lo cual siempre es peligroso a la hora de defender el siempre decisivo segundo álbum. Las sombras a las que me refería antes comienzan con "End up here", el segundo corte. No porque se trate de una mala composición o desentone con el estilo del álbum (de hecho es una buena composición, la instrumentación está muy conseguida dentro de su contención y el tono es relativamente luminoso), sino porque después de un comienzo tan rápido es una bajada de tempo brusca, y hace que el melómano se cuestione si el ritmo elevado de su sencilo de presentación es sólo un espejismo. Y la pregunta parece tener respuesta afirmativa, porque "No way to save it", siguiente corte, es incluso más lenta y se encuadra claramente dentro de los parámetros de una balada clásica. Eso sí, es una composición muy bonita, con otra gran instrumentación (especialmente en el colchón de sintetizadores en crescendo con el que envuelven la voz de Claire en el estribillo y en la sobredosis de percusiones distorsionadas a mitad del tema), y en otro punto del álbum habría resplandecido.
Pero es que "Two steps back", el cuarto corte, vuelve a ser otro tema lento, inclinando en apariencia la balanza hacia un álbum muy pausado, casi "de madurez", en innegable contraste con su comienzo. Aunque se trata de otra excelente canción, con un estribillo de una frialdad emocionante y unos intervalos instrumentales presididos por un sintetizador que podría haber firmado Tygo. Y justo cuando ya nos disponemos a tumbarnos en el salón de nuestra casa para adaptarnos a la propuesta surgen el teclado rápido y el bombo que marcan el ritmo binario de "Say it" y nos vuelven a desconcertar. Aunque se trata de otro momento recomendable, sobre otra progresión armónica inspirada y bien desarrollada, en el que destaca la manera como mezclan los samplings, el bajo sintetizado, el sintetizador principal y la percusión después de cada estribillo. Y el descoloque es completo cuando, sin apenas preludio, Claire empieza a entonar la melodía de "Burn", otro tema de tempo alto, bailable, y probablemente mi favorito de todo el álbum: una excelente progresión armónica rematada por una melodía que no le va a la zaga, un equilibrio certero entre los distintos instrumentos y guiños contemporáneos como el crescendo antes del segundo estribillo o el gélido e inesperadamente largo interludio instrumental.
Tras dos temas tan trepidantes sí tiene sentido situar un medio tiempo de percusión marcada ("Masquerade"), aunque éste sorprenda por el predominio de las guitarras y su coqueteo con el funky, y acabe resultando uno de los momentos menos brillantes del álbum. La magia regresa con "Drowning", otra gran canción, que comienza como una balada en la que el silencio es casi tan esencial como la música, y va creciendo hasta convertirse en el primer estribillo en otro tema bailable que no renuncia a situar la guitarra eléctrica en primer plano, ni a la emocionante intepretación de Claire. "Back to shore" regresa, muchos temas después, al tempo pausado y las atmósferas evocadoras, recordando mucho a algunas de las composiciones de su álbum de debut, aunque con una mayor vocación experimental. "Treading water" recupera el mejor tono de "Tidal" con otra demostración de cómo armonizar la emotividad de las baladas con la contudencia de los ritmos bailables, los efectos electrónicos con la voz tan personal de Claire, y al tiempo disfrutar interpretando cada compás, hasta llegar a la brillante coda final. "The crash" es el ejercicio de nostalgia más evidente, algo así como una reivindicación del house de finales de los ochenta, edulcorado por unos coros infantiles que no terminan de encajar en el tema probablemente más prescindible del disco (y quizá por eso, también el más corto). Un disco que se cierra con "Come close", un baladón ubicado ahora sí en un momento lógico, sobrecogedor por su melancolía y su parquedad instrumental, que evoluciona con una naturalidad difícilmente explicable hacia el ritmo marcial y el loop de sintetizador de su tramo final.
Con lo que tras muchas escuchas lo que queda de este elaborado "Tidal" es que, si bien estamos seguramente ante uno de los mejores álbumes de la temporada, podría haber sido aún mejor distribuyendo con más lógica sus doce temas. Y quizá también eliminando uno o dos que bajan un poco el nivel, dejando por ejemplo diez pero verdaderamente meritorios. En todo caso, el álbum consolida a Claire como una de las mejores bandas del panorama contemporáneo: algo así como la versión mejorada de The XX, aunque sin el extra de relevancia a nivel de crítica y ventas que siempre supone provenir de un país anglosajón. Sólo confío en que esta indiferencia hacia su talento no les perjudique en el futuro, porque con una visibilidad adecuada creo que sería una banda de tirón a nivel internacional, y quizá sea eso a lo que aspiren. Así que espero que esta entrada pueda aportar un granito de arena en esa dirección.
jueves, 13 de abril de 2017
Carla: "Night thoughts" (2016)
Habitualmente cada año suelo, allá por el mes de marzo, echar la vista atrás para revisar en una entrada lo que nos haya deparado el panorama musical en España durante los doce meses precedentes. Pero me he dado cuenta de que ese vistazo cada vez era más parecido en los últimos años, pues ni a nivel creativo ni comercial percibo signos claros de cambio a mejor, así que este 2017 he preferido no repetirme. Afortunadamente, ese ejercicio de revisión me ha permitido localizar la excepción que confirma la regla. Y es que después de casi tres años voy a reseñar un álbum publicado en nuestro país, porque considero que tiene la calidad y la contemporaneidad suficiente para tener un hueco en este humilde blog. Se trata de "Night thoughts", de Carla (no confundir con el álbum continuista del mismo título que publicaron los británicos Suede en 2016). Carla es en realidad un dúo formado por Carla y Toni Serrat, hermanos de la también artista Joana Serrat. Un álbum que como digo vio la luz en 2016, pero en un ámbito bastante minoritario, por lo que no ha sido hasta hace unas semanas que ha caído en mis manos.
"Night thoughts" es un álbum relativamente corto (treinta y ocho minutos), que consta de once temas (los diez que figuran en la contraportada más uno oculto al final) de propuesta muy homogénea. En esencia es un álbum de pop contemporáneo, con un toque electrónico, continuas orfebrerías rítmicas, letras sensoriales y una saludable valentía experimental. Como ven, un álbum muy alejado de lo que suele ser habitual en nuestro país. Carla Serrat no posee una voz potente, pero sí modula muy bien para complementar la atmósfera de los temas (casi podríamos hablar de interpretaciones soul-pop). Además, para reforzar la experiencia de su música, las letras hablan sobre todo de la interacción entre nuestros sentidos y la naturaleza (hasta dos títulos utilizan la palabra "Forest"), empleando para ello un inglés razonablemente bien pronunciado. Y la instrumentación guarda un saludable término medio entre lo espartano y lo sobreproducido. Puestos a buscarle defectos, e echa de menos algo más de estructuración en algunos temas, que pudiera acercar al dúo a una mayor repercusión, y al menos un tema de bandera que tire del resto del álbum. Y probablemente le sobre homogeneidad, pues cuesta muchas escuchas distinguir claramente unos tema de otros.
Un buen ejemplo de estas virtudes y defectos es "No sun", la canción que abre el álbum: evocadora, sensitiva, pero también demasiado corta, casi a medio terminar. "The sea takes me", segundo corte, con una progresión armónica más definida y una estructura más clara entre su colchón de sintetizadores envolventes, supone una mejora incuestionable respecto al anterior, aunque el cambio de ritmo a mitad del tema (doblando los bpms) es el típico arabesco que gusta a la crítica pero le aleja del público masivo. Aún más recomendable resulta "In the forest", uno de los momentos álgidos del álbum, con sus acordes menores bien marcados desde el comienzo, su melodía más definida y su atmósfera de atardecer, sabiamente resaltada por esa elaborada batería que va y viene. El siguiente corte "Our time" es otra buena composición aunque quizá algo falta de personalidad: construida con unos mimbres muy similares a las anteriores, llama la atención un estribillo mucho más claro, y la sorpresa de su coda final.
"Hold dub", con la colaboración de Nuria Graham, empieza con todos los mimbres para ser otro de los mejores momentos del álbum: un tema reposado, envolvente, bien interpretado, pero su estructura simple y demasiado repetitiva (y eso a pesar de que sólo dura tres minutos) le resta puntos. "Turned into" arrima su propuesta a ritmos ligeramente más bailables, con su bajo sintetizado claramente perceptible y su caja de palmada en momentos puntuales, por lo que sin ser de los temas más destacables sí que oxigena el álbum en un momento muy adecuado. El séptimo corte, "Lies", vuelve a los ritmos sincopados deudores del drum&bass, y acentúa su vocación experimental, aunque el estribillo casi indescifrable juega en su contra.
Con "Lucky one" comienza indudablemente el mejor tramo del álbum. Es el tema más claramente electro-pop del disco, y probablemente el más bailable: el infalible bajo sintetizado da pie a la voz de Carla, y tras ella una batería que juega al despiste con su ritmo cuaternario que se convertirá en binario en la segunda estrofa. Un tema que además evoluciona con criterio hasta su adecuada coda final, aunque le falte una instrumentación más elaborada en este último tramo. "Let's burn a forest" es el tema más etéreo, casi una poesía interpretada por un astronauta desde el espacio, con la voz de Carla ensalzada por un precioso teclado en las estrofas, y posiblemente el estribillo más redondo del disco, que además ensalzan en su repetición final otro certero sintetizador y la exhibición final de la batería. Y "Night thoughts", el tema que da título al álbum y teóricamente lo cierra es, en mi opinión, su mejor momento: una mezcla entre el drum&bass de su sección rítmica y el chill-out de su progresión armónica y sus sonidos de la naturaleza, sobre el que Carla repite una melodía sencilla que no es sino una mera excusa para seguir haciendo crecer la canción durante casi tres minutos con una inteligencia poco habitual por estos lares para los pasajes instrumentales. Y encima con la sorpresa de un tema oculto de duración convencional tras un par de minutos, que si bien no es de lo mejor del disco (parece un tema de los Everything But The Girl menos electrónicos), se deja escuchar.
Desconozco si la propuesta musicla de Carla ha sido una aventura de los hermanos Serrat para dar salida a sus inquietudes musicales, o si esperan consolidarla en un futuro con un segundo álbum y un mayor esfuerzo promocional. Espero que sea lo segundo, porque en España estamos huérfanos de este tipo de creatividad, y la necesitamos.
"Night thoughts" es un álbum relativamente corto (treinta y ocho minutos), que consta de once temas (los diez que figuran en la contraportada más uno oculto al final) de propuesta muy homogénea. En esencia es un álbum de pop contemporáneo, con un toque electrónico, continuas orfebrerías rítmicas, letras sensoriales y una saludable valentía experimental. Como ven, un álbum muy alejado de lo que suele ser habitual en nuestro país. Carla Serrat no posee una voz potente, pero sí modula muy bien para complementar la atmósfera de los temas (casi podríamos hablar de interpretaciones soul-pop). Además, para reforzar la experiencia de su música, las letras hablan sobre todo de la interacción entre nuestros sentidos y la naturaleza (hasta dos títulos utilizan la palabra "Forest"), empleando para ello un inglés razonablemente bien pronunciado. Y la instrumentación guarda un saludable término medio entre lo espartano y lo sobreproducido. Puestos a buscarle defectos, e echa de menos algo más de estructuración en algunos temas, que pudiera acercar al dúo a una mayor repercusión, y al menos un tema de bandera que tire del resto del álbum. Y probablemente le sobre homogeneidad, pues cuesta muchas escuchas distinguir claramente unos tema de otros.
Un buen ejemplo de estas virtudes y defectos es "No sun", la canción que abre el álbum: evocadora, sensitiva, pero también demasiado corta, casi a medio terminar. "The sea takes me", segundo corte, con una progresión armónica más definida y una estructura más clara entre su colchón de sintetizadores envolventes, supone una mejora incuestionable respecto al anterior, aunque el cambio de ritmo a mitad del tema (doblando los bpms) es el típico arabesco que gusta a la crítica pero le aleja del público masivo. Aún más recomendable resulta "In the forest", uno de los momentos álgidos del álbum, con sus acordes menores bien marcados desde el comienzo, su melodía más definida y su atmósfera de atardecer, sabiamente resaltada por esa elaborada batería que va y viene. El siguiente corte "Our time" es otra buena composición aunque quizá algo falta de personalidad: construida con unos mimbres muy similares a las anteriores, llama la atención un estribillo mucho más claro, y la sorpresa de su coda final.
"Hold dub", con la colaboración de Nuria Graham, empieza con todos los mimbres para ser otro de los mejores momentos del álbum: un tema reposado, envolvente, bien interpretado, pero su estructura simple y demasiado repetitiva (y eso a pesar de que sólo dura tres minutos) le resta puntos. "Turned into" arrima su propuesta a ritmos ligeramente más bailables, con su bajo sintetizado claramente perceptible y su caja de palmada en momentos puntuales, por lo que sin ser de los temas más destacables sí que oxigena el álbum en un momento muy adecuado. El séptimo corte, "Lies", vuelve a los ritmos sincopados deudores del drum&bass, y acentúa su vocación experimental, aunque el estribillo casi indescifrable juega en su contra.
Con "Lucky one" comienza indudablemente el mejor tramo del álbum. Es el tema más claramente electro-pop del disco, y probablemente el más bailable: el infalible bajo sintetizado da pie a la voz de Carla, y tras ella una batería que juega al despiste con su ritmo cuaternario que se convertirá en binario en la segunda estrofa. Un tema que además evoluciona con criterio hasta su adecuada coda final, aunque le falte una instrumentación más elaborada en este último tramo. "Let's burn a forest" es el tema más etéreo, casi una poesía interpretada por un astronauta desde el espacio, con la voz de Carla ensalzada por un precioso teclado en las estrofas, y posiblemente el estribillo más redondo del disco, que además ensalzan en su repetición final otro certero sintetizador y la exhibición final de la batería. Y "Night thoughts", el tema que da título al álbum y teóricamente lo cierra es, en mi opinión, su mejor momento: una mezcla entre el drum&bass de su sección rítmica y el chill-out de su progresión armónica y sus sonidos de la naturaleza, sobre el que Carla repite una melodía sencilla que no es sino una mera excusa para seguir haciendo crecer la canción durante casi tres minutos con una inteligencia poco habitual por estos lares para los pasajes instrumentales. Y encima con la sorpresa de un tema oculto de duración convencional tras un par de minutos, que si bien no es de lo mejor del disco (parece un tema de los Everything But The Girl menos electrónicos), se deja escuchar.
Desconozco si la propuesta musicla de Carla ha sido una aventura de los hermanos Serrat para dar salida a sus inquietudes musicales, o si esperan consolidarla en un futuro con un segundo álbum y un mayor esfuerzo promocional. Espero que sea lo segundo, porque en España estamos huérfanos de este tipo de creatividad, y la necesitamos.
sábado, 25 de marzo de 2017
The Magnetic Fields: "50 song memoir" (2017)
The Magnetic Fields, o lo que es lo mismo, el proyecto más importante de los varios que lidera el estadounidense Stephin Merrit, ha vuelto al primer plano de la actualidad tras nada menos que un lustro de silencio. Un silencio que no debe interpretarse como falta de creatividad, ya que como el título de su álbum de regreso explica, lo ha hecho con nada menos que cincuenta (¡cincuenta!) nuevas canciones. Un verdadero tour de force que probablemente no tendrá parangón en ningún otro álbum que publique este año ningún otro artista. Lo que ya predispone a "50 song memoir" a favor del melómano. Si además explicamos que esas cincuenta canciones son un homenaje autobiográfico que Merrit se hizo a sí mismo el día de su quincuagésimo cumpleaños, hasta llegar a completar una canción por año de su vida, entenderemos que estamos ante un álbum realmente único a nivel conceptual. Aunque por otra parte no es la primera vez que Merrit riza el rizo a estos niveles.
Y es que en 1999, tras cuatro años de silencio como The Magnetic Fields (no como otros proyectos), publicó "69 Love Songs", con nada menos que sesenta y nueve canciones con el amor como eje, que otorgaron un espaldarazo definitivo a su carrera tras casi una década en activo. Así que el reto, aun siendo tremendo, no era nuevo para él. Pero hay varias diferencias entre ambas monumentales obras, y adelanto ya que en mi opinión, y a pesar de las críticas que he leído en las últimas semanas, "50 Song Memoir" queda desafortunadamente muy por debajo de "69 Love songs", el cual contenía al menos veinticinco excelentes temas. Por varias razones que intentaré enumerar ahora.
La primera y más obvia razón es que, con el paso de los años, Merrit ha perdido buena parte de su magia para crear canciones de pop mágicas e intemporales. Cuando afrontó "69 Love Songs" estaba en su cima creativa (como otros tantos compositores pop que han dado lo mejor de sí mismos al final de su primera década en activo). Pero su descenso, primero con "i" (2004) y posteriormente con "Distortion" (2008), que ya estaban claramente más enfocados en su consistencia conceptual que en emocionar con composiciones memorables, ha sido cada vez más evidente. Aunque Merrit no se queda en blanco en el estudio, parece claro que ha perdido buena parte de su capacidad para distinguir un tema anodino de otro fascinante, si bien ello ha sucedido paralelamente a su crecimiento a la hora de acercar el synth-pop indie de sus orígenes a los más diversos estilos. Y claro, con cincuenta canciones por delante ese es un escollo muy importante.
Otra razón de peso para mi valoración es que en "50 Song Memoir" canta en su totalidad todos los temas del álbum. Yo descubrí a Merrit a principios de 1998 cuando alumbró su proyecto Future Bible Heroes, en el que los temas más conseguidos ("Lonely days", "Hopeless") estaban cantados por Claudia Gonson, cuya voz de tonos medios y matices melancólicos encajaba a la perfección con el synth-pop introspectivo y un tanto pesimista de las composiciones de Merrit, hasta crear verdaderos clásicos del indie de la época. De hecho, en "69 Love Songs" muchos de los mejores momentos no estaban cantados por Merrit (me vienen a la mente ahora "If You Don't Cry", cantada por la propia Gonson, o "No One Will Ever Love You", por otra voz femenina, Shirley Simms). Aquí no; aquí forzosamente debemos acostumbrarnos a su voz entre bajo y barítono, a menudo fuera de lugar entre sus experimentos pop y casi siempre sin la inflexión suficiente para emocionarnos.
Una tercera razón a considerar es que, en parte a causa del tremendo esfuerzo que supone componer, instrumentar y grabar una cantidad tan ingente de temas, resulta bastante evidente que muchas de ellas no están demasiado trabajadas. Entiendo que en un álbum tan largo que haya canciones de corta duración puede ser hasta conveniente, pero es que cerca de la mitad de ellas duran claramente menos de tres minutos. Y con frecuencia nos topamos con la típica situación en la que, sin haber identificado una estructura clara y, de manera inesperada, ya nos topamos con un "chorus to fade" con el que finiquitar la canción. O más frecuentemente con otra: la instrumentación. Y es que aunque me descubro ante la versatilidad y la capacidad de trabajo de Merrit (que toca cerca de ¡cien instrumentos! a lo largo de estas dos horas y media), la gran mayoría de composiciones están desnudas en exceso para los estándares de este siglo XXI (es decir, con una desnudez similar a las de los mejores momentos de los Red Hot Chili Peppers con Rick Rubin pero sin contar como músicos de Flea o John Frusciante). No se trata de esperar que ahora Merrit se convierta en Trevor Horn, y de hecho "69 Love Songs" se movía en un nivel de riqueza instrumental semejante. Pero al igual que en otros ámbitos, la desnudez simplemente deja más al descubierto las carencias de sus composiciones.
Un último pero que ponerle a estas cincuenta canciones es relativo a la producción y los arreglos. Si se compara el sonido de "50 Song Memoir" con el de otros discos de Merrit (pongamos por caso "Get lost" (1995)) veremos que The Magnetic Fields han ido para atrás: saturaciones en la voz, pérdidas de tonalidad, menor nitidez sonora, instrumentación a veces no del todo armonizada, agudos poco limpios... Nuevamente hay que ponderar el esfuerzo realizado por Merrit, pero habría sido de agradecer que hubiera delegado íntegramente las labores de producción y que hubiera contratado un buen ingeniero de sonido para lograr un resultado más acorde a lo que permite la tecnología del año 2017.
Puede parecer por lo que he expuesto que todo en este larguísimo disco es negativo; tampoco es eso. Lo más meritorio es sin duda la elección de temáticas con las que Merrit cubre cada año de su vida: a veces autobiográficas, a veces del panorama musical de la época, a veces de momentos políticos o socialmente relevantes, a veces de lugares que tuvieron una significación especial, a veces incluso de referencias literarias... En ocasiones con letras (e incluso títulos) muy jugosas y disfrutables (mención especial para "81 - How to play the synthesizer"). Y que conforman un esfuerzo literario pocas veces igualado en el panorama musical (si me admiten la broma, igual hasta lo nominan para el Nobel 2017). Puestos a pedir, hubiera sido formidable que cada canción tuviera además una instrumentación y unos guiños acordes a su época (y creo que un Merrit más tutelado desde fuera sería capaz de ello), pero salvo en escasas excepciones eso no sucede.
Con lo que al final lo que toca es separar el grano de la paja. No es que no recomiende escuchar el disco entero; al contrario, hay que darle unas oportunidades para intentar generar nuestra propia playlist. Aunque debo confesar que la mía ha quedado realmente escasa: sólo he "salvado" doce temas, y de ellos creo que solamente hay cuatro con el nivel medio que tenía el Merrit de sus mejores tiempos: "76 Hustle 76", "92 Weird diseases", "93 me and Fred and Dave and Ted" y "08 Surfin". O lo que es lo mismo, un álbum de matrícula de honor en lo conceptual, pero solamente de aprobado raspado en cuanto a su resultado. Lástima.
Y es que en 1999, tras cuatro años de silencio como The Magnetic Fields (no como otros proyectos), publicó "69 Love Songs", con nada menos que sesenta y nueve canciones con el amor como eje, que otorgaron un espaldarazo definitivo a su carrera tras casi una década en activo. Así que el reto, aun siendo tremendo, no era nuevo para él. Pero hay varias diferencias entre ambas monumentales obras, y adelanto ya que en mi opinión, y a pesar de las críticas que he leído en las últimas semanas, "50 Song Memoir" queda desafortunadamente muy por debajo de "69 Love songs", el cual contenía al menos veinticinco excelentes temas. Por varias razones que intentaré enumerar ahora.
La primera y más obvia razón es que, con el paso de los años, Merrit ha perdido buena parte de su magia para crear canciones de pop mágicas e intemporales. Cuando afrontó "69 Love Songs" estaba en su cima creativa (como otros tantos compositores pop que han dado lo mejor de sí mismos al final de su primera década en activo). Pero su descenso, primero con "i" (2004) y posteriormente con "Distortion" (2008), que ya estaban claramente más enfocados en su consistencia conceptual que en emocionar con composiciones memorables, ha sido cada vez más evidente. Aunque Merrit no se queda en blanco en el estudio, parece claro que ha perdido buena parte de su capacidad para distinguir un tema anodino de otro fascinante, si bien ello ha sucedido paralelamente a su crecimiento a la hora de acercar el synth-pop indie de sus orígenes a los más diversos estilos. Y claro, con cincuenta canciones por delante ese es un escollo muy importante.
Otra razón de peso para mi valoración es que en "50 Song Memoir" canta en su totalidad todos los temas del álbum. Yo descubrí a Merrit a principios de 1998 cuando alumbró su proyecto Future Bible Heroes, en el que los temas más conseguidos ("Lonely days", "Hopeless") estaban cantados por Claudia Gonson, cuya voz de tonos medios y matices melancólicos encajaba a la perfección con el synth-pop introspectivo y un tanto pesimista de las composiciones de Merrit, hasta crear verdaderos clásicos del indie de la época. De hecho, en "69 Love Songs" muchos de los mejores momentos no estaban cantados por Merrit (me vienen a la mente ahora "If You Don't Cry", cantada por la propia Gonson, o "No One Will Ever Love You", por otra voz femenina, Shirley Simms). Aquí no; aquí forzosamente debemos acostumbrarnos a su voz entre bajo y barítono, a menudo fuera de lugar entre sus experimentos pop y casi siempre sin la inflexión suficiente para emocionarnos.
Una tercera razón a considerar es que, en parte a causa del tremendo esfuerzo que supone componer, instrumentar y grabar una cantidad tan ingente de temas, resulta bastante evidente que muchas de ellas no están demasiado trabajadas. Entiendo que en un álbum tan largo que haya canciones de corta duración puede ser hasta conveniente, pero es que cerca de la mitad de ellas duran claramente menos de tres minutos. Y con frecuencia nos topamos con la típica situación en la que, sin haber identificado una estructura clara y, de manera inesperada, ya nos topamos con un "chorus to fade" con el que finiquitar la canción. O más frecuentemente con otra: la instrumentación. Y es que aunque me descubro ante la versatilidad y la capacidad de trabajo de Merrit (que toca cerca de ¡cien instrumentos! a lo largo de estas dos horas y media), la gran mayoría de composiciones están desnudas en exceso para los estándares de este siglo XXI (es decir, con una desnudez similar a las de los mejores momentos de los Red Hot Chili Peppers con Rick Rubin pero sin contar como músicos de Flea o John Frusciante). No se trata de esperar que ahora Merrit se convierta en Trevor Horn, y de hecho "69 Love Songs" se movía en un nivel de riqueza instrumental semejante. Pero al igual que en otros ámbitos, la desnudez simplemente deja más al descubierto las carencias de sus composiciones.
Un último pero que ponerle a estas cincuenta canciones es relativo a la producción y los arreglos. Si se compara el sonido de "50 Song Memoir" con el de otros discos de Merrit (pongamos por caso "Get lost" (1995)) veremos que The Magnetic Fields han ido para atrás: saturaciones en la voz, pérdidas de tonalidad, menor nitidez sonora, instrumentación a veces no del todo armonizada, agudos poco limpios... Nuevamente hay que ponderar el esfuerzo realizado por Merrit, pero habría sido de agradecer que hubiera delegado íntegramente las labores de producción y que hubiera contratado un buen ingeniero de sonido para lograr un resultado más acorde a lo que permite la tecnología del año 2017.
Puede parecer por lo que he expuesto que todo en este larguísimo disco es negativo; tampoco es eso. Lo más meritorio es sin duda la elección de temáticas con las que Merrit cubre cada año de su vida: a veces autobiográficas, a veces del panorama musical de la época, a veces de momentos políticos o socialmente relevantes, a veces de lugares que tuvieron una significación especial, a veces incluso de referencias literarias... En ocasiones con letras (e incluso títulos) muy jugosas y disfrutables (mención especial para "81 - How to play the synthesizer"). Y que conforman un esfuerzo literario pocas veces igualado en el panorama musical (si me admiten la broma, igual hasta lo nominan para el Nobel 2017). Puestos a pedir, hubiera sido formidable que cada canción tuviera además una instrumentación y unos guiños acordes a su época (y creo que un Merrit más tutelado desde fuera sería capaz de ello), pero salvo en escasas excepciones eso no sucede.
Con lo que al final lo que toca es separar el grano de la paja. No es que no recomiende escuchar el disco entero; al contrario, hay que darle unas oportunidades para intentar generar nuestra propia playlist. Aunque debo confesar que la mía ha quedado realmente escasa: sólo he "salvado" doce temas, y de ellos creo que solamente hay cuatro con el nivel medio que tenía el Merrit de sus mejores tiempos: "76 Hustle 76", "92 Weird diseases", "93 me and Fred and Dave and Ted" y "08 Surfin". O lo que es lo mismo, un álbum de matrícula de honor en lo conceptual, pero solamente de aprobado raspado en cuanto a su resultado. Lástima.
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