El segundo álbum del dúo neoyorkino Holy Ghost! lo ha devuelto a la primera plana de la actualidad tras un par de años de silencio. Se trata de un álbum con unas coordenadas muy claras: el synthpop de los años 80. Alex Frankel (voz, teclados, piano) y Nick Millhiser (teclados, guitarras) parecen tener muy claro a qué quieren sonar, y no hacen ningún esfuerzo por sonar actuales: todo el álbum está interpretado con instrumentos de aquella época, y no hay auto-tunes, ni percusiones de última generación, ni nada que los emparente con las últimas tendencias de las radiofórmulas. Una decisión arriesgada, pero que dota al álbum de una coherencia estilística innegable.
El álbum lo presentó "Dumb Disco Ideas" (segundo corte del álbum y el tema más largo del mismo, más de 8 minutos). En mi opinión es uno de los temas que más se aleja del estilo del resto del disco, y encima es uno de sus cortes más flojos, espartano, de lenta evolución, con una progresión armónica apenas esbozada hasta los minutos finales, y sólo un tramo final algo más ameno, a raíz del vocoder y el repetitivo "Put it off, and wait". Afortunadamente no es un buen exponente del álbum (me atrevería a decir que soy hay otro tema igual de flojo, "Dance a little closer", cuarto corte del álbum y también en parámetros similares). Vayamos con lo bueno.
La diversión comienza con "Okay", el tema que abre el álbum y segundo sencillo del disco. Para mí define mucho mejor el contenido del álbum, aparte de ser una de las dos joyas del mismo. Tanto, que se quedó por muy poco fuera de mi lista de las 20 mejores canciones internacionales de 2013. Por supuesto suena al italo disco de mediados de los 80 (incluidos los "oooh, oooh" al final), pero su sonido casi a demo, su acertada base de teclados, un estribillo contagioso, la más que correcta interpretación de Alex y sobre todo un tramo final en el que la parte nueva se mezcla con una preciosa guitarra hacen que el tema crezca y crezca con cada escucha. Tras los ocho minutos ya reseñados, el tercer corte ("Changing of the guard") navega por las mismas aguas que "Okay", y aunque en un escalón inferior, también proporciona una bonita proporción armónica, unas estrofas cautivadoras y un sintetizador trotón que hará las delicias de los nostálgicos.
Una vez superado el escollo de "Dance a little closer", el resto del álbum transita entre lo correcto y lo inspirado. Lo correcto lo conforman "It must be the weather", un medio tiempo bastante largo y anodino hasta que va creciendo en los minutos finales con sus logrados intervalos instrumentales, "For Edgar", un interludio instrumental y "Bridge and tunnel", que recupera las secciones de cuerda y otros detalles del funky disco de los primeros 80. Y lo inspirado, "I wanna be your hand", un medio tiempo cercano, con un brillante estribillo propio de la época y un bonito equilibrio entre el synclavier y la guitarra acústica, "Don´t look down", un tema optimista (y no sólo por la letra), con una melodía cristalina y distintos teclados llenando el espacio, al que sólo le falla que los cambios en la progresión armónica tarden demasiado en llegar (¡más de tres minutos!), e "In the red", que sería la tercera joya del álbum si no fuera porque apenas dura dos minutos: una balada que recuerda el "I'll remember" de Madonna aunque con unos teclados de mucho más talento interpretativo, y que nos deja con ganas de más.
Porque la segunda joya del álbum es el tema que lo cierra. Estratégicamente situado al final del mismo, "Cheap shots" engaña con un comienzo aparentemente robótico, que se prolonga por más de un minuto y medio en lo que parece ser otro interludio instrumental... hasta que Alex de pronto empieza a cantar una melodía oscura, emocionante, deudora (todo hay que decirlo) de los temas más oscuros de New Order, que desemboca en un estribillo fascinante sobre lo que nos pueden hacer nuestros amigos. Y tras él, otra estrofa con nuevos instrumentos, otro segundo estribillo doble con una formidable producción, un precioso solo de guitarra que acaba repitiendo las mismas notas de la parte nueva, y un final tan repentino como el comienzo... En suma, todo un cántico a la esperanza: todavía existen artistas capaces de emocionarnos con ideas que pensábamos ya formaban parte del pasado. Y una excelente manera de terminar el álbum para darnos la (falsa) impresión de que los once temas no han sido igual de maravillosos. No es para tanto, pero sí que hay razones suficientes para considerarlo un álbum recomendable y merecedor de una difusión mucho mayor que la que por desgracia ha tenido.
Un aficionado a la música pop-rock contemporánea que no se resigna a que creer que ya no se publica música de calidad.
lunes, 21 de abril de 2014
sábado, 29 de marzo de 2014
El panorama musical español en 2013
Como ya viene siendo habitual, he decidido dedicar una entrada al panorama musical español durante el pasado año 2013. Un panorama que en mi opinión es aún más descorazonador que en los dos años anteriores. Veamos las razones.
En el ámbito meramente comercial la situación sigue en estado comatoso: aunque la música de artistas españoles haya dejado de ser mayoría (22 álbumes de los 50 más vendidos), si añadimos las ventas de artistas hispanoamericanos o que cantan en español ganan por amplia mayoría a los artistas anglosajones (que, nos guste o no, siempre aportarán un número mayor de propuestas interesantes). Con unas ventas cada vez más reducidas, las compañías de discos se han vuelto aún más conservadoras y los compradores más limitados en sus gustos.
Descorazonador es que el álbum más vendido haya sido uno que se publicó en 2012 ("Tanto", de Pablo Alborán), pues lanza un claro mensaje de que en 2013 no se ha publicado ningún álbum capaz de desbancarlo. Descorazonador es que haya tres álbumes de música infantil entre los 10 más vendidos del año (los de la serie infantil "Violetta"), pues lanza un claro mensaje de que uno de los pocos ámbitos en los que el potencial comprador está dispuesto a gastarse unos euros es en la música infantil de usar y tirar. Descorazonador es que el primer álbum de un artista anglosajón sea el del grupo adolescente One Direction, pues lanza un claro mensaje de que respecto a lo que viene "de fuera" a lo que más interés prestamos es a las propuestas prefabricadas con fecha de caducidad. Y descorazonador es que hay que irse al puesto 29 para encontrar el primer álbum correspondiente a una artista que haya debutado en el panorama musical (Lana del Rey, cuyo álbum fue además editado en 2012...).
En la música alternativa la cosa no ha ido mucho mejor. Manel han sido los que, cantando en catalán, se han colocado más altos en la lista de álbumes más vendidos en España durante 2013 (en el puesto 23, concretamente). Un hecho sorprendente, pero que al menos introduce una nota novedosa en un panorama anquilosado, aunque personalmente no les veo el talento por ninguna parte. Tampoco han abundado en exceso las nuevas entregas de artistas consagrados en este mundillo (Mala Rodríguez, Delorean, Kiko Veneno...), siendo lo más destacable el retorno de Fangoria, que con "Cuatrocomía" han confirmado que aunque su fórmula esté un tanto agotada aún son capaces de entregar sencillos meritorios como "Dramas y comedias". Ni siquiera ha sido un año pródigo en nuevos artistas, siendo quizá lo más llamativo y original el debut de León Benavente, con su krautrock a veces cantado a veces recitado (dejo aquí el enlace de su mejor ejemplo, "Ser brigada").
Con lo que este año para mí los triunfadores absolutos han sido La Sonrisa de Julia. Demasiado alternativos para obtener un éxito comercial masivo, demasiado mainstream para que el mundillo independiente los considere parte de sí, sufren el problema de quedarse encasillados a medio camino. Pero su álbum "El viaje del sonámbulo" contenía varios temas interesantes y sobre todo el sencillo del año: "Muévelo" demuestra que es un grupo con sólidas bases musicales, y que son capaces de entregar un tema que es a partes iguales psicodelia, rock y dance. Pura energía, una instrumentación lograda (aunque se nota que el sonido es aún demasiado "Made in Spain"), razonablemente bien cantada para lo que se estila por estos lares, con una letra trabajada, un decente solo de guitarra al final e incluso con un vídeo original y contagioso. Sólo la indiferencia de los medios les ha impedido arrasar, pues es un tema apto para todos los públicos. Esperemos que esta entrada contribuya a hacer justicia a la canción nacional del año.
En el ámbito meramente comercial la situación sigue en estado comatoso: aunque la música de artistas españoles haya dejado de ser mayoría (22 álbumes de los 50 más vendidos), si añadimos las ventas de artistas hispanoamericanos o que cantan en español ganan por amplia mayoría a los artistas anglosajones (que, nos guste o no, siempre aportarán un número mayor de propuestas interesantes). Con unas ventas cada vez más reducidas, las compañías de discos se han vuelto aún más conservadoras y los compradores más limitados en sus gustos.
Descorazonador es que el álbum más vendido haya sido uno que se publicó en 2012 ("Tanto", de Pablo Alborán), pues lanza un claro mensaje de que en 2013 no se ha publicado ningún álbum capaz de desbancarlo. Descorazonador es que haya tres álbumes de música infantil entre los 10 más vendidos del año (los de la serie infantil "Violetta"), pues lanza un claro mensaje de que uno de los pocos ámbitos en los que el potencial comprador está dispuesto a gastarse unos euros es en la música infantil de usar y tirar. Descorazonador es que el primer álbum de un artista anglosajón sea el del grupo adolescente One Direction, pues lanza un claro mensaje de que respecto a lo que viene "de fuera" a lo que más interés prestamos es a las propuestas prefabricadas con fecha de caducidad. Y descorazonador es que hay que irse al puesto 29 para encontrar el primer álbum correspondiente a una artista que haya debutado en el panorama musical (Lana del Rey, cuyo álbum fue además editado en 2012...).
En la música alternativa la cosa no ha ido mucho mejor. Manel han sido los que, cantando en catalán, se han colocado más altos en la lista de álbumes más vendidos en España durante 2013 (en el puesto 23, concretamente). Un hecho sorprendente, pero que al menos introduce una nota novedosa en un panorama anquilosado, aunque personalmente no les veo el talento por ninguna parte. Tampoco han abundado en exceso las nuevas entregas de artistas consagrados en este mundillo (Mala Rodríguez, Delorean, Kiko Veneno...), siendo lo más destacable el retorno de Fangoria, que con "Cuatrocomía" han confirmado que aunque su fórmula esté un tanto agotada aún son capaces de entregar sencillos meritorios como "Dramas y comedias". Ni siquiera ha sido un año pródigo en nuevos artistas, siendo quizá lo más llamativo y original el debut de León Benavente, con su krautrock a veces cantado a veces recitado (dejo aquí el enlace de su mejor ejemplo, "Ser brigada").
Con lo que este año para mí los triunfadores absolutos han sido La Sonrisa de Julia. Demasiado alternativos para obtener un éxito comercial masivo, demasiado mainstream para que el mundillo independiente los considere parte de sí, sufren el problema de quedarse encasillados a medio camino. Pero su álbum "El viaje del sonámbulo" contenía varios temas interesantes y sobre todo el sencillo del año: "Muévelo" demuestra que es un grupo con sólidas bases musicales, y que son capaces de entregar un tema que es a partes iguales psicodelia, rock y dance. Pura energía, una instrumentación lograda (aunque se nota que el sonido es aún demasiado "Made in Spain"), razonablemente bien cantada para lo que se estila por estos lares, con una letra trabajada, un decente solo de guitarra al final e incluso con un vídeo original y contagioso. Sólo la indiferencia de los medios les ha impedido arrasar, pues es un tema apto para todos los públicos. Esperemos que esta entrada contribuya a hacer justicia a la canción nacional del año.
domingo, 16 de marzo de 2014
Andrew Roachford: The beautiful moment (2013)
Hace algo menos de medio año que vio la luz el quinto álbum en solitario de Andrew Roachford. El líder de la banda de rock-soul-pop Roachford ha intentado durante los últimos 10 años encontrar el estilo que le permitiera mantener una carrera en solitario de cierta relevancia. Afortunadamente, tras sus devaneos con el rythmn & blues más edulcorado, en sus últimos tres álbumes ha intentado mostrarnos con naturalidad su madurez como persona y como compositor. Estamos acostumbrados a que madurez se confunda con aburguesamiento y falta de nervio creativo, pero la delicada situación de su carrera musical (con dos álbumes poco menos que auto-editados) le ha servido a Andrew de acicate para intentar dar lo mejor de sí mismo en este "The beautiful moment".
El resultado tiene varios destellos de sus mejores momentos, allá por finales de los ochenta y primeros noventa. Sustentado en una excelente voz llena de matices, y con una temática centrada casi en exclusiva en el amor visto por una persona de casi 50 años, el disco tiene una producción menos espartana de lo que cabría esperar en un artista tan al margen de las modas comerciales. Constituido principalmente por medios tiempos, Andrew usa alternativamente el piano y la guitarra acústica para componer y sustentar la mayoría de los temas, pero recurre a guitarras eléctricas, a coros femeninos, a baterías contundentes y puntualmente a una sección de cuerda para enriquecerlos, logrando así una mayor diferenciación entre las once canciones que conforman el disco.
A pesar de lo cual se trata de un álbum bastante homogéneo, con escaso margen para la experimentación, nula innovación y que lo fía a todo al talento creativo e interpretativo de su autor. Así que cuando transita por los terrenos que mejor domina, el soul de barniz pop, resultado es agradable y puntualmente emocionante; cuando no, resulta un tanto irrelevante aunque en todo momento armonioso. Por ejemplo, el sencillo de presentación y segundo corte del álbum, ("Something beautiful") se enmarca perfectamente en esta segunda categoría: correcto, agradable, bien producido e interpretado pero un poco "blandito". En cambio el segundo sencillo y tema que abre el disco,("Real again"), aunque con estilo y temática similares, se acerca más a la primera categoría, gracias a detalles como unos sintetizadores más frescos, una percusión más original y sobre todo una atmósfera con más nervio y expresividad.
Por lo cual prefiero dejar de lado los momentos correctos pero más prescindibles, menos elaborados e incluso cursis ("Overcome", "Because you", "Slow water", "All roads lead black") y reseñar aquellos más entonados. A saber: "Without you", el quinto corte, con una progresión armónica principal sostenida por una guitarra acústica que recuerda a la del mítico "Wanderwall" de Oasis, y que desemboca en un enérgico colchón de guitarras eléctricas en el estribillo, dando lugar a los pasajes más rockeros del álbum; "Love wins" y sus estrofas desgarradoras (lástima que el estribillo baje un poco el listón); "Wouldn't change a thing", toda una mirada atrás sobre lo vivido que resulta convincente gracias a su lograda progresión armónica y al estribillo formidablemente interpretado por Roachford; ; "Ebony", con su inquietante progresión armónica en las estrofas, su voz distorsionada, su contundencia a partir de la segunda estrofa; Y en especial "as she walks", perfectamente elegida como el tema que cierra el álbum, una balada coronada con una melodía sencilla y sin embargo la más emocionante del álbum, en la que Andrew da una lección magistral de cómo cantar y cómo escribir una letra que capture los sentimientos a partir de algo tan sencillo como una mujer a la que observa caminar.
Es un álbum conciso (41 minutos en total), que nos descubre a un artista que ha aprendido mucho de las relaciones sentimentales, que sabe cómo arrimar el soul al pop y al rock, y que aún cree lo suficiente en la magia de la música como para seguir regalándonos buenas canciones. No es el álbum del año, ni influirá decisivamente en ningún otro artista, ni siquiera el mejor de su carrera. Pero da rabia ver cómo un músico con tantas cualidades es ninguneado no ya por la industria, sino por la propia crítica musical, que encumbra a otros creadores mucho más mediocres y con menos talento interpretativo. Esperemos que esta reseña positiva contribuya a hacerle un poco de justicia al bueno de Andrew.
El resultado tiene varios destellos de sus mejores momentos, allá por finales de los ochenta y primeros noventa. Sustentado en una excelente voz llena de matices, y con una temática centrada casi en exclusiva en el amor visto por una persona de casi 50 años, el disco tiene una producción menos espartana de lo que cabría esperar en un artista tan al margen de las modas comerciales. Constituido principalmente por medios tiempos, Andrew usa alternativamente el piano y la guitarra acústica para componer y sustentar la mayoría de los temas, pero recurre a guitarras eléctricas, a coros femeninos, a baterías contundentes y puntualmente a una sección de cuerda para enriquecerlos, logrando así una mayor diferenciación entre las once canciones que conforman el disco.
A pesar de lo cual se trata de un álbum bastante homogéneo, con escaso margen para la experimentación, nula innovación y que lo fía a todo al talento creativo e interpretativo de su autor. Así que cuando transita por los terrenos que mejor domina, el soul de barniz pop, resultado es agradable y puntualmente emocionante; cuando no, resulta un tanto irrelevante aunque en todo momento armonioso. Por ejemplo, el sencillo de presentación y segundo corte del álbum, ("Something beautiful") se enmarca perfectamente en esta segunda categoría: correcto, agradable, bien producido e interpretado pero un poco "blandito". En cambio el segundo sencillo y tema que abre el disco,("Real again"), aunque con estilo y temática similares, se acerca más a la primera categoría, gracias a detalles como unos sintetizadores más frescos, una percusión más original y sobre todo una atmósfera con más nervio y expresividad.
Por lo cual prefiero dejar de lado los momentos correctos pero más prescindibles, menos elaborados e incluso cursis ("Overcome", "Because you", "Slow water", "All roads lead black") y reseñar aquellos más entonados. A saber: "Without you", el quinto corte, con una progresión armónica principal sostenida por una guitarra acústica que recuerda a la del mítico "Wanderwall" de Oasis, y que desemboca en un enérgico colchón de guitarras eléctricas en el estribillo, dando lugar a los pasajes más rockeros del álbum; "Love wins" y sus estrofas desgarradoras (lástima que el estribillo baje un poco el listón); "Wouldn't change a thing", toda una mirada atrás sobre lo vivido que resulta convincente gracias a su lograda progresión armónica y al estribillo formidablemente interpretado por Roachford; ; "Ebony", con su inquietante progresión armónica en las estrofas, su voz distorsionada, su contundencia a partir de la segunda estrofa; Y en especial "as she walks", perfectamente elegida como el tema que cierra el álbum, una balada coronada con una melodía sencilla y sin embargo la más emocionante del álbum, en la que Andrew da una lección magistral de cómo cantar y cómo escribir una letra que capture los sentimientos a partir de algo tan sencillo como una mujer a la que observa caminar.
Es un álbum conciso (41 minutos en total), que nos descubre a un artista que ha aprendido mucho de las relaciones sentimentales, que sabe cómo arrimar el soul al pop y al rock, y que aún cree lo suficiente en la magia de la música como para seguir regalándonos buenas canciones. No es el álbum del año, ni influirá decisivamente en ningún otro artista, ni siquiera el mejor de su carrera. Pero da rabia ver cómo un músico con tantas cualidades es ninguneado no ya por la industria, sino por la propia crítica musical, que encumbra a otros creadores mucho más mediocres y con menos talento interpretativo. Esperemos que esta reseña positiva contribuya a hacerle un poco de justicia al bueno de Andrew.
domingo, 23 de febrero de 2014
Haim: Days are gone (2013)
De las bandas que han debutado en el 2013 que nos dejó hace unas semanas, una de las que más repercusión ha tenido tanto a nivel de crítica como a nivel comercial ha sido el de las californianas Haim. El trío formado por las hermanas Alana (vocalista principal, guitarra), Danielle y Esti Haim ya había publicado sus primeros temas en 2012, pero su debut en formato álbum en octubre pasado las ha encumbrado a lo más alto de las listas de álbumes británicas, y al puesto número 6 en las estadounidenses, a la vez que recogía críticas claramente favorables en las distintas publicaciones especializadas, figurando en el "top 10" de muchas de las listas de mejores álbumes de 2013. Algo parecido a lo que sucedió en 2012 con los Imagine Dragons, como ya reseñé en este mismo blog: sin ser artistas de una calidad excepcional, sí que conjugan una comercialidad y una creatividad más que interesantes en un momento en que la disociación entre ambos mundos, el comercial y el creativo, es máxima.
Ante todo, no debemos dejarnos guiar por su imagen plenamente folk, ni por las referencias que las sitúan como un grupo de rock deudor de Fleetwood Mac. Haim es un grupo esencialmente pop, que recupera las melodías y buena parte de los ticks del pop estadounidense de los años 80 y primeros 90, en un abanico de referencias que abarca desde Blondies hasta The Go Gos y The Bangles. Un pop en el que la nota de personalidad la ponen los fraseos largos con notas de duración corta en cada verso, una seña de identidad que puede complicar en ocasiones la comprensión de los textos. El álbum se abre con "Falling", que fue el tercer sencillo del disco y llama la atención por su peculiar percusión y el juego de voces que realizan las tres hermanas en el estribillo. Sin ser un temazo, gana con cada escucha, al igual que la mayoría de su repertorio. El segundo corte es "Forever", que fue el primer sencillo de su carrera, descubriendo su pop de guitarras con los justos toques temporáneos y las melodías cristalinas de los ochenta, aunque en mi opinión lo más reseñable es la parte nueva a minuto y medio del final ("Go go go go, get out of my memory...").
"The wire" es el cuarto sencillo, y en mi opinión el mejor tema del álbum, como ya puse de manifiesto al seleccionarlo para mi lista de canciones internacionales de 2013: un medio tiempo con guiños country, una lograda instrumentación (incluyendo un certero pizzicato de cuerdas sintetizadas en el tramo final), un doble estribillo muy recomendable, y las tres hermanas asumiendo la voz principal en algún momento. "If I could change your mind" es un tema más oscuro, menos brillante, con una bonita entrada al estribillo y los teclados synclavier reforzándolo. "Honey and I" es un tanto cursi, debido a su letra melosa y sus armonías blanditas. Le sigue "Don't save me", que fue el segundo sencillo de su carrera, y aunque ena mi modo de ver es el menos logrado de los cuatro, cuando llega la entrada al estribillo se aprecia una clara mejora, corroborada por un estribillo absolutamente ochentero e igualmente disfrutable.
"Days are gone" es la canción que da título al álbum, y no por cierto de las mejores, a causa de unos teclados más que cuestionables y un estribillo en falsete no muy afortunado. Aunque el peor tema del disco es sin duda "My song 5", todo un tratado de experimentación mal digerida. "Go slow", además de ser efectivamente un tema lento, mejora el nivel de las dos anteriores gracias a su original percusión, a sus armonías vocales envolventes y a un tramo final de una calidad muy destacable. "Let me go" es, otro de los momentos álgidos del álbum, pues las lleva a un registro opresivo al comienzo, a unas reminiscencias africanas cuando entra la percusión en la segunda estrofa y a un inesperado solo de guitarra en el tramo final sobre voces que van y vienen. La versión oficial del álbum se cierra con "Running if you call my name", la balada del álbum, tenebrosa en su mayor parte, y con un estribillo que es puro The Bangles. Si bien en la versión Deluxe podemos encontrar dos descartes más que interesantes: "Better off", con su batería machacona y una excelente melodía a dos voces, y "Send me down", construida sobre un original teclado que predomina en cada compás y unas bonitas estrofas.
Soy consciente de que su pop directo y para (casi) todos los públicos puede provocar el rechazo de una parte de los lectores de este humilde blog. Pero si se le da una oportunidad, es un álbum que admite múltiples escuchas, que permite descubrir un incuestionable talento para componer siete u ocho temas de calidad, y que además nos proporcionará unos cuantos estribillos que se pegarán a nuestro cerebro durante varias jornadas. Si bien es cierto que deben mejorar sus cualidades vocales (especialmente Alana, muy floja en directo), que de momento carecen de cimientos suficientes para labrarse una larga trayectoria en el panorama musical, y que por tanto están a expensas de que no se les apague la inspiración compositiva. Esperemos que les aguante.
Ante todo, no debemos dejarnos guiar por su imagen plenamente folk, ni por las referencias que las sitúan como un grupo de rock deudor de Fleetwood Mac. Haim es un grupo esencialmente pop, que recupera las melodías y buena parte de los ticks del pop estadounidense de los años 80 y primeros 90, en un abanico de referencias que abarca desde Blondies hasta The Go Gos y The Bangles. Un pop en el que la nota de personalidad la ponen los fraseos largos con notas de duración corta en cada verso, una seña de identidad que puede complicar en ocasiones la comprensión de los textos. El álbum se abre con "Falling", que fue el tercer sencillo del disco y llama la atención por su peculiar percusión y el juego de voces que realizan las tres hermanas en el estribillo. Sin ser un temazo, gana con cada escucha, al igual que la mayoría de su repertorio. El segundo corte es "Forever", que fue el primer sencillo de su carrera, descubriendo su pop de guitarras con los justos toques temporáneos y las melodías cristalinas de los ochenta, aunque en mi opinión lo más reseñable es la parte nueva a minuto y medio del final ("Go go go go, get out of my memory...").
"The wire" es el cuarto sencillo, y en mi opinión el mejor tema del álbum, como ya puse de manifiesto al seleccionarlo para mi lista de canciones internacionales de 2013: un medio tiempo con guiños country, una lograda instrumentación (incluyendo un certero pizzicato de cuerdas sintetizadas en el tramo final), un doble estribillo muy recomendable, y las tres hermanas asumiendo la voz principal en algún momento. "If I could change your mind" es un tema más oscuro, menos brillante, con una bonita entrada al estribillo y los teclados synclavier reforzándolo. "Honey and I" es un tanto cursi, debido a su letra melosa y sus armonías blanditas. Le sigue "Don't save me", que fue el segundo sencillo de su carrera, y aunque ena mi modo de ver es el menos logrado de los cuatro, cuando llega la entrada al estribillo se aprecia una clara mejora, corroborada por un estribillo absolutamente ochentero e igualmente disfrutable.
"Days are gone" es la canción que da título al álbum, y no por cierto de las mejores, a causa de unos teclados más que cuestionables y un estribillo en falsete no muy afortunado. Aunque el peor tema del disco es sin duda "My song 5", todo un tratado de experimentación mal digerida. "Go slow", además de ser efectivamente un tema lento, mejora el nivel de las dos anteriores gracias a su original percusión, a sus armonías vocales envolventes y a un tramo final de una calidad muy destacable. "Let me go" es, otro de los momentos álgidos del álbum, pues las lleva a un registro opresivo al comienzo, a unas reminiscencias africanas cuando entra la percusión en la segunda estrofa y a un inesperado solo de guitarra en el tramo final sobre voces que van y vienen. La versión oficial del álbum se cierra con "Running if you call my name", la balada del álbum, tenebrosa en su mayor parte, y con un estribillo que es puro The Bangles. Si bien en la versión Deluxe podemos encontrar dos descartes más que interesantes: "Better off", con su batería machacona y una excelente melodía a dos voces, y "Send me down", construida sobre un original teclado que predomina en cada compás y unas bonitas estrofas.
Soy consciente de que su pop directo y para (casi) todos los públicos puede provocar el rechazo de una parte de los lectores de este humilde blog. Pero si se le da una oportunidad, es un álbum que admite múltiples escuchas, que permite descubrir un incuestionable talento para componer siete u ocho temas de calidad, y que además nos proporcionará unos cuantos estribillos que se pegarán a nuestro cerebro durante varias jornadas. Si bien es cierto que deben mejorar sus cualidades vocales (especialmente Alana, muy floja en directo), que de momento carecen de cimientos suficientes para labrarse una larga trayectoria en el panorama musical, y que por tanto están a expensas de que no se les apague la inspiración compositiva. Esperemos que les aguante.
sábado, 1 de febrero de 2014
A propósito de los Grammys 2014
No soy muy dado a comentar los innumerables premios que se conceden en el panorama musical a nivel internacional. En general los premios tienen unas motivaciones crematísticas que se suelen anteponer a la calidad artística, la cual es siempre el faro por el que se guía este humilde blog. Aunque de entre todos ellos es evidente que los premios Grammys son los más relevantes, tanto por entregarse en los EEUU como por el componente de espectáculo televisivo y de celebridades que aporta. Así que en esta entrada voy a aportar unas cuantas reflexiones a propósito de los artistas premiados.
Sin espacio para la sorpresa, los grandes triunfadores (nada menos que 5 Grammys) han sido los franceses Daft Punk. A lo largo de sus veinte años de carrera mi opinión sobre el dúo de música electrónica ha ido variando, pero creo que el mejor juicio que se les puede hacer es que son capaces de lo mejor y lo peor. Así, si sus primeros sencillos me contagiaron con su energía disco pero me hicieron cuestionar su talento dada su extrema simplicidad ("Da Funk", "Around the world"), su segundo álbum eliminó esas dudas gracias a temas tan redondos como "One more time" (el único tema disco sin bombo ni caja durante 2 minutos que jamás ha triunfado) o "Harder, better, faster, stronger" (el mejor solo de autotune/vocoder que jamás he escuchado). Pero desde entonces, en trece años sólo han publicado dos álbumes de estudio, claramente menores: el estridente y falto de inspiración "Human after all" en 2005 y, hace unos meses, "Random Access Memories", el álbum que les ha convertido de manera sorprendente e injustificada en ídolos del pop mundial.
Sorprendente porque proponer en el año 2013 el funky disco que bordaban Chic (y en menor medida Shalamar) hace casi 35 años me parece de una falta de talento alarmante. No tengo nada en contra de Chic; de hecho varios de sus sencillos (desde el histórico "Good times" sobre el que se creó el primer hip-hop hasta el injustamente olvidado "Your love" de su último álbum de estudio) me siguen pareciendo maravillas del género, en las que el talento de Bernard Edwards al bajo y la inconfundible guitarra funky de Neil Rogers son claramente apreciables. Y la labor de Edwards y Rodgers como compositores (Diana Ross, Sister Sledge, Deborah Harry...) y especialmente como productores (Edwards produjo a ABC, Robert Palmer, Rod Stewart... y Rogers a una lista larguísima de artistas, con David Bowie, Mick Jagger, Duran Duran, Madonna e incluso los Olé-Olé de Marta Sánchez a la cabeza) ha entrado por méritos propios en la historia de la música contemporánea.
Pero lo que han hecho Daft Punk en este 2013 es revisar ese legado sin aportarle absolutamente nada (y eso que a unos artistas electrónicos lo mínimo que se les debería suponer es la capacidad de enriquecer sus creaciones con detalle contemporáneos). No sólo eso, han recurrido al propio Rogers como si de una reunión de Chic se tratara. Y encima con unas composiciones simplonas ("Get lucky" está construida sobre una única progresión armónica de cuatro acordes, con partes apenas diferenciadas a causa de unos arreglos mediocres, "Lose Yourself to Dance" amaga con ser mejor pero se queda en otro tema irrelevante, y en "Instant Crush" repiten con una composición muy simple, abusando tanto del autotune que apenas es posible reconocer la voz del pobre Julian Casablancas). Por eso me parece absolutamente injustificado el arrollador éxito internacional, y lo que es peor, el reconocimiento de buena parte de la crítica, culminado en estos cinco Grammys. Es una evidencia del absoluto desconcierto de la industria musical norteamericana, que encumbra a unos burdos recreadores de un género que vivió su época dorada hace muchas décadas. Y encima 100% americano, aunque Daft Punk sean franceses.
Ahora bien, no todos los premiados son tan discutibles como Daft Punk. Por ejemplo, reflejando la crisis aboluta que sufre el rock a nivel mundial, el Grammy a la mejor canción de rock del año ha sido para "Cut me some slack", la colaboración de Paul McCartney con los miembros que restan de Nirvana. Recuerdo la cantidad de críticas que me generó incluirla en la lista de las mejores canciones de 2012. Ahora me alegra ver que los miembros de la academia han compartido mi opinión. Porque sí, es cierto que es una segunda parte de "Helter Skelter", del "White album" de The Beatles. Pero no es menos cierto que esa canción ha influido de manera determinante a una gran parte del rock posterior, entre ella a Dave Grohl y sus secuaces. Por lo que ver al bueno de McCartney desprender esa energía con 70 años y respaldado por una banda tan solvente es de lo mejor que nos ha deparado el rock en los últimos tiempos.
Otra ganadora indiscutible de la noche fue la neozelandesa Lorde. Con un tema ("Royals") que no es el que yo seleccioné en mi lista de mejores canciones de 2013 ("Team", que me parece bastante superior). Pero al fin y al cabo es un reconocimiento para una adolescente que por una vez no es un producto prefabricado y ultra-provocativo, sino una creadora a contracorriente, con un sonido contemporáneo y una puesta en escena anti-marketiniana. Y varios de los artistas ensalzados en este mismo blog han tenido también protagonismo destacado (Imagine Dragons y su equilibrio entre comercialidad y creatividad, Disclosure, la colaboración de Florence and The Machine con Calvin Harris...). Lo que refleja que, a pesar de la abundancia en la gala de artistas de talento más que discutible (no sólo Daft Punk, sino también Bruno Mars, Taylor Swift, Lana del Rey, Jay-Z, Robin Thicke, Rihanna, Eminem...), los Grammys aún son dignos de cierta atención por parte del panorama musical.
Sin espacio para la sorpresa, los grandes triunfadores (nada menos que 5 Grammys) han sido los franceses Daft Punk. A lo largo de sus veinte años de carrera mi opinión sobre el dúo de música electrónica ha ido variando, pero creo que el mejor juicio que se les puede hacer es que son capaces de lo mejor y lo peor. Así, si sus primeros sencillos me contagiaron con su energía disco pero me hicieron cuestionar su talento dada su extrema simplicidad ("Da Funk", "Around the world"), su segundo álbum eliminó esas dudas gracias a temas tan redondos como "One more time" (el único tema disco sin bombo ni caja durante 2 minutos que jamás ha triunfado) o "Harder, better, faster, stronger" (el mejor solo de autotune/vocoder que jamás he escuchado). Pero desde entonces, en trece años sólo han publicado dos álbumes de estudio, claramente menores: el estridente y falto de inspiración "Human after all" en 2005 y, hace unos meses, "Random Access Memories", el álbum que les ha convertido de manera sorprendente e injustificada en ídolos del pop mundial.
Sorprendente porque proponer en el año 2013 el funky disco que bordaban Chic (y en menor medida Shalamar) hace casi 35 años me parece de una falta de talento alarmante. No tengo nada en contra de Chic; de hecho varios de sus sencillos (desde el histórico "Good times" sobre el que se creó el primer hip-hop hasta el injustamente olvidado "Your love" de su último álbum de estudio) me siguen pareciendo maravillas del género, en las que el talento de Bernard Edwards al bajo y la inconfundible guitarra funky de Neil Rogers son claramente apreciables. Y la labor de Edwards y Rodgers como compositores (Diana Ross, Sister Sledge, Deborah Harry...) y especialmente como productores (Edwards produjo a ABC, Robert Palmer, Rod Stewart... y Rogers a una lista larguísima de artistas, con David Bowie, Mick Jagger, Duran Duran, Madonna e incluso los Olé-Olé de Marta Sánchez a la cabeza) ha entrado por méritos propios en la historia de la música contemporánea.
Pero lo que han hecho Daft Punk en este 2013 es revisar ese legado sin aportarle absolutamente nada (y eso que a unos artistas electrónicos lo mínimo que se les debería suponer es la capacidad de enriquecer sus creaciones con detalle contemporáneos). No sólo eso, han recurrido al propio Rogers como si de una reunión de Chic se tratara. Y encima con unas composiciones simplonas ("Get lucky" está construida sobre una única progresión armónica de cuatro acordes, con partes apenas diferenciadas a causa de unos arreglos mediocres, "Lose Yourself to Dance" amaga con ser mejor pero se queda en otro tema irrelevante, y en "Instant Crush" repiten con una composición muy simple, abusando tanto del autotune que apenas es posible reconocer la voz del pobre Julian Casablancas). Por eso me parece absolutamente injustificado el arrollador éxito internacional, y lo que es peor, el reconocimiento de buena parte de la crítica, culminado en estos cinco Grammys. Es una evidencia del absoluto desconcierto de la industria musical norteamericana, que encumbra a unos burdos recreadores de un género que vivió su época dorada hace muchas décadas. Y encima 100% americano, aunque Daft Punk sean franceses.
Ahora bien, no todos los premiados son tan discutibles como Daft Punk. Por ejemplo, reflejando la crisis aboluta que sufre el rock a nivel mundial, el Grammy a la mejor canción de rock del año ha sido para "Cut me some slack", la colaboración de Paul McCartney con los miembros que restan de Nirvana. Recuerdo la cantidad de críticas que me generó incluirla en la lista de las mejores canciones de 2012. Ahora me alegra ver que los miembros de la academia han compartido mi opinión. Porque sí, es cierto que es una segunda parte de "Helter Skelter", del "White album" de The Beatles. Pero no es menos cierto que esa canción ha influido de manera determinante a una gran parte del rock posterior, entre ella a Dave Grohl y sus secuaces. Por lo que ver al bueno de McCartney desprender esa energía con 70 años y respaldado por una banda tan solvente es de lo mejor que nos ha deparado el rock en los últimos tiempos.
Otra ganadora indiscutible de la noche fue la neozelandesa Lorde. Con un tema ("Royals") que no es el que yo seleccioné en mi lista de mejores canciones de 2013 ("Team", que me parece bastante superior). Pero al fin y al cabo es un reconocimiento para una adolescente que por una vez no es un producto prefabricado y ultra-provocativo, sino una creadora a contracorriente, con un sonido contemporáneo y una puesta en escena anti-marketiniana. Y varios de los artistas ensalzados en este mismo blog han tenido también protagonismo destacado (Imagine Dragons y su equilibrio entre comercialidad y creatividad, Disclosure, la colaboración de Florence and The Machine con Calvin Harris...). Lo que refleja que, a pesar de la abundancia en la gala de artistas de talento más que discutible (no sólo Daft Punk, sino también Bruno Mars, Taylor Swift, Lana del Rey, Jay-Z, Robin Thicke, Rihanna, Eminem...), los Grammys aún son dignos de cierta atención por parte del panorama musical.
domingo, 19 de enero de 2014
Las 20 mejores canciones internacionales de 2013
Una vez más estamos en enero, mes de listas que nos permitan sintetizar lo mejor del año que se nos acaba de escapar. Como de costumbre, no me atrevo a proponer una lista con los mejores álbumes, pues el volumen de discos publicados excede ampliamente la cantidad que puedo escuchar. Pero sí que vuelvo a proponer una lista con 20 canciones internacionales que recordar de este 2013. Con dos criterios: seleccionar temas que hayan visto la luz en formato sencillo/videoclip, y una única canción por artista, para conseguir una panorámica más amplia. Como de costumbre siempre intentando localizar la emoción, el talento, la creatividad y la calidad que, si se busca, aún existe en los diferentes estilos que componen el panorama de la música contemporánea.
Ahí va la lista. Seguro que no están todos los que lo merecían, pero al menos están todos los que son:
1. Portugal. The Man - "Modern Jesus". El mejor tema del año tenía que salir del mejor disco de 2013. Toda una reinvidicación de las creencias del siglo XXI sobre una sensacional composición. Psicodélico.
2. Cut Copy - "We are explorers". El mejor sencillo de su carrera, puro synthpop sobre una formidable composición. Intemporal.
3. Florence and The Machine - "Over the love". Su único tema nuevo vuelve a ser una balada tan incalificable como talentosa. Extraordinario.
4. Pet Shop Boys - "Vocal". Cerraban su discreto "Electric" con este tema tan genuino y tan redondo que ha desplazado a "Go West" como el último bis de sus conciertos. Apoteósico.
5. Neon Neon - "Mid Century Modern Nightmare". Gruff Rhys está mucho más cómodo con bajos sintetizados y sintetizadores de época que con sus Super Furry Animals. Pelotazo.
6. New Order - "I'll stay with you". Un nuevo clásico de su repertorio cuando ya no lo esperábamos. Únicos.
7. London Grammar - "Nightcall". La balada de la temporada la han entregado unos debutantes. Minimalismo y excelencia interpretativa.
8. Sia feat. The Weeknd & Diplo - "Elastic heart". Tres talentos distintos encontrando sorprendentes puntos en común. Penetrante.
9. Beady Eye - "Flick of the finger". Una compleja progresión armónica en ocho compases que es pura garra, una formidable sección de viento y la siempre emocionante voz de Liam Gallagher. Lo mejor que han hecho jamás.
10. Rudimental feat. Ella Eyre - "Waiting all night". A pesar de cierta simpleza compositiva, el mejor momento de las pistas de baile del pasado 2013. ¿Techno-dub-soul-house?
11. Polly Scattergood - "Cocoon". El mejor sencillo del retorno de la cantautora menos reacia a las nuevas tecnologías. Delicada.
12. Imagine Dragons - "Monster". La confirmación de que son unas de las grandes realidades de los EEUU. Asfixiante.
13. Haim - "The wire". Ochenteras, femeninas, californianas, originales... Refrescantes.
14. Delphic - "Baiya". En su decepcionante álbum había momentos aislados de talento, como este medio tiempo. Los Duran Duran del año 2013.
15. Little Boots - "Motorway". A pesar de su producción, una estupenda progresión armónica y una bonita melodía. Envolvente.
16. Disclosure feat. Aluna George - "White noise". En su pobre disco de debut encontraron espacio para el teclado sintetizado de la temporada. Infeccioso.
17. Depeche Mode - "Soothe my soul". Cómo seguir escribiendo temas oscuros y personales después de casi 35 años. Inquietante.
18. The Killers - "Shot at the night". Un tema mucho mejor que cualquiera de los sencillos de "Battle born", estupendamente producido por M-83. Elegante.
19. One Republic - "Counting stars". El tema más destacado del mainstream internacional. Enérgico.
20. Lorde - "Team". La mayor irrupción en el panorama musical internacional. Pop a contracorriente para masas.
Seguro que si han tenido oportunidad de escuchar todos los temas coincirán conmigo en que, a pesar de la crisis que rodea al mundillo musical el 2013 ha tenido momentos brillantes. A ver qué nos depara el 2014.
Ahí va la lista. Seguro que no están todos los que lo merecían, pero al menos están todos los que son:
1. Portugal. The Man - "Modern Jesus". El mejor tema del año tenía que salir del mejor disco de 2013. Toda una reinvidicación de las creencias del siglo XXI sobre una sensacional composición. Psicodélico.
2. Cut Copy - "We are explorers". El mejor sencillo de su carrera, puro synthpop sobre una formidable composición. Intemporal.
3. Florence and The Machine - "Over the love". Su único tema nuevo vuelve a ser una balada tan incalificable como talentosa. Extraordinario.
4. Pet Shop Boys - "Vocal". Cerraban su discreto "Electric" con este tema tan genuino y tan redondo que ha desplazado a "Go West" como el último bis de sus conciertos. Apoteósico.
5. Neon Neon - "Mid Century Modern Nightmare". Gruff Rhys está mucho más cómodo con bajos sintetizados y sintetizadores de época que con sus Super Furry Animals. Pelotazo.
6. New Order - "I'll stay with you". Un nuevo clásico de su repertorio cuando ya no lo esperábamos. Únicos.
7. London Grammar - "Nightcall". La balada de la temporada la han entregado unos debutantes. Minimalismo y excelencia interpretativa.
8. Sia feat. The Weeknd & Diplo - "Elastic heart". Tres talentos distintos encontrando sorprendentes puntos en común. Penetrante.
9. Beady Eye - "Flick of the finger". Una compleja progresión armónica en ocho compases que es pura garra, una formidable sección de viento y la siempre emocionante voz de Liam Gallagher. Lo mejor que han hecho jamás.
10. Rudimental feat. Ella Eyre - "Waiting all night". A pesar de cierta simpleza compositiva, el mejor momento de las pistas de baile del pasado 2013. ¿Techno-dub-soul-house?
11. Polly Scattergood - "Cocoon". El mejor sencillo del retorno de la cantautora menos reacia a las nuevas tecnologías. Delicada.
12. Imagine Dragons - "Monster". La confirmación de que son unas de las grandes realidades de los EEUU. Asfixiante.
13. Haim - "The wire". Ochenteras, femeninas, californianas, originales... Refrescantes.
14. Delphic - "Baiya". En su decepcionante álbum había momentos aislados de talento, como este medio tiempo. Los Duran Duran del año 2013.
15. Little Boots - "Motorway". A pesar de su producción, una estupenda progresión armónica y una bonita melodía. Envolvente.
16. Disclosure feat. Aluna George - "White noise". En su pobre disco de debut encontraron espacio para el teclado sintetizado de la temporada. Infeccioso.
17. Depeche Mode - "Soothe my soul". Cómo seguir escribiendo temas oscuros y personales después de casi 35 años. Inquietante.
18. The Killers - "Shot at the night". Un tema mucho mejor que cualquiera de los sencillos de "Battle born", estupendamente producido por M-83. Elegante.
19. One Republic - "Counting stars". El tema más destacado del mainstream internacional. Enérgico.
20. Lorde - "Team". La mayor irrupción en el panorama musical internacional. Pop a contracorriente para masas.
Seguro que si han tenido oportunidad de escuchar todos los temas coincirán conmigo en que, a pesar de la crisis que rodea al mundillo musical el 2013 ha tenido momentos brillantes. A ver qué nos depara el 2014.
martes, 31 de diciembre de 2013
Chvrches: The bones of what you believe (2013)
El reciente debut en formato álbum de los escoceses Chvrches ha sido saludado por la crítica internacional como uno de los más relevantes del año que está a punto de acabar. Su synthpop de corte un tanto artesanal y no siempre vinculado a las pistas de baile se ha percibido como una propuesta no sólo diferente, sino también de calidad. De hecho, en la siempre elocuente Metacritic, que compila decenas de revisiones, ha recibido una puntuación de 81 sobre 100, una de las más altas de los últimos tiempos. Así que, aunque ya conocía alguno de los sencillos con los que habían anticipado este disco y no me habían parecido tan excepcionales, estaba expectante por escucharlo. Ahora, después de no menos de 20 escuchas, mantengo la misma impresión: correctos y agradables, pero no más.
El caso es que se trata de un álbum con poco espacio para la improvisación, en el cual todos los temas están trabajados al mismo nivel, y al que la estridente voz de Lauren Mayberry le da un toque de personalidad. Pero a mi modo de ver lo que le falla es que no tiene canciones de auténtico nivel. Todos sabemos que en la mayoría de los discos hay tres o cuatro temas "estrella", que destacan y sirven de cebo para el resto. E incluso aunque luego una parte de ese resto sea claramente inferior, el álbum puede ser aceptablemente satisfactorio. Pero en "The bones of what you believe" apenas hay momentos que destaquen entre sus catorce temas. Aunque prácticamente a ningún tema se le pueda poner un pero, aunque haya detalles originales, aunque haya revisión con respeto de hallazgos de artistas clásicos del techno-pop, pasadas unas cuantas semanas prácticamente nada del álbum perdura.
Quizá conscientes de este hecho, el álbum recurre a la habitual estrategia de situar la mayoría de los sencillos al principio, en un intento por ganarse desde el comienzo al oyente. Así, "The mother we share", primer sencillo su carrera, es el tema que lo abre y toda una declaración de intenciones de la banda: medio tiempo, abundancia de sintetizadores de los ochenta y noventa, una letra relativamente original, unos arreglos que separan claramente cada una de las partes... todo bien encaminado, pero no llega a ser un gran tema. A la más rápida "We sink" le sucede prácticamente lo mismo, quizá con un estribillo un poquito más recordable pero que no está muy bien enlazado con el resto del tema. "Gun", tercer corte y segundo sencillo, repite como medio tiempo, y es quizá su tema más claro, con su bonita melodía a lo largo de las estrofas y su bajo sintetizado en estéreo por los dos canales, aunque desgraciadamente el estribillo está a un nivel inferior que el resto.
"Tether" juega con los cambios de ritmo, pero vuelve a ser un tema sin gancho, siendo lo más destacable el solo de teclado en el tramo final, que recuerda a los que introdujo Vince Clarke hace 30 años en varios temas de Yazoo. "Lies", último sencillo extraído y junto a "Gun" el único algo más contagioso, recuerda poderosamente al "Are friends electric" de Gary Numan por su omnipresente teclado, que marca toda la progresión armónica. "Under the tide", uno de los temas más rápidos del álbum, está interpretada por Martin Doherty, una interpretación que para seguir con la tónica general es correcta pero sin magia. "Recover" fue el segundo sencillo de su carrera, y propone como principal argumento una entrada al estribillo chirriante y sin embargo melódica; lástima que el estribillo sea tan entrecortado.
"Night sky" es otro tema correcto pero sin gancho, afeado además por una percusión realmente añeja. "Science/Visions", a pesar de contar con una interpretación vocal completa, es más un tema atmosférico que pop: nuevamente parece que va a ser un trallazo, pero conforme avanza el minutaje las ideas se estancan y no acaba de entusiasmar. "Lungs" se acerca al R&B auto-tuneado que tanto tirón comercial tiene en los últimos años al otro lado del Atlántico, pero ni la voz de Lauren es la correcta para este tipo de ritmos, ni se les nota cómodos. "By the throat" es quizá el tema que más me llama la atención, y podría pasar por un tema lento del debut de LaRoux, aunque le sobran todos los coros. Y "You caught the light", el tema que cierra el disco en la edición estándar, juega a ser una composición instrumental con un sonido totalmente ochentero, aunque acaba teniendo una interpretación vocal completa (y excesivamente larga) a cargo de Martin.
Y claro, en un álbum sin grandes defectos, los dos temas adicionales de la edición iTunes no desentonan del resto: "Strong hands" es el que curiosamente contiene la frase que da título al álbum, y juega a sorprender (más bien a intentar enganchar) al melómano con un doble estribillo contundente. Y "Broken bones" me parece un tema ligeramente superior a muchos de los ya reseñados, puesto que va creciendo gradualmente sobre un bajo sintetizado, aunque nuevamente cuando están todas las cartas sobre el tablero se queda un poco a medio camino.
Reseñados uno a uno, puede parecer que estamos ante un mal álbum. En absoluto: en este mismo blog he reseñado últimamente álbumes peores (Delphic, Terranova...). Y de hecho, vistos los sencillos seleccionados, casi cualquier tema del disco podría seguir el mismo camino. Lo que sucede es que un montón de temas correctos hacen un álbum solamente correcto: ni compositivamente han dado en la diana, ni instrumentalmente aportan nada que no hayamos escuchado ya antes, ni técnicamente tienen nada de excepcional (ni vocalment,e ni en las percusiones y teclados). Habrá no obstante que seguirles de cerca, porque puede que den un salto y se conviertan en una gran banda, pero para ello necesitan urgentemente que les llegue cuanto antes un extra de inspiración.
El caso es que se trata de un álbum con poco espacio para la improvisación, en el cual todos los temas están trabajados al mismo nivel, y al que la estridente voz de Lauren Mayberry le da un toque de personalidad. Pero a mi modo de ver lo que le falla es que no tiene canciones de auténtico nivel. Todos sabemos que en la mayoría de los discos hay tres o cuatro temas "estrella", que destacan y sirven de cebo para el resto. E incluso aunque luego una parte de ese resto sea claramente inferior, el álbum puede ser aceptablemente satisfactorio. Pero en "The bones of what you believe" apenas hay momentos que destaquen entre sus catorce temas. Aunque prácticamente a ningún tema se le pueda poner un pero, aunque haya detalles originales, aunque haya revisión con respeto de hallazgos de artistas clásicos del techno-pop, pasadas unas cuantas semanas prácticamente nada del álbum perdura.
Quizá conscientes de este hecho, el álbum recurre a la habitual estrategia de situar la mayoría de los sencillos al principio, en un intento por ganarse desde el comienzo al oyente. Así, "The mother we share", primer sencillo su carrera, es el tema que lo abre y toda una declaración de intenciones de la banda: medio tiempo, abundancia de sintetizadores de los ochenta y noventa, una letra relativamente original, unos arreglos que separan claramente cada una de las partes... todo bien encaminado, pero no llega a ser un gran tema. A la más rápida "We sink" le sucede prácticamente lo mismo, quizá con un estribillo un poquito más recordable pero que no está muy bien enlazado con el resto del tema. "Gun", tercer corte y segundo sencillo, repite como medio tiempo, y es quizá su tema más claro, con su bonita melodía a lo largo de las estrofas y su bajo sintetizado en estéreo por los dos canales, aunque desgraciadamente el estribillo está a un nivel inferior que el resto.
"Tether" juega con los cambios de ritmo, pero vuelve a ser un tema sin gancho, siendo lo más destacable el solo de teclado en el tramo final, que recuerda a los que introdujo Vince Clarke hace 30 años en varios temas de Yazoo. "Lies", último sencillo extraído y junto a "Gun" el único algo más contagioso, recuerda poderosamente al "Are friends electric" de Gary Numan por su omnipresente teclado, que marca toda la progresión armónica. "Under the tide", uno de los temas más rápidos del álbum, está interpretada por Martin Doherty, una interpretación que para seguir con la tónica general es correcta pero sin magia. "Recover" fue el segundo sencillo de su carrera, y propone como principal argumento una entrada al estribillo chirriante y sin embargo melódica; lástima que el estribillo sea tan entrecortado.
"Night sky" es otro tema correcto pero sin gancho, afeado además por una percusión realmente añeja. "Science/Visions", a pesar de contar con una interpretación vocal completa, es más un tema atmosférico que pop: nuevamente parece que va a ser un trallazo, pero conforme avanza el minutaje las ideas se estancan y no acaba de entusiasmar. "Lungs" se acerca al R&B auto-tuneado que tanto tirón comercial tiene en los últimos años al otro lado del Atlántico, pero ni la voz de Lauren es la correcta para este tipo de ritmos, ni se les nota cómodos. "By the throat" es quizá el tema que más me llama la atención, y podría pasar por un tema lento del debut de LaRoux, aunque le sobran todos los coros. Y "You caught the light", el tema que cierra el disco en la edición estándar, juega a ser una composición instrumental con un sonido totalmente ochentero, aunque acaba teniendo una interpretación vocal completa (y excesivamente larga) a cargo de Martin.
Y claro, en un álbum sin grandes defectos, los dos temas adicionales de la edición iTunes no desentonan del resto: "Strong hands" es el que curiosamente contiene la frase que da título al álbum, y juega a sorprender (más bien a intentar enganchar) al melómano con un doble estribillo contundente. Y "Broken bones" me parece un tema ligeramente superior a muchos de los ya reseñados, puesto que va creciendo gradualmente sobre un bajo sintetizado, aunque nuevamente cuando están todas las cartas sobre el tablero se queda un poco a medio camino.
Reseñados uno a uno, puede parecer que estamos ante un mal álbum. En absoluto: en este mismo blog he reseñado últimamente álbumes peores (Delphic, Terranova...). Y de hecho, vistos los sencillos seleccionados, casi cualquier tema del disco podría seguir el mismo camino. Lo que sucede es que un montón de temas correctos hacen un álbum solamente correcto: ni compositivamente han dado en la diana, ni instrumentalmente aportan nada que no hayamos escuchado ya antes, ni técnicamente tienen nada de excepcional (ni vocalment,e ni en las percusiones y teclados). Habrá no obstante que seguirles de cerca, porque puede que den un salto y se conviertan en una gran banda, pero para ello necesitan urgentemente que les llegue cuanto antes un extra de inspiración.
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