domingo, 23 de febrero de 2014

Haim: Days are gone (2013)

De las bandas que han debutado en el 2013 que nos dejó hace unas semanas, una de las que más repercusión ha tenido tanto a nivel de crítica como a nivel comercial ha sido el de las californianas Haim. El trío formado por las hermanas Alana (vocalista principal, guitarra), Danielle y Esti Haim ya había publicado sus primeros temas en 2012, pero su debut en formato álbum en octubre pasado las ha encumbrado a lo más alto de las listas de álbumes británicas, y al puesto número 6 en las estadounidenses, a la vez que recogía críticas claramente favorables en las distintas publicaciones especializadas, figurando en el "top 10" de muchas de las listas de mejores álbumes de 2013. Algo parecido a lo que sucedió en 2012 con los Imagine Dragons, como ya reseñé en este mismo blog: sin ser artistas de una calidad excepcional, sí que conjugan una comercialidad y una creatividad más que interesantes en un momento en que la disociación entre ambos mundos, el comercial y el creativo, es máxima.

Ante todo, no debemos dejarnos guiar por su imagen plenamente folk, ni por las referencias que las sitúan como un grupo de rock deudor de Fleetwood Mac. Haim es un grupo esencialmente pop, que recupera las melodías y buena parte de los ticks del pop estadounidense de los años 80 y primeros 90, en un abanico de referencias que abarca desde Blondies hasta The Go Gos y The Bangles. Un pop en el que la nota de personalidad la ponen los fraseos largos con notas de duración corta en cada verso, una seña de identidad que puede complicar en ocasiones la comprensión de los textos. El álbum se abre con "Falling", que fue el tercer sencillo del disco y llama la atención por su peculiar percusión y el juego de voces que realizan las tres hermanas en el estribillo. Sin ser un temazo, gana con cada escucha, al igual que la mayoría de su repertorio. El segundo corte es "Forever", que fue el primer sencillo de su carrera, descubriendo su pop de guitarras con los justos toques temporáneos y las melodías cristalinas de los ochenta, aunque en mi opinión lo más reseñable es la parte nueva a minuto y medio del final ("Go go go go, get out of my memory...").

"The wire" es el cuarto sencillo, y en mi opinión el mejor tema del álbum, como ya puse de manifiesto al seleccionarlo para mi lista de canciones internacionales de 2013: un medio tiempo con guiños country, una lograda instrumentación (incluyendo un certero pizzicato de cuerdas sintetizadas en el tramo final), un doble estribillo muy recomendable, y las tres hermanas asumiendo la voz principal en algún momento. "If I could change your mind" es un tema más oscuro, menos brillante, con una bonita entrada al estribillo y los teclados synclavier reforzándolo. "Honey and I" es un tanto cursi, debido a su letra melosa y sus armonías blanditas. Le sigue "Don't save me", que fue el segundo sencillo de su carrera, y aunque ena mi modo de ver es el menos logrado de los cuatro, cuando llega la entrada al estribillo se aprecia una clara mejora, corroborada por un estribillo absolutamente ochentero e igualmente disfrutable.

"Days are gone" es la canción que da título al álbum, y no por cierto de las mejores, a causa de unos teclados más que cuestionables y un estribillo en falsete no muy afortunado. Aunque el peor tema del disco es sin duda "My song 5", todo un tratado de experimentación mal digerida. "Go slow", además de ser efectivamente un tema lento, mejora el nivel de las dos anteriores gracias a su original percusión, a sus armonías vocales envolventes y a un tramo final de una calidad muy destacable. "Let me go" es, otro de los momentos álgidos del álbum, pues las lleva a un registro opresivo al comienzo, a unas reminiscencias africanas cuando entra la percusión en la segunda estrofa y a un inesperado solo de guitarra en el tramo final sobre voces que van y vienen. La versión oficial del álbum se cierra con "Running if you call my name", la balada del álbum, tenebrosa en su mayor parte, y con un estribillo que es puro The Bangles. Si bien en la versión Deluxe podemos encontrar dos descartes más que interesantes: "Better off", con su batería machacona y una excelente melodía a dos voces, y "Send me down", construida sobre un original teclado que predomina en cada compás y unas bonitas estrofas.

Soy consciente de que su pop directo y para (casi) todos los públicos puede provocar el rechazo de una parte de los lectores de este humilde blog. Pero si se le da una oportunidad, es un álbum que admite múltiples escuchas, que permite descubrir un incuestionable talento para componer siete u ocho temas de calidad, y que además nos proporcionará unos cuantos estribillos que se pegarán a nuestro cerebro durante varias jornadas. Si bien es cierto que deben mejorar sus cualidades vocales (especialmente Alana, muy floja en directo), que de momento carecen de cimientos suficientes para labrarse una larga trayectoria en el panorama musical, y que por tanto están a expensas de que no se les apague la inspiración compositiva. Esperemos que les aguante.

sábado, 1 de febrero de 2014

A propósito de los Grammys 2014

No soy muy dado a comentar los innumerables premios que se conceden en el panorama musical a nivel internacional. En general los premios tienen unas motivaciones crematísticas que se suelen anteponer a la calidad artística, la cual es siempre el faro por el que se guía este humilde blog. Aunque de entre todos ellos es evidente que los premios Grammys son los más relevantes, tanto por entregarse en los EEUU como por el componente de espectáculo televisivo y de celebridades que aporta. Así que en esta entrada voy a aportar unas cuantas reflexiones a propósito de los artistas premiados.

Sin espacio para la sorpresa, los grandes triunfadores (nada menos que 5 Grammys) han sido los franceses Daft Punk. A lo largo de sus veinte años de carrera mi opinión sobre el dúo de música electrónica ha ido variando, pero creo que el mejor juicio que se les puede hacer es que son capaces de lo mejor y lo peor. Así, si sus primeros sencillos me contagiaron con su energía disco pero me hicieron cuestionar su talento dada su extrema simplicidad ("Da Funk", "Around the world"), su segundo álbum eliminó esas dudas gracias a temas tan redondos como "One more time" (el único tema disco sin bombo ni caja durante 2 minutos que jamás ha triunfado) o "Harder, better, faster, stronger" (el mejor solo de autotune/vocoder que jamás he escuchado). Pero desde entonces, en trece años sólo han publicado dos álbumes de estudio, claramente menores: el estridente y falto de inspiración "Human after all" en 2005 y, hace unos meses, "Random Access Memories", el álbum que les ha convertido de manera sorprendente e injustificada en ídolos del pop mundial.

Sorprendente porque proponer en el año 2013 el funky disco que bordaban Chic (y en menor medida Shalamar) hace casi 35 años me parece de una falta de talento alarmante. No tengo nada en contra de Chic; de hecho varios de sus sencillos (desde el histórico "Good times" sobre el que se creó el primer hip-hop hasta el injustamente olvidado "Your love" de su último álbum de estudio) me siguen pareciendo maravillas del género, en las que el talento de Bernard Edwards al bajo y la inconfundible guitarra funky de Neil Rogers son claramente apreciables. Y la labor de Edwards y Rodgers como compositores (Diana Ross, Sister Sledge, Deborah Harry...) y especialmente como productores (Edwards produjo a ABC, Robert Palmer, Rod Stewart... y Rogers a una lista larguísima de artistas, con David Bowie, Mick Jagger, Duran Duran, Madonna e incluso los Olé-Olé de Marta Sánchez a la cabeza) ha entrado por méritos propios en la historia de la música contemporánea.

Pero lo que han hecho Daft Punk en este 2013 es revisar ese legado sin aportarle absolutamente nada (y eso que a unos artistas electrónicos lo mínimo que se les debería suponer es la capacidad de enriquecer sus creaciones con detalle contemporáneos). No sólo eso, han recurrido al propio Rogers como si de una reunión de Chic se tratara. Y encima con unas composiciones simplonas ("Get lucky" está construida sobre una única progresión armónica de cuatro acordes, con partes apenas diferenciadas a causa de unos arreglos mediocres, "Lose Yourself to Dance" amaga con ser mejor pero se queda en otro tema irrelevante, y en "Instant Crush" repiten con una composición muy simple, abusando tanto del autotune que apenas es posible reconocer la voz del pobre Julian Casablancas). Por eso me parece absolutamente injustificado el arrollador éxito internacional, y lo que es peor, el reconocimiento de buena parte de la crítica, culminado en estos cinco Grammys. Es una evidencia del absoluto desconcierto de la industria musical norteamericana, que encumbra a unos burdos recreadores de un género que vivió su época dorada hace muchas décadas. Y encima 100% americano, aunque Daft Punk sean franceses.

Ahora bien, no todos los premiados son tan discutibles como Daft Punk. Por ejemplo, reflejando la crisis aboluta que sufre el rock a nivel mundial, el Grammy a la mejor canción de rock del año ha sido para "Cut me some slack", la colaboración de Paul McCartney con los miembros que restan de Nirvana. Recuerdo la cantidad de críticas que me generó incluirla en la lista de las mejores canciones de 2012. Ahora me alegra ver que los miembros de la academia han compartido mi opinión. Porque sí, es cierto que es una segunda parte de "Helter Skelter", del "White album" de The Beatles. Pero no es menos cierto que esa canción ha influido de manera determinante a una gran parte del rock posterior, entre ella a Dave Grohl y sus secuaces. Por lo que ver al bueno de McCartney desprender esa energía con 70 años y respaldado por una banda tan solvente es de lo mejor que nos ha deparado el rock en los últimos tiempos.

Otra ganadora indiscutible de la noche fue la neozelandesa Lorde. Con un tema ("Royals") que no es el que yo seleccioné en mi lista de mejores canciones de 2013 ("Team", que me parece bastante superior). Pero al fin y al cabo es un reconocimiento para una adolescente que por una vez no es un producto prefabricado y ultra-provocativo, sino una creadora a contracorriente, con un sonido contemporáneo y una puesta en escena anti-marketiniana. Y varios de los artistas ensalzados en este mismo blog han tenido también protagonismo destacado (Imagine Dragons y su equilibrio entre comercialidad y creatividad, Disclosure, la colaboración de Florence and The Machine con Calvin Harris...). Lo que refleja que, a pesar de la abundancia en la gala de artistas de talento más que discutible (no sólo Daft Punk, sino también Bruno Mars, Taylor Swift, Lana del Rey, Jay-Z, Robin Thicke, Rihanna, Eminem...), los Grammys aún son dignos de cierta atención por parte del panorama musical.

domingo, 19 de enero de 2014

Las 20 mejores canciones internacionales de 2013

Una vez más estamos en enero, mes de listas que nos permitan sintetizar lo mejor del año que se nos acaba de escapar. Como de costumbre, no me atrevo a proponer una lista con los mejores álbumes, pues el volumen de discos publicados excede ampliamente la cantidad que puedo escuchar. Pero sí que vuelvo a proponer una lista con 20 canciones internacionales que recordar de este 2013. Con dos criterios: seleccionar temas que hayan visto la luz en formato sencillo/videoclip, y una única canción por artista, para conseguir una panorámica más amplia. Como de costumbre siempre intentando localizar la emoción, el talento, la creatividad y la calidad que, si se busca, aún existe en los diferentes estilos que componen el panorama de la música contemporánea.

Ahí va la lista. Seguro que no están todos los que lo merecían, pero al menos están todos los que son:

1. Portugal. The Man - "Modern Jesus". El mejor tema del año tenía que salir del mejor disco de 2013. Toda una reinvidicación de las creencias del siglo XXI sobre una sensacional composición. Psicodélico.
2. Cut Copy - "We are explorers". El mejor sencillo de su carrera, puro synthpop sobre una formidable composición. Intemporal.
3. Florence and The Machine - "Over the love". Su único tema nuevo vuelve a ser una balada tan incalificable como talentosa. Extraordinario.
4. Pet Shop Boys - "Vocal". Cerraban su discreto "Electric" con este tema tan genuino y tan redondo que ha desplazado a "Go West" como el último bis de sus conciertos. Apoteósico.
5. Neon Neon - "Mid Century Modern Nightmare". Gruff Rhys está mucho más cómodo con bajos sintetizados y sintetizadores de época que con sus Super Furry Animals. Pelotazo.
6. New Order - "I'll stay with you". Un nuevo clásico de su repertorio cuando ya no lo esperábamos. Únicos.
7. London Grammar - "Nightcall". La balada de la temporada la han entregado unos debutantes. Minimalismo y excelencia interpretativa.
8. Sia feat. The Weeknd & Diplo - "Elastic heart". Tres talentos distintos encontrando sorprendentes puntos en común. Penetrante.
9. Beady Eye - "Flick of the finger". Una compleja progresión armónica en ocho compases que es pura garra, una formidable sección de viento y la siempre emocionante voz de Liam Gallagher. Lo mejor que han hecho jamás.
10. Rudimental feat. Ella Eyre - "Waiting all night". A pesar de cierta simpleza compositiva, el mejor momento de las pistas de baile del pasado 2013. ¿Techno-dub-soul-house?
11. Polly Scattergood - "Cocoon". El mejor sencillo del retorno de la cantautora menos reacia a las nuevas tecnologías. Delicada.
12. Imagine Dragons - "Monster". La confirmación de que son unas de las grandes realidades de los EEUU. Asfixiante.
13. Haim - "The wire". Ochenteras, femeninas, californianas, originales... Refrescantes.
14. Delphic - "Baiya". En su decepcionante álbum había momentos aislados de talento, como este medio tiempo. Los Duran Duran del año 2013.
15. Little Boots - "Motorway". A pesar de su producción, una estupenda progresión armónica y una bonita melodía. Envolvente.
16. Disclosure feat. Aluna George - "White noise". En su pobre disco de debut encontraron espacio para el teclado sintetizado de la temporada. Infeccioso.
17. Depeche Mode - "Soothe my soul". Cómo seguir escribiendo temas oscuros y personales después de casi 35 años. Inquietante.
18. The Killers - "Shot at the night". Un tema mucho mejor que cualquiera de los sencillos de "Battle born", estupendamente producido por M-83. Elegante.
19. One Republic - "Counting stars". El tema más destacado del mainstream internacional. Enérgico.
20. Lorde - "Team". La mayor irrupción en el panorama musical internacional. Pop a contracorriente para masas.

Seguro que si han tenido oportunidad de escuchar todos los temas coincirán conmigo en que, a pesar de la crisis que rodea al mundillo musical el 2013 ha tenido momentos brillantes. A ver qué nos depara el 2014.

martes, 31 de diciembre de 2013

Chvrches: The bones of what you believe (2013)

El reciente debut en formato álbum de los escoceses Chvrches ha sido saludado por la crítica internacional como uno de los más relevantes del año que está a punto de acabar. Su synthpop de corte un tanto artesanal y no siempre vinculado a las pistas de baile se ha percibido como una propuesta no sólo diferente, sino también de calidad. De hecho, en la siempre elocuente Metacritic, que compila decenas de revisiones, ha recibido una puntuación de 81 sobre 100, una de las más altas de los últimos tiempos. Así que, aunque ya conocía alguno de los sencillos con los que habían anticipado este disco y no me habían parecido tan excepcionales, estaba expectante por escucharlo. Ahora, después de no menos de 20 escuchas, mantengo la misma impresión: correctos y agradables, pero no más.

El caso es que se trata de un álbum con poco espacio para la improvisación, en el cual todos los temas están trabajados al mismo nivel, y al que la estridente voz de Lauren Mayberry le da un toque de personalidad. Pero a mi modo de ver lo que le falla es que no tiene canciones de auténtico nivel. Todos sabemos que en la mayoría de los discos hay tres o cuatro temas "estrella", que destacan y sirven de cebo para el resto. E incluso aunque luego una parte de ese resto sea claramente inferior, el álbum puede ser aceptablemente satisfactorio. Pero en "The bones of what you believe" apenas hay momentos que destaquen entre sus catorce temas. Aunque prácticamente a ningún tema se le pueda poner un pero, aunque haya detalles originales, aunque haya revisión con respeto de hallazgos de artistas clásicos del techno-pop, pasadas unas cuantas semanas prácticamente nada del álbum perdura.

Quizá conscientes de este hecho, el álbum recurre a la habitual estrategia de situar la mayoría de los sencillos al principio, en un intento por ganarse desde el comienzo al oyente. Así, "The mother we share", primer sencillo su carrera, es el tema que lo abre y toda una declaración de intenciones de la banda: medio tiempo, abundancia de sintetizadores de los ochenta y noventa, una letra relativamente original, unos arreglos que separan claramente cada una de las partes... todo bien encaminado, pero no llega a ser un gran tema. A la más rápida "We sink" le sucede prácticamente lo mismo, quizá con un estribillo un poquito más recordable pero que no está muy bien enlazado con el resto del tema. "Gun", tercer corte y segundo sencillo, repite como medio tiempo, y es quizá su tema más claro, con su bonita melodía a lo largo de las estrofas y su bajo sintetizado en estéreo por los dos canales, aunque desgraciadamente el estribillo está a un nivel inferior que el resto.

"Tether" juega con los cambios de ritmo, pero vuelve a ser un tema sin gancho, siendo lo más destacable el solo de teclado en el tramo final, que recuerda a los que introdujo Vince Clarke hace 30 años en varios temas de Yazoo. "Lies", último sencillo extraído y junto a "Gun" el único algo más contagioso, recuerda poderosamente al "Are friends electric" de Gary Numan por su omnipresente teclado, que marca toda la progresión armónica. "Under the tide", uno de los temas más rápidos del álbum, está interpretada por Martin Doherty, una interpretación que para seguir con la tónica general es correcta pero sin magia. "Recover" fue el segundo sencillo de su carrera, y propone como principal argumento una entrada al estribillo chirriante y sin embargo melódica; lástima que el estribillo sea tan entrecortado.

"Night sky" es otro tema correcto pero sin gancho, afeado además por una percusión realmente añeja. "Science/Visions", a pesar de contar con una interpretación vocal completa, es más un tema atmosférico que pop: nuevamente parece que va a ser un trallazo, pero conforme avanza el minutaje las ideas se estancan y no acaba de entusiasmar. "Lungs" se acerca al R&B auto-tuneado que tanto tirón comercial tiene en los últimos años al otro lado del Atlántico, pero ni la voz de Lauren es la correcta para este tipo de ritmos, ni se les nota cómodos. "By the throat" es quizá el tema que más me llama la atención, y podría pasar por un tema lento del debut de LaRoux, aunque le sobran todos los coros. Y "You caught the light", el tema que cierra el disco en la edición estándar, juega a ser una composición instrumental con un sonido totalmente ochentero, aunque acaba teniendo una interpretación vocal completa (y excesivamente larga) a cargo de Martin.

Y claro, en un álbum sin grandes defectos, los dos temas adicionales de la edición iTunes no desentonan del resto: "Strong hands" es el que curiosamente contiene la frase que da título al álbum, y juega a sorprender (más bien a intentar enganchar) al melómano con un doble estribillo contundente. Y "Broken bones" me parece un tema ligeramente superior a muchos de los ya reseñados, puesto que va creciendo gradualmente sobre un bajo sintetizado, aunque nuevamente cuando están todas las cartas sobre el tablero se queda un poco a medio camino.

Reseñados uno a uno, puede parecer que estamos ante un mal álbum. En absoluto: en este mismo blog he reseñado últimamente álbumes peores (Delphic, Terranova...). Y de hecho, vistos los sencillos seleccionados, casi cualquier tema del disco podría seguir el mismo camino. Lo que sucede es que un montón de temas correctos hacen un álbum solamente correcto: ni compositivamente han dado en la diana, ni instrumentalmente aportan nada que no hayamos escuchado ya antes, ni técnicamente tienen nada de excepcional (ni vocalment,e ni en las percusiones y teclados). Habrá no obstante que seguirles de cerca, porque puede que den un salto y se conviertan en una gran banda, pero para ello necesitan urgentemente que les llegue cuanto antes un extra de inspiración.

domingo, 22 de diciembre de 2013

The Hunger Games. Catching Fire Soundtrack (2013)

No suelo estar muy interesado en las bandas sonoras cinematrográficas: las que corresponden a películas musicales suelen primar la cohesión argumental y la accesibilidad por encima de la calidad; y las que corresponden al resto de géneros suelen consistir en un batiburrillo más o menos afortunado, con poco espacio para la sorpresa y como mucho uno o dos temas originales escritos específicamente para la ocasión. Pero las bandas sonoras de la saga "The Hunger Games" ("Los juegos del hambre", en español) constituyen una reconfortante excepción. Ya lo supuso la primera entrega hará cerca de dos años, razonablemente cohesionada en torno al country contemporáneo y que, gracias a la aportación de la insustancial Taylor Swift fue un éxito de ventas a nivel mundial. Pero mucho más lo ha sido la segunda entrega, este "Catching Fire" que ha ampliado el abanico estilístico y lo ha convertido en una especie de compendio de algunos de los artistas más interesantes de pop, folk e incluso electrónica que están actualmente en activo, y que colaboran con temas escritos explícitamente para esta banda sonora. Lo que hasta cierto punto es otro nivel de coherencia.

Comenzando por los británicos Coldplay, que abren el álbum con "Atlas", su primer tema nuevo en años. Un tema lento, expansivo, correcto, pero que a mi modo de ver les reafirma una vez más como una de las bandas más sobrevaloradas del panorama musical. Le sigue "Silhouettes", la confirmación de que los islandeses Of Monster and Men no son flor de un día: siguen con su personal estilo, a medio camino entre el pop intimista y el folk con toques fantásticos, y entregan un tema precioso, con un estribillo emocionante. Le sigue la hasta ahora poco conocida cantante y compositora Sia, una australiana con voz y estilo personales que aquí entrega la excelente "Elastic heart", una buena composición realzada por el sello personal de Diplo en la instrumentación y la colaboración del canadiense The Weeknd con su maravillosa voz. Y para seguir con los nombres estelares del panorama actual, los estadounidenses The National proporcionan con "Lean" el cuarto corte del álbum. Me siguen pareciendo unos artistas de una naturalidad y una acústica artificiales, reforzada por la "descuidada" dicción de su lider, Matt Berninger, y lo único realmente llamativo es en mi opinión el complejo ritmo que lleva la batería durante todo el tema.

La primera concesión al público masivo llega con el quinto corte ("We remain"), interpretado por una Christina Aguilera lejos ya de su insustancial periodo de gloria y que se refleja incluso en una voz más grave y de menores registros. Se trata no obstante de una balada suficientemente alejada de lo convencional y centrada en la temática de la película, y por lo tanto aguanta la escucha tras sus cuatro predecesores. Es sólo un punto de inflexión, pues en el sexto corte repite The Weeknd, con "Devil may cry", uno de los mejores temas de su corta carrera: un tema lúgubre, con un excelente equilibrio instrumental entre clasicismo y contemporaneidad y una fantástica interpretación vocal de quien en mi opinión es la mejor voz que ha surgido en lo que llevamos de década, Abel Tesfaye. Le sigue "Who we are", la aportación de los omnipresentes Imagine Dragons, a quienes ya reseñé en este mismo blog el año pasado por ser una de las bandas más interesantes que ha surgido últimamente. Y que sin ser un tema del nivel de "Monster", su otra aportación a bandas sonoras esta temporada (en concreto a "Infinity Blade III"), sí que resulta lo suficientemente diferente y personal como para resultar interesante.

La sensación comercial del momento, la neozelandesa Lorde, demuestra en su espantosa interpretación del clásico "Everybody wants to rulle the world" de Tears For Fears que posiblemente se la esté sobrevalorando a nivel mundial, o que al menos carece de la inteligencia para llevar una versión a su terreno sin destrozarla. "Gale song", de la banda folk-rock estadounidense The Lumineers, hubiera encajado en la primera entrega de la saga, pero aquí está fuera de lugar, y junto con el tema de Lorde pueden saltarse tranquilamente. "Mirror", décimo corte, es la aportación de la británica Ellie Goulding, quien ha arrasado a nivel de ventas con su segundo álbum, respetando su personalidad y una brillante producción de sus canciones, pero vanalizándolas un tanto a la hora de hacerlas más accesibles para el gran público, que es justo lo que le sucede aquí. Y la inclusión de Patti Smith en el siguiente corte obedece más a la intención de incluir a un icono del rock como ella que a su escasa capacidad creativa actual, como lo demuestra "Capitol letter", su más que cuestionable aportación.

La inclasificable Santigold, que podría ser una estrella negra a la altura de Beyoncé o Alicia Keys en un mundo ideal, nos ofrece con "Shooting arrows at the sky" un tema que se queda a medio camino de la excelencia: estupendo arpegio de guitarras, brillantes estrofas creadas a partir de él, un discutible estribillo y una preocupante falta de creatividad para enriquecerlo con alguna otra parte. Mikky Ekko, el compositor de pop clásico que ha tenido un éxito este año a dúo con Rihanna con "Stay", nos ofrece con "Place for us" un tema convencional, atemporal, sin chispa alguna, cuarto candidato a pulsar el forward. Afortunadamente, los neoyorkinos Phantogram insisten con "Lights" en su trip-hop con matices americanos y toques tenebrosos, logrando un tema más que digno. Y el tantas veces meloso Antony Hegarty, líder de Antony and the Johnsons, remata la banda sonora con "Angel on Fire", un tema lento (era inevitable), pero más oscuro que de costumbre y más contenido en lo que a toques sensibleros se refiere, por lo que será difícil que irrite a sus detractores.

En resumen, quince temas originales que incluyen a siete u ocho de los nombres más importantes a nivel creativo actualmente, y nada menos que diez temas de un nivel medio cuando menos interesante. Argumentos que hacen de ésta una de las mejores bandas sonoras de los últimos años. Esperemos que cunda el ejemplo y se siga apostando por la creatividad y los temas nuevos, en lugar de que por bandas sonoras estilo Kiss FM (dicho sea con respeto, por supuesto). La música (y el cine) lo necesitan.

sábado, 23 de noviembre de 2013

Polly Scattergood: Arrows (2013)

El nuevo álbum de Polly Scattergood va a ser el tercero que voy a reseñar en este blog durante el presente 2013 de artistas británicos más o menos electrónicos que dieron la campanada en el año 2009 con sus álbumes de debut y que se han demorado nada menos que cuatro años en publicar su continuación. Los dos primeros, Delphic y Little Boots, no han justificado tan larga espera: los primeros directamente se han enzarzado en un cambio de estilo que les ha restado calidad y ha puesto en peligro su continuidad, y la segunda ha optado por un house indie que no realza sus composiciones y le reste tirón comercial. El de Polly Scattergood no supone un retroceso tan manifiesto como los dos anteriores, entre otras cosas porque la repercusión comercial de su debut fue mucho menor, aunque también porque, como tendré ocasión de reseñar en los siguientes párrafos, es un álbum más continuista que el de aquellos. Por cierto, que aún hay un cuarto caso británico y electrónico pendiente de continuación desde 2009: LaRoux, que no parecen saber cómo mantener el listón de su fantástico debut.

Para los cuatro años transcurridos, "Arrows" es un disco relativamente escuerto (sólo 10 temas). Y a diferencia de su álbum de debut, la cantautora británica ha compartido esfuerzo compositivo en esta ocasión con otra persona, Glenn Kerrigan (lo siento, no tengo referencias sobre él) en casi todos los temas. De hecho, "Cocoon", la canción que lo abre y segundo sencillo, es una de las dos que firma Polly en solitario. Es una buena manera de empezar el álbum, aparte de uno de sus temas más redondos, con su bonita progresión armónica principal, su quebradiza e intimista voz y un logrado colchón electrónico al que sólo le falta algo más de originalidad en su tramo final para completar un temazo. Pero el resto del álbum baja un poco el listón. Un buen ejemplo es "Falling", segundo corte y primero de los tres temas rápidos estratégicamente distribuidos a lo largo del álbum para compensar tanta introspección y melancolía: un tema correcto, con un bajo sintetizado a lo Peter Hook, pero con un estribillo demasiado entrecortado y cierto estilo anodino. "Machines" es otra composición correcta, una balada espartana durante tres cuartas partes que se convierte en una furiosa reivindicación de la condición humana en su tramo final.

Aunque no lo parezca al principio, "Disco damaged kid" es otro rápido y bailable tema electrónico, presidido por un piano programado y efectos plenamente contemporáneos muy en la línea de Mute Records, un punto superior a los dos temas anteriores pero sin llegar a fascinar. "Colours colliding", quinto corte, es una cadenciosa balada que vuelve a enfocarse en el atormentado mundo interior de Polly, con otro ratito de rabia e instantes en los que su voz está a punto de quebrarse. "Miss you" sufre por el hecho de ser otro tema lento más, en este caso de corte mucho más clásico (voz y piano durante la mayor parte del mismo), y uno de los estribillos más bonitos del disco. "Subsequently lost" es el tercer tema rápido, y se beneficia del cambio de ritmo respecto a los dos temas anteriores, además de que con su bajo 100% electroclash, las palmadas sintetizadas en su primer estribillo, y un logrado segundo estribillo que comienza con "I miss you most..." es otro de los momentos más interesantes del álbum.

El tramo final del disco lo inaugura "Silver lining", probablemente el tema más experimental, con su atmósfera etérea y un tanto inquietante y su recitado final, aunque también uno de los menos disfrutables (excepción hecha de la parte nueva, que introduce sabiamente cuando reivindica aquello de "I feel no pain"). "Wanderlust", primer sencillo, está situado a propósito como penúltimo tema, intentando trasladar al melómano el mensaje de que "Arrows" es mucho más que un par de sencillos y ocho temas de relleno. Se trata de un disfrutable medio tiempo, con un brillante comienzo, protagonismo especial para los teclados sintetizados y una melodía cautivadora tanto en las estrofas como en los tramos nuevos (bueno, y también con un excelente video-clip). Y "I've got a heart", el tema que lo cierra y segundo firmado en exclusiva por Polly, es otra balada clásica, tierna, en la que ella desnuda sus sentimientos con la mejor letra del álbum ("I'll sit with a paper and a pen just writing shit until I fall asleep..."), y una rara habilidad para colar efectos que adornen las estrofas a la vez que unas previsibles slow strings realzan el estribillo. Para mi gusto es junto con "Cocoon" el mejor tema del disco, y una muy adecuada manera de cerrarlo.

En definitiva, "Arrows" es un disco bien producido, personal, que saca buen partido de los mejores temas escritos por la británica en estos años con una correcta estructuración, duración y ubicación, que no defraudará a los que busquen música electrónica ni a los que busquen música con sentimientos. Pero que a los puntos pierde frente a su álbum de debut por haber perdido el factor sorpresa y arrinconado su vocación de poetisa urbana y no haberlos contrarrestado con algún tema más que dejara a un lado su complejo mundo interior y cruzara la frontera entre lo correcto y la excelencia.

viernes, 1 de noviembre de 2013

"La voz", o el elocuente desperdicio del formato "Talent show"

El éxito de audiencia en España de la segunda temporada de "La voz" me ha animado a dedicar una entrada al fenómeno de los "talent show". Como ya anticipio en el título, mi punto de vista va a ser esencialmente negativo, pues a mi modo de ver este programa, como la gran mayoría de los "talent show", supone un elocuente ejemplo de cómo desaprovechar prácticamente todas las posibilidades que ofrece este formato. Y por una vez no hablo a nivel de España solamente, sino por desgracia a nivel mundial.

Pero empecemos por lo positivo: el éxito de "La voz", como el de otros antecesores tipo "Operación triunfo", se cimenta en parte en la música. Y es que a pesar de la gran proliferación de canales gratuitos que ha supuesto la TDT, la posibilidad de escuchar algún tipo de música en horario de máxima audiencia es prácticamente inexistente. Más aún si nos referimos a música que, en todo o en parte, es interpretada en directo. Por alguna razón que se me escapa (aunque puedo suponer algunas: trivialización del ocio, fomento del analfabetismo cultural, adoctrinamiento marketiniano), los grandes responsables de las cadenas televisivas sitúan a la música muy por debajo del peso real que luego tienen las siete notas en los gustos y las manifestaciones culturales de la sociedad. Así que este tipo de talent show merecen, a pesar de que luego se les barnice con el toque sensiblero y en ocasiones hasta morboso de las reacciones humanas en situaciones no controladas, una oportunidad. En el caso particular de "La Voz", además, la premisa de partida es interesante, puesto que tras años y años de talent show en los que se buscaba al intérprete que entrara por los ojos antes que por los oídos, se obliga al jurado a estar de espaldas y fijarse exclusivamente en su interpretación.

Ahora bien, cuando empezamos a rascar en el componente musical descubrimos cómo se desperdicia la idea. "La voz" es la adaptación de "The voice", un programa estadounidense que ya ha completado cinco temporadas y que a su vez se basa en un programa holandés de título similar. En esas cinco ediciones el jurado ha estado esencialmente constituido por Adam Levine (ecléctico cantante y cerebro de los más comerciales que brillantes Maroon 5), Cee Lo Green (ahora interesante intérprete en solitario y anteriormente el vocalista de los talentosos Gnarls Barkley), Christina Aguilera (artista comercial de nulo legado artístico aunque incuestionables cualidades vocales) y Blake Shelton (un artista country y por tanto perteneciente a un género ya superado). Es decir, un jurado "de aprobado raspado" si se me permite la expresión, pero lo suficientemente ecléctico musicalmente hablando y con cierta comprensión no sólo de las cualidades vocales de un artista, sino de lo que supone crear una buena canción. Sin embargo en España el jurado de "La voz" carece por completo de electicismo (se centra en el pop aflamencado de consumo femenino de nivel cultural medio-bajo) y con artistas que esencialmente desconocen qué supone componer una canción: David Bisbal es simpático y tiene una notable amplitud vocal, pero tanto su propuesta musical como sus gustos son deficientes; Rosario apenas aporta su fuerza en el escenario, pero ha vivido 20 años en el mundillo musical a base de explotar el legado del que sabía crear canciones en su familia, su hermano Antonio; Malú tiene una estupenda voz, pero su cultura musical es aún inferior a la de Bisbal y Rosario; y el bueno de Antonio Orozco no tiene voz ni una propuesta musical interesante, pero al menos es el único que conoce lo que es crear una canción y tiene un mínimo de cultura musical.

Con semejante jurado es muy difícil juzgar a nadie, pero es que para convertir el programa en un desperdicio aún mayor, a los participantes no se les permite cantar temas propios. Cualquier persona que haya escuchado cualquier tipo de música alguna vez sabe que interpretarla es complicado y tiene su mérito, pero lo realmente complejo es enfrentarse a la partitura en blanco e imaginar una progresión armónica y una melodía principal capaces de causarnos algún tipo de emoción. Así que al centrarse sólo en la interpretación, el programa cierra la puerta a todos los creadores que, a pesar de la hostilidad de los medios de comunicación, siguen luchando en España y en todo el mundo por demostrar que la creatividad aún no se ha extinguido. Es cierto que en algunos países hay excepciones (los denominados "music competition"). Me viene ahora mismo a la memoria el caso de Of Monster and Men, la interesante y exitosa banda islandesa que han arrasado a nivel mundial después de ganar hace 3 años el equivalente islandés (pero en versión creativa, no interpretativa) a "La voz". Ya digo que esto son excepciones: en la mayoría de los países se busca al intérprete, no al artista.

Y para acabar de desperdiciar la idea, las canciones con las que deben participar tienen que ser éxitos conocidos a nivel nacional o internacional. Para entendernos, una mezcla entre Kiss FM y la Cadena Dial (sic). Es decir, no basta con ahuyentar a los creadores, sino que los intérpretes no deben mostrar su cultura musical y sorprendernos (pongo un ejemplo imposible, recreando un tema de Portishead y la formidable voz de Beth Gibbons), sino que deben ceñirse a unos pocos centenares de temas en su mayoría de calidad discutible, y en los que sí la tienen, gastados de tantas y tantas escuchas. Con lo cual ni siquiera se consigue que el público vaya ampliando su cultura musical y sea capaz de ir apreciando otros artistas y otros géneros por lo general mucho más brillantes. Nuevamente hay excepciones (me viene a la mente el "Operación triunfo" polaco, en el que uno de sus participantes interpretó "My girlfriend's boyfriend" de Her Space Holiday y consiguió así de rebote para el bueno de Matt Biondi el mayor éxito internacional de su carrera). Pero no en España.

Así que sin un jurado capacitado, sin un solo creador, y sin apenas canciones brillantes, ¿cuál es el resultado? Pues unos intérpretes de usar y tirar, con cuyas ilusiones se juega sabiendo de antemano que prácticamente en ningún caso llegarán a nada. Y es que la música de consumo masivo está saturada de intérpretes que no saben componer, no controlan sus carreras y están a merced de los medios de comunicación para no hundirse en el ostracismo (seguro que todos Vds. pueden pensar en muchos ejemplos). Con el desprestigio que tal circunstancia supone para la música contemporánea, y las conclusiones a nivel de listas de ventas que ya he comentado en alguna otra entrada de este mismo blog. Porque, ¿acaso alguno de Vds. se acuerda ya del ganador de la primera temporada de "La voz"? ¿Y de cuántos de estos ganadores de talent show nos acordaremos dentro de cinco años? Compárenlo con la repercusión que a nivel mundial ha tenido el fallecimiento esta semana de Lou Reed (que no participó en ninguno de estos concursos, que no era guapo y que apenas sabía cantar) y obtendrán una elocuente respuesta: sin creatividad, no hay música.

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