jueves, 12 de junio de 2014

Sidonie: Sierra y Canadá (2014)

No suelo acostumbrar en este blog a reseñar álbumes publicados en España. Y es que en general mi opinión sobre la música que se crea en España no es muy positiva (pueden consultar algunas entradas que he escrito al respecto del panorama musical en España en los últimos años). Por eso es de agradecer que este 2014 nos haya permitido escuchar un álbum que cumple el nivel medio de calidad que siempre intenta guiar a este humilde blog. Sidonie han sido un caso no tan infrecuente en el panorama nacional: un grupo demasiado indie para romper en los círculos generalistas, y demasiado comercial para los medios alternativos principales. Algo muy similar, de hecho, a lo que comentaba al respecto de La Sonrisa de Julia hace unas semanas cuando seleccionaba su "Muévelo" como la mejor canción española de 2013. Lo que sucede es que con "Sierra y Canadá" el trío barcelonés no sólo ha publicado su nuevo disco, sino que ha dado un giro a su sonido muy interesante, acercándolo al techno-pop analógico de hace tres décadas, pero sin perder su personalidad. Y es que grupos de guitarras hay muchos y es muy difícil ser originales, mientras que grupos que se arrimen a otros estilos pueden encontrar más fácilmente terrenos menos explotados, que doten a quienes los buscan de un plus de creatividad.

Además de por su giro en el sonido, este álbum es atípico por tener una vertiente conceptual. Canadá es una metáfora (un tanto retorcida) que utilizan en varios temas del disco para reflejar su carácter de "segundón" frente al todopoderoso vecino del Sur. A partir de ella escriben historias de amor imposible, de victorias que se escapan en el último minuto, de perdedores atormentados... También hay referencias francesas, y un sentido del humor muy cínico y nada estridente que dota de homogeneidad a todo el conjunto.

Supongo que, en un intento porque sus seguidores habituales no se pongan a la defensiva respecto al nuevo sonido, el álbum comienza intencionadamente con "Sierra y Canadá", primer sencillo además del tema que da título al álbum. Es una historia imposible de amor robótico sobre una bonita progresión armónica, adornada con un teclado principal que toca una melodía muy sencilla pero eficaz. Sidonie la saben hacer crecer inteligentemente, con una correcta interpretación armónica, hasta un tramo final cautivador, convirtiéndola en uno de los momentos álgidos del álbum. Le sigue "Rompe tu voz", un tema más rápido sobre un riff de bajo casi monocorde, del que lo más interesante son el estribillo y los guiños al techno alemán del intervalo instrumental. Más logrado es "Gainsbourg", una canción oscura que gira sobre la figura del cantante y autor francés, y en la que Marc Ros comparte protagonismo vocal con su hermana Miri. Probablemente sea el tema más logrado del disco, por su letra inquietante, su bonito estribillo, su tramo instrumental cerca del final, sus acertados arreglos encajando las distintas partes y potenciando la percusión...

La letra de "Yo soy la crema" funciona como ironía sobre muchas bandas indies (¿quizá ellos mismos?), pero en conjunto se trata de un tema anodino. Más lograda resulta "Un día de mierda", un tema de pop con matices soul que mezcla acertadamente una melodía luminosa con una letra deprimente y que por su inmediatez debería ser el siguiente sencillo del álbum. "Canadá (el feo de los Wham)" es una nueva referencia al tema en torno al cual gira el disco, más interesante por los supuestos segundones que cita que por la composición en sí, principalmente armonías vocales un tanto lentas. "Estais aquí" es un tema mucho más rápido, y melodícamente más acertado, pero lastrado por una letra extraña y sobre todo por una dicción en modo trémolo que le resta credibilidad. "El mismo destello" insiste en el bajo sintetizado, pero hará las delicias de los fans más tradicionales de la banda, pues todo converge hacia un estribillo irresistible y son las guitarras el armazón que sostienen la composición, especialmente en su tramo final.

"Canada 2 (Cafeina y Brevedad)", noveno corte, es un interludio irrelevante de apenas un minuto. Que da paso a la necesariamente larga y muy original "Las dos Coreas", en las que la banda arrima su sonido a referencias asiáticas para, usando la metáfora de los dos países asiáticos, contar una historia de una pareja que se tambalea. A partir de ahí un estribillo excelente, y dos minutos de brillante psicodelia instrumental, que desembocan en un tramo coral que vuelve a enganchar con el estribillo. Todo un tour de force. "La noche sin final" es un tema instrospectivo, muy bien producido, cantado a dos tonos por Marc, con unas bonitas estrofas pero un estribillo un poco más flojo. "Olvido y morfina" destaca por su original percusión en las estrofas y un doble estribillo convincente. E "Hiroshima mi amor" cierra el álbum con una atmósfera tormentosa, una letra devastadora y un excepcional piano realzando el estribillo. Una balada atípica que nunca llega a explotar pero que supone una buena síntesis de los 13 cortes del álbum.

En definitiva, sin abandonar del todo las guitarras y manteniendo su obsesión por la canción pop perfecta, este álbum abre nuevos horizontes para la banda barcelonesa y sobre todo, ofrece un nivel medio de calidad más que aceptable, al margen de las modas y de las reivindicaciones de usar y tirar. Aunque seguro que pasará tan desapercibido como sus anteriores entregas. Una verdadera lástima.

domingo, 11 de mayo de 2014

Client: Authority (2014)

Tras nada menos que cinco años de silencio, este 2014 nos ha permitido descubrir el retorno de la banda británica Client. Antiguamente un trío, la banda ha sufrido en estos dos últimos años la marcha de Client B (Sarah Blackwood, ex de Dubstar) y Client E (Emily Mann, también modelo de profesión). Pero la fundadora de la banda, Client A (Kate Holmes, ex de Frazier Chorus y sobre todo de Technique) ha creído en el proyecto, ha seguido componiendo canciones y ha reclutado a Client N (Nicole Thomas) para que se ocupe de la parte vocal del dúo. Muchos cambios para un álbum que no los trasluce: se trata de un disco sólido, bien producido (quizá abusando de la reverberación y el sonido excesivamente pulido, algo por otra parte habitual en bandas constituidas por sólo 2 miembros, que suelen esforzarse por disimular esa circunstancia), y que no reniega del legado de los cuatro álbumes anteriores de la banda. Vamos a desgranarlo.

Por supuesto lo primero que llama la atención es la nueva voz. Reemplazar a Sarah Blackwood (una de las mejores vocalistas pop del Reino Unido) no era tarea sencilla, aunque es cierto que al frente de Client había cantado habitualmente temas en tonos más bajos y oscuros que los luminosamente pop de Dubstar. Aunque al principio cuesta un poco habituarse, lo cierto es que Nicole Thomas hace un buen trabajo, pues es una voz dúctil y que se adapta tanto a las melodías en tonos bajos (que hay alguna hay), como a las más cristalinas. Aunque no queda muy claro si es ella quien se dobla a menudo a sí misma con segundas voces, o si es Holmes quien le ayuda en esta parte. Así que desde ese punto de vista, prueba superada.

En cuanto a la calidad del álbum, lo primero que debo decir es que en mi opinión a Client el formato álbum siempre les ha venido un poco largo. Ninguno de sus cuatro álbumes de estudio anteriores era disfrutable de principio a fin (ni siquiera "City", el de mayor reconocimiento por parte de crítica y público). "Authority" no es una excepcion, aunque creo que gana por cierto margen a su antecesor, "Command", su última entrega hasta la fecha. Es un álbum menos oscuro de lo que cabría esperar, con unas letras muy trabajadas y en ocasiones con mensaje (bien reivindicativo, bien de denuncia), y repleto de temas de estructura clásica, ricos en partes diferentes y muy centrados en la parte vocal. "Authority", el tema que lo abre y da título al disco, resume bien estas características, y no es desde luego un mal tema, si bien le falta un estribillo con algo más de gancho. Más flojos son los dos cortes siguiente, "Design" (un medio tiempo oscuro y tenebroso pero sin nada llamativo) y "XXX action" (un tema infeccioso, sin apenas progresión armónica y con un declamado de grandes urbes en el estribillo como seña de identidad).

Con "You can dance", cuarto corte y primer sencillo, el panorama mejora: es cierto que las largas estrofas obsesivas presididas por un distorsionado bajo sintetizado no auguran el excelente estribillo (que incluso cambia de letra en el tramo final, una costumbre que hace años que ha caído prácticamente en desuso). Se entra así en el mejor tramo del álbum: temas de genuino pop electrónico, con unas bonitas armonías y unos giros inteligentes en las progresiones armónicas: "The shinning path" es el primer ejemplo, aunque los más interesantes son el siguiente corte ("Refuge", segundo sencillo, con un comienzo y unos interludios que recuerdan a LaRoux, unas estrofas marca de la casa y un doble estribillo melódico, reforzado por una sección de cuerda sintetizada), y sobre todo "Faith", un medio tiempo excelentemente instrumentalizado, con una preciosa melodía que da todo su potencial gracias al cambio de progresión armónica sobre las mismas notas, y sin una distinción clara entre estrofas y estribillos (es una pena que no haya ningún vídeo en Youtube para que la puedan disfrutar). Entre medias de los dos, "After effect" mantiene los mismos parámetros y es otro de los momentos relevantes, aunque el estribillo está un punto por debajo de sus notables estrofas.

Los últimos cuatro cortes del álbum vuelven a bajar el nivel: "Artificial", con su bajo sintético y su melodía y sus sintetizadores de videojuego, resulta llamativa más que nada por su elaborada letra. "Obsession" es el tema que mejor se emparente con su anterior álbum y que más recuerda a sus admirados Depeche Mode, aunque seis minutos son demasiados. "Quarantine" es quizá el tema más experimental del disco gracias a su extraña instrumentación, pero sus estrofas estridentes no le hacen ningún favor. Y "Nocturnal eyes" es un intento de recuperar la atmósfera industrial del techno de los primeros ochenta, pero con más de nueve minutos de melodía repetitiva es una candidata perfecta a pulsar el "Stop" antes de que llegue el final.

En todo caso, es una buena noticia que Client haya sabido sobreponerse a su crisis interna, y hayan resurgido con una propuesta contemporánea, que no reniega de su pasado pero les descubre una vena de pop luminoso que probablemente sea el camino a seguir. Si es que lo siguen, porque su retorno parece condicionado a la acogida que tenga este álbum. Que sin ser ninguna maravilla sí tiene cuatro o cinco buenos momentos, como casi toda su discografía.

lunes, 21 de abril de 2014

Holy Ghost!: Dynamics (2013)

El segundo álbum del dúo neoyorkino Holy Ghost! lo ha devuelto a la primera plana de la actualidad tras un par de años de silencio. Se trata de un álbum con unas coordenadas muy claras: el synthpop de los años 80. Alex Frankel (voz, teclados, piano) y Nick Millhiser (teclados, guitarras) parecen tener muy claro a qué quieren sonar, y no hacen ningún esfuerzo por sonar actuales: todo el álbum está interpretado con instrumentos de aquella época, y no hay auto-tunes, ni percusiones de última generación, ni nada que los emparente con las últimas tendencias de las radiofórmulas. Una decisión arriesgada, pero que dota al álbum de una coherencia estilística innegable.

El álbum lo presentó "Dumb Disco Ideas" (segundo corte del álbum y el tema más largo del mismo, más de 8 minutos). En mi opinión es uno de los temas que más se aleja del estilo del resto del disco, y encima es uno de sus cortes más flojos, espartano, de lenta evolución, con una progresión armónica apenas esbozada hasta los minutos finales, y sólo un tramo final algo más ameno, a raíz del vocoder y el repetitivo "Put it off, and wait". Afortunadamente no es un buen exponente del álbum (me atrevería a decir que soy hay otro tema igual de flojo, "Dance a little closer", cuarto corte del álbum y también en parámetros similares). Vayamos con lo bueno.

La diversión comienza con "Okay", el tema que abre el álbum y segundo sencillo del disco. Para mí define mucho mejor el contenido del álbum, aparte de ser una de las dos joyas del mismo. Tanto, que se quedó por muy poco fuera de mi lista de las 20 mejores canciones internacionales de 2013. Por supuesto suena al italo disco de mediados de los 80 (incluidos los "oooh, oooh" al final), pero su sonido casi a demo, su acertada base de teclados, un estribillo contagioso, la más que correcta interpretación de Alex y sobre todo un tramo final en el que la parte nueva se mezcla con una preciosa guitarra hacen que el tema crezca y crezca con cada escucha. Tras los ocho minutos ya reseñados, el tercer corte ("Changing of the guard") navega por las mismas aguas que "Okay", y aunque en un escalón inferior, también proporciona una bonita proporción armónica, unas estrofas cautivadoras y un sintetizador trotón que hará las delicias de los nostálgicos.

Una vez superado el escollo de "Dance a little closer", el resto del álbum transita entre lo correcto y lo inspirado. Lo correcto lo conforman "It must be the weather", un medio tiempo bastante largo y anodino hasta que va creciendo en los minutos finales con sus logrados intervalos instrumentales, "For Edgar", un interludio instrumental y "Bridge and tunnel", que recupera las secciones de cuerda y otros detalles del funky disco de los primeros 80. Y lo inspirado, "I wanna be your hand", un medio tiempo cercano, con un brillante estribillo propio de la época y un bonito equilibrio entre el synclavier y la guitarra acústica, "Don´t look down", un tema optimista (y no sólo por la letra), con una melodía cristalina y distintos teclados llenando el espacio, al que sólo le falla que los cambios en la progresión armónica tarden demasiado en llegar (¡más de tres minutos!), e "In the red", que sería la tercera joya del álbum si no fuera porque apenas dura dos minutos: una balada que recuerda el "I'll remember" de Madonna aunque con unos teclados de mucho más talento interpretativo, y que nos deja con ganas de más.

Porque la segunda joya del álbum es el tema que lo cierra. Estratégicamente situado al final del mismo, "Cheap shots" engaña con un comienzo aparentemente robótico, que se prolonga por más de un minuto y medio en lo que parece ser otro interludio instrumental... hasta que Alex de pronto empieza a cantar una melodía oscura, emocionante, deudora (todo hay que decirlo) de los temas más oscuros de New Order, que desemboca en un estribillo fascinante sobre lo que nos pueden hacer nuestros amigos. Y tras él, otra estrofa con nuevos instrumentos, otro segundo estribillo doble con una formidable producción, un precioso solo de guitarra que acaba repitiendo las mismas notas de la parte nueva, y un final tan repentino como el comienzo... En suma, todo un cántico a la esperanza: todavía existen artistas capaces de emocionarnos con ideas que pensábamos ya formaban parte del pasado. Y una excelente manera de terminar el álbum para darnos la (falsa) impresión de que los once temas no han sido igual de maravillosos. No es para tanto, pero sí que hay razones suficientes para considerarlo un álbum recomendable y merecedor de una difusión mucho mayor que la que por desgracia ha tenido.

sábado, 29 de marzo de 2014

El panorama musical español en 2013

Como ya viene siendo habitual, he decidido dedicar una entrada al panorama musical español durante el pasado año 2013. Un panorama que en mi opinión es aún más descorazonador que en los dos años anteriores. Veamos las razones.

En el ámbito meramente comercial la situación sigue en estado comatoso: aunque la música de artistas españoles haya dejado de ser mayoría (22 álbumes de los 50 más vendidos), si añadimos las ventas de artistas hispanoamericanos o que cantan en español ganan por amplia mayoría a los artistas anglosajones (que, nos guste o no, siempre aportarán un número mayor de propuestas interesantes). Con unas ventas cada vez más reducidas, las compañías de discos se han vuelto aún más conservadoras y los compradores más limitados en sus gustos.

Descorazonador es que el álbum más vendido haya sido uno que se publicó en 2012 ("Tanto", de Pablo Alborán), pues lanza un claro mensaje de que en 2013 no se ha publicado ningún álbum capaz de desbancarlo. Descorazonador es que haya tres álbumes de música infantil entre los 10 más vendidos del año (los de la serie infantil "Violetta"), pues lanza un claro mensaje de que uno de los pocos ámbitos en los que el potencial comprador está dispuesto a gastarse unos euros es en la música infantil de usar y tirar. Descorazonador es que el primer álbum de un artista anglosajón sea el del grupo adolescente One Direction, pues lanza un claro mensaje de que respecto a lo que viene "de fuera" a lo que más interés prestamos es a las propuestas prefabricadas con fecha de caducidad. Y descorazonador es que hay que irse al puesto 29 para encontrar el primer álbum correspondiente a una artista que haya debutado en el panorama musical (Lana del Rey, cuyo álbum fue además editado en 2012...).

En la música alternativa la cosa no ha ido mucho mejor. Manel han sido los que, cantando en catalán, se han colocado más altos en la lista de álbumes más vendidos en España durante 2013 (en el puesto 23, concretamente). Un hecho sorprendente, pero que al menos introduce una nota novedosa en un panorama anquilosado, aunque personalmente no les veo el talento por ninguna parte. Tampoco han abundado en exceso las nuevas entregas de artistas consagrados en este mundillo (Mala Rodríguez, Delorean, Kiko Veneno...), siendo lo más destacable el retorno de Fangoria, que con "Cuatrocomía" han confirmado que aunque su fórmula esté un tanto agotada aún son capaces de entregar sencillos meritorios como "Dramas y comedias". Ni siquiera ha sido un año pródigo en nuevos artistas, siendo quizá lo más llamativo y original el debut de León Benavente, con su krautrock a veces cantado a veces recitado (dejo aquí el enlace de su mejor ejemplo, "Ser brigada").

Con lo que este año para mí los triunfadores absolutos han sido La Sonrisa de Julia. Demasiado alternativos para obtener un éxito comercial masivo, demasiado mainstream para que el mundillo independiente los considere parte de sí, sufren el problema de quedarse encasillados a medio camino. Pero su álbum "El viaje del sonámbulo" contenía varios temas interesantes y sobre todo el sencillo del año: "Muévelo" demuestra que es un grupo con sólidas bases musicales, y que son capaces de entregar un tema que es a partes iguales psicodelia, rock y dance. Pura energía, una instrumentación lograda (aunque se nota que el sonido es aún demasiado "Made in Spain"), razonablemente bien cantada para lo que se estila por estos lares, con una letra trabajada, un decente solo de guitarra al final e incluso con un vídeo original y contagioso. Sólo la indiferencia de los medios les ha impedido arrasar, pues es un tema apto para todos los públicos. Esperemos que esta entrada contribuya a hacer justicia a la canción nacional del año.

domingo, 16 de marzo de 2014

Andrew Roachford: The beautiful moment (2013)

Hace algo menos de medio año que vio la luz el quinto álbum en solitario de Andrew Roachford. El líder de la banda de rock-soul-pop Roachford ha intentado durante los últimos 10 años encontrar el estilo que le permitiera mantener una carrera en solitario de cierta relevancia. Afortunadamente, tras sus devaneos con el rythmn & blues más edulcorado, en sus últimos tres álbumes ha intentado mostrarnos con naturalidad su madurez como persona y como compositor. Estamos acostumbrados a que madurez se confunda con aburguesamiento y falta de nervio creativo, pero la delicada situación de su carrera musical (con dos álbumes poco menos que auto-editados) le ha servido a Andrew de acicate para intentar dar lo mejor de sí mismo en este "The beautiful moment".

El resultado tiene varios destellos de sus mejores momentos, allá por finales de los ochenta y primeros noventa. Sustentado en una excelente voz llena de matices, y con una temática centrada casi en exclusiva en el amor visto por una persona de casi 50 años, el disco tiene una producción menos espartana de lo que cabría esperar en un artista tan al margen de las modas comerciales. Constituido principalmente por medios tiempos, Andrew usa alternativamente el piano y la guitarra acústica para componer y sustentar la mayoría de los temas, pero recurre a guitarras eléctricas, a coros femeninos, a baterías contundentes y puntualmente a una sección de cuerda para enriquecerlos, logrando así una mayor diferenciación entre las once canciones que conforman el disco.

A pesar de lo cual se trata de un álbum bastante homogéneo, con escaso margen para la experimentación, nula innovación y que lo fía a todo al talento creativo e interpretativo de su autor. Así que cuando transita por los terrenos que mejor domina, el soul de barniz pop, resultado es agradable y puntualmente emocionante; cuando no, resulta un tanto irrelevante aunque en todo momento armonioso. Por ejemplo, el sencillo de presentación y segundo corte del álbum, ("Something beautiful") se enmarca perfectamente en esta segunda categoría: correcto, agradable, bien producido e interpretado pero un poco "blandito". En cambio el segundo sencillo y tema que abre el disco,("Real again"), aunque con estilo y temática similares, se acerca más a la primera categoría, gracias a detalles como unos sintetizadores más frescos, una percusión más original y sobre todo una atmósfera con más nervio y expresividad.

Por lo cual prefiero dejar de lado los momentos correctos pero más prescindibles, menos elaborados e incluso cursis ("Overcome", "Because you", "Slow water", "All roads lead black") y reseñar aquellos más entonados. A saber: "Without you", el quinto corte, con una progresión armónica principal sostenida por una guitarra acústica que recuerda a la del mítico "Wanderwall" de Oasis, y que desemboca en un enérgico colchón de guitarras eléctricas en el estribillo, dando lugar a los pasajes más rockeros del álbum; "Love wins" y sus estrofas desgarradoras (lástima que el estribillo baje un poco el listón); "Wouldn't change a thing", toda una mirada atrás sobre lo vivido que resulta convincente gracias a su lograda progresión armónica y al estribillo formidablemente interpretado por Roachford; ; "Ebony", con su inquietante progresión armónica en las estrofas, su voz distorsionada, su contundencia a partir de la segunda estrofa; Y en especial "as she walks", perfectamente elegida como el tema que cierra el álbum, una balada coronada con una melodía sencilla y sin embargo la más emocionante del álbum, en la que Andrew da una lección magistral de cómo cantar y cómo escribir una letra que capture los sentimientos a partir de algo tan sencillo como una mujer a la que observa caminar.

Es un álbum conciso (41 minutos en total), que nos descubre a un artista que ha aprendido mucho de las relaciones sentimentales, que sabe cómo arrimar el soul al pop y al rock, y que aún cree lo suficiente en la magia de la música como para seguir regalándonos buenas canciones. No es el álbum del año, ni influirá decisivamente en ningún otro artista, ni siquiera el mejor de su carrera. Pero da rabia ver cómo un músico con tantas cualidades es ninguneado no ya por la industria, sino por la propia crítica musical, que encumbra a otros creadores mucho más mediocres y con menos talento interpretativo. Esperemos que esta reseña positiva contribuya a hacerle un poco de justicia al bueno de Andrew.

domingo, 23 de febrero de 2014

Haim: Days are gone (2013)

De las bandas que han debutado en el 2013 que nos dejó hace unas semanas, una de las que más repercusión ha tenido tanto a nivel de crítica como a nivel comercial ha sido el de las californianas Haim. El trío formado por las hermanas Alana (vocalista principal, guitarra), Danielle y Esti Haim ya había publicado sus primeros temas en 2012, pero su debut en formato álbum en octubre pasado las ha encumbrado a lo más alto de las listas de álbumes británicas, y al puesto número 6 en las estadounidenses, a la vez que recogía críticas claramente favorables en las distintas publicaciones especializadas, figurando en el "top 10" de muchas de las listas de mejores álbumes de 2013. Algo parecido a lo que sucedió en 2012 con los Imagine Dragons, como ya reseñé en este mismo blog: sin ser artistas de una calidad excepcional, sí que conjugan una comercialidad y una creatividad más que interesantes en un momento en que la disociación entre ambos mundos, el comercial y el creativo, es máxima.

Ante todo, no debemos dejarnos guiar por su imagen plenamente folk, ni por las referencias que las sitúan como un grupo de rock deudor de Fleetwood Mac. Haim es un grupo esencialmente pop, que recupera las melodías y buena parte de los ticks del pop estadounidense de los años 80 y primeros 90, en un abanico de referencias que abarca desde Blondies hasta The Go Gos y The Bangles. Un pop en el que la nota de personalidad la ponen los fraseos largos con notas de duración corta en cada verso, una seña de identidad que puede complicar en ocasiones la comprensión de los textos. El álbum se abre con "Falling", que fue el tercer sencillo del disco y llama la atención por su peculiar percusión y el juego de voces que realizan las tres hermanas en el estribillo. Sin ser un temazo, gana con cada escucha, al igual que la mayoría de su repertorio. El segundo corte es "Forever", que fue el primer sencillo de su carrera, descubriendo su pop de guitarras con los justos toques temporáneos y las melodías cristalinas de los ochenta, aunque en mi opinión lo más reseñable es la parte nueva a minuto y medio del final ("Go go go go, get out of my memory...").

"The wire" es el cuarto sencillo, y en mi opinión el mejor tema del álbum, como ya puse de manifiesto al seleccionarlo para mi lista de canciones internacionales de 2013: un medio tiempo con guiños country, una lograda instrumentación (incluyendo un certero pizzicato de cuerdas sintetizadas en el tramo final), un doble estribillo muy recomendable, y las tres hermanas asumiendo la voz principal en algún momento. "If I could change your mind" es un tema más oscuro, menos brillante, con una bonita entrada al estribillo y los teclados synclavier reforzándolo. "Honey and I" es un tanto cursi, debido a su letra melosa y sus armonías blanditas. Le sigue "Don't save me", que fue el segundo sencillo de su carrera, y aunque ena mi modo de ver es el menos logrado de los cuatro, cuando llega la entrada al estribillo se aprecia una clara mejora, corroborada por un estribillo absolutamente ochentero e igualmente disfrutable.

"Days are gone" es la canción que da título al álbum, y no por cierto de las mejores, a causa de unos teclados más que cuestionables y un estribillo en falsete no muy afortunado. Aunque el peor tema del disco es sin duda "My song 5", todo un tratado de experimentación mal digerida. "Go slow", además de ser efectivamente un tema lento, mejora el nivel de las dos anteriores gracias a su original percusión, a sus armonías vocales envolventes y a un tramo final de una calidad muy destacable. "Let me go" es, otro de los momentos álgidos del álbum, pues las lleva a un registro opresivo al comienzo, a unas reminiscencias africanas cuando entra la percusión en la segunda estrofa y a un inesperado solo de guitarra en el tramo final sobre voces que van y vienen. La versión oficial del álbum se cierra con "Running if you call my name", la balada del álbum, tenebrosa en su mayor parte, y con un estribillo que es puro The Bangles. Si bien en la versión Deluxe podemos encontrar dos descartes más que interesantes: "Better off", con su batería machacona y una excelente melodía a dos voces, y "Send me down", construida sobre un original teclado que predomina en cada compás y unas bonitas estrofas.

Soy consciente de que su pop directo y para (casi) todos los públicos puede provocar el rechazo de una parte de los lectores de este humilde blog. Pero si se le da una oportunidad, es un álbum que admite múltiples escuchas, que permite descubrir un incuestionable talento para componer siete u ocho temas de calidad, y que además nos proporcionará unos cuantos estribillos que se pegarán a nuestro cerebro durante varias jornadas. Si bien es cierto que deben mejorar sus cualidades vocales (especialmente Alana, muy floja en directo), que de momento carecen de cimientos suficientes para labrarse una larga trayectoria en el panorama musical, y que por tanto están a expensas de que no se les apague la inspiración compositiva. Esperemos que les aguante.

sábado, 1 de febrero de 2014

A propósito de los Grammys 2014

No soy muy dado a comentar los innumerables premios que se conceden en el panorama musical a nivel internacional. En general los premios tienen unas motivaciones crematísticas que se suelen anteponer a la calidad artística, la cual es siempre el faro por el que se guía este humilde blog. Aunque de entre todos ellos es evidente que los premios Grammys son los más relevantes, tanto por entregarse en los EEUU como por el componente de espectáculo televisivo y de celebridades que aporta. Así que en esta entrada voy a aportar unas cuantas reflexiones a propósito de los artistas premiados.

Sin espacio para la sorpresa, los grandes triunfadores (nada menos que 5 Grammys) han sido los franceses Daft Punk. A lo largo de sus veinte años de carrera mi opinión sobre el dúo de música electrónica ha ido variando, pero creo que el mejor juicio que se les puede hacer es que son capaces de lo mejor y lo peor. Así, si sus primeros sencillos me contagiaron con su energía disco pero me hicieron cuestionar su talento dada su extrema simplicidad ("Da Funk", "Around the world"), su segundo álbum eliminó esas dudas gracias a temas tan redondos como "One more time" (el único tema disco sin bombo ni caja durante 2 minutos que jamás ha triunfado) o "Harder, better, faster, stronger" (el mejor solo de autotune/vocoder que jamás he escuchado). Pero desde entonces, en trece años sólo han publicado dos álbumes de estudio, claramente menores: el estridente y falto de inspiración "Human after all" en 2005 y, hace unos meses, "Random Access Memories", el álbum que les ha convertido de manera sorprendente e injustificada en ídolos del pop mundial.

Sorprendente porque proponer en el año 2013 el funky disco que bordaban Chic (y en menor medida Shalamar) hace casi 35 años me parece de una falta de talento alarmante. No tengo nada en contra de Chic; de hecho varios de sus sencillos (desde el histórico "Good times" sobre el que se creó el primer hip-hop hasta el injustamente olvidado "Your love" de su último álbum de estudio) me siguen pareciendo maravillas del género, en las que el talento de Bernard Edwards al bajo y la inconfundible guitarra funky de Neil Rogers son claramente apreciables. Y la labor de Edwards y Rodgers como compositores (Diana Ross, Sister Sledge, Deborah Harry...) y especialmente como productores (Edwards produjo a ABC, Robert Palmer, Rod Stewart... y Rogers a una lista larguísima de artistas, con David Bowie, Mick Jagger, Duran Duran, Madonna e incluso los Olé-Olé de Marta Sánchez a la cabeza) ha entrado por méritos propios en la historia de la música contemporánea.

Pero lo que han hecho Daft Punk en este 2013 es revisar ese legado sin aportarle absolutamente nada (y eso que a unos artistas electrónicos lo mínimo que se les debería suponer es la capacidad de enriquecer sus creaciones con detalle contemporáneos). No sólo eso, han recurrido al propio Rogers como si de una reunión de Chic se tratara. Y encima con unas composiciones simplonas ("Get lucky" está construida sobre una única progresión armónica de cuatro acordes, con partes apenas diferenciadas a causa de unos arreglos mediocres, "Lose Yourself to Dance" amaga con ser mejor pero se queda en otro tema irrelevante, y en "Instant Crush" repiten con una composición muy simple, abusando tanto del autotune que apenas es posible reconocer la voz del pobre Julian Casablancas). Por eso me parece absolutamente injustificado el arrollador éxito internacional, y lo que es peor, el reconocimiento de buena parte de la crítica, culminado en estos cinco Grammys. Es una evidencia del absoluto desconcierto de la industria musical norteamericana, que encumbra a unos burdos recreadores de un género que vivió su época dorada hace muchas décadas. Y encima 100% americano, aunque Daft Punk sean franceses.

Ahora bien, no todos los premiados son tan discutibles como Daft Punk. Por ejemplo, reflejando la crisis aboluta que sufre el rock a nivel mundial, el Grammy a la mejor canción de rock del año ha sido para "Cut me some slack", la colaboración de Paul McCartney con los miembros que restan de Nirvana. Recuerdo la cantidad de críticas que me generó incluirla en la lista de las mejores canciones de 2012. Ahora me alegra ver que los miembros de la academia han compartido mi opinión. Porque sí, es cierto que es una segunda parte de "Helter Skelter", del "White album" de The Beatles. Pero no es menos cierto que esa canción ha influido de manera determinante a una gran parte del rock posterior, entre ella a Dave Grohl y sus secuaces. Por lo que ver al bueno de McCartney desprender esa energía con 70 años y respaldado por una banda tan solvente es de lo mejor que nos ha deparado el rock en los últimos tiempos.

Otra ganadora indiscutible de la noche fue la neozelandesa Lorde. Con un tema ("Royals") que no es el que yo seleccioné en mi lista de mejores canciones de 2013 ("Team", que me parece bastante superior). Pero al fin y al cabo es un reconocimiento para una adolescente que por una vez no es un producto prefabricado y ultra-provocativo, sino una creadora a contracorriente, con un sonido contemporáneo y una puesta en escena anti-marketiniana. Y varios de los artistas ensalzados en este mismo blog han tenido también protagonismo destacado (Imagine Dragons y su equilibrio entre comercialidad y creatividad, Disclosure, la colaboración de Florence and The Machine con Calvin Harris...). Lo que refleja que, a pesar de la abundancia en la gala de artistas de talento más que discutible (no sólo Daft Punk, sino también Bruno Mars, Taylor Swift, Lana del Rey, Jay-Z, Robin Thicke, Rihanna, Eminem...), los Grammys aún son dignos de cierta atención por parte del panorama musical.

Translate