martes, 31 de diciembre de 2013

Chvrches: The bones of what you believe (2013)

El reciente debut en formato álbum de los escoceses Chvrches ha sido saludado por la crítica internacional como uno de los más relevantes del año que está a punto de acabar. Su synthpop de corte un tanto artesanal y no siempre vinculado a las pistas de baile se ha percibido como una propuesta no sólo diferente, sino también de calidad. De hecho, en la siempre elocuente Metacritic, que compila decenas de revisiones, ha recibido una puntuación de 81 sobre 100, una de las más altas de los últimos tiempos. Así que, aunque ya conocía alguno de los sencillos con los que habían anticipado este disco y no me habían parecido tan excepcionales, estaba expectante por escucharlo. Ahora, después de no menos de 20 escuchas, mantengo la misma impresión: correctos y agradables, pero no más.

El caso es que se trata de un álbum con poco espacio para la improvisación, en el cual todos los temas están trabajados al mismo nivel, y al que la estridente voz de Lauren Mayberry le da un toque de personalidad. Pero a mi modo de ver lo que le falla es que no tiene canciones de auténtico nivel. Todos sabemos que en la mayoría de los discos hay tres o cuatro temas "estrella", que destacan y sirven de cebo para el resto. E incluso aunque luego una parte de ese resto sea claramente inferior, el álbum puede ser aceptablemente satisfactorio. Pero en "The bones of what you believe" apenas hay momentos que destaquen entre sus catorce temas. Aunque prácticamente a ningún tema se le pueda poner un pero, aunque haya detalles originales, aunque haya revisión con respeto de hallazgos de artistas clásicos del techno-pop, pasadas unas cuantas semanas prácticamente nada del álbum perdura.

Quizá conscientes de este hecho, el álbum recurre a la habitual estrategia de situar la mayoría de los sencillos al principio, en un intento por ganarse desde el comienzo al oyente. Así, "The mother we share", primer sencillo su carrera, es el tema que lo abre y toda una declaración de intenciones de la banda: medio tiempo, abundancia de sintetizadores de los ochenta y noventa, una letra relativamente original, unos arreglos que separan claramente cada una de las partes... todo bien encaminado, pero no llega a ser un gran tema. A la más rápida "We sink" le sucede prácticamente lo mismo, quizá con un estribillo un poquito más recordable pero que no está muy bien enlazado con el resto del tema. "Gun", tercer corte y segundo sencillo, repite como medio tiempo, y es quizá su tema más claro, con su bonita melodía a lo largo de las estrofas y su bajo sintetizado en estéreo por los dos canales, aunque desgraciadamente el estribillo está a un nivel inferior que el resto.

"Tether" juega con los cambios de ritmo, pero vuelve a ser un tema sin gancho, siendo lo más destacable el solo de teclado en el tramo final, que recuerda a los que introdujo Vince Clarke hace 30 años en varios temas de Yazoo. "Lies", último sencillo extraído y junto a "Gun" el único algo más contagioso, recuerda poderosamente al "Are friends electric" de Gary Numan por su omnipresente teclado, que marca toda la progresión armónica. "Under the tide", uno de los temas más rápidos del álbum, está interpretada por Martin Doherty, una interpretación que para seguir con la tónica general es correcta pero sin magia. "Recover" fue el segundo sencillo de su carrera, y propone como principal argumento una entrada al estribillo chirriante y sin embargo melódica; lástima que el estribillo sea tan entrecortado.

"Night sky" es otro tema correcto pero sin gancho, afeado además por una percusión realmente añeja. "Science/Visions", a pesar de contar con una interpretación vocal completa, es más un tema atmosférico que pop: nuevamente parece que va a ser un trallazo, pero conforme avanza el minutaje las ideas se estancan y no acaba de entusiasmar. "Lungs" se acerca al R&B auto-tuneado que tanto tirón comercial tiene en los últimos años al otro lado del Atlántico, pero ni la voz de Lauren es la correcta para este tipo de ritmos, ni se les nota cómodos. "By the throat" es quizá el tema que más me llama la atención, y podría pasar por un tema lento del debut de LaRoux, aunque le sobran todos los coros. Y "You caught the light", el tema que cierra el disco en la edición estándar, juega a ser una composición instrumental con un sonido totalmente ochentero, aunque acaba teniendo una interpretación vocal completa (y excesivamente larga) a cargo de Martin.

Y claro, en un álbum sin grandes defectos, los dos temas adicionales de la edición iTunes no desentonan del resto: "Strong hands" es el que curiosamente contiene la frase que da título al álbum, y juega a sorprender (más bien a intentar enganchar) al melómano con un doble estribillo contundente. Y "Broken bones" me parece un tema ligeramente superior a muchos de los ya reseñados, puesto que va creciendo gradualmente sobre un bajo sintetizado, aunque nuevamente cuando están todas las cartas sobre el tablero se queda un poco a medio camino.

Reseñados uno a uno, puede parecer que estamos ante un mal álbum. En absoluto: en este mismo blog he reseñado últimamente álbumes peores (Delphic, Terranova...). Y de hecho, vistos los sencillos seleccionados, casi cualquier tema del disco podría seguir el mismo camino. Lo que sucede es que un montón de temas correctos hacen un álbum solamente correcto: ni compositivamente han dado en la diana, ni instrumentalmente aportan nada que no hayamos escuchado ya antes, ni técnicamente tienen nada de excepcional (ni vocalment,e ni en las percusiones y teclados). Habrá no obstante que seguirles de cerca, porque puede que den un salto y se conviertan en una gran banda, pero para ello necesitan urgentemente que les llegue cuanto antes un extra de inspiración.

domingo, 22 de diciembre de 2013

The Hunger Games. Catching Fire Soundtrack (2013)

No suelo estar muy interesado en las bandas sonoras cinematrográficas: las que corresponden a películas musicales suelen primar la cohesión argumental y la accesibilidad por encima de la calidad; y las que corresponden al resto de géneros suelen consistir en un batiburrillo más o menos afortunado, con poco espacio para la sorpresa y como mucho uno o dos temas originales escritos específicamente para la ocasión. Pero las bandas sonoras de la saga "The Hunger Games" ("Los juegos del hambre", en español) constituyen una reconfortante excepción. Ya lo supuso la primera entrega hará cerca de dos años, razonablemente cohesionada en torno al country contemporáneo y que, gracias a la aportación de la insustancial Taylor Swift fue un éxito de ventas a nivel mundial. Pero mucho más lo ha sido la segunda entrega, este "Catching Fire" que ha ampliado el abanico estilístico y lo ha convertido en una especie de compendio de algunos de los artistas más interesantes de pop, folk e incluso electrónica que están actualmente en activo, y que colaboran con temas escritos explícitamente para esta banda sonora. Lo que hasta cierto punto es otro nivel de coherencia.

Comenzando por los británicos Coldplay, que abren el álbum con "Atlas", su primer tema nuevo en años. Un tema lento, expansivo, correcto, pero que a mi modo de ver les reafirma una vez más como una de las bandas más sobrevaloradas del panorama musical. Le sigue "Silhouettes", la confirmación de que los islandeses Of Monster and Men no son flor de un día: siguen con su personal estilo, a medio camino entre el pop intimista y el folk con toques fantásticos, y entregan un tema precioso, con un estribillo emocionante. Le sigue la hasta ahora poco conocida cantante y compositora Sia, una australiana con voz y estilo personales que aquí entrega la excelente "Elastic heart", una buena composición realzada por el sello personal de Diplo en la instrumentación y la colaboración del canadiense The Weeknd con su maravillosa voz. Y para seguir con los nombres estelares del panorama actual, los estadounidenses The National proporcionan con "Lean" el cuarto corte del álbum. Me siguen pareciendo unos artistas de una naturalidad y una acústica artificiales, reforzada por la "descuidada" dicción de su lider, Matt Berninger, y lo único realmente llamativo es en mi opinión el complejo ritmo que lleva la batería durante todo el tema.

La primera concesión al público masivo llega con el quinto corte ("We remain"), interpretado por una Christina Aguilera lejos ya de su insustancial periodo de gloria y que se refleja incluso en una voz más grave y de menores registros. Se trata no obstante de una balada suficientemente alejada de lo convencional y centrada en la temática de la película, y por lo tanto aguanta la escucha tras sus cuatro predecesores. Es sólo un punto de inflexión, pues en el sexto corte repite The Weeknd, con "Devil may cry", uno de los mejores temas de su corta carrera: un tema lúgubre, con un excelente equilibrio instrumental entre clasicismo y contemporaneidad y una fantástica interpretación vocal de quien en mi opinión es la mejor voz que ha surgido en lo que llevamos de década, Abel Tesfaye. Le sigue "Who we are", la aportación de los omnipresentes Imagine Dragons, a quienes ya reseñé en este mismo blog el año pasado por ser una de las bandas más interesantes que ha surgido últimamente. Y que sin ser un tema del nivel de "Monster", su otra aportación a bandas sonoras esta temporada (en concreto a "Infinity Blade III"), sí que resulta lo suficientemente diferente y personal como para resultar interesante.

La sensación comercial del momento, la neozelandesa Lorde, demuestra en su espantosa interpretación del clásico "Everybody wants to rulle the world" de Tears For Fears que posiblemente se la esté sobrevalorando a nivel mundial, o que al menos carece de la inteligencia para llevar una versión a su terreno sin destrozarla. "Gale song", de la banda folk-rock estadounidense The Lumineers, hubiera encajado en la primera entrega de la saga, pero aquí está fuera de lugar, y junto con el tema de Lorde pueden saltarse tranquilamente. "Mirror", décimo corte, es la aportación de la británica Ellie Goulding, quien ha arrasado a nivel de ventas con su segundo álbum, respetando su personalidad y una brillante producción de sus canciones, pero vanalizándolas un tanto a la hora de hacerlas más accesibles para el gran público, que es justo lo que le sucede aquí. Y la inclusión de Patti Smith en el siguiente corte obedece más a la intención de incluir a un icono del rock como ella que a su escasa capacidad creativa actual, como lo demuestra "Capitol letter", su más que cuestionable aportación.

La inclasificable Santigold, que podría ser una estrella negra a la altura de Beyoncé o Alicia Keys en un mundo ideal, nos ofrece con "Shooting arrows at the sky" un tema que se queda a medio camino de la excelencia: estupendo arpegio de guitarras, brillantes estrofas creadas a partir de él, un discutible estribillo y una preocupante falta de creatividad para enriquecerlo con alguna otra parte. Mikky Ekko, el compositor de pop clásico que ha tenido un éxito este año a dúo con Rihanna con "Stay", nos ofrece con "Place for us" un tema convencional, atemporal, sin chispa alguna, cuarto candidato a pulsar el forward. Afortunadamente, los neoyorkinos Phantogram insisten con "Lights" en su trip-hop con matices americanos y toques tenebrosos, logrando un tema más que digno. Y el tantas veces meloso Antony Hegarty, líder de Antony and the Johnsons, remata la banda sonora con "Angel on Fire", un tema lento (era inevitable), pero más oscuro que de costumbre y más contenido en lo que a toques sensibleros se refiere, por lo que será difícil que irrite a sus detractores.

En resumen, quince temas originales que incluyen a siete u ocho de los nombres más importantes a nivel creativo actualmente, y nada menos que diez temas de un nivel medio cuando menos interesante. Argumentos que hacen de ésta una de las mejores bandas sonoras de los últimos años. Esperemos que cunda el ejemplo y se siga apostando por la creatividad y los temas nuevos, en lugar de que por bandas sonoras estilo Kiss FM (dicho sea con respeto, por supuesto). La música (y el cine) lo necesitan.

sábado, 23 de noviembre de 2013

Polly Scattergood: Arrows (2013)

El nuevo álbum de Polly Scattergood va a ser el tercero que voy a reseñar en este blog durante el presente 2013 de artistas británicos más o menos electrónicos que dieron la campanada en el año 2009 con sus álbumes de debut y que se han demorado nada menos que cuatro años en publicar su continuación. Los dos primeros, Delphic y Little Boots, no han justificado tan larga espera: los primeros directamente se han enzarzado en un cambio de estilo que les ha restado calidad y ha puesto en peligro su continuidad, y la segunda ha optado por un house indie que no realza sus composiciones y le reste tirón comercial. El de Polly Scattergood no supone un retroceso tan manifiesto como los dos anteriores, entre otras cosas porque la repercusión comercial de su debut fue mucho menor, aunque también porque, como tendré ocasión de reseñar en los siguientes párrafos, es un álbum más continuista que el de aquellos. Por cierto, que aún hay un cuarto caso británico y electrónico pendiente de continuación desde 2009: LaRoux, que no parecen saber cómo mantener el listón de su fantástico debut.

Para los cuatro años transcurridos, "Arrows" es un disco relativamente escuerto (sólo 10 temas). Y a diferencia de su álbum de debut, la cantautora británica ha compartido esfuerzo compositivo en esta ocasión con otra persona, Glenn Kerrigan (lo siento, no tengo referencias sobre él) en casi todos los temas. De hecho, "Cocoon", la canción que lo abre y segundo sencillo, es una de las dos que firma Polly en solitario. Es una buena manera de empezar el álbum, aparte de uno de sus temas más redondos, con su bonita progresión armónica principal, su quebradiza e intimista voz y un logrado colchón electrónico al que sólo le falta algo más de originalidad en su tramo final para completar un temazo. Pero el resto del álbum baja un poco el listón. Un buen ejemplo es "Falling", segundo corte y primero de los tres temas rápidos estratégicamente distribuidos a lo largo del álbum para compensar tanta introspección y melancolía: un tema correcto, con un bajo sintetizado a lo Peter Hook, pero con un estribillo demasiado entrecortado y cierto estilo anodino. "Machines" es otra composición correcta, una balada espartana durante tres cuartas partes que se convierte en una furiosa reivindicación de la condición humana en su tramo final.

Aunque no lo parezca al principio, "Disco damaged kid" es otro rápido y bailable tema electrónico, presidido por un piano programado y efectos plenamente contemporáneos muy en la línea de Mute Records, un punto superior a los dos temas anteriores pero sin llegar a fascinar. "Colours colliding", quinto corte, es una cadenciosa balada que vuelve a enfocarse en el atormentado mundo interior de Polly, con otro ratito de rabia e instantes en los que su voz está a punto de quebrarse. "Miss you" sufre por el hecho de ser otro tema lento más, en este caso de corte mucho más clásico (voz y piano durante la mayor parte del mismo), y uno de los estribillos más bonitos del disco. "Subsequently lost" es el tercer tema rápido, y se beneficia del cambio de ritmo respecto a los dos temas anteriores, además de que con su bajo 100% electroclash, las palmadas sintetizadas en su primer estribillo, y un logrado segundo estribillo que comienza con "I miss you most..." es otro de los momentos más interesantes del álbum.

El tramo final del disco lo inaugura "Silver lining", probablemente el tema más experimental, con su atmósfera etérea y un tanto inquietante y su recitado final, aunque también uno de los menos disfrutables (excepción hecha de la parte nueva, que introduce sabiamente cuando reivindica aquello de "I feel no pain"). "Wanderlust", primer sencillo, está situado a propósito como penúltimo tema, intentando trasladar al melómano el mensaje de que "Arrows" es mucho más que un par de sencillos y ocho temas de relleno. Se trata de un disfrutable medio tiempo, con un brillante comienzo, protagonismo especial para los teclados sintetizados y una melodía cautivadora tanto en las estrofas como en los tramos nuevos (bueno, y también con un excelente video-clip). Y "I've got a heart", el tema que lo cierra y segundo firmado en exclusiva por Polly, es otra balada clásica, tierna, en la que ella desnuda sus sentimientos con la mejor letra del álbum ("I'll sit with a paper and a pen just writing shit until I fall asleep..."), y una rara habilidad para colar efectos que adornen las estrofas a la vez que unas previsibles slow strings realzan el estribillo. Para mi gusto es junto con "Cocoon" el mejor tema del disco, y una muy adecuada manera de cerrarlo.

En definitiva, "Arrows" es un disco bien producido, personal, que saca buen partido de los mejores temas escritos por la británica en estos años con una correcta estructuración, duración y ubicación, que no defraudará a los que busquen música electrónica ni a los que busquen música con sentimientos. Pero que a los puntos pierde frente a su álbum de debut por haber perdido el factor sorpresa y arrinconado su vocación de poetisa urbana y no haberlos contrarrestado con algún tema más que dejara a un lado su complejo mundo interior y cruzara la frontera entre lo correcto y la excelencia.

viernes, 1 de noviembre de 2013

"La voz", o el elocuente desperdicio del formato "Talent show"

El éxito de audiencia en España de la segunda temporada de "La voz" me ha animado a dedicar una entrada al fenómeno de los "talent show". Como ya anticipio en el título, mi punto de vista va a ser esencialmente negativo, pues a mi modo de ver este programa, como la gran mayoría de los "talent show", supone un elocuente ejemplo de cómo desaprovechar prácticamente todas las posibilidades que ofrece este formato. Y por una vez no hablo a nivel de España solamente, sino por desgracia a nivel mundial.

Pero empecemos por lo positivo: el éxito de "La voz", como el de otros antecesores tipo "Operación triunfo", se cimenta en parte en la música. Y es que a pesar de la gran proliferación de canales gratuitos que ha supuesto la TDT, la posibilidad de escuchar algún tipo de música en horario de máxima audiencia es prácticamente inexistente. Más aún si nos referimos a música que, en todo o en parte, es interpretada en directo. Por alguna razón que se me escapa (aunque puedo suponer algunas: trivialización del ocio, fomento del analfabetismo cultural, adoctrinamiento marketiniano), los grandes responsables de las cadenas televisivas sitúan a la música muy por debajo del peso real que luego tienen las siete notas en los gustos y las manifestaciones culturales de la sociedad. Así que este tipo de talent show merecen, a pesar de que luego se les barnice con el toque sensiblero y en ocasiones hasta morboso de las reacciones humanas en situaciones no controladas, una oportunidad. En el caso particular de "La Voz", además, la premisa de partida es interesante, puesto que tras años y años de talent show en los que se buscaba al intérprete que entrara por los ojos antes que por los oídos, se obliga al jurado a estar de espaldas y fijarse exclusivamente en su interpretación.

Ahora bien, cuando empezamos a rascar en el componente musical descubrimos cómo se desperdicia la idea. "La voz" es la adaptación de "The voice", un programa estadounidense que ya ha completado cinco temporadas y que a su vez se basa en un programa holandés de título similar. En esas cinco ediciones el jurado ha estado esencialmente constituido por Adam Levine (ecléctico cantante y cerebro de los más comerciales que brillantes Maroon 5), Cee Lo Green (ahora interesante intérprete en solitario y anteriormente el vocalista de los talentosos Gnarls Barkley), Christina Aguilera (artista comercial de nulo legado artístico aunque incuestionables cualidades vocales) y Blake Shelton (un artista country y por tanto perteneciente a un género ya superado). Es decir, un jurado "de aprobado raspado" si se me permite la expresión, pero lo suficientemente ecléctico musicalmente hablando y con cierta comprensión no sólo de las cualidades vocales de un artista, sino de lo que supone crear una buena canción. Sin embargo en España el jurado de "La voz" carece por completo de electicismo (se centra en el pop aflamencado de consumo femenino de nivel cultural medio-bajo) y con artistas que esencialmente desconocen qué supone componer una canción: David Bisbal es simpático y tiene una notable amplitud vocal, pero tanto su propuesta musical como sus gustos son deficientes; Rosario apenas aporta su fuerza en el escenario, pero ha vivido 20 años en el mundillo musical a base de explotar el legado del que sabía crear canciones en su familia, su hermano Antonio; Malú tiene una estupenda voz, pero su cultura musical es aún inferior a la de Bisbal y Rosario; y el bueno de Antonio Orozco no tiene voz ni una propuesta musical interesante, pero al menos es el único que conoce lo que es crear una canción y tiene un mínimo de cultura musical.

Con semejante jurado es muy difícil juzgar a nadie, pero es que para convertir el programa en un desperdicio aún mayor, a los participantes no se les permite cantar temas propios. Cualquier persona que haya escuchado cualquier tipo de música alguna vez sabe que interpretarla es complicado y tiene su mérito, pero lo realmente complejo es enfrentarse a la partitura en blanco e imaginar una progresión armónica y una melodía principal capaces de causarnos algún tipo de emoción. Así que al centrarse sólo en la interpretación, el programa cierra la puerta a todos los creadores que, a pesar de la hostilidad de los medios de comunicación, siguen luchando en España y en todo el mundo por demostrar que la creatividad aún no se ha extinguido. Es cierto que en algunos países hay excepciones (los denominados "music competition"). Me viene ahora mismo a la memoria el caso de Of Monster and Men, la interesante y exitosa banda islandesa que han arrasado a nivel mundial después de ganar hace 3 años el equivalente islandés (pero en versión creativa, no interpretativa) a "La voz". Ya digo que esto son excepciones: en la mayoría de los países se busca al intérprete, no al artista.

Y para acabar de desperdiciar la idea, las canciones con las que deben participar tienen que ser éxitos conocidos a nivel nacional o internacional. Para entendernos, una mezcla entre Kiss FM y la Cadena Dial (sic). Es decir, no basta con ahuyentar a los creadores, sino que los intérpretes no deben mostrar su cultura musical y sorprendernos (pongo un ejemplo imposible, recreando un tema de Portishead y la formidable voz de Beth Gibbons), sino que deben ceñirse a unos pocos centenares de temas en su mayoría de calidad discutible, y en los que sí la tienen, gastados de tantas y tantas escuchas. Con lo cual ni siquiera se consigue que el público vaya ampliando su cultura musical y sea capaz de ir apreciando otros artistas y otros géneros por lo general mucho más brillantes. Nuevamente hay excepciones (me viene a la mente el "Operación triunfo" polaco, en el que uno de sus participantes interpretó "My girlfriend's boyfriend" de Her Space Holiday y consiguió así de rebote para el bueno de Matt Biondi el mayor éxito internacional de su carrera). Pero no en España.

Así que sin un jurado capacitado, sin un solo creador, y sin apenas canciones brillantes, ¿cuál es el resultado? Pues unos intérpretes de usar y tirar, con cuyas ilusiones se juega sabiendo de antemano que prácticamente en ningún caso llegarán a nada. Y es que la música de consumo masivo está saturada de intérpretes que no saben componer, no controlan sus carreras y están a merced de los medios de comunicación para no hundirse en el ostracismo (seguro que todos Vds. pueden pensar en muchos ejemplos). Con el desprestigio que tal circunstancia supone para la música contemporánea, y las conclusiones a nivel de listas de ventas que ya he comentado en alguna otra entrada de este mismo blog. Porque, ¿acaso alguno de Vds. se acuerda ya del ganador de la primera temporada de "La voz"? ¿Y de cuántos de estos ganadores de talent show nos acordaremos dentro de cinco años? Compárenlo con la repercusión que a nivel mundial ha tenido el fallecimiento esta semana de Lou Reed (que no participó en ninguno de estos concursos, que no era guapo y que apenas sabía cantar) y obtendrán una elocuente respuesta: sin creatividad, no hay música.

domingo, 27 de octubre de 2013

Portugal. The Man: Evil Friends (2013)

El de Portugal. The Man es un caso digno de estudio. El quinteto de Alaska comenzó su andadura en 2006 con maneras claramente amateurs en un pequeñísimo sello, y ante la nula repercusión de su primer álbum ("Waiter: "You Vultures!""), optaron por una vía un tanto stajanovista: seguir componiendo y publicando como si fuera el planeta musical y no ellos los que estuvieran equivocados al no reparar en su talento. Así, siguieron a un frenético e inusual ritmo de álbum por año, ganando poco a poco más repercusión, hasta que en 2011 por fin consiguieron cierta notoriedad internacional con su sexto álbum, "In the Mountain in the Cloud", el primero en una discográfica de cierta entidad y con el que yo los conocí. Tras él, les llegó el momento de demostrar que tantos años de creatividad oculta no les había agotado y que estaban listos para demostrar que había llegado su momento; ésa era la expectativa cuando anunciaron a comienzos de año la publicación de "Evil Friends". Afortunadamente, para los que siempre creímos ver en ellos una de las mayores promesas del panorama musical internacional, han sabido no sólo responder a las mismas, sino superarlas con creces. Tanto, que para mí no es que sea ya sin duda el mejor álbum que ha visto la luz este año, sin indudablemente el más brillante en lo que llevamos de década. Aparte de que comercialmente también les ha supuesto un antes y un después (por vez primera se han colado entre los 30 más vendidos en EEUU).

Por supuesto, semejante éxito se basa en unas composiciones plenas de creatividad, como enseguida iré reseñando. Pero es evidente el acierto a la hora de elegir como productor a Danger Mouse: el cerebro detrás de Gnarls Barkley muestra cómo es posible respetar las señas de identidad de un grupo ya de por sí ecléctico, y sacarles el máximo partido con un sonido contemporáneo, colorido, en el que los sintetizadores en particular rayan a gran altura. Aunque puestos a ponerle algún pero, creo que podía haber intentado que sonara un poco más nítido (parece más una grabación analógica), así como haber maximizado el volumen de las partes menos instrumentadas, pues a veces es obligado subir y bajar varias veces en una misma canción para disfrutarla al máximo.

El álbum consta de 12 temas pero dura sólo 48 minutos, lo que refleja que la mayoría de las canciones no están alargadas innecesariamente. Eso ya es por sí algo favorable, pero lo realmente fascinante es que por primera vez en muchos años, no hay ninguno que desmerezca al resto: pueden reproducirse unos cuantos en modo aleatorio, que la escucha siempre será un disfrute. Se abre con "Plastic soldiers", un estupendo reflejo de lo que nos vamos a encontrar, pues en realidad se trata de tres temas claramente independientes (una balada acústica, un tema de pop tenebroso y un himno psicodélico al final) enlazados mediante una interesante letra común en uno solo. Le sigue "Creep in a t-shirt", que aunque bebe de la misma progresión armónica principal que ya usaron entre otros Pet Shop Boys en "In the night" o Fine Young Cannibals en "I'm not satisfied", suena completamente suya, con esa voz en falsete de John Gourley, el carismático lider de la banda, y una energía rockera que se ve complementada por una letra más propia de una canción protesta.

La lección continúa con "Evil friends", tema que da título al álbum y primer sencillo, otra canción que en realidad abarca dos composiciones diferentes aunque con un (excelente) estribillo compartido: el primer tramo lento, construido sobre un melancólico piano, y el segundo un trallazo rockero sobre una estupenda progresión armónica de cuatro acordes. Mejor es, si cabe, "Modern Jesus", cuarto sencillo, un medio tiempo acústico con un sorprendente teclado principal, una formidable letra sobre la que es la auténtica religión del siglo XXI en muchas partes del mundo y un estribillo sinfónico que Coldplay hubieran deseado firmar. Al mismo nivel se sitúa el siguiente corte, "Hip hop kids", puro rock del siglo XXI con una progresión armónica que recuerda por su rabia a los mejores momentos del grunge.

"Atomic man", siguiente tema y tercer sencillo, recuerda a los buenos tiempos de Oasis, cuando su rock aún era más inspirado que retro, con muchos detalles enriquecedores como la voz distorsionada de John y un final que va frenando gradualmente al tiempo que el piano va cobrando protagonismo. "Sea of air" fue durante algunas semanas mi candidato a tema de relleno del disco, aunque acabé rindiéndome a su pop psicodélico y acústico, a su arpegio de guitarra que mezcla tonalidades diferentes, de una manera tan lograda que parece incluso una interpretación del propio John Lennon. "Waves", octavo corte, es una fantástica balada de pop progresivo, melancólica e intimista, que va creciendo hasta culminar en el mejor solo de guitarra del disco, y en la que Danger Mouse da una clase magistral sobre cómo concluir un tema (de hecho, podría haber servido como final del álbum).

Increíblemente, el último tramo del disco sigue al mismo nivel: "Holly roller" es el tema más psicodélicamente sesentero del álbum, un brillante medio tiempo con abundantes adornos tecnológicos estratégicamente ocultos, y toques soul en su tramo final. "Someday believers" es otro tema muy en la línea de Noel Gallagher, con un sección de cuerda sintetizada y un sensacional estribillo que desemboca en un sensacional segundo estribillo cuando John entona aquello de "everyday...". "Purple yellow red & blue", segundo sencillo y penúltimo corte, empieza con una parte coral psicodélica que no anticipa el excelente medio tiempo que resulta ser, con toques jazzy en las estrofas, un ritmo medianamente bailable, y un sensacional tramo final. Y "Smile", el tema que cierra el álbum, es un precioso tema de letra y atmósfera intimistas (silbido incluido), que va haciéndose cada vez más tenebroso gracias a un potente bombo y un colchón de sintetizadores... para aliviarnos en sus dos últimos minutos con un mensaje luminoso, un auténtico himno.

Tan intensa es la experiencia que cuando la escucha termina el primer impulso es volver a escuchar el álbum una y otra vez, tanto por su calidad como por lo elaborado de sus canciones. Así, cada nueva escucha revela detalles nuevos, como el uso extendido en la letra casi todos los temas de los dos conceptos que dan título al álbum ("evil" y "friend"), los múltiples registros de la voz de Gourley, el talento de Kyle O'Quin a los teclados, la habilidad para conseguir un sonido "clásico" a pesar de tantos detalles tecnológicos... En suma, un auténtico regalo para los melómanos más exigentes. Así que tanto si Vd. seguidor habitual de este blog como si ha aterrizado en esta reseña por casualidad, no lo dude y hágase con "Evil friends": seguro que le entusiasmará.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Dot Allison: Pioneers #01 (2012)

Prosigo en esta entrada con mi revisión de álbumes que fueron publicados en 2012 pero a los que no he podido acceder hasta hace unas pocas semanas. En este caso es el inesperado (y me atrevo a decir que "por la puerta de atrás") retorno de Dot Allison. Dorothy ha sido una de mis debilidades desde que lideró One Dove, aquel trío que pretendía hacer sombra a Saint Etienne con su pop atmosférico a mediados de los noventa. Cuando inició su carrera en solitario años más tarde, parecía que Allison podría acabar llegando a un público masivo (su excelente "We are science" de 2002 tuvo algún sencillo en las listas del Reino Unido), pero la deriva acústica de sus posteriores entregas (el soporífero "Exaltation of larks" (2007) a la cabeza) la arrastraron de vuelta a la marginalidad.

Así hasta que a finales del año pasado la gente de Imagem Production Music (que se presentan a ellos mismos en su web como "The largest independent production music publishers") dio a conocer su serie "Pioneers", dedicada al reconocimiento de todos esos pioneros que han ido abriendo brecha en las nuevas tendencias para llegar a conformar la mejor cara del panorama actual de la música contemporánea. Y qué mejor (debieron pensar ellos) que iniciar dicha serie con Dot Allison. La buena noticia no es que Dorothy aceptara el proyecto, sino que optó por dejar atrás el formato acústico y abrazar de nuevo la contemporaneidad con nada menos que 14 temas, todos ellos firmados por ella pero en colaboración con muchos grandes nombres de la música electrónica y de baile anglosajona (desde Keith Tenniswood de Two Lone Swordsmen hasta Jagz Kooner de The Aloof, pasando por Darren Emerson de Underworld).

Así que borrón y cuenta nueva, y a intentar recuperar el terreno perdido. ¿Y el resultado? Pues sin ser un disco completamente redondo, sí que es su mejor álbum desde "We are science" y en mi opinión uno de los más interesantes de los últimos meses. Es un disco esencialemente de pop orientado a la pista de baile, aunque también con varios temas más experimentales (como algunos pseudoinstrumentales) y un par de baladas que confirman que Dot sabe desenvolverse por múltiples terrenos.

El álbum lo abre "She's a mystery", una colaboración con Tenniswood también publicada en formato sencillo. Sin ser el mejor tema del disco, sí es un buen reflejo del mismo, con una línea de bajo muy marcada, estrofas y estribillos perfectamente definidos y un toque de livianidad poppy muy refrescante. Le sigue "Escapology", la decepcionante colaboración monocorde y sin talento ninguno con Darren Emerson, que refleja que el cerebro de la mítica "Born slippy" apenas ha evolucionado musicalmente desde que tocó el cielo (musicalmente hablando) hace casi 20 años. Afortunadamente es sólo un desliz, pues el siguiente corte ("Flying", a medias con Jagz Kooner) es una auténtica maravilla: una excelente progresión armónica en las estrofas, que sin embargo es capaz de evolucionar a otra igual de subyugante en el estribillo, una estimulante letra, y una exhibición de Dot a la hora de cantar cada una de las tres estrofas con una personalidad diferente. En un mundo ideal hubiera sido uno de los "pelotazos" de los últimos meses, pues tiene todos los ingredientes para ello.

"You give me everything" (en colaboración con Tony Scott) es para mí el segundo gran momento del disco: una preciosa balada construida con un sonido perfectamente contemporáneo aunque sin renunciar al clasicismo del piano, y una preciosa letra de amor. En "Light up your soul" repite Tenniswood, por lo que se mantienen las constantes de "She's a mystery" aunque quizá el tema gane a los puntos al anterior por su mayor riqueza creativa. "Torch" es otro estupendo tema lento, con un logrado colchón atmosférico, una original programación de la percusión y la delicadísima interpretación vocal de Dorothy. "Wistful summer" es, excepcionalmente, un tema acústico muy en la línea de las anteriores entregas de Allison, pero con una lograda progresión armónica pero sin una letra ni una melodía principal definidas.

"Tokyo dream" (colaboración con Matt Paul) es un disfrutable semi-instrumental de referencias ochenteras que efectivamente nos retrotrae a la ambientación de la capital japonesa, en buena parte gracias a los orientalizados "gorgoritos" de Dot. "Sunrise" (a medias con Jude Rawlins) es un correcto tema de electro, sin nada que destaque especialmente. Y "Cellular piano" (con colaboración de Andy McDonnell) es el tercer gran momento del disco: un tema completamente instrumental construido a partir de una sobrecogedora superposición de pianos, realzada por una sintetizada orquesta de cuerda y varias cajas de música.

Los cuatro cortes que conforman el tramo final del álbum son un poco más flojos, aunque sin llegar a desentonar en ningún momento: "Call to grace" recuerda en sus armonías a aquel "Afterglow" con el que Allison debutó en 1999, aunque la ausencia de una melodía vocal le resta puntos. "Ghostly voices" es exactamente eso, un inquietante tema semi-instrumental con toques de post-rock a lo Tortoise en el que Allison introduce sus etéreas capas de voces. "Autobahn" no sólo recuerda en el título a los míticos Kraftwerk, sino también en su techno frío, un tanto minimalista y carente de una auténtica letra. Y "When love comes alive" es en esencia una supersposición de voces sin apenas letra, buscando cerrar con una atmósfera onírica un álbum más que interesante. Porque esa es mi reflexión principal tras unas cuantas escuchas: ¿cómo es posible que la industria musical promocione a tantos artistas sin apenas calidad o talento, y obras tan equilibradas y originales como este "Pioneers" vean la luz de manera tan marginal? Es cierto que internet ha permitido equilibrar un poco la situación, pero aún queda mucha justicia por hacer con discos como éste. Sirva esta reseña favorable de "Pioneers #01" como granito de arena para no obviar el talento en la música. Que no sobra precisamente.

sábado, 21 de septiembre de 2013

Terranova: Hotel Amour (2012)

En las próximas semanas voy a reseñar álbumes que se publicaron el 2012. El motivo no es otro que las dificultades que me han surgido a la hora de hacerme con ellos. Pero bueno, ya han llegado a mis manos, y dado que siguen siendo las últimas entregas de sus respectivos artistas en formato largo, confío en que sean lo suficientemente interesantes.

La banda alemana Terranova siempre ha sido una de mis debilidades desde su debut de álbum hace casi 15 años. Una propuesta siempre influenciada por las tendencias musicales contemporáneas, pero sin atarse en exclusiva a ninguna de ellas: la banda evolucionó en sus cuatro primeros álbumes desde el trip-hop con toques punk de "Close the door" (1999) hasta el synth-house de "Digital tenderness" (2004). Pero siempre manteniendo un nivel de calidad incuestionable.

Ahora bien, después de entregar su disco más redondo en 2004, la banda entró en hibernación, con su líder Fetisch volcado en otros proyectos. Hasta que tras 8 años por fin el año pasado volvieron con nuevo trabajo. Eso sí, del trío original sólo queda Fetisch, que para "Hotel amour" está acompañado por &me, otro DJ alemán con el que empezó a colaborar en 2007. Y probablemente esta nueva alianza sea una de las causas por las que el resultado sea una versión descafeinada de "Digital tenderness" y sin duda su disco más flojo.

El caso es que musicalmente hablando "Hotel amour" intenta retomar la propuesta musical de Terranova en el punto en el que la dejó "Digital tenderness", si acaso con un mayor peso del componente house. Pero con un enfoque que prima los temas muy largos, de desarrollos lentos, instrumentación minimalista y en ocasiones composiciones prácticamente inexistentes. El tema con el que se inicia, "Question mark", es un buen reflejo de esta simplificación creativa, con una parte vocal un tanto blandita, que se repetirá posteriormente sin amyor imaginación sobre un escuálido colchón electrónico. A pesar de lo cual es uno de los pocos temas salvables, puesto que el segundo corte, "So strong", es totalmente prescindible por su sonido machacón y por lo inaudible de la interpretación vocal. Del siguiente, "Hotel amour", sólo se salva el solo de xilófono digitalizado que lo adorna tras varios minutos, y que recuerda a los solistas que a veces animan los clubs de moda superponiendo su saxofón o sus bongos a los temas que esté pinchando el DJ de turno.

El cuarto corte ("Paris is for lovers") es el primero que evidencia que Fetisch todavía recuerda cómo hacer buenas canciones: un oscuro principio creado sobre una progresión armónica simple pero decente, una línea de bajo slap y electrónico a la vez, un bonito sintetizador rellenando la base y una melodía muy simple pero bien interpretada. Sí, el desarrollo es lento y siete minutos son muchos, pero funcionaría perfectamente en las pistas de baile de medio mundo. Lamentablemente es un espejismo: "Make me feel" baja los bpms, pero no funciona por su escaso armazón compositivo. Y aunque "I wanna go out" es probablemente el tercer mejor tema del disco, no deja de ser tan solo un infeccioso loop de bajo sintetizado sobre dos acordes en el que apenas hay melodía y sólo un teclado orquestal para realzarlo en el tramo final de sus casi 5 minutos (recortados, eso sí, para publicarlo com sencillo).

"Ain't no thing" se mueve en las mismas constantes anodinas, excepción hecha de un segundo bajo sintetizado que despierta algo la atención en los dos minutos finales. "Take my hand" es casi exclusivamente una percusión electrónica y unas cuantas frases declamadas sin asomo alguno de creatividad. Hasta "Code blue" muestra a la banda en baja forma, pues desaprovecha un precioso arpegio de piano, al no instrumentarlo convenientemente y no añadirle siquiera una melodía vocal que, si se me permite la expresión, estaba "a huevo". "Boogie for the dollar" es otro tema totalmente prescindible por su minimalismo mal entendido. "By my side" son siete larguísimos minutos monocordes construidos sobre un ritmo cadencioso, muy propio de las raves ibicencas. "Avenue Wagram" es el tema más experimental, dos minutos compuesto directamente en el estudio sin base alguna, ni tampoco interés.

Y así llegamos al tema que cierra "Hotel amour": "Prayer" es con diferencia el tema más original y de mayor calidad, un tema lento, con una sección de cuerda barroca sintetizada, una atmósfera tenebrosa, progresión armónica, estrofas y estribillos "de verdad", un original piano, e incluso una interesante letra. Lástima que no se hayan animado a incluir más temas así. Porque al final de 66 minutos apenas podemos salvar 15 o 20 (aunque la mayoría de ellos los que acertadamente han sido extraídos en formato sencillo). Con lo cual dudo que el futuro se presente demasiado halagüeño para Fetisch y compañía: la mayoría de sus seguidores habrán quedado, como yo, decepcionados, y el EP "Painkiller" con el que han intentado recuperar terreno en los últimos meses no muestra signos de recuperación.

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