domingo, 10 de abril de 2016

Gypsy & The Cat: "Hearts a gun" (2015)

El formato EP (por sus siglas en inglés Extended Play) ha sido históricamente poco apreciado y difícil de vender: a medio camino entre el sencillo y el álbum, su sensación de demasiado largo para ser encasillado como sencillo y demasiado corto para venderlo a precio de álbum lo ha arrinconado al ámbito de lo minoritario. Afortunadamente, desde hace unos años internet ha venido también al rescate de los EPs, ya que pueden adquirirse en las tiendas habituales y reciben suficiente anterior por parte de webs y blogs especializados. Por eso en las próximas dos entradas voy a reseñar dos de mis EPs favoritos de los últimos meses: el de los alemanes Claire, cuyo álbum de debut ya reseñé en este mismo blog, y el de los australianos Gypsy & The Cat, del que les hablaré a continuación.

Gypsy & The Cat es un dúo formado por Xavier Bacash y Lionel Towers, que debutaron en 2010 y han lanzado hasta la fecha dos álbumes de estudio más este excelente EP, "Hearts a gun", que vio la luz hace tan sólo unos meses. Pese a ser una banda que he seguido con interés desde sus inicios, nunca hasta ahora habían terminado de convencerme. Y de hecho, a lo largo de 2015 y al margen de este EP han lanzado otres sencillos, ninguno de los cuales raya en mi opinión a la misma altura de este EP: "Climb into the music", es correcta pero le perjudica un estribillo demasiado obvio; "Can't stop me now" se ve lastrada por su percusión deudora de los sesenta; y "Lost control" tiene una estrofa digna de este EP pero un estribillo mucho más flojo. Por contra, "Hearts a gun" sorprende por su nivel medio muy alto, tanto a nivel compositivo como instrumental, aparte de exhibir una cohesión y una personalidad incontestables en apenas veintitrés minutos.

"Hearts a gun", la canción que titula y abre el EP, es una sensacional muestra de pop contemporáneo, desde su aparentemente manido pero efectivo silbido, el cual anticipa la melodía de su maravilloso estribillo. Un estribillo que llega sin muchos preámbulos y que crece un poco más con cada repetición, gracias a sus sintetizadores en un discreto segundo plano y un tramo instrumental final realmente conseguido. "Red wine & cigarettes", el segundo corte, baja un escalón respecto al anterior aunque sigue siendo un buen tema, que evoca la atmósfera del océano que baña Melbourne, con un estribillo no tan inspirado pero contagioso, adornado con una especie de gaviotas electrónicas y una no fácilmente detectable guitarra.

"Evolution" fue el sencillo que se extrajo del álbum. Interpretado junto a la también banda australiana Client Liaison, formó parte de mi lista de mejores canciones internacionales de 2015: una elegante muestra de lo que puede ser el pop de 2015: mirando de reojo a las melodías de los ochenta, pero sin desaprovechar todas las posibilidades instrumentales existentes actualmente: los australianos juntan sin que se estorben guitarras acústica y eléctrica, teclados envolventes, un pequeño arpegio de bajo que remata el estribillo, sintetizadores que marcan las notas al estilo clásico y certeras percusiones electrónicas adornando. Además, sobre una progresión armónica muy acertada despliegan una melodía prácticamente perfecta, que ya desde la entrada al estribillo ("I am the life that defines evolution...") transporta al oyente como sólo puede hacerlo el mejor pop intemporal.

Pero es que la segunda mitad del EP mantiene el listón: "Wasted days" está construida sobre otra inspirada progresión armónica, realzada en partes instrumentales y estribillos por un excelente arpegio de piano. La oscura estrofa y el estribillo de una sola frase completan la composición sin desentonar, y el bajo sintetizado se mezcla con una excelente batería. "Fire" es si cabe superior, con ese explosivo y subyugante comienzo, nuevamente sobre otra excepcional progresión armónica marcada por el bajo sintetizado. Y que tras una estrofa correcta y una precisa entrada culmina en otro formidable estribillo, que vuelve a retrotraernos a los ochenta sin resultar demasiado obvio. Solamente el último corte, "Sunday", se sitúa en lo que podríamos denominar correcto: mucho más reiterativa y expansiva, con un claro predominio instrumental, al menos logra con su piano electrónico evocar la desidia de una tarde de domingo en la costa australiana.

Con lo cual al terminar la escucha la sensación que queda es la de que ha habido tantos momentos de calidad como en la mayoría de los álbumes que reseño en este mismo blog: tres temas excelentes, dos muy buenos y uno correcto. Así que el hecho de que se trate de un EP queda totalmente en segundo plano. Aunque sí queda la duda de por dónde "tirarán2 en su siguiente álbum: si por la línea más retro de sus sencillos de 2015, o por la línea de pop contemporáneo de este EP; espero fervientemente que sea por lo segundo.

lunes, 28 de marzo de 2016

El panorama musical español en 2015

Un año más, y como ya es costumbre, he decidido dedicar una entrada al panorama musical español durante el pasado año 2015. Un panorama que en mi opinión no sólo sigue en encefalograma plano, sino que parece caer un poco más cada año. Veamos por qué.

En el ámbito meramente comercial la situación sigue en estado comatoso: los álbumes de artistas hispanoamericanos o que cantan en español ha vuelto a ganar por abrumadora mayoría en 2015 (nada menos que 39 de los 50 más vendidos) a los artistas que cantan en otros idiomas y anglosajones (que, nos guste o no, siempre aportarán un número mayor de propuestas interesantes, aunque sólo sea por la cantidad de álbumes publicados). Apenas Adele se cuela entre los cinco más vendidos (aunque muy lejos de arrasar como ha hecho a nivel mundial). Y hay que llegar al puesto 56 para encontrar a la segunda gran triunfadora del año, Taylor Swift. Idéntica suerte corren otros intérpretes de referencia en el conjunto del planeta como Ed Sheeran o Sam Smith. Sólo Justin Bieber logró un éxito medianamente asemejable al obtenido a nivel interacional, lo que reafirma mi impresión de que únicamente aquellos que tienen un club de fans potente entre las adolescentes son capaces de lograr que los aficionados se gasten unos euros en ellos.

Descorazonador es que el álbum más vendido haya sido "Sirope" de Alejandro Sanz, que repite en su fórmula conservadora y escasa de inspiración. Descorazonador es que predominen los álbumes de artistas concebidos para un público infantil o pre-adolescente (dos álbumes de Gemeliers, dos de Sweet California, dos de Abraham Mateo...). Descorazonador es que entre los escasos artistas internacionales de la lista haya exponentes de un tipo de rock que fue grande a principios de los 80 pero que ahora está ya más que agotado (AC/DC, Iron Maiden). Pero lo más descorazonador es que entre los cincuenta primeros álbumes no encontremos ni a un solo artista que haya debutado en el panorama musical internacional en 2015 (justo cuando más música se publica). A todo lo cual hay que sumar la escasa presencia de la música de actualidad en la televisión y su menguante presencia en las radios privadas, quedando únicamente internet (con Spotify y Youtube a la cabeza) como fuente de nuevas propuestas.

En la música alternativa la cosa no ha ido mucho mejor. Ni un solo artista entre los cincuenta más vendidos en España. Tampoco han abundado en exceso las nuevas entregas de artistas consagrados en este mundillo (Joe Crepúsculo, Christina Rosenvinge, Fernando Alfaro...). Ni siquiera La Bien Querida consiguió repetir su certero "A veces ni eso" de 2013 con ninguno de los temas de su esperado "Premeditación, nocturnidad y alevosía". Aunque puestos a resaltar algún debut, el de Soleá Morente con ese "Todavía" compuesto precisamente por La Bien Querida tal vez sea lo más interesante que he descubierto en los últimos doce meses: ese pop aflamencado luminoso y correctamente realzado gracias a su original violín.

Con lo que para mí lo más interesante en el panorama español en este 2015 que nos dejó hace un par de meses ha sido el retorno de Najwajean. Y no me refiero a que hayan vuelto a entregar un álbum de estudio, algo que ya hicieron en 2008 con su opaco "Till it breaks", sino a que realmente han retornado a la música electrónica de vanguardia de la que fueron pioneros en 1998 con su legendario "No blood". No es que "Bonzo" sea un gran álbum (y su elección como sencillo me parece realmente desafortunada) pero sí que les permite recuperar plenamente su personalidad, y merced a las programaciones de Carlos Jean y a la buena pronunciación de Najwa Nimri, entregar un sonido más contemporáneo, pulido y bien interpretado que cualquier otro artista en España. Y que no tiene nada que envidiar a cualquier otra producción realizada allende nuestras fronteras. Lástima que no sólo para el gran público sino para gran parte de la crítica especializada haya pasado tan desapercibido.

lunes, 14 de marzo de 2016

School Of Seven Bells: "SVIIB" (2016)

El cuarto álbum de los neoyorkinos School Of Seven Bells es especial por muchos sentidos. Por encima de todos, por ser el punto y final de su carrera: la muerte a causa de un linfoma en 2013 de Benjamin Curtis, pareja de Alejandra Deheza y mitad del dúo desde que en 2010 Claudia Deheza abandonara la banda, paralizó el proceso de creación de las composiciones del que iba a ser la continuación de "Ghostory" (2012), y poco menos que cercenó su trayectoria como banda. Pero también porque, tras sobreponerse a tan tremendo golpe y recuperando y puliendo las demos grabadas por ambos en los últimos meses de vida de Curtis, Alejandra no sólo ha conseguido finalmente completar el álbum, sino que ha entregado el que es de lejos su disco más meritorio, enriqueciendo su dream-pop de fraseos susurrantes marca de la casa con un "muro de sonido" lleno de reverberaciones y mayores dosis de synth-pop que sus predecesores.

Siendo Alejandra más que nada una cantante, a ello ha contribuido decisivamente Justin Meldal-Johnsen, co-productor de "SVIIB" y principal responsable de ese nuevo sonido más redondo y contemporáneo pero a la vez respetuoso con el pasado de la banda. Lo cual no significa que "SVIIB" sea intachable, puesto que aunque sus primeros temas y el que lo cierra rayan a un nivel alto, su tramo intermedio flaquea un tanto. Pero sí pienso que con este álbum School Of Seven Bells dan el salto definitivamente a la primera división de las bandas estadounidenses. Por razones plenamente comprensibles son tan sólo 9 temas y 42 minutos, que más que como colección de canciones dispersas funciona como un todo homogéneo y sin embargo lo suficientemente variado en su propuesta, con las distintas fases por las que atravesó la relación sentimental de Alejandra y Benjamin como hilo conductor. Y con una sorprendente preferencia por los temas luminosos, los acordes mayores y un tono general optimista, quizá como forma de pasar página tras tan trágico desenlace.

Un buen ejemplo, a la vez que probablemente el mejor tema del disco, es "Ablaze", el corte que lo abre y segundo sencillo. Con un principio tan elaborado como el del resto de canciones, es un tema de power pop vitalista y atmosférico, construido sobre los inevitables bajo, guitarra y batería pero con loops de sintetizadores que rellenan inteligentemente el espectro, y con una letra que ensalza el efecto positivo del amor. Aunque también refleja uno de los principales fallos del disco: la tendencia de Alejandra a doblarse en exceso su voz (incluso dentro del mismo verso). Un escalón por debajo pero aún a un buen nivel se sitúa "On my heart", el sencillo actual, también luminoso pero más sintético que el anterior, con otro principio muy elaborado y una atmósfera envolvente que recuerda a las que creaba hace veinte años Andy Weatherall.

El álbum sigue por buen camino con "Open your eyes", el sencillo que anticipó el álbum a finales de 2015, un medio tiempo con otro excelente principio que va creciendo hasta dar cabida a una melodía de versos casi enlazados en las estrofas que desembocar a un estribillo que se acabará convirtiendo en doble, antes de rematar con una parte nueva y una coda final (lo que evidencia que estamos ante temas realmente trabajados a nivel compositivo, y no sólo a recortes de demos más o menos enlazados). "A thousand times more" retoma la senda guitarrera habitual en sus anteriores entregas, en otro tema rápido y optimista con unas estrofas correctas, una entrada al estribillo larga y bien creada y un estribillo de una sola frase pero bien realzado por un oportuno sintetizador. Y la sorpresa de un cambio de estructura a partir del segundo estribillo.

Sin embargo a partir de aquí SVIIB decae apreciablemente: "Elias" parece el retorno de los One Dove con su ritmo cadencioso y su elaborada composición, pero abusa de voces dobladas y el estribilo es solamente correcto. "Signals" es el tema que más se deja influir por el pop sintético que arrasa actualmente en las listas (desde Halsey a Taylor Swift), pero la melodía de las estrofas es demasiado simple y el estribillo guitarrero resulta demasiado etéreo. "Music takes me" recuerda mucho a las programaciones simples y efectivas de M-83 (se nota que Meldal-Johnsen trabajó también con el francés), y funciona aceptablemente en su rol de tema más experimental del álbum, sobre todo a partir de las guitarras reproducidas al revés que dan pie a una futurista parte nueva, pero no engancha tanto como los primeros temas del álbum. Y la trémula y un tanto insípida "Confusion" podría haber sido el cierre del álbum con su atmósfera onírica, su ausencia completa de ritmo y sus sentidas confesiones, pero Alejandra se guarda para el final el último gran momento del álbum, ese "This is our time" que ya habían desvelado en directo meses antes de la muerte de Curtis (cuando aún ni siquiera la dominaban del todo), que atrapa con su sencillo y sin embargo precioso arpegio de sintetizador en estribillo y partes instrumentales, y sobre todo con ese premonitorio "Our time is undestructible..." que Alejandra repite como amarga y a la vez espeluznante premonición de lo que debería afrontar meses más tarde.

Porque al terminar la escucha lo que da la impresión es que Alejandra ha recurrido al material que habían grabado a finales de 2012 para crear un sentido homenaje a su pareja desde que se conocieron y formaron la banda hasta este capítulo póstumo. Casi como una promesa de seguir para adelante cuando Curtis no estuviera. Como además cuenta con los suficientes puntos álgidos como para recomendarlo, se trata a la vez de un álbum razonablemente disfrutable y un meritorio punto y final. Lástima que su trayectoria acabe aquí: daba la impresión de que estaban a punto de dar el gran salto.

domingo, 28 de febrero de 2016

La mejor banda de vídeo-clips del mundo: OK Go

Si tuviera que elegir el mejor artista musical a nivel mundial en lo que llevamos de siglo, no sería capaz: sería imposible elegir entre múltiples propuestas variadas y nombres de lo más variopinto. Sin embargo, si de lo que se trata es de escoger la mejor banda de vídeo-clips del mundo, lo tengo clarísimo: los estadounidenses OK Go. Una banda interesante musicalmente, que siempre incluye temas meritorios en sus álbumes, pero a la que en mi opinión les falta algo de personalidad en sus temas, habilidad para pulir sus composiciones y exigencia a la hora de priorizar sus buenos momentos frente a otros más anodinos. Pero todos esos defectos pasan a segundo plano cuando seleccionan uno de sus mejores temas en formato sencillo y lo arropan con sus impresionantes video-clips.

Porque para la banda de Chicago un vídeo-clip dista mucho de ser un trámite publicitario, y se trata más bien de presentar una experiencia única a quien lo disfrute, a la vez que a ellos les da oportunidades de hacer cosas que posiblemente no hubieran podido hacer bajo ninguna otra circunstancia. A menudo sin alardes ni grandes presupuestos, muchos de sus video-clips provocan un hondo impacto por muchos miles que ya se hayan visto. Así que, con motivo de la reciente puesta de largo de "Upside Down & Inside Out", su último vídeo-clip, en la entrada de hoy voy a seleccionar algunos de mis favoritos, ordenados cronológicamente según los han ido extrayendo de sus cuatro álbumes de estudio, junto con alguna curiosidad. Espero que los disfruten:

"A million ways". Tras tres vídeo-clips convencionales para presentar su álbum de debut, con este clip dieron el salto a la originalidad, a partir de un presupuesto ínfimo y sin complejos a la hora de realizar una coreografía.
"Here It Goes Again". Misma idea de una coreografía desenfadada, pero con la genial idea de las seis cintas de correr para dar el salto definitivo al olimpo de la creatividad.
"Do What You Want" (Wallpaper Version). Con un chirriante papel de fondo como único decorado, una paranoia que combina retazos de una supuesta actuación con los más variopintos personajes y ocurrencias.
"WTF?". Un impresionante despliegue de colores y marcos que nunca se detienen, y que les permite hacer los más diversos trucos de cámara.
"This Too Shall Pass" Rube Goldberg Machine. Uno de mis favoritos, porque al habitual despliegue imaginativo y colorista le añaden el circuito en forma de máquina de Rube Goldberg tan difícil de crear.
"End Love". Vuelven a sorprender con una de sus personalísimas coreografías pero, ya con más presupuesto, la completan con montones de efectos, planos superpuestos, un montón de extras y alguna sorpresa más.
"White Knuckles". Mi tema favorito de la banda, y un vídeo a la altura de las expectativas, esta vez con unos perros que les ayudan en sus personalísimas andanzas.
"Needing/Getting". Quizá el más complicado, con la banda montada en un Chevrolet con brazos neumáticos capaz de tocar los más inverosímiles instrumentos y así interpretar una increíble versión en vivo de este tema.
"The Writing's On the Wall". Su homenaje a New Order está acompañado por un vídeo de una sola toma con impresionantes ilusiones ópticas.
"I Won't Let You Down". Empieza como una más de sus coreografías, esta vez montados sobre unas mini scooters de Honda, pero acaba derivando en una coreografía de más de 2.000 personas filmadas desde el aire por una cámara a bordo un dron.
"Red Star Macalline Commercial". Incluso una remezcla y un anuncio para una empresa de muebles chinas es una excusa para entregar otro derroche de imaginación.
"Upside Down & Inside Out". En su última entrega la coreografía y la explosión de colores queda realzada por las posibilidades que da a bordo de una cabina de gravedad cero.

OK Go no es una banda muy rápida a la hora de componer (sólo cuatro álbumes en más de una década), pero sí prolija a la hora de extraer sencillos y acompañarlos con vídeo-clips. Así que seguro que ya estarán pensando en su próxima sorpresa. La espero con impaciencia.

lunes, 15 de febrero de 2016

Rainmode: "On" (2015)

En la siguiente entrada voy a reseñar uno de mis descubrimientos de los últimos doce meses. Que proviene, como tantas otras propuestas interesantes de los últimos tiempos, de Suecia. Y es que los países escandinavos, con su dominio del inglés y su cultura liberal, viven un florecimiento musical inusitado, en particular en el ámbito de la música electrónica y de baile y tanto a nivel comercial como a nivel creativo. Algo que contrasta notablemente con el relativo estancamiento anglosajón, escaso en nuevas propuestas que se salgan de los parámetros de los artistas prefabricados y el hip-hop más plano.

Rainmode es un dúo sueco formado por el cantante y compositor Henrik Skanfors y el productor y D.J. Martin Alexandersson, que desde el 2014 ha venido publicando con regularidad sencillos a escala muy minoritaria, hasta llegar a su álbum de debut, "On", que vio la luz ya con una difusión algo mayor el pasado mes de julio. Sus referencias son el pop electrónico de los ochenta y la electrónica indie del último lustro. Y su álbum una propuesta más que interesante. Sus catorce temas encierran un notable eclecticismo a la hora de acercarse a esas referencias, algo por otra parte habitual en los siempre ambiciosos álbumes de debut. Y los muestra maduros a la hora de instrumentar e interpretar sus composiciones. Aunque con algún defecto propio de debutantes.

El primero nos lo encontramos nada más empezar la escucha: porque en sus cuatro primeros temas nos encontramos nada menos que tres con título muy similar ("Intro" "Epilogue", "Rainmode"). Una idea que sólo se presta a confusión y que no entiendo a qué patrón estilístico obedece. Porque el primer corte "Intro (Epilogue)" es un tema independiente, de duración suficiente para no considerarlo una mera introducción, que no aparecerá a modo de epílogo al final del álbum, y además bastante interesante por su atmósfera inquietante y la energía vocal de Skanfors. El segundo, "Rainmode On", más o menos el que da título al álbum, no es uno de sus momentos álgidos, ya que intenta ser un medio tiempo luminoso que desemboca en bailable en su tramo final, pero le sobra impostura y le falta inspiración. Mucho más interesante es el tercer corte, "The taunting", un tema más oscuro, construido sobre un loop sintetizado en la línea de su paisana Emmon que engancha, con un estribillo que tiene la simplicidad justa para ser efectivo sin ser obvio, y que con la misma naturalidad con que va creciendo conforme se añaden instrumentos se va apagando hasta el final. Y "Rainmode On - Intro (Epilogue)", publicado en formato sencillo como "Buckle up" como el tema con el que se dieron a conocer hace ya dos años, es en mi opinión el segundo mejor momento del álbum, un tema sintético, muy bien instrumentado, con una bonita progresión armónica y una mejor melodía ensalzada por un sencillo sintetizador con un punto oriental.

"The lottery" es la canción más house del álbum, un tema correcto, bastante desnudo en su instrumentación salvo en los estribillos y con el inevitable crescendo sobre un piano electrónico de los primeros noventa para rematar la faena. "Seizures" es la balada del álbum, una canción de discreto resultado con un estilo que recuerda a los temas lentos de sus vecinos A-HA, aunque el binomio bajo y percusión parezca tomado de Portishead. "The foghorn" fue otro de los sencillos que anticipó el álbum, y podría haber sido uno de sus mejores momentos con su bajo prominente y sus estrofas de acordes menores que le otorgan un punto trágico, pero su estribillo demasiado agudo y un tanto sensiblero le resta muchos puntos. "Forevernight" es quizá el tercer momento más logrado del álbum, otro tema lento pero mucho más personal que "Seizures", con unos muy acertados sintetizadores arropando lavoz de Skanfors en otra bonita y sugerente melodía, y con la sorpresa de convertirse en un medio tiempo casi bailable en su tramo final, de manera muy similar al "Let me down gently" de LaRoux.

"Ballroom Barricades" juega al despiste con su principio espacial pero luego sorprende con esos complejos ocho acordes que dan paso a un tema espartano y sin un estribillo definido. Que sin embargo solventa con éxito la papeleta de actuar como el tema más experimental a la vez que accesible del disco. "7D" es de lejos el mejor tema del álbum, y probablemente el sencillo que llevan intentando escribir Pet Shop Boys desde hace veinte años. Con una perfección matemática absoluta en su progresión armónica y su melodía, su sugerente letra sobre los inicios de una relación amorosa adolescente, una brillante parte nueva completamente instrumental y unos sintetizadores coloristas para rematar la jugada, no es de extrañar que formara parte de mi lista de 20 canciones internacionales de 2015. "Blazer", undécimo corte, completó hace unos meses la nómina de sencillos que vieron la luz anticipando el álbum, y sin ser un tema brillante sí que llama la atención por su pop luminoso, casi de créditos de película estadounidense de los años ochenta. Igualmente interesante, aunque de duración un tanto excesiva es "Newborns", que juega la baza de ser el tema más depresivo del álbum, con una atmósfera envolvente a lo Man Without Country ese "The world is finally coming to an end" que repiten una y otra vez.

Y mi sugerencia es detener la reproducción ahí, porque los once minutos restantes lo ocupan el momento más flojo del álbum ("Final Call", un tema excesivamente largo, ) y una revisión en formato más acústico de "The foghorn", que confirma que es una canción correctamente compuesta, bien trabajada e interpretada, pero a la que le sobra afectación en el estribillo. Obviando estas dos canciones, el balance final de "On" es claramente meritorio, con un nivel medio más que aceptable, regular en el buen sentido de la palabra, con un momento excepcional, otros dos claramente recomendables y varios más interesantes. Es cierto que a veces abusan de unos ritmos binarios un tanto simples y poco originales, que Skanfors no siempre utiliza su amplio rango vocal amplio de manera adecuada (en especial en los tonos más bajos), y que algún instrumento adicional podría haber enriquecido el conjunto (tal vez una guitarra, una percusión, una sección de viento...). Pero para los mimbres con los que está hecho es un álbum muy digno; habrá que ver si poco a poco consiguen una mayor difusión que les anime a proseguir con su carrera musical, porque mimbres tienen para ello. Esperemos que esta reseña les abra una pequeña brecha entre el público hispanoparlante.

domingo, 17 de enero de 2016

Las 20 mejores canciones internacionales de 2015

Un año más que acaba de empezar. Momento de echar la vista atrás y proponer listas que nos permitan sintetizar lo mejor del 2015 que se nos acaba de escapar. Como ya viene siendo costumbre, no me atrevo a proponer una lista con los mejores álbumes del álbum, pues el volumen de discos publicados excede ampliamente los cincuenta o sesenta que consigo escuchar. Pero una vez más vuelvo a proponer una lista con 20 canciones internacionales que recordar de este 2015. Con los dos criterios habituales: seleccionar temas que hayan visto la luz en formato sencillo/videoclip, y una única canción por artista, para conseguir una panorámica más amplia del planeta musical contemporáneo. Como de costumbre siempre intentando localizar la emoción, el talento, la inspiración, la melodía y, al fin y al cabo, la calidad que, si se busca, es posible encontrar.

Ahí va la lista. Quizá haya sido uno de los años más fértiles en lo que llevamos de década, en particular en el ámbito de la música electrónica y muy específicamente en el del synth-pop, por eso esta lista es un poco más tecnificada que las de temporadas anteriores. Y probablemente también sea la más variopinta en cuanto a procedencia de los artistas: internet ha derribado prácticamente todas las fronteras:

1. Braids - "Miniskirt". Sin duda la canción del año. En realidad dos canciones en una, una balada personalísima y un trepidente drum&bass que convergen de manera sorprendente al final. Y con una letra excepcional.
2. Death Cab For Cutie - "Black sun". Quizá el mejor sencillo de su larga carrera, y eso que los han tenido fenomenales. Oscuro, desasosegante, en constante evolución... ¿Perfecto?
3. Florence & The Machine - "Queen of peace". La personalidad arrolladora de Florence en unas maravillosas estrofas y unos estridentes estribillos. Única
4. Rainmode - "7D". Este tema que vio la luz en 2014 en un ámbito muy minoritario y ya para el gran público en 2015 en su meritorio álbum de debut es lo más parecido en cuanto a perfección de matemática musical de los últimos años, tanto que sorprende que no sea una adaptación de un tema de música clásica.
5. Voltaire Twins - "Long weekend". Desde Australia, algo así como el mejor Thomas Dolby del siglo XXI pero con la vista puesta en los ochenta. Formidablemente instrumentado y mejor cantado.
6. Of Monsters and Men - "Empire". Su sencillez instrumental no puede ocultar la gran composición que es, brillantemente estructurada hasta llegar a su demoledor estribillo/arpegio de guitarra. Talento en esta puro.
7. Gypsy & The Cat + Client Liaison - "Evolution". Otros australianos que logran recrear lo mejor del pop sugestivo de sus compatriotas Cut Copy una exhibición de pop elegante.
8. New Order - "Tutti frutti". Aun sin Peter Hook, Bernard Sumner y compañía nos recuerdan que fueron pioneros a la hora de acercar la pista de baile al pop y aún saben dar con la tecla para que sigamos reverenciándolos.
9. The Prodigy - "The day is my enemy". Otros veteranos que son capaces de demostrar que aún dominan como nadie el big beat que tanto ayudaron a popularizar hace 20 años. Absolutamente demoledor.
10. Walk The Moon - "Different colors". Una banda estadounidense de segunda fila que ha encontrado en este colorido y vitalista tema el camino para llevar su carrera a otro nivel.
11. Noel Gallagher's High Flying Birds - "The dying of the light". En su segundo álbum el mayor de los Gallaghers siguió dando lecciones sobre cómo crear una balada de rock personal, de calidad y atemporal.
12. Cilia - "Silhouettes in slow motion". Otra artista sueca en la lista, y también uno de los más prometedores debuts de 2015. Muy en la línea de Susanne Sundfør, pero sin su vena cursi.
13. Hot Chip - "Huarache lights". Gracias a unos acordes imposibles y a unas tonalidades desquiciantes, la banda británica mantiene su status como la propuesta de largo recorrido más original de las islas.
14. Man Without Country - "Romanek". Su segundo álbum contenía varios momentos álgidos, como este largo tema que va atrapándote poco a poco hasta transportarte a su sugestiva atmósfera. Baile inteligente.
15. Josef Salvat - "Open season". El tercer representante de las antípodas entregó como segundo anticipio de su esperado "Night swim" un tema muy en la línea de Brandon Flowers, pero más inspirado que cualquiera de los sencillos de aquél. Cómo ser un crooner en el 2015.
16. Grimes - "Flesh without blood". La inclasificable canadiense propuso como estrella de su cuarto álbum este trallazo de aparente power pop con melodía atípica y todo tipo de guiños. Única.
17. MS MR - "Painted". A pesar de un piano electrónico un tanto trasnochado, todo un ejemplo de la fuerza que el dúo neoyorquino transfiere a sus temas de pop casi clásico.
18. Felix Da Housecat - "Is Everything Ok". En su flojísimo "Narrative of Thee Blast Illusion" sobresalía este tema de electroclash ralentizado y sobredosis de vocoder. Quien tuvo, retuvo.
19. Little Boots - "No pressure". El indie dance descarnado y contundente en el que ha evolucionado la propuesta musical de Victoria Heskey tiene en este sencillo su mejor exponente. Mejor a todo volumen.
20. Leftfield - "Bilocation". Su esperado "Alternative light source" tras 16 años de silencio no cumplió las expectativas, pero al menos entregaron su habitual contribución de trance pop, tan etéreo y sugestivo como lo recordábamos.

Confío en que esta lista tan variada les reconcilie o simplemente les amplíe las miras sobre lo que nos han ofrecido a nivel creativo los últimos doce meses. Que a pesar de cientos de reediciones, versiones y refritos varios, no ha estado nada mal.

martes, 12 de enero de 2016

Braids: "Deep in the iris" (2015)

El tercer álbum del trío canadiense ha sido para mí al menos una de las sorpresas de la temporada que acaba de terminar. Apenas los conocía de sus dos entregas anteriores, que me habían parecido interesantes instrumentalmente pero demasiado dispersas como composiciones pop. Pero con "Deep in the iris" han estructurado mejor sus creaciones y han contenido su tendencia a las veleidades experimentales. El resultado es un álbum relativamente corto (41 minutos y sólo 9 composiciones), con una personalidad muy acusada y un sonido muy actual pero pleno de inteligencia a la hora de crear e interpretar melodías de pop más accesibles para el gran público.

El trío gira en torno a la acusada personalidad de Raphaelle Standell-Preston, guitarrista, pianista, cantante y encargada de las mezclas en directo. Con unas excelentes cualidades vocales y un estilo que oscila entre la Björk menos histriónica y la Tori Amos más cálida. Que sin embargo no obliga a que sus temas se sostengan exclusivamente sobre su parte vocal, puesto que la combinación de instrumentos clásicos y sintetizadores de última generación tiene casi el mismo peso. Todo lo cual se pone de manifiesto en "Letting go", el tema que abre el disco y curiosamente uno de los menos inspirados. Aunque sí refleja con bastante precisión el pop a medio camino entre lo arty y lo experimental y de temática amorosa que sostendrá el álbum. Le sigue "Taste", tercer sencillo y una muestra mucho más inspirada de lo que el trío puede ofrecer: una bonita progresión armónica, sobre la que construyen una melodía dulce y muy elaborada sobre el arrepentimiento a la hora de abandonar una relación sentimental. Que se remata con un minuto y medio envolvente, sin percusión, para cerrar el tema de manera original. Tras él, "Blondie" recuerda al principio a la Björk más traviesa de "Venus as a boy", aunque la banda es capaz de evolucionar el tema hasta convertirlo en una especie de drum&bass del siglo XXI con el contraste entre su percusión acelerada y su lenta melodía. Si bien lo más interesante es la progresión armónica que introducen desde la parte nueva hasta el final, en una coda con predominio absoluto de la percusión más estridente.

"Happy When" es otra introspectiva y complicada de cantar melodía, arropada por una instrumentación electrónica y sin embargo curiosamente orgánica, con unos originales redobles de batería y un lento arpegio de guitarra para rematar un tema brillante pero difícil de disfrutar, y al que quizá le sobre algo de minutaje. "Miniskirt" es, además del primer sencillo, la joya absoluta del álbum: dos temas en uno, el primero una preciosa balada de estilo indie a lo Tori Amos, con una meritoria melodía y sintetizadores que van creciendo envonviéndola, que a los dos minutos y para sorpresa del oyente se transforma en el segundo tema, con otra estructura totalmente diferente, una batería excelente, y mucho más rápido, que recuerda a los mejores temas bailables de Lamb. Ambos con una instrumentación fascinante, que consigue cohesionarlos en uno solo, y con una de las mejores letras de estos últimos años sobre el sentimiento de posesión de algunos hombres respecto a las mujeres, y cómo las hacen sentir. Sin duda, una de las joyas del año que acaba de terminar.

Tras este temazo casi cualquier canción palidecería, y eso es lo le sucede a "Getting Tired", otro original y complejo medio tiempo, con una batería y un piano muy originales y una atmósfera envolvente que no desentona en el nivel medio del álbum. "Sore Eyes", el séptimo corte, es para mi gusto uno de los más conseguidos, ya que por un lado adopta un ritmo binario rápido, más sencillo y bailable que el del resto del álbum, y por otra propone en su mayor parte una mayor desnudez instrumental como mecanismo para maximizar su carga emocional, muy en la línea de los buenos momentos de The XX. Aunque lo que realmente hace brillar el tema es la excelente progresión armónica del estribillo. "Bunny rose", el segundo sencillo del álbum, es otro de sus momentos álgidos: unas armonías delicadas y elegantes para envolver una letra que reflexiona qué hay de malo en la soltería si no se ha dado con la persona adecuada. Y con una estupenda coda final instrumental de casi un minuto, con el arpegio de guitarra envuelto entre capas de sintetizadores. Así, casi como quien no quiere la cosa, surge en nuestro reproductor "Warm Like Summer", el último corte, cuyo título describe certeramente lo que nos sugiere este tema. Que sin ser el más brillante sí que constituye una manera reposada y elegante de cerrar el álbum y salir de la particular ambientación creada por los canadienses, con otra original batería y teclados juguetones en torno a la voz sugerente de Raphaelle .

A pesar de unos sencillos muy bien elegidos que deberían servir para alinear las expectativas del oyente, cuando lleguemos al final de "Deep in the iris" es probable que nuestra sensación sea que no hemos sido capaces de sacarle todo lo bueno que encierra. Aunque si le vamos dando sucesivas oportunidades y conseguimos abrir nuestra mente a otras maneras de estructurar e interpretar pop del siglo XXI, seguro que cada nueva escucha nos reportará una mayor satisfacción. Porque bajo su envoltorio de álbum conceptual contiene mucho talento, y eso es algo siempre digno de reconocimiento y elogio.

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