Ahora que el 2012 se acerca a su fin debemos empezar a pensar que no ha sido este 2012 un año de grandes revelaciones: tanto en el terreno comercial como en el meramente creativo la mayoría de los nombres de referencia han sido ya viejos conocidos. Quizá uno de los nuevos artistas que han aunado éxito de crítica y público sean los estadounidenses Imagine Dragons, que tras un par de EPs han debutado en formato álbum con este "Night visions" hace unas cuantas semanas.
Originario de Las Vegas, Imagine Dragons es un cuarteto liderado por Dan Reynolds, un cantante de talento y registro versátil. Y es que a semejanza de sus paisanos The Killers, es un grupo difícil de encasillar, pues su pop-rock se acerca a diversas corrientes, dando lugar a un álbum siempre correcto, a menudo disfrutable y en alguna ocasión sorprendente. Un cóctel que parece haber sido del agrado del público estadounidense, pues el disco alcanzó hace un par de meses el puesto número 2 en la lista de álbumes.
El cuarteto no sólo compone todos los temas, sino que los produce mayoritariamente en solitario, aunque el toque innovativo lo pone el productor británico Alex Da Kid. Como en el tema que abre el disco: "Radioactive", quizá su sencillo más conocido. Un tema de atmósfera opresiva, letra apocalíptica, estrofas inspiradas y una instrumentación arriesgada entre loops reproducidos al revés y bombos distorsionados. O en "Bleeding out", el noveno corte, un tema desgarrado, con una progresión armónica muy lograda, una melodía certera y sintetizadores sincopados.
Aunque lo que predomina son las buenas canciones con una instrumentación actual pero más convencional, que recuerdan a varios de los artistas de referencia en la música del siglo XXI. "It's time", tercer corte del álbum, recuerda a Travis por su arpegio de banjo y su estribillo elegante. "Demons" es un tema lento más propio que Coldplay (Reynolds incluso adopta a veces el tono de voz de Chris Martin). "Amsterdam" tiene unas guitarras acuosas que recuerdan a la última época de Chris Walla en Death Cab For Cutie. Y "Hear me" puede pasar por uno de los temas más oscuros y guitarreros de la primera época de The Killers.
Otros temas también acertados suenan tan sólo a ellos mismos. Tal es el caso de "Tiptoe", el segundo corte, que comienza con una ambientación oscura, para ir desplegando un acertado diálogo entre guitarra y teclado sobre una original batería y coronado por una bonita melodía. O de "On top of the world", un tema más acústico cuyo comienzo festivo ha sido usado en una campaña publicitaria, pero que es también un estribillo redondo y tarareable. E incluso del tema que cierra el disco, la melancólica "Nothing left to say", con su órganos envolviéndonos en sus acordes menores.
Eso sí, hay algún tema un poco más flojo ("Every night", un medio tiempo quizá excesivamente convencional, "Underdog" y sus "sintéticos" aires caribeños). Pero la sensación que queda al terminar al disco es que estamos ante un esfuerzo loable por crear verdaderas canciones y lograr que suenen contemporáneas. Como en tantos álbumes de debut, habrá que esperar al trascendente segundo álbum para ver si les acompaña suficientemente la inspiración. Y para que opten por un sonido algo más definido y personal. En apariencia, mimbres tienen para ser una de las grandes bandas de los próximos años.
Un aficionado a la música pop-rock contemporánea que no se resigna a que creer que ya no se publica música de calidad.
lunes, 24 de diciembre de 2012
domingo, 2 de diciembre de 2012
El rápido auge del autotune como instrumento de referencia de la música contemporánea
Sin duda la entrada de mas éxito hasta ahora de este blog ha sido la relativa a la lenta muerte de la guitarra como instrumento de referencIa de la música contemporánea. Reflexionando a posterori sobre la misma he intentado encontrar qué instrumento la había desplazado en las preferencias de público, arreglistas y productores. El sintetizador me parecía una elección demasiado vaga y obvia, pues lleva ya cuatro décadas entre nosotros y su definición se presta a diferentes interpretaciones. Lo que realmente está desplazando a la guitarra es el autotune (y sus imitaciones): actualmente apenas hay temas de éxito que prescindan de él.
El origen del autotune se encuentra en el famoso vocoder, un analizador y sintetizador de voz creado en los años 30 y que introducido por Kraftwerk en su mítico Autobahn (1974) se popularizó en los 80 como un truco original para dar a las voces una textura robótica. Era una técnica ingeniosa, adecuada a la explosión de la electrónica en la música de aquella época. Pero durante casi una década quedó en el olvido, como tantos efectos visuales de los video-clips de aquel entonces que hoy nos parecen trasnochados.
Hasta que en el año 1998 una diva en el ocaso de su carrera (Cher) decidió adentrarse en la música de baile, y para ello recurrió a los productores Mark Taylor y Brian Rawling. Éstos optaron por recurrir al autotune, la evolución/actualización del olvidado vocoder, para jugar con la melodía vocal de "Believe". El éxito fue tan arrollador que otros muchos productores y artistas (desde los Beastie Boys hasta Daft Punk) se lanzaron inmediatamente a copiar la idea, en una espiral que ha llegado hasta nuestros días. ¿Los motivos?
Por supuesto la mejor adaptabilidad de una voz alterada electrónicamente a una instrumentación electrónica, logrando el ideal largo tiempo deseado de que la voz humana sea un instrumento con las mismas posibilidades de post-procesamiento que cualquier otro (Madonna es un claro ejemplo desde hace casi 20 años). Pero también por otro hecho incuestionable pero mucho más preocupante: su capacidad para ocultar deficiencias de afinación en la interpretación de los cantantes.
De hecho, el fabricante de autotune (Antares Audio Technologies) presenta su producto como un procesador de audio para corregir el tono en ejecuciones vocales (también instrumentales). La armonización que ofrece está pensada para incrementar la calidad musical de las partes vocales sin que sea evidente que el canto ha sido procesado. Eso sí, llevada al extremo con fines creativos produce una alteración en los tonos (precisos y de cambio rápido, en especial si se aplican sólo a unas cuantas notas definidas de una melodía vocal) que da lugar a los onmipresentes efectos a los que antes aludía. Pero es crucial reseñar que, aunque nuestro oído humano no sea capaz de detectarlo, su uso como corrector de tono es poco menos que universal.
Gracias al autotune podemos escuchar como, por ejemplo, un cantante tan limitado vocalmente como Enrique Iglesias es capaz de adornar los tramos finales de sus canciones con unos llamémosles (para entendernos) gorgoritos que luego es incapaz de reproducir sin desafinar en cualquier interpretación en directo. Y lo mismo aplica para buena parte de los artistas que triunfan en nuestros días, desde Britney a Rihanna. Incluso su uso y abuso justifica la ploriferación en los últimos años de artistas cuyo punto fuerte es precisamente su interpretación vocal (piénsese en el caso de Adele).
Como ya he tenido oportunidad de justificar en este blog, he sido y seré un defensor del empleo de la electrónica en la música. Y lo mismo aplica para los procesadores de audio como autotune. Ahora bien, en los últimos tiempos resulta refrescante escuchar interpretaciones que no abusen de este efecto tan de moda, aunque no tengo claro que su influencia vaya a desaparecer a medio plazo. Y lo que es más importante: hoy más que nunca es necesario recurrir a la videografía en directo de los cantantes de música contemporánea para realmente tener una idea de sus cualidades vocales: es la única forma de que no nos den "gato por liebre".
El origen del autotune se encuentra en el famoso vocoder, un analizador y sintetizador de voz creado en los años 30 y que introducido por Kraftwerk en su mítico Autobahn (1974) se popularizó en los 80 como un truco original para dar a las voces una textura robótica. Era una técnica ingeniosa, adecuada a la explosión de la electrónica en la música de aquella época. Pero durante casi una década quedó en el olvido, como tantos efectos visuales de los video-clips de aquel entonces que hoy nos parecen trasnochados.
Hasta que en el año 1998 una diva en el ocaso de su carrera (Cher) decidió adentrarse en la música de baile, y para ello recurrió a los productores Mark Taylor y Brian Rawling. Éstos optaron por recurrir al autotune, la evolución/actualización del olvidado vocoder, para jugar con la melodía vocal de "Believe". El éxito fue tan arrollador que otros muchos productores y artistas (desde los Beastie Boys hasta Daft Punk) se lanzaron inmediatamente a copiar la idea, en una espiral que ha llegado hasta nuestros días. ¿Los motivos?
Por supuesto la mejor adaptabilidad de una voz alterada electrónicamente a una instrumentación electrónica, logrando el ideal largo tiempo deseado de que la voz humana sea un instrumento con las mismas posibilidades de post-procesamiento que cualquier otro (Madonna es un claro ejemplo desde hace casi 20 años). Pero también por otro hecho incuestionable pero mucho más preocupante: su capacidad para ocultar deficiencias de afinación en la interpretación de los cantantes.
De hecho, el fabricante de autotune (Antares Audio Technologies) presenta su producto como un procesador de audio para corregir el tono en ejecuciones vocales (también instrumentales). La armonización que ofrece está pensada para incrementar la calidad musical de las partes vocales sin que sea evidente que el canto ha sido procesado. Eso sí, llevada al extremo con fines creativos produce una alteración en los tonos (precisos y de cambio rápido, en especial si se aplican sólo a unas cuantas notas definidas de una melodía vocal) que da lugar a los onmipresentes efectos a los que antes aludía. Pero es crucial reseñar que, aunque nuestro oído humano no sea capaz de detectarlo, su uso como corrector de tono es poco menos que universal.
Gracias al autotune podemos escuchar como, por ejemplo, un cantante tan limitado vocalmente como Enrique Iglesias es capaz de adornar los tramos finales de sus canciones con unos llamémosles (para entendernos) gorgoritos que luego es incapaz de reproducir sin desafinar en cualquier interpretación en directo. Y lo mismo aplica para buena parte de los artistas que triunfan en nuestros días, desde Britney a Rihanna. Incluso su uso y abuso justifica la ploriferación en los últimos años de artistas cuyo punto fuerte es precisamente su interpretación vocal (piénsese en el caso de Adele).
Como ya he tenido oportunidad de justificar en este blog, he sido y seré un defensor del empleo de la electrónica en la música. Y lo mismo aplica para los procesadores de audio como autotune. Ahora bien, en los últimos tiempos resulta refrescante escuchar interpretaciones que no abusen de este efecto tan de moda, aunque no tengo claro que su influencia vaya a desaparecer a medio plazo. Y lo que es más importante: hoy más que nunca es necesario recurrir a la videografía en directo de los cantantes de música contemporánea para realmente tener una idea de sus cualidades vocales: es la única forma de que no nos den "gato por liebre".
martes, 20 de noviembre de 2012
Cat Power: Sun (2012)
La reina indiscutible del indie norteamericano, Chan Marshall (más conocida como Cat Power) por fin ha encontrado el sonido que tantos años llevaba buscando. Transcurridos 6 años desde su último disco de canciones nuevas (el correcto pero excesivamente convencional "The greatest") "Sun" supone una meritoria vuelta de tuerca en su carrera. Y que además confirma que riesgo y reconocimiento pueden ir unidos de la mano, pues el disco no sólo ha sido top ten en su país, sino también en Francia, Suiza, Bélgica...
Para poder lograr ese sonido tan personal, Marshall ha optado por reducir al mínimo el número de colaboradores: produce todos los temas, y salvo la guitarra, el piano y el bajo en "Cherokee" y "Ruin", toca todos los instrumentos. Un esfuerzo extra que probablemente explique la tardanza en la publicación de "Sun", pero que evidencia su incuestionable talento musical no sólo como compositora, sino también como instrumentista. Además, ha abrazado con habilidad los sintetizadores y demás instrumentos electrónicos, pero no para subirse al carro de las modas, sino para lograr un sonido contemporáneo que no por ello deja de lado su pop-rock-soul-folk tan característico.
Eso sí, tan loable esfuerzo en la instrumentación ha impactado más de lo deseable en las composiciones: hay un innegable abuso de una única progresión armónica en la mayoría de los temas, y con frecuencia la melodía vocal de los mismos es difusa, a veces incluso forzada (me imagino que, problemas vocales aparte, de ahí el recurso a cantar a dos tonos casi todas las frases del disco, lo que le resta espontaneidad y afea la impresión sobre sus cualidades vocales).
Ahora bien, durante los cuatro primeros temas la sensación es que estamos ante un álbum irrepetible: "Cherokee" es una excelente carta de presentación, con su melancólico arpegio de piano, sus aditamentos electrónicos y su opresiva letra ("Bury me, marry me to the sky..."), ; "Sun" es un tema atmosférico, envolvente, una estupenda metáfora de nuestra estrella; "Ruin" es una maravillosa superposición de pianos... que se detienen justo para dar paso un enérgico estribillo rockero y hasta bailable; y "3, 6, 9" es una sensacional progresión armónica sobre la que Marshall construye un medio tiempo de puro soul sensual con una instrumentación y unos juegos de voces personalísimos.
La lástima es que a partir del quinto corte el nivel baja bastante. Aún hay un par de buenos momentos ("Real life" es un tema oscuro y un tanto corto sobre un colchón de sintetizadores con efectos trémolo y "Silent machine" es un tema no del todo aprovechado construido a partir de un potentísimo riff de guitarra, una doble percusión y un interludio cacofónico de voces), pero en general son temas sin inspiración, que fluctúan entre lo anodino ("Always on my own", "Human being"), lo simplón ("Manhattan") y lo directamente fatigoso (esos ¡10 minutos! de "Nothin' but time" con dos únicos acordes y una desafinada colaboración vocal del completamente acabado Iggy Pop).
En definitiva, es una pena que falten 2 o 3 temas más de talento, porque podríamos haber estado hablando no de un buen disco sino del álbum del año y de la consagración definitiva a nivel mundial de una artista que lleva muchos años ya en la carretera. Con todo, esperemos que sus problemas de salud, su alcoholismo y sus dificultades económicas (acaba de cancelar su gira europea) no le impidan seguir por esta línea en un futuro: la senda abierta lo merece.
Para poder lograr ese sonido tan personal, Marshall ha optado por reducir al mínimo el número de colaboradores: produce todos los temas, y salvo la guitarra, el piano y el bajo en "Cherokee" y "Ruin", toca todos los instrumentos. Un esfuerzo extra que probablemente explique la tardanza en la publicación de "Sun", pero que evidencia su incuestionable talento musical no sólo como compositora, sino también como instrumentista. Además, ha abrazado con habilidad los sintetizadores y demás instrumentos electrónicos, pero no para subirse al carro de las modas, sino para lograr un sonido contemporáneo que no por ello deja de lado su pop-rock-soul-folk tan característico.
Eso sí, tan loable esfuerzo en la instrumentación ha impactado más de lo deseable en las composiciones: hay un innegable abuso de una única progresión armónica en la mayoría de los temas, y con frecuencia la melodía vocal de los mismos es difusa, a veces incluso forzada (me imagino que, problemas vocales aparte, de ahí el recurso a cantar a dos tonos casi todas las frases del disco, lo que le resta espontaneidad y afea la impresión sobre sus cualidades vocales).
Ahora bien, durante los cuatro primeros temas la sensación es que estamos ante un álbum irrepetible: "Cherokee" es una excelente carta de presentación, con su melancólico arpegio de piano, sus aditamentos electrónicos y su opresiva letra ("Bury me, marry me to the sky..."), ; "Sun" es un tema atmosférico, envolvente, una estupenda metáfora de nuestra estrella; "Ruin" es una maravillosa superposición de pianos... que se detienen justo para dar paso un enérgico estribillo rockero y hasta bailable; y "3, 6, 9" es una sensacional progresión armónica sobre la que Marshall construye un medio tiempo de puro soul sensual con una instrumentación y unos juegos de voces personalísimos.
La lástima es que a partir del quinto corte el nivel baja bastante. Aún hay un par de buenos momentos ("Real life" es un tema oscuro y un tanto corto sobre un colchón de sintetizadores con efectos trémolo y "Silent machine" es un tema no del todo aprovechado construido a partir de un potentísimo riff de guitarra, una doble percusión y un interludio cacofónico de voces), pero en general son temas sin inspiración, que fluctúan entre lo anodino ("Always on my own", "Human being"), lo simplón ("Manhattan") y lo directamente fatigoso (esos ¡10 minutos! de "Nothin' but time" con dos únicos acordes y una desafinada colaboración vocal del completamente acabado Iggy Pop).
En definitiva, es una pena que falten 2 o 3 temas más de talento, porque podríamos haber estado hablando no de un buen disco sino del álbum del año y de la consagración definitiva a nivel mundial de una artista que lleva muchos años ya en la carretera. Con todo, esperemos que sus problemas de salud, su alcoholismo y sus dificultades económicas (acaba de cancelar su gira europea) no le impidan seguir por esta línea en un futuro: la senda abierta lo merece.
lunes, 29 de octubre de 2012
The Killers: Battle Born (2012)
Superar "Day and age" (2008) se antojaba una misión imposible para el cuarteto de Las Vegas. Con su eclecticismo, su derroche creativo y su toque comercial, fue el álbum que confirmó a The Killers como uno de los (pocos) supergrupos del panorama musical a nivel mundial. Probablemente abrumados por la cota de excelencia que alcanzaron, han tardado 4 largos años en volver con un álbum de nuevas canciones, tiempo que han dedicado en su mayoría a proyectos independientes. Al final, y como era de esperar "Battle born" no supera a "Day and age", pero lo que es sorprendente es que estamos sin duda ante la peor entrega de su carrera.
Aparte de la responsabilidad a la que acabo de aludir, es probable que también haya influido en el resultado final la diversidad de productores con la que han trabajado: mientras que en "Day and age" Stuart Price extrajo lo mejor de ellos, en "Battle born" sólo produce un tema, la decepcionante "Miss Atomic Bomb", muy alejada del sonido contemporáneo que cabría esperar. Otros productores del disco con más peso en el álbum son Steve Lillywhite, Daniel Lanois y Brendan O'Brian: productores todos ellos con un sonido más bien añejo, con recursos e ideas un tanto superadas. Y cuya influencia se traduce en una pátina de rock "gastado", excesivamente americano, en ocasión deudor de los U2 de hace casi 30 años, en otras palabras, poco más que un batiburillo mal digerido de instrumentos convencionales y sintetizadores de última generación... Sólo Damian Taylor aporta la esperable dosis de contemporaneidad en los dos únicos temas realmente dignos de mención del álbum: "Flesh and bone" y "Deadlines and commitments".
"Flesh and bone" podría haber sido perfectamente un descarte de última hora de "Day and age", pero aquí es la única manera de que al menos el comienzo del disco mantenga el tipo: es una buena progresión armónica, sobre la que Brandon canta estupendamente una bonita melodía en las estrofas. Aunque ciertamente la melodía del estribillo es mejorable, por la excesiva disociación entre los coros que repiten "Flesh and bone" y lo que canta Flowers, y la parte nueva es poco menos que un pegote, especialmente por el uso de una instrumentación completamente al magen del tema. Y "Deadlines and commitments" contiene la mejor interpretación vocal de Brandon, casi en falsete, unas estrofas oscuras y una segunda parte del estribillo sensible y pegadiza.
¿Y eso es todo? Pues casi. Porque aquí no hay ningún temazo que combine calidad y dosis comerciales: ni un "Mr. Brightside", ni un "Read my mind", ni mucho menos un "Human". Y es que el sencillo de presentación, "Runaways", estaba destinado a naufragar en las listas con sus guiños a Bruce Springsteen y sus arreglos ya superados. Pero hay temas aún más flojos: baladas insulsamente convencionales ("Here with me", "Be still"), o medios tiempos olvidables ("Battle born"). Aunque casi disgusta más escuchar canciones que apuntaban a grandes momentos pero que se quedan a medio camino ("The way it was", con unas logradas estrofas y un bonito arpegio en las guitarras, pero con un estribillo grandilocuente y vacío, o "The rising of the tide", que recuerda a la energía rockera de "Hot fuss" (2004), pero con otro estribillo más propio de vacas sagradas del rock venidas a menos).
Como colofón, resulta curioso que el para mí al menos tercer momento interesante del álbum (sin ser tampoco una maravilla), sea uno de los dos temas nuevos incluidos en la Deluxe Edition: "Carry me home" merecía mejor suerte, pues es uno de los pocos temas en los que tradición y modernidad conviven acertadamente (ese bajo sintetizado en las estrofas es la mejor prueba, aunque su estribillo es también menos histriónico que el de otros muchos cortes del disco).
En definitiva, estamos ante un claro candidato a mayor decepción del año. Tiene pinta de que en cuanto pasen unos pocos meses más, será un disco del que renegarán abiertamente. Y esperemos que enderecen pronto el rumbo: han puesto seriamente en peligro su status de megaestrellas. Y quizá (esperemos que no) incluso su propia continuidad como banda.
Aparte de la responsabilidad a la que acabo de aludir, es probable que también haya influido en el resultado final la diversidad de productores con la que han trabajado: mientras que en "Day and age" Stuart Price extrajo lo mejor de ellos, en "Battle born" sólo produce un tema, la decepcionante "Miss Atomic Bomb", muy alejada del sonido contemporáneo que cabría esperar. Otros productores del disco con más peso en el álbum son Steve Lillywhite, Daniel Lanois y Brendan O'Brian: productores todos ellos con un sonido más bien añejo, con recursos e ideas un tanto superadas. Y cuya influencia se traduce en una pátina de rock "gastado", excesivamente americano, en ocasión deudor de los U2 de hace casi 30 años, en otras palabras, poco más que un batiburillo mal digerido de instrumentos convencionales y sintetizadores de última generación... Sólo Damian Taylor aporta la esperable dosis de contemporaneidad en los dos únicos temas realmente dignos de mención del álbum: "Flesh and bone" y "Deadlines and commitments".
"Flesh and bone" podría haber sido perfectamente un descarte de última hora de "Day and age", pero aquí es la única manera de que al menos el comienzo del disco mantenga el tipo: es una buena progresión armónica, sobre la que Brandon canta estupendamente una bonita melodía en las estrofas. Aunque ciertamente la melodía del estribillo es mejorable, por la excesiva disociación entre los coros que repiten "Flesh and bone" y lo que canta Flowers, y la parte nueva es poco menos que un pegote, especialmente por el uso de una instrumentación completamente al magen del tema. Y "Deadlines and commitments" contiene la mejor interpretación vocal de Brandon, casi en falsete, unas estrofas oscuras y una segunda parte del estribillo sensible y pegadiza.
¿Y eso es todo? Pues casi. Porque aquí no hay ningún temazo que combine calidad y dosis comerciales: ni un "Mr. Brightside", ni un "Read my mind", ni mucho menos un "Human". Y es que el sencillo de presentación, "Runaways", estaba destinado a naufragar en las listas con sus guiños a Bruce Springsteen y sus arreglos ya superados. Pero hay temas aún más flojos: baladas insulsamente convencionales ("Here with me", "Be still"), o medios tiempos olvidables ("Battle born"). Aunque casi disgusta más escuchar canciones que apuntaban a grandes momentos pero que se quedan a medio camino ("The way it was", con unas logradas estrofas y un bonito arpegio en las guitarras, pero con un estribillo grandilocuente y vacío, o "The rising of the tide", que recuerda a la energía rockera de "Hot fuss" (2004), pero con otro estribillo más propio de vacas sagradas del rock venidas a menos).
Como colofón, resulta curioso que el para mí al menos tercer momento interesante del álbum (sin ser tampoco una maravilla), sea uno de los dos temas nuevos incluidos en la Deluxe Edition: "Carry me home" merecía mejor suerte, pues es uno de los pocos temas en los que tradición y modernidad conviven acertadamente (ese bajo sintetizado en las estrofas es la mejor prueba, aunque su estribillo es también menos histriónico que el de otros muchos cortes del disco).
En definitiva, estamos ante un claro candidato a mayor decepción del año. Tiene pinta de que en cuanto pasen unos pocos meses más, será un disco del que renegarán abiertamente. Y esperemos que enderecen pronto el rumbo: han puesto seriamente en peligro su status de megaestrellas. Y quizá (esperemos que no) incluso su propia continuidad como banda.
sábado, 13 de octubre de 2012
Pet Shop Boys: Elysium (2012)
Los incondicionales de Pet Shop Boys están de enhorabuena en este 2012. Apenas hace medio año de la publicación de "Format", su segunda recopilación de caras B y descartes de álbumes ya reseñada en este mismo blog, cuando reaparecen con su nuevo álbum de estudio, el undécimo de su carrera. Un disco grabado en Los Ángeles bajo la producción de Andrew Dawson (Kayne West, Jay-Z...) y que se aparta del pop artificial y un tanto impersonal del fallido "Yes" (2009), buscando un sonido más clásico y reconocible.
Si se fijan he usado el gerundio "buscando" en lugar del deseable "consiguiendo", porque sin ser un mal álbum, "Elysium" es irregular, muy poco arriesgado y una nueva confirmación de que en los últimos 15 años (desde "Bilingual") el dúo británico ha sido incapaz de entregar un disco realmente redondo. Además, la participación del mencionado Dawson dista de ser espectacular: básicamente se ha limitado a potenciar la parte vocal de Neil Tennant (que tiene la voz doblada en dos o incluso más tonos en la mayor parte de los temas), y a potenciar una instrumentación relativamente poco tecnológica (especialmente evidente en las baterías, mucho más simples de lo habitual en Pet Shop Boys) y un cierto aroma añejo.
El álbum se abre con "Leaving", segundo sencillo y estupendo reflejo de lo que nos espera: un disco agradable, pausado, sin excesivas pretensiones. Aunque probablemente en otras épocas de mayor creatividad este tema no hubiera pasado de ser un tema más del álbum. Le sigue la monótona "Invisible", mal ubicada dentro del disco, por su larga duración y su lentitud, y con una progresión armónica demasiado simple. Así, cuando llega "Winner", primer sencillo y tercer corte, su luminosidad es muy de agradecer. Lo que lastra a este tema y le ha impedido convertirse en un éxito masivo son sus arreglos demasiado convencionales y su letra ingenua (y un tanto oportunista en plenos J.J.O.O. de Londres). Pero si nos abstraemos de estos aspectos sin duda se trata de una excelente composición, con una progresión armónica muy superior a la inmensa mayoría de los temas que se componen hoy en día, y que puede apreciarse en toda su magnitud en la versión instrumental que acompaña a la edición Deluxe.
Le sigue "Your early stuff", un tema muy corto y prescindible, cuyo único interés es su letra irónica y reflexiva. Sensiblemente superior es "A face like that", que recrea a propósito el estilo disco de sus primeras composiciones hace 30 años, con detalles tan evidentes como un bajo a lo "Opportunities" o una percusión electrónica a lo "Paninaro". Lástima que Neil no haya estado demasiado inspirado a la hora de adaptarle una melodía a la composición de Chris.
A continuación viene otro tema lento, la acústica y olvidable "Breathing space". "Ego music", el siguiente corte, es el tema más cínico y arriesgado del disco, con una letra excelente y una música no del todo lograda, más propia de una cara B experimental que de este disco pretendidamente convencional. "Hold on" adapta una pieza clásica de George Frideric Handel, y pone en evidencia que la música contemporánea no siempre logra digerir esta clase de composiciones, pues el resultado es realmente flojo. Tras ella, "Give it a go" remonta ligeramente el vuelo gracias a un estribillo correcto, aunque en conjunto recuerda demasiado a la atmósfera del desafortunado "Release" (2002).
Afortunadamente, cuando ya parece que el disco se encamina hacia la más absoluta mediocridad, "Memory of the future" nos demuestra que aún son capaces de firmar temas memorables: un medio tiempo con unas estrofas crudas, un puente inteligente y un estribillo emocionante, en el que Tennant sobrecoge con su "it's taking me all of my life... to find you". Además, la parte nueva es meritoria y la instrumentación (ahora sí) se adecúa perfectamente a la canción con su continua evolución de inspirados sintetizadores y efectos varios. Sólo un escalón por debajo se encuentra el siguiente tema, ese "Everything means something" menos accesible con su sonido duro a lo Depeche Mode, interrumpido periódicamente por un inquietante, melancólico e inesperado estribillo. Por último, "Requiem in Denim and Leopardskin" deja un sabor de boca mejor de lo esperado con su mezcla de pop relajado y ambiente festivo-discotequero que recuerda a "Saturday night forever".
Así, el balance final es un disco que gana con creces a "Release" y a los puntos a "Yes", y que cuenta además con un par de temas dignos de sus mejores momentos, pero que nunca figurará entre los favoritos de sus seguidores. Es una sensación más agridulce si cabe tras escuchar los temas que acompañan al sencillo "Winner", puesto que han dejado fuera de este álbum su mejor tema de su genuino synthpop bailable en unos cuantos años ("A Certain "Je ne sais quoi"") y una inteligente apropiación del "I started a joke" de los Bee Gees, que los muestran en mejor estado creativo de lo que en realidad refleja "Elysium". Y es que siempre he pensado que lo mejor es que un álbum no sea conceptualmente homogéneo, sino que contenga las mejores canciones posibles en cada momento.
Si se fijan he usado el gerundio "buscando" en lugar del deseable "consiguiendo", porque sin ser un mal álbum, "Elysium" es irregular, muy poco arriesgado y una nueva confirmación de que en los últimos 15 años (desde "Bilingual") el dúo británico ha sido incapaz de entregar un disco realmente redondo. Además, la participación del mencionado Dawson dista de ser espectacular: básicamente se ha limitado a potenciar la parte vocal de Neil Tennant (que tiene la voz doblada en dos o incluso más tonos en la mayor parte de los temas), y a potenciar una instrumentación relativamente poco tecnológica (especialmente evidente en las baterías, mucho más simples de lo habitual en Pet Shop Boys) y un cierto aroma añejo.
El álbum se abre con "Leaving", segundo sencillo y estupendo reflejo de lo que nos espera: un disco agradable, pausado, sin excesivas pretensiones. Aunque probablemente en otras épocas de mayor creatividad este tema no hubiera pasado de ser un tema más del álbum. Le sigue la monótona "Invisible", mal ubicada dentro del disco, por su larga duración y su lentitud, y con una progresión armónica demasiado simple. Así, cuando llega "Winner", primer sencillo y tercer corte, su luminosidad es muy de agradecer. Lo que lastra a este tema y le ha impedido convertirse en un éxito masivo son sus arreglos demasiado convencionales y su letra ingenua (y un tanto oportunista en plenos J.J.O.O. de Londres). Pero si nos abstraemos de estos aspectos sin duda se trata de una excelente composición, con una progresión armónica muy superior a la inmensa mayoría de los temas que se componen hoy en día, y que puede apreciarse en toda su magnitud en la versión instrumental que acompaña a la edición Deluxe.
Le sigue "Your early stuff", un tema muy corto y prescindible, cuyo único interés es su letra irónica y reflexiva. Sensiblemente superior es "A face like that", que recrea a propósito el estilo disco de sus primeras composiciones hace 30 años, con detalles tan evidentes como un bajo a lo "Opportunities" o una percusión electrónica a lo "Paninaro". Lástima que Neil no haya estado demasiado inspirado a la hora de adaptarle una melodía a la composición de Chris.
A continuación viene otro tema lento, la acústica y olvidable "Breathing space". "Ego music", el siguiente corte, es el tema más cínico y arriesgado del disco, con una letra excelente y una música no del todo lograda, más propia de una cara B experimental que de este disco pretendidamente convencional. "Hold on" adapta una pieza clásica de George Frideric Handel, y pone en evidencia que la música contemporánea no siempre logra digerir esta clase de composiciones, pues el resultado es realmente flojo. Tras ella, "Give it a go" remonta ligeramente el vuelo gracias a un estribillo correcto, aunque en conjunto recuerda demasiado a la atmósfera del desafortunado "Release" (2002).
Afortunadamente, cuando ya parece que el disco se encamina hacia la más absoluta mediocridad, "Memory of the future" nos demuestra que aún son capaces de firmar temas memorables: un medio tiempo con unas estrofas crudas, un puente inteligente y un estribillo emocionante, en el que Tennant sobrecoge con su "it's taking me all of my life... to find you". Además, la parte nueva es meritoria y la instrumentación (ahora sí) se adecúa perfectamente a la canción con su continua evolución de inspirados sintetizadores y efectos varios. Sólo un escalón por debajo se encuentra el siguiente tema, ese "Everything means something" menos accesible con su sonido duro a lo Depeche Mode, interrumpido periódicamente por un inquietante, melancólico e inesperado estribillo. Por último, "Requiem in Denim and Leopardskin" deja un sabor de boca mejor de lo esperado con su mezcla de pop relajado y ambiente festivo-discotequero que recuerda a "Saturday night forever".
Así, el balance final es un disco que gana con creces a "Release" y a los puntos a "Yes", y que cuenta además con un par de temas dignos de sus mejores momentos, pero que nunca figurará entre los favoritos de sus seguidores. Es una sensación más agridulce si cabe tras escuchar los temas que acompañan al sencillo "Winner", puesto que han dejado fuera de este álbum su mejor tema de su genuino synthpop bailable en unos cuantos años ("A Certain "Je ne sais quoi"") y una inteligente apropiación del "I started a joke" de los Bee Gees, que los muestran en mejor estado creativo de lo que en realidad refleja "Elysium". Y es que siempre he pensado que lo mejor es que un álbum no sea conceptualmente homogéneo, sino que contenga las mejores canciones posibles en cada momento.
domingo, 23 de septiembre de 2012
Gossip: A joyful noise (2012)
El de Gossip era sin duda uno de los álbumes más esperados de 2012. Y es que el trío estadounidense de indie-rock dio de lleno en la diana con su anterior entrega ("Music for men" (2009)), en la que sin dejar de lado su rock espartano, directo y excelentemente ejecutado, se acercaron con acierto a otros géneros como el pop electrónico o la música de baile. Me imagino que el éxito no sólo de crítica sino comercial (su sencillo "Heavy cross" se convirtió en el más vendido de la historia en Alemania) les hizo reflexionar sobre el camino a seguir, y al final se decantaron por contar con Brian Higgins (Xenomania) a la producción, probablemente buscando un éxito masivo a nivel internacional.
Pero lo cierto es que, al menos para mí, Higgins dista mucho de ser un mago que convierta en oro todo lo que toca; es un productor sobrevalorado. Con lo cual me esperaba un disco inferior al anterior y que probablemente les restaría parte de su acusada personalidad en beneficio de un sonido pop más tamizado e impersonal. Desgraciadamente mis expectativas no podían estar más encaminadas.
Y es que este álbum pretende ser un compendio de rock, pop, indie, house, soul, incluso funk, pero desgraciadamente no llega a abrazar abiertamente ninguno de esos estilos, lo que le resta cohesión y afecta negativamente a la impresión general. Mención especial para la guitarra de Nathan Howdeshell, que se bastaba y se sobraba con su talento y sus múltiples registros para llenar los temas de sus otros discos, y que sin embargo queda aquí relegada a un segundo o incluso tercer plano, oculta entre efectos y sintetizadores no siempre acertados. Pero es que incluso Beth Ditto, una de las mejores voces del rock actual, canta a veces cohibida, intentando adherirse a patrones interpretativos convencionales y perdiendo así parte de su energía y naturalidad.
Por esta misma razón tenía especial interés en comprobar cómo interpretaban en directo los temas de este álbum. Y como era de esperar, se les nota más libres y más fieles a sí mismos que en el disco, aunque es de resaltar que el trío se ha convertido en cuarteto por la necesidad de incorporar un teclista que participe en todos los temas. Eso sí, debo reseñar que a pesar de los defectos reseñados y de que ni siquiera esas concesiones les han permitido alcanzar el éxito a nivel mundial esperado, hay unos cuantos buenos temas.
Entre los que probablemente no se incluya el primer sencillo "Perfect world", que sin ser una mala canción adolece de ese afán por contentar a audiencias de estilos alejados del rock (menos evidente en directo), y que incluso hace que Ditto flojee un tanto en los tonos bajos. Ni el siempre trascendente tema con que se abre el álbum, ese "Melody emergency" pesado y simplón. Pero sí el oscuro "Get a job", con su aire funky, una letra simpática y más profunda de lo que parece (y unos teclados demasiado amateurs), o especialmente el segundo sencillo, ese "Move in the right direction" que sí que logra el equilibrio entre música pop y sonidos bailables sin que Gossip pierdn demasiada personalidad.
Otros buenos momentos del álbum son "Casualties of war", un medio tiempo con un emocionante estribillo que sí que permite a Ditto dar rienda suelta a su voz desgarrada, "Get lost", con unas estrofas ambientadas en el sonido disco de finales de los 70 y un teclado house más propio del Chicago de finales de los 80, "Involved", un tema tenso, oscuro y con un estribillo desgarrado, "Horns", la mejor heredera del sonido de su anterior álbum con su bajo slap, sus guitarras funky y su sección de viento sintetizada, e incluso la entretenida "I won't play", con su bajo sintetizado y sus redobles de cajas en el estribillo.
Desgraciadamente estos buenos momentos se ven lastrados por varios temas menores (además del ya citado "Melody emergency", la anodina "Into the wild", y la insustanciosa "Love in a foreign place" con la que se cierra el álbum, el último ejemplo de que, como bien dice el refrán, quien mucho abarca, poco aprieta).
En definitiva, 6 o 7 buenos temas (aunque sólo uno realmente apto para un público masivo), pero 4 tirando a flojos y una producción discreta y que les resta personalidad. Con lo cual el álbum es disfrutable por momentos, pero no supondrá el punto de inflexión que buscaban. Una lástima, pues era el momento de convertirse en un supergrupo a nivel mundial y me temo que no habrá una segunda oportunidad.
Pero lo cierto es que, al menos para mí, Higgins dista mucho de ser un mago que convierta en oro todo lo que toca; es un productor sobrevalorado. Con lo cual me esperaba un disco inferior al anterior y que probablemente les restaría parte de su acusada personalidad en beneficio de un sonido pop más tamizado e impersonal. Desgraciadamente mis expectativas no podían estar más encaminadas.
Y es que este álbum pretende ser un compendio de rock, pop, indie, house, soul, incluso funk, pero desgraciadamente no llega a abrazar abiertamente ninguno de esos estilos, lo que le resta cohesión y afecta negativamente a la impresión general. Mención especial para la guitarra de Nathan Howdeshell, que se bastaba y se sobraba con su talento y sus múltiples registros para llenar los temas de sus otros discos, y que sin embargo queda aquí relegada a un segundo o incluso tercer plano, oculta entre efectos y sintetizadores no siempre acertados. Pero es que incluso Beth Ditto, una de las mejores voces del rock actual, canta a veces cohibida, intentando adherirse a patrones interpretativos convencionales y perdiendo así parte de su energía y naturalidad.
Por esta misma razón tenía especial interés en comprobar cómo interpretaban en directo los temas de este álbum. Y como era de esperar, se les nota más libres y más fieles a sí mismos que en el disco, aunque es de resaltar que el trío se ha convertido en cuarteto por la necesidad de incorporar un teclista que participe en todos los temas. Eso sí, debo reseñar que a pesar de los defectos reseñados y de que ni siquiera esas concesiones les han permitido alcanzar el éxito a nivel mundial esperado, hay unos cuantos buenos temas.
Entre los que probablemente no se incluya el primer sencillo "Perfect world", que sin ser una mala canción adolece de ese afán por contentar a audiencias de estilos alejados del rock (menos evidente en directo), y que incluso hace que Ditto flojee un tanto en los tonos bajos. Ni el siempre trascendente tema con que se abre el álbum, ese "Melody emergency" pesado y simplón. Pero sí el oscuro "Get a job", con su aire funky, una letra simpática y más profunda de lo que parece (y unos teclados demasiado amateurs), o especialmente el segundo sencillo, ese "Move in the right direction" que sí que logra el equilibrio entre música pop y sonidos bailables sin que Gossip pierdn demasiada personalidad.
Otros buenos momentos del álbum son "Casualties of war", un medio tiempo con un emocionante estribillo que sí que permite a Ditto dar rienda suelta a su voz desgarrada, "Get lost", con unas estrofas ambientadas en el sonido disco de finales de los 70 y un teclado house más propio del Chicago de finales de los 80, "Involved", un tema tenso, oscuro y con un estribillo desgarrado, "Horns", la mejor heredera del sonido de su anterior álbum con su bajo slap, sus guitarras funky y su sección de viento sintetizada, e incluso la entretenida "I won't play", con su bajo sintetizado y sus redobles de cajas en el estribillo.
Desgraciadamente estos buenos momentos se ven lastrados por varios temas menores (además del ya citado "Melody emergency", la anodina "Into the wild", y la insustanciosa "Love in a foreign place" con la que se cierra el álbum, el último ejemplo de que, como bien dice el refrán, quien mucho abarca, poco aprieta).
En definitiva, 6 o 7 buenos temas (aunque sólo uno realmente apto para un público masivo), pero 4 tirando a flojos y una producción discreta y que les resta personalidad. Con lo cual el álbum es disfrutable por momentos, pero no supondrá el punto de inflexión que buscaban. Una lástima, pues era el momento de convertirse en un supergrupo a nivel mundial y me temo que no habrá una segunda oportunidad.
martes, 11 de septiembre de 2012
El progresivo empobrecimiento creativo de la música contemporánea
La entrada de hoy intenta reflexionar sobre lo que, para muchos melómanos que, como yo, escuchan miles de nuevas composiciones cada año, es una (triste) realidad: que lejos de enriquecerse con nuevas tonalidades, la música contemporánea es cada vez más simple desde el punto de vista creativo. Lo que no sólo afecta a su capacidad para sorprender y emocionar, sino que desemboca en una cada vez más evidente homogeneización, reflejo de la progresiva pérdida de talento.
En realidad lo que me he animado a escribir esta entrada ha sido el artículo publicado en Nature Scientific por el especialista en inteligencia artifical Joan Serrà y su equipo en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Partiendo de un archivo conocido como Million Song Dataset (que transforma el audio y la letra de canciones en datos para realizar comparativas y que recoge temas de entre 1955 y 2010), han comparado nada menos que 464.411 temas de música popular, de estilos como rock, pop, hip hop, metal y electrónica. Y su conclusión es incuestionable: "Encontramos evidencias de una progresiva homogeneización del discurso musical".
En concreto, el estudio resalta que según los parámetros analizados, la diversidad de combinaciones de notas y las transiciones entre los grupos de notas han disminuido de forma continua durante los últimos 55 años. En otras palabras, a partir de una nota musical, cada vez es más fácil predecir cuál será la siguiente. A cambio, las nuevas tecnologías han permitido que el nivel de intensidad de los sonidos grabados haya ido en constante aumento. Por lo cual, según Serrà, "los cambios de acordes sencillos, los instrumentos comunes y el volumen fuerte son los ingredientes de la música actual". E incluso va más allá: "realizar estos cambios sobre canciones antiguas puede hacer que suenen a nuevas”.
Pues sí, un estudio científico confirma la percepción subjetiva a la que aludía al comienzo. Puestos a buscar las razones de este progresivo empobrecimiento, se me ocurren varias. En primer lugar, la tecnología: hoy en día es tan sencillo manipular cualquier sonido u optimizar la sonoridad de cualquier grabación, que el esfuerzo creativo se ha desplazado desde la composición a otros aspectos como el timbre, las atmósferas o en el mejor de los casos, los virtuosismos inaccesibles al intérprete humano. En segundo lugar, la manipulación del género por parte de todos los que se benefician comercialmente de él: como ya hemos comentado en otras ocasiones, a los que se lucran con la música no les interesan "paladares" exigentes, sino legos en la materia, manipulables, de consumo fácil y que rehúyan de cualquier experimentación. En tercer lugar, la música de baile: a pesar de que he sido y seré un gran defensor de esta corriente musical (que dicho sea de paso ha dado lugar a casi todas las corrientes y subgéneros del último medio siglo), su progresiva preponderancia ha ido acompañada de manifestaciones cada vez más simples, desde el monótono hip-hop hasta los cada vez más frecuentes temas monocordes de la música house o trance. Y en cuarto lugar, el éxito obtenido cada vez mayor obtenido por artistas que abusan de una única progresión musical de cuatro acordes repetida sin piedad (a lo sumo con mínimas pausas) durante muchos minutos. Y ahora no me refiero sólo a la música de baile: piénsese en "With or without you" de U2 o "Smells like teen spirit" de Nirvana, que muchos consideran grandes clásicos a pesar de que compositivamente hablando son tan pobres que se encuentran a años luz de los himnos de los años 60).
Seguro que hay otras muchas razones, pero el panorama es el que es y no nos queda sino intentar parapetarnos contra esta invasión de simplicidad, que por ejemplo hará que cuando salgamos de fiesta constatemos con pavor que nuestro himno favorito de los 70 o los 80 se ha convertido en un mero estribillo repetido como un islote entre minutos y minutos de ritmo binario sin una sola nota...
De hecho este progresivo empobrecimiento es una de las razones de ser de este blog, desde el cual intento recomendar artistas y bandas cuya creatividad se siga rigiendo por los criterios de calidad que dieron forma a la música contemporánea hace ya casi 60 años. No sé si acertaré en mi selección, pero sí puedo asegurar que todos los artistas que desde aquí recomiendo pasarían esa prueba.
Y para que la entrada no termine de manera tan pesimista, una pequeña nota de humor, con este vídeo en el que Axis of Awesome recrean decenas de temas de otros tantos artistas que reúsan una y otra vez los mismos acordes. Aunque eso sí, habría que distinguir entre aquellos que los repiten de principio a fin sin proponer nada más, desde Bob Marley a Eagle Eye Cherry, y los que como Crowded House, Red Hot Chili Peppers o The Beatles crean un tema más rico y complejo, en una de cuyas partes recurren a ellos. Verán que es un ejercicio ameno e interesante, sobre todo si tienen a mano un teclado o una guitarra.
En realidad lo que me he animado a escribir esta entrada ha sido el artículo publicado en Nature Scientific por el especialista en inteligencia artifical Joan Serrà y su equipo en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Partiendo de un archivo conocido como Million Song Dataset (que transforma el audio y la letra de canciones en datos para realizar comparativas y que recoge temas de entre 1955 y 2010), han comparado nada menos que 464.411 temas de música popular, de estilos como rock, pop, hip hop, metal y electrónica. Y su conclusión es incuestionable: "Encontramos evidencias de una progresiva homogeneización del discurso musical".
En concreto, el estudio resalta que según los parámetros analizados, la diversidad de combinaciones de notas y las transiciones entre los grupos de notas han disminuido de forma continua durante los últimos 55 años. En otras palabras, a partir de una nota musical, cada vez es más fácil predecir cuál será la siguiente. A cambio, las nuevas tecnologías han permitido que el nivel de intensidad de los sonidos grabados haya ido en constante aumento. Por lo cual, según Serrà, "los cambios de acordes sencillos, los instrumentos comunes y el volumen fuerte son los ingredientes de la música actual". E incluso va más allá: "realizar estos cambios sobre canciones antiguas puede hacer que suenen a nuevas”.
Pues sí, un estudio científico confirma la percepción subjetiva a la que aludía al comienzo. Puestos a buscar las razones de este progresivo empobrecimiento, se me ocurren varias. En primer lugar, la tecnología: hoy en día es tan sencillo manipular cualquier sonido u optimizar la sonoridad de cualquier grabación, que el esfuerzo creativo se ha desplazado desde la composición a otros aspectos como el timbre, las atmósferas o en el mejor de los casos, los virtuosismos inaccesibles al intérprete humano. En segundo lugar, la manipulación del género por parte de todos los que se benefician comercialmente de él: como ya hemos comentado en otras ocasiones, a los que se lucran con la música no les interesan "paladares" exigentes, sino legos en la materia, manipulables, de consumo fácil y que rehúyan de cualquier experimentación. En tercer lugar, la música de baile: a pesar de que he sido y seré un gran defensor de esta corriente musical (que dicho sea de paso ha dado lugar a casi todas las corrientes y subgéneros del último medio siglo), su progresiva preponderancia ha ido acompañada de manifestaciones cada vez más simples, desde el monótono hip-hop hasta los cada vez más frecuentes temas monocordes de la música house o trance. Y en cuarto lugar, el éxito obtenido cada vez mayor obtenido por artistas que abusan de una única progresión musical de cuatro acordes repetida sin piedad (a lo sumo con mínimas pausas) durante muchos minutos. Y ahora no me refiero sólo a la música de baile: piénsese en "With or without you" de U2 o "Smells like teen spirit" de Nirvana, que muchos consideran grandes clásicos a pesar de que compositivamente hablando son tan pobres que se encuentran a años luz de los himnos de los años 60).
Seguro que hay otras muchas razones, pero el panorama es el que es y no nos queda sino intentar parapetarnos contra esta invasión de simplicidad, que por ejemplo hará que cuando salgamos de fiesta constatemos con pavor que nuestro himno favorito de los 70 o los 80 se ha convertido en un mero estribillo repetido como un islote entre minutos y minutos de ritmo binario sin una sola nota...
De hecho este progresivo empobrecimiento es una de las razones de ser de este blog, desde el cual intento recomendar artistas y bandas cuya creatividad se siga rigiendo por los criterios de calidad que dieron forma a la música contemporánea hace ya casi 60 años. No sé si acertaré en mi selección, pero sí puedo asegurar que todos los artistas que desde aquí recomiendo pasarían esa prueba.
Y para que la entrada no termine de manera tan pesimista, una pequeña nota de humor, con este vídeo en el que Axis of Awesome recrean decenas de temas de otros tantos artistas que reúsan una y otra vez los mismos acordes. Aunque eso sí, habría que distinguir entre aquellos que los repiten de principio a fin sin proponer nada más, desde Bob Marley a Eagle Eye Cherry, y los que como Crowded House, Red Hot Chili Peppers o The Beatles crean un tema más rico y complejo, en una de cuyas partes recurren a ellos. Verán que es un ejercicio ameno e interesante, sobre todo si tienen a mano un teclado o una guitarra.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






