Una vez elaboradas las listas con las mejores canciones internacionales de 2025, toca recuperar las habituales reseñas de álbumes individuales. Que aún deben continuar con lanzamientos de los últimos meses de 2025, los cuales fueron inusualmente fructíferos en cuanto a novedades interesantes. Así que les adelanto que aún habrá varias entradas de discos de 2025 antes de adentrarnos en un 2026 cuyos dos primeros meses han sido comparativamente más flojos en lo musical. Empiezo, pues, por "Hypersigil", el segundo álbum de la galesa Elisabeth Elektra y el primero que reseño de ella, aunque su fantástico "My Sisters" ya había aparecido en mi lista de mejores canciones internacionales de 2020. Una cantante que es una total desconocida incluso en su país; no digamos ya en los países de habla hispana. Por desgracia, añado, porque se trata de una artista con una gran personalidad, que mira a los años ochenta para, a partir de ellos, elaborar una propuesta de pop sintético que intenta ser hechizante y picante a partes iguales, que guarda ciertas semejanzas con las de Kate Bush, Bat For Lashes o incluso Siouxsie and the Banshees, y que renuncia conscientemente a los sonidos contemporáneos, pero sin por ello ser un mero pastiche de los sonidos de aquellos años (como tan a menudo sucede con el synthwave).
Para completar los doce temas que conforman "Hypersigil" la galesa ha necesitado nada menos que un lustro. Algo que en parte se explica por sus colaboraciones con otros artistas, como Stuart Braithwaite de Mogwai, pero también supongo que por la escasa repercusión de su primer álbum, "Mercurial" (2020) y, no me engaño, porque su pop electrónico se aleja de lo que ahora mismo se considera un sonido contemporáneo. Pero nada de ello ha afectado a sus coordenadas musicales, que se mantienen en el mismo lugar en el que las había dejado establecidas entonces. Por lo que el éxito del álbum radica sobre todo en la mayor cantidad de composiciones de nivel alto que incluye. Aunque he de avisares que, bien su productor Jonny Scott, bien su ingenerio James Cunningham, o bien ella misma, han hecho un trabajo realmente cuestionable a la hora de registrar y mezclar los instrumentos que aparecen en cada una de las canciones, pues el sonido es realmente pobre, confuso, con las frecuencias medias mezcladas altísimas, y las altas mucho más bajas. Tanto, que para poder apreciar y disfrutar mejor el álbum, yo volví a ecualizar a mano todas las canciones y generar una nueva versión del CD, mucho más nítido y disfrutable en mi opinión. Por lo que les animo a que, si pueden, hagan lo mismo antes de juzgar este trabajo.
El álbum lo abre "Yearning", un medio tiempo contundente y de letra tórrida, acompañado por un vídeo muy sugerente. Y que tuvo la responsabilidad de ejercer como "el sencillo" del áblum, pues fue el único que se publicó en dicho formato días antes del álbum completo; después no hubo más. Afortunadamente es una excelente muestra de su contenido, y también una de las grandes canciones del año pasado, como lo evidencia el hecho de que formara parte de mi lista de otras 20 canciones recomendables de 2025. Quizá lo más relevante de su electro-pop de musicalidad retro sea la coda final sobre los mismos acordes del estribillo en el que Elisabeth completa sus coros con su suplicante "Can't you see I'm yearning?". Le sigue "Boys & Girls" otro medio tiempo también plagado de sintetizadores vintage, aderezado con otro de sonido chirriante mucho más contemporáneo, y percusiones en primer plano, de estrofas más reposadas pero con un doble estribillo (el primero más oscuro y penetrante, sobre todo en su desnuda repetición final, el segundo más luminoso) francamente recomendables. "Surround Me", el tercer corte, me parece un pequeño patinazo dentro de un álbum de nivel alto. Por una doble razón: la primera y más evidente es porque se trata de una balada de factura clásica, que a pesar de estar bien producida e integrada en la personalidad musical de la británica, no es el tipo de propuesta que la caracteriza. Y la segunda, porque al estar situada tan al comienzo del disco, puede trasladar la impresión de que "Hypersigil" será su disco "de madurez", más reposado de lo deseable. Por eso me parece uno de los momentos más flojos del disco, a pesar de que le reconozco el mérito al subidón de una parte nueva que, desgraciadamente, no tiene continuidad en el resto de la canción. El siguiente corte, "Desire", era un tema ya conocido de sobra para sus seguidores (vio la luz en 2024), y se trata de un buen momento de pop ardiente, tanto en su letra como en su música, en el que la novedad la pone una interesante guitarra que rellena espacios sin acaparar protagonistmo, y en el que lo más meritorio vuelven a ser sus dos estribillos.
"Honey" es, si cabe, un tema aún más lento que "Surround Me", pero su mayor tenebrosidad, y una sensación de electricidad contenida, la convierten en un momento más interesante que aquella. Las voces distorsionadas que van arropando la melodía vocal principal, claramente perceptibles sobre todo en la segunda estrofa y en el tramo final, y una parte nueva que, sin cambiar la progresión armónica, aumenta el impacto mediante la eliminación de instrumentos, son lo más destacado de otra canción que tampoco forma parte de lo más granado del álbum. "The Dream", sexto corte, ya había visto la luz como sencillo individual nada menos que en 2023, aunque sus elaboradas estrofas, la excelente progresión armónica de su estribillo, un estupendo bajo sintetizado que vertebra toda la canción, y especialmente la creación final que comienza con "You know what I want..." la siguen haciendo una canción disfrutable y digna de encontrar acomodo en su siguiente álbum. Si bien prefiero el tema que la sigue: "Warrior" es uno de mis dos momentos favoritos del disco. Una canción en la que la voz entra al mismo tiempo que el arpegio de guitarra y el sintetizador que lleva la progresión armónica, y que luego va creciendo poco a poco cuando entran el infeccioso bajo, la suave batería... hasta que sus extensas estrofas dan paso a un estribillo impecable, un subidón de reivindicación personal a la vez sinfónico y tarareable. Por si fuera poco, la sencilla parte nueva mantiene la adrenalina alta con su "Cry, cry". Optar entre ella y su inmediata seguidora, la irreprochable "Unbreakable", es ya cuestión de gustos. También con la voz desde el mismo comienzo, más envolvente y misteriosa en sus estrofas, también con una instrumentación que la va haciendo crecer poco a poco, su estribillo nuevamente de reafirmación personal es una auténtica maravilla, tanto por la progresión armónica que lo sostiene como por la energía de su melodía en notas altas. Y con el buen detalle final de no cortarla justo a los tres minutos para disfrutar una efectiva repetición final.
El tercio final del álbum arranca con "Sanctuary". Que no es en absoluto un mal tema, aunque parezca peor de lo que es por estar situado justo tras los dos trallazos anteriores. Las estrofas tal vez pequen de simples en su progresión armónica y melodía, pero el puente ya es plenamente armónico, y el estribillo es otro dardo de pop electrónico, con mención especial para el poderoso bajo en primer plano. En vez de parte nueva lo que hace Elisabeth es colocar una recreación más instrumentada del comienzo, y luego desnuda la canción para una apoteosis final que no es tanta, pero que raya a buena altura. El comienzo de "Poison" es puro Depeche Mode, pero en cuanto entran las estrofas nos damos cuenta de que el tempo es mucho más alto que en las canciones clásicas de los de Basildon. Y a unas estrofas más oscuras le sucede un estribillo de pop luminoso, en el que el veneno que le da título se interpreta en su sentido más positivo, eso sí, en un tempo nuevamente más bajo. Además, la parte nueva, sustentada con un sintetizador vertiginoso en acordes diferentes, es de la más recomendables del disco. Y en las repeticiones finales del estribillo ya sí se impone definitivamente el tempo. El penúltimo corte, "Broken Promises", es en realidad un tema rescatado del EP homónimo que publicó en 2023 la galesa en colaboración con sus paisanos Mogwai, uno de los iconos del post-rock. El tema no desentona, aunque se nota el mayor peso de las guitarras eléctricas y las distorsiones, incluyendo la voz de la propia Elisabeth. Pero la composición encaja perfectamente con la propuesta de "Hypersigil", incluyendo su estruendosa parte nueva. Y el cierre lo pone "The Stars", de lejos el mejor de los temas lentos del álbum: más emotivo, menos obvio, sobre un trémolo de sintetizadores en acordes menores que le permite a la galesa ofrecernos la que es en mi opinión la mejor interpretación vocal del disco. Sobre todo en sus introspectivas estrofas, porque en el estribillo no puede resistirse a su tendencia a la épica y a las baterías contundentes. Sin parte nueva que cambie el paso, no es la canción que más crece, pero sí cumple su papel de rematar el conjunto con un largo tramo sobre la progresión armónica del estribillo y una última confesión muy en la línea de la temática del álbum: "And I'll love you to the end of time".
Los casi cuarenta y seis minutos de "Hypersigil" pueden antojarse muchos en una época de álbumes de diez canciones y treinta minutos, pero en realidad pasan rápido y dejan con ganas de más. Porque en realidad no hay temas de relleno, y sí una loable cohesión estilística. Es cierto que el disco no suena actual, que tampoco incluye temas netamente bailables, y que no hay demasiado espacio para el riesgo ni para la experimentación. Pero, si en realidad nos fijamos un poco, tampoco suena actual buena parte del pop electrónico que triunfa actualmente en las listas de todo el mundo (de Taylor Swift a Harry Styles), y nadie parece reparar en ello. Así que para los que prefieren un pop más elaborado que el comercial, con su componente barroca, su sensualidad femenina, y su personalidad desbordante, pero no necesitan un sonido especialmente raro, este notable disco de Elisabeth Elektra puede perfectamente convertirse en su pequeño placer secreto. Otra cosa diferente es el futuro de una artista tan minoritaria; ella parece ajena a su prácticamente nula repercusión, pero es indudable que lo elaborado de su propuesta merecería un respaldo mayor para tener continuidad. Así que veremos si alguna vez llega a lanzar su tercer disco. Y, sobre todo, si es capaz de mantener el nivel de este segundo.
